La segunda esposa no deseada del Duque - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 Engañando al duque
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21: Engañando al duque 21: Engañando al duque Eilika salió del baño y vio a Roman profundamente dormido en la cama, boca abajo.
Dejó la toalla sobre la silla y se fue a la cama.
Inclinándose hacia el niño, lo acomodó con cuidado para que durmiera recto en el centro de la cama.
—Su Gracia, intenté… —Joanna no pudo terminar, pues Eilika la hizo callar con un gesto.
Tras arropar a Roman con el edredón, Eilika le dio un suave beso en mitad de la frente.
Le acarició el pelo durante unos instantes antes de bajar de la cama.
Haciéndole una seña a Joanna, ambas salieron de la alcoba y cerraron la puerta.
—Usted también debería haber descansado —dijo Joanna.
—Siento un dolor extraño en la espalda, probablemente porque dormí mucho —declaró Eilika—.
Además, de ahora en adelante, Roman dormirá conmigo.
Debe de haber extrañado mucho a su madre —murmuró.
—El Duque nunca le habló a su hijo sobre su madre —respondió Joanna mientras veía a Eilika sentarse en el sofá del salón—.
Pero el Joven Maestro siempre se lo exigía al Duque —añadió.
—Mmm.
Por eso se ha casado conmigo —dijo Eilika—.
¿Cómo murió la primera esposa del Duque?
Oí que fue por una hemorragia excesiva al dar a luz a Roman —añadió.
—Sí, Su Gracia.
El Duque no quería a Roman, pero la difunta Duquesa no dejaba de decirle que necesitaba a ese niño.
Las complicaciones médicas se detectaron al principio del embarazo.
El Duque quería elegir la vida de su esposa por encima de la del bebé en el vientre.
Fue una época bastante caótica —dijo Joanna, preocupada al recordar aquellos momentos.
—¿Es por eso que Damian se mantuvo alejado de Roman?
—preguntó Eilika.
—Sí.
Se negó a ver al niño por cuya culpa murió su amada.
Eso es lo que todos sabemos —afirmó Joanna—.
Su Gracia, es el momento de que se esfuerce también por ganarse su corazón.
Creo que Roman es la clave.
—Joanna, Roman es un niño.
Independientemente de mi relación con Damian, voy a centrarme en el niño en lugar de en un hombre que quiere vivir en los recuerdos de su amada y difunta esposa.
No tengo ninguna queja al respecto —aseveró Eilika.
Joanna se apresuró a sentarse en la silla frente a Eilika.
—Su Gracia, no sea ingenua.
Si otros descubren que usted y el Duque viven vidas separadas incluso después del matrimonio, la cuestionarán a usted más que a él.
Y no tiene idea de cuántas propuestas de matrimonio le han llegado en estos últimos cuatro años.
Oí que una princesa también le envió una propuesta hace unos meses.
El Duque solo tiene veinticuatro años.
Eilika frunció el ceño y reflexionó un momento antes de responder: —El Duque no quiere a nadie en su vida.
Ya te lo he dicho antes, su amor por su difunta esposa es demasiado profundo.
—Estoy de acuerdo con usted.
Pero la anterior Duquesa no era tan buena como el Duque cree —declaró Joanna.
—No deberíamos hablar mal de los muertos —le dijo Eilika.
—Perdóneme —dijo Joanna—.
Pero corría el rumor de que estaba engañando al Duque.
Los ojos de Eilika se abrieron un poco antes de reprenderla.
—Joanna, no vuelvas a mencionármelo.
Los rumores son rumores por algo.
Quienquiera que extendiera tal rumor debía de guardarle rencor.
—Por favor, perdóneme —Joanna bajó la mirada, disculpándose.
—Descansaré en mi alcoba.
Tú también deberías descansar un poco.
—Eilika se levantó y entró para estar con Roman.
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Louis colocó un expediente sobre el escritorio de caoba.
Damian, que había estado profundamente absorto en otro conjunto de informes, levantó la cabeza con una mirada penetrante.
—No has llamado —señaló Damian, arqueando una ceja en silenciosa reprimenda.
—Debo de haberlo olvidado, Su Gracia.
Perdóneme —respondió Louis, con una sonrisa que permanecía perfectamente tranquila y amable.
—¿Qué es esto?
—preguntó Damian, desviando su atención al expediente que Louis acababa de presentar.
—Necesita ir a Netham —declaró Louis, deslizando el documento sobre el escritorio hasta que tocó la mano de Damian.
Confundido por la repentina urgencia, Damian cogió el expediente.
Mientras ojeaba el contenido del informe, sus ojos se abrieron de par en par y la máscara estoica que solía llevar empezó a resquebrajarse.
—¿De verdad está pasando esto?
—preguntó.
—Así es —confirmó Louis, asintiendo hacia los papeles—.
Y es precisamente por eso que el Príncipe Heredero solicita su presencia en Netham de inmediato.
—¿¡El Príncipe Heredero te ha enviado esto a ti!?
—Damian parecía completamente desconcertado, con la mirada saltando entre el sello oficial y su amigo.
Habían hablado justo el día anterior y el Príncipe no había dicho ni una palabra sobre el asunto.
—Sí, ha llegado esta misma tarde —respondió Louis con calma, manteniendo la compostura—.
Y le aconsejo encarecidamente que se lleve a la Duquesa.
El ceño de Damian se acentuó, formándose una profunda arruga entre sus cejas.
—¿Por qué demonios iba a llevármela a Netham?
Es una misión, no unas vacaciones.
—¿No lo sabe?
—preguntó Louis, apoyándose en el escritorio—.
¿Los… talentos particulares de su esposa?
Ah, lo olvidaba, se ha propuesto no saber absolutamente nada de ella.
—No me la voy a llevar a ninguna parte —espetó Damian, cerrando el expediente con un golpe seco.
—Escúchame, Damian.
La Duquesa fue la responsable del arresto de un noble el año pasado que estaba implicado en tráfico de menores.
Así fue exactamente como tu madre se fijó en ella por primera vez.
Tiene un don para conectar con los niños y extraer información que guardias curtidos jamás podrían conseguir —explicó Louis—.
Si vas solo, encontrarás a los criminales, pero puede que no encuentres dónde han escondido a los niños.
Ella es la clave para su rescate.
Damian se recostó en su silla, con una expresión que se tornó gélida.
—Me subestimas, Louis.
No necesito a una mujer para que me ayude a hacer mi trabajo.
—Qué mal.
¿De verdad subestimas a las mujeres ahora?
—reflexionó Louis, con un brillo burlón en los ojos que no ocultaba del todo su seriedad.
—No es eso lo que quiero decir —replicó Damian, con la voz endurecida mientras buscaba una defensa más sólida—.
No quiero llevarme a Eilika porque Roman la necesita aquí.
Este caso es complejo, podría llevar un mes resolverlo.
—Entonces llévate a Roman también —dijo Louis con sencillez, como si fuera la solución más obvia del mundo—.
Solo tiene cuatro años, pero merece ver el mundo más allá de los muros de esta mansión.
No debería estar confinado en un lugar donde ni siquiera tiene amigos.
Damian abrió la boca para discutir, pero Louis se acercó más, bajando la voz a un tono más sombrío y personal.
—Damian, ¿de verdad ya no quieres vivir?
Han pasado años.
¿No te das cuenta de que, al quedarte anclado en el pasado, no solo te estás castigando a ti mismo?
Estás castigando a Eilika y, lo que es peor, estás castigando a Roman.
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