LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 44
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44: página 44 44: página 44 Marc escuchaba a Kael con una mezcla de horror y fascinación técnica.
Mientras Europa se disolvía en una neblina de esporas, el resto del mundo no se había quedado de brazos cruzados, pero su lógica de acero se enfrentó a una biología que no entendía el miedo.
—¿Y el resto?
—preguntó Marc—.
¿El Sur?
No me digas que ellos también se abrazaron sin más.
—Al contrario —respondió Kael, ajustando el filtro de su máscara—.
México fue el único que aplicó el Protocolo de Tierra Quemada Total.
En cuanto los satélites mostraron que en Texas la gente se arrancaba la piel para “compartir el calor”, el gobierno mexicano movilizó a la Marina, Sedena y a la Guardia Nacional, los civiles también tomaron parte.
Científicamente, se estableció la “Barrera de Incineración de la Frontera”.
Desde Tijuana hasta Matamoros, el ejército mexicano desplegó unidades de artillería pesada y lanzacohetes.
La orden fue tajante: disparar a cualquier objeto, vehículo o persona que se acercara a menos de cinco kilómetros de la frontera.
Los aviones F-5 y los drones de ataque lanzaron bombas de napalm y fósforo blanco de forma incesante durante 72 horas, creando una muralla de fuego literal para detener el avance de la “Felicidad”.
—Latinoamérica se unió a México —continuó Kael—.
Enviaron blindados desde Brasil y Colombia, apoyo logístico de Argentina.
Formaron una coalición de supervivencia.los demás países del sur sabía si México caía ellos serían los siguientes.Disparaban desde kilómetros de distancia.
Si veían a una madre caminando por el desierto con un bebé en brazos hacia la frontera, lanzaban un proyectil de 105mm.
No había piedad, solo cálculo de supervivencia.
Pero el problema no fue el ataque frontal.
El parásito en USA, bajo el mando de los mandos infectados del Pentágono, no respondió con soldados.
Respondió con la “Infección Atmosférica de Sotavento”.
—Los infectados en el lado estadounidense no intentaron cruzar las balas —explicó Kael con amargura—.
Simplemente se sentaron en la dirección del viento y se prendieron fuego a sí mismos.
Millones de ellos.
Las columnas de humo cargadas de quistes y esporas de TG-Alpha fueron arrastradas por las corrientes de aire hacia el sur.
El napalm de los mexicanos solo ayudó a dispersar el patógeno.
El humo entró en los pulmones de los soldados en las trincheras de Sonora y Chihuahua.
Científicamente, la resistencia falló por la “Paradoja del Cortafuegos”.
Al intentar quemar la infección, los países latinos crearon corrientes de convección que elevaron las esporas a la alta atmósfera.
En menos de seis horas tras el inicio del bombardeo, los generales mexicanos que daban las órdenes de disparar empezaron a sentir una “extraña paz” hacia sus enemigos del norte.
Las armas se silenciaron.
Los tanques se detuvieron.
Los soldados bajaron de sus puestos y abrieron las puertas de la frontera, pidiendo perdón entre lágrimas de felicidad a los restos carbonizados que seguían avanzando.
—América Latina cayó en un domingo —dijo Kael—.
El día que el viento cambió.
Ahora, México es una fosa común de ceniza blanca donde los supervivientes son adorados como “Santos de la Resistencia” antes de ser devorados.
Marc cerró los ojos.
La imagen de un continente entero cayendo no por falta de armas, sino por la traición del aire mismo, era el clavo final en su esperanza de una solución militar.
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