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LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 30

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30: página 30 30: página 30 El estruendo del acero deformándose resonó en el laboratorio como un trueno subterráneo.

Las esclusas del Sector 18, diseñadas para resistir presiones de vacío, se estaban combando hacia adentro.

Marc, atado a la mesa de operaciones, vio cómo el fluido rosado empezaba a filtrarse por las juntas de la puerta, goteando con una viscosidad biológica.

No era solo sangre; era una amalgama de lípidos, parásitos y restos de tejido de los niños que se estaban aplastando unos a otros afuera para forzar la entrada.

—No hay tiempo para pruebas —sentenció la Dra.

Arishti, activando los inyectores neumáticos—.

Si no forzamos el Choque Citoquínico ahora, el suero se perderá cuando nos devoren.

—¡Hágalo!

—rugió Marc, viendo cómo una pequeña mano, desollada hasta el tendón, lograba asomar por una grieta de la puerta.

Los dedos se movían con una alegría espástica, buscando algo que tocar—.

¡Hágalo ya!

Arishti hundió el émbolo.

Marc sintió que le inyectaban lava directamente en las venas.

Científicamente, el tratamiento era una bomba de racimo inmunológica: interferón gamma, interleucina-2 y un cóctel de bloqueadores adrenérgicos.

Su cuerpo se convirtió en un campo de batalla.

La temperatura de su sangre subió a 41 grados en segundos.

Sus músculos se contrajeron con tal violencia que los huesos de sus muñecas crujieron contra las correas.

—”¡Ya casi estamos contigo, Marc!” —la voz del niño ciego, filtrada por la rendija, sonaba como un coro de mil voces—.

“¡Hueles a fuego y a miedo!

¡Déjanos entrar para lamer tus heridas!” El horror alcanzó un nivel insoportable cuando la puerta cedió.

No entraron corriendo; entraron como una masa de plastilina humana.

Los niños que estaban al frente habían sido aplastados por la presión de los que venían detrás, convirtiéndose en una alfombra de carne molida, huesos astillados y sonrisas rotas que seguían emitiendo risitas mientras se arrastraban por el suelo.

Un niño, cuya columna vertebral asomaba por su espalda como una hilera de dientes, se impulsó sobre la mesa de Marc.

—”Tienes un calor tan delicioso…” —susurró el niño, mientras sus encías negras se abrían para morder el hombro de Marc.

Pero entonces, ocurrió la reacción.

El sudor de Marc, ahora saturado por el choque químico, entró en contacto con la saliva del niño.

En lugar de la “Euforia”, el niño experimentó una Aniquilación Celular Instantánea.

Al morder a Marc, el suero purificado en su sangre actuó como ácido clorhídrico contra el parásito.

El niño no gritó de dolor; su rostro se fundió en una expresión de horror absoluto mientras sus quistes explotaban, convirtiendo su cabeza en una nube de ceniza biológica y vapor.

—¡Funciona!

—gritó Arishti, justo antes de que tres infectados adultos, que venían detrás de los niños, la derribaran.

Arishti no luchó.

Mientras le arrancaban la mejilla de un mordisco amistoso, ella miró a Marc con una frialdad terminal.

—Corre, Marc —dijo, con la voz ahogada por su propia sangre—.

Eres el veneno…

Eres la única paz que Thorne no podrá digerir.

Marc rompió las correas, impulsado por una fuerza sobrehumana derivada de la tormenta química.

Sus manos ardían.

Cada infectado que lo tocaba se deshacía en espasmos necróticos.

Ya no era un portador asintomático; era una Antitoxina Caminante.

Se lanzó hacia el túnel de emergencia mientras detrás de él, el laboratorio del CERN desaparecía bajo una marea de niños que se reían mientras sus propios cuerpos empezaban a disolverse al contacto con los restos del suero que Marc había dejado sobre la mesa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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