LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 3
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
3: página 3 3: página 3 Thorne observó la gota durante un segundo que pareció expandirse en el tiempo.
En un entorno BSL-4, cualquier contacto externo con el traje se trata como una brecha fatal, pero el protocolo dicta calma.
Sin embargo, al inclinar la mano para inspeccionar la superficie del polímero, un frío glacial le recorrió la espina dorsal.
No era una mancha superficial.
La gota estaba desapareciendo, absorbida no por el material, sino a través de una micro-fisura casi invisible en la unión del pulgar, una degradación química causada, irónicamente, por los potentes desinfectantes de peróxido de hidrógeno que usaban para mantenerse a salvo.
En la biología real, la piel humana es una fortaleza, pero el TG-Alpha había sido diseñado para reconocer tejidos vivos.
A diferencia de un virus, que necesita una herida abierta, este parásito poseía orgánulos apicales modificados para segregar enzimas proteolíticas.
Estaba literalmente disolviendo las capas de queratina de su epidermis en silencio.
—Control, aquí Thorne —dijo, intentando que el temblor de sus manos no se filtrara en el micrófono—.
Reporto posible exposición en el módulo 7.
Iniciando protocolo de descontaminación de emergencia.
Mientras caminaba hacia la ducha de aire, Thorne sintió un pinchazo eléctrico en la base del cuello.
Sabía que era físicamente imposible que el parásito hubiera llegado al cerebro en menos de un minuto; la fisiología humana no funcionaba así.
Lo que sentía era psicosomático, un producto de su amígdala disparando señales de pánico.
Pero ahí residía la ironía: su trabajo consistía en destruir ese mismo miedo.
Al entrar en la cámara de descontaminación, los chorros de químicos cayeron sobre su traje con un estruendo ensordecedor.
Thorne cerró los ojos y trató de visualizar su torrente sanguíneo.
El Toxoplasma normal tarda horas en cruzar los tejidos, pero su versión editada usaba el sistema linfático como una autopista de alta velocidad.
Una vez en la sangre, los taquizoítos se adherirían a sus glóbulos blancos, usándolos como escudos invisibles contra su propio sistema inmunitario.
No habría fiebre, ni inflamación, ni tos.
El TG-Alpha no quería matar al huésped; quería convertirse en su nuevo sistema operativo.
Al salir de la esclusa y despojarse del traje, Thorne examinó su pulgar.
No había sangre, solo un punto rojo del tamaño de una cabeza de alfiler.
En ese instante, la amígdala de Thorne hizo su última función vital: le envió una oleada de terror puro al comprender que el Campus Biotech ya no era una prisión para el parásito, sino su punto de partida hacia el resto de Europa.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com