LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 45
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45: página 45 45: página 45 Marc se mantuvo en silencio, procesando la escala del desastre.
Kael, aprovechando que el motor del Panhard generaba un calor residual, se acercó un poco más para señalar las últimas actualizaciones de las transmisiones de radio de onda corta que los Grises habían interceptado antes del gran silencio.
—¿Y las potencias del Este?
—preguntó Marc—.
Rusia tiene protocolos de aislamiento total.
China puede cerrar sus fronteras con un muro de acero.
—Rusia fue la primera en intentar la “Opción Cero” —respondió Kael, y por primera vez su voz tembló—.
Cuando el brote llegó a Moscú a través de un diplomático que regresaba de la cumbre de Bruselas, el Kremlin no dudó.
Activaron el sistema Perímetro, pero no contra Occidente, sino contra sus propias ciudades infectadas.
Científicamente, el mando ruso intentó un “Desbridamiento Termonuclear Quirúrgico”.
Lanzaron ojivas tácticas sobre sus propios núcleos urbanos para vaporizar los focos de infección.
Sin embargo, cometieron el mismo error que en la frontera mexicana, pero a una escala volcánica.
El calor de las explosiones nucleares no destruyó los quistes de TG-Alpha; los proyectó a la estratosfera dentro de las columnas de ceniza radiactiva.
Rusia no se salvó; creó una Nube de Euforia Radiactiva que el parásito utilizó para mutar en formas aún más resistentes.
Los soldados en los búnkeres de los Urales terminaron abriendo las escotillas para “abrazar la luz” del invierno nuclear.
—¿Y China?
—insistió Marc.
—China aplicó la “Cuarentena del Silencio” —explicó Kael—.
Ejecutaron a millones en las primeras 48 horas.
Usaron lanzallamas en cada estación de metro.
Pero el parásito jugó con su psicología colectiva.
En una cultura de sacrificio por el bien común, el TG-Alpha se propagó como la “Armonía Suprema”.
Los comisarios políticos fueron los primeros en aceptar que la individualidad era una enfermedad.
China se convirtió en una colmena perfecta en menos de una semana.
No hubo resistencia porque la resistencia era “egoísmo”.
Ahora, el ejército más grande del mundo está construyendo puentes de carne a través del Himalaya para “llevar la paz” a la India.
Científicamente, la caída de las potencias demostró la “Inutilidad de la Fuerza Cinética”.
Puedes dispararle a un hombre, pero no puedes dispararle a una idea biológica que te hace sentir que el tirador y el blanco son la misma persona.
Las tres grandes doctrinas militares fallaron: USA: Falló por infiltración de la cadena de mando (Confianza).
Rusia: Falló por la dispersión atmosférica del contraataque nuclear (Fuerza Bruta).
China: Falló por la asimilación ideológica de la colmena (Colectivismo).
—El mundo militar ha muerto, Marc —concluyó Kael, apagando su linterna para ahorrar batería—.
No quedan ejércitos, solo hay “Fieles” y “Ceniza”.
Los portaaviones son nidos.
Los tanques son ataúdes donde los conductores se han fundido con los asientos en un orgasmo eterno.
Tu antitoxina es la única bala que queda en el cargador de la humanidad.
Marc miró el volante del Panhard.
Sus manos nácar emitieron un destello plateado.
Ya no era solo un periodista o un superviviente; era el portador de la única frecuencia de odio biológico capaz de romper la sintonía de un planeta que había decidido dejar de luchar para empezar a pudrirse con una sonrisa.
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