La Sombra Sin Dios - Capítulo 41
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Capítulo 41: Capítulo 40 — Voluntad de un poder incontenible.
El ambiente sofocaba a cualquiera que se atreviera a permanecer cerca de aquellos dos.
Elior, por una parte, sentía la rabia brotando por cada poro de su piel, con el corazón latiendo descontrolado, consciente de que su cuerpo no resistiría mucho más, mientras la ceguera le impedía manejar correctamente la situación. Por otro lado, aquel demonio estaba listo para consumir cada parte de él, ansioso por explorar cada gota de su sangre, aquella sangre especial que, de alguna forma desconocida, era tan preciada por los de su especie.
—Veremos quién mata a quién —dijo Elior, dejando brotar su ira.
Las sombras, aún con ciertos atisbos de espinas, se incrustaban cada vez más en su cuerpo, pero aquel dolor no era nada comparado con el sentimiento de saber que, si moría allí, no volvería a ver a aquellos que amaba.
El demonio lo observó con una sonrisa completamente maquiavélica, mostrando cómo las costuras de sus labios estaban rotas y cubiertas de sangre, alargando esa sonrisa más allá de lo natural. Sus alas se erizaban de una forma antinatural, y el filo de sus plumas reflejaba la escasa luz del lugar con un brillo amenazante.
—Mamá… papá… Liora… —susurró Elior—. Por favor, denme la fuerza necesaria para volver a casa…
Su cuerpo se movió solo, impulsado por aquel instinto agresivo y su objetivo.
—Debo ser preciso…
Ambos corrieron uno hacia el otro y chocaron con una fuerza brutal. El impacto levantó árboles, piedras y destruyó pilares enteros. Elior acertó un puñetazo directo en las costillas del demonio, quien escupió sangre en su rostro.
—Hijo de pe… —alcanzó a decir Elior.
Los golpes comenzaron a ir y venir sin detenerse, una batalla de resistencia pura.
—Vamos, vamos —decía el demonio, dejando ver el cansancio en su voz, pero sin retroceder.
Elior golpeó sus rodillas, haciéndole perder el equilibrio, y rápidamente se posicionó a su espalda para intentar sujetarlo del cuello, pero el demonio se impulsó con sus alas, provocando que Elior se estrellara contra las rocas. El golpe en su cabeza lo desorientó por unos segundos.
El demonio no dudó y comenzó a golpearlo con fuerza desmedida. Cada impacto sonaba como si chocara contra una estructura metálica. Elior se cubría, pero la sangre no dejaba de caer.
—Vamos… necesito pensar… rápido… busca una apertura…
Tomó el brazo del demonio y lo rompió, alejándolo, para luego acercarse nuevamente y golpearlo con una patada en las costillas. Aun así, el demonio no salió disparado como esperaba.
—Sus alas… —susurró—. Debo quitárselas…
Se quitó el abrigo, intentando centrarse.
—Concéntrate… mis ojos no funcionan…
La sangre en su rostro ya no le permitía ver.
Arrancó un trozo de su polera y lo ató sobre sus ojos.
—Tendré que confiar en mis sentidos…
El demonio regeneró su brazo.
—Rápido… localízalo…
Elior agudizó sus sentidos.
—Vamos… no eran tan fuertes… ¡ven, bastardo!
El demonio cayó sobre él y lo golpeó, pero Elior atrapó su brazo y, con la otra mano, sacó su daga, atravesando una de sus alas. El demonio intentó alejarse, pero Elior no lo soltaba.
Aquel sonido metálico de las alas era clave.
—¡Suéltame, bastardo! —gritaba el demonio.
Con un golpe certero, rompió el brazo de Elior, obligándolo a soltar la daga. Elior cubrió su rostro con la otra mano, resistiendo una patada, luego acomodó su propio brazo y se lanzó nuevamente.
En un parpadeo, el demonio perdió su rastro.
Elior apareció frente a él.
—¡AHHH!
Una lluvia de puñetazos cayó sobre el demonio, incapaz de defenderse ante aquella fuerza desmedida. Elior lo tomó del rostro y lo arrastró por el suelo, lanzándolo contra un pilar que estalló al impacto.
La batalla comenzaba a inclinarse.
Elior no se detenía.
El demonio apenas esquivó un rodillazo que destruyó todo a su alrededor.
—¡Vamos!
El demonio, acorralado, se elevó fuera de su alcance y, en un acto desesperado, soltó un grito ensordecedor que hizo estallar los tímpanos de Elior. Este cubrió sus oídos mientras comenzaban a regenerarse.
—No creo que estés pidiendo refuerzos… maldito bastardo…
Los demonios cercanos comenzaron a moverse hacia la zona.
—Debo acabar rápido… cortar esas alas…
El demonio descendió y lo embistió, llevándolo al aire antes de azotarlo contra el suelo. Tomó una espada, pero Elior la rompió con su daga. Aun así, su cuerpo estaba al límite, temblando, lento.
Un dolor repentino lo detuvo.
El demonio aprovechó.
La espada atravesó su abdomen.
—No podrás moverte… es tu fin…
La sangre caía sin control.
—Esa espada… —dijo el demonio— tiene un veneno muy poderoso… hecho por mi padre…
Elior bajó la mirada.
—Así que tu padre…
Apretó los dientes.
—Bastardos hijos de perra…
El demonio sintió un escalofrío.
Retrocedió.
—Interesante…
Elior rió débilmente.
—Fui demasiado confiado… creí que podía acabar esto rápido… me he vuelto arrogante…
Algo cambió.
El demonio lo notó.
—Qué raro… estás más hablador…
—Tengo objetivos… tengo gente que espera que vuelva a casa… o eso creo… y dijiste que los matarías…
Levantó la mirada.
—Ahora… es el fin de la pelea…
—¡Yo voy a MATARTE!
Su piel comenzó a desprenderse, revelando una sombra inquietante que cubrió su cuerpo por completo. Rió, completamente fuera de sí, mientras aquella sombra volvía a introducirse en su carne, sanando cada herida.
Su visión regresó.
—Aún no controlo este poder… pero lo entenderé cuando salga de aquí… de momento… es hora de que te acabe…
Sonrió.
—Y por favor… no borres esa sonrisa… cuando te esté desmembrando…
Desapareció.
El golpe llegó en un instante.
El demonio perdió el control en segundos.
Los golpes de Elior eran más rápidos, más precisos, más fuertes.
El demonio contraatacó, pero no surtió efecto.
El cuerpo de Elior se adaptaba.
Resistía.
Evolucionaba.
Un golpe destruyó la mandíbula del demonio.
El demonio atravesó su brazo con las alas.
Elior no se detuvo.
Clavó sus dagas en sus costillas y las deslizó hacia arriba, impidiendo que escapara. Luego las arrancó junto con carne y hueso.
El demonio gritó.
Pero sonrió.
Los demonios menores llegaron.
Elior se giró.
Y los atacó.
Bloqueó espadas, destrozó cuerpos con un solo puñetazo, arrancó huesos y los utilizó como armas, perforando ojos y despedazando enemigos que caían como moscas.
Rugió.
La venda de sus ojos cayó.
La sangre descendía lentamente.
Sus ojos plateados habían desaparecido.
Ahora eran completamente negros.
Y su sonrisa…
Ya no era humana.
Los demonios dudaron.
—Así que… con eso rugías… —dijo Elior, atravesando la garganta de uno y arrancándola.
—Váyanse… los mataré a todos…
Le dio la espalda.
Se centró en su verdadero objetivo.
Los demonios retrocedieron.
—Tú… ¿estás seguro de que eres humano? —preguntó el demonio alado, con una risa nerviosa.
Elior, cubierto de sangre, sostuvo una tráquea en su mano.
—Haré que te comas esto… —dijo, levantándola lentamente frente a él
Elior…
Aquel susurro nubló su cabeza, que estaba completamente consumida por la rabia. Aquella voz infantil intentaba traerlo de vuelta, hacerlo reaccionar, porque si Elior seguía dejándose consumir por esa ira, ya no habría vuelta atrás y todo por lo que había luchado sería en vano.
Pero Elior apenas escuchaba ese ligero susurro, sin darle importancia.
Soltó la tráquea y corrió hacia el demonio, quien ya sabía que no tenía nada que hacer contra él. Sin perder tiempo, extendió sus alas y alzó vuelo, intentando escapar del lugar; necesitaba reunirse con su compañero, juntos podrían destruir a Elior.
Mientras volaba, miró hacia abajo y vio cómo Elior corría a gran velocidad siguiéndolo.
—¡Mierda…! —gritó asustado—. ¿Cómo es eso posible?
Volvió a mirar hacia atrás, pero Elior ya no estaba.
Una leve satisfacción recorrió al demonio al pensar que había logrado escapar.
—Rápido… rápido…
Giró la cabeza hacia adelante.
Y ahí estaba.
Elior.
Frente a él.
Sin darle tiempo a reaccionar, Elior clavó sus dagas en las alas del demonio, obligándolo a caer. Colocó su pie en el cuello de la criatura mientras ambos descendían cientos de metros, hasta estrellarse violentamente contra el suelo.
El impacto dejó al demonio incrustado en la tierra, mientras Elior salió despedido por la fuerza del choque.
El demonio levantó la cabeza poco a poco, pero la nube de polvo no le permitía ver con claridad. Solo pudo distinguir una figura que caminaba hacia él… y cómo los brazos de Elior se regeneraban por sí solos, como si nada hubiera ocurrido.
Elior…
El susurro volvió a resonar en su mente.
Por favor…
Pero nuevamente, no le dio la importancia necesaria.
El demonio intentó levantarse para escapar otra vez. Apenas logró ponerse en pie y girar, cuando Elior apareció a su lado, colocando su codo en su cuello mientras sujetaba su ala derecha.
—Estas me estorban…
Elior comenzó a ejercer fuerza.
El demonio lo golpeaba desesperadamente, la sangre caía del rostro de Elior, pero él no soltaba. Poco a poco, el ala comenzó a desgarrarse.
El demonio gritaba de dolor.
—Ya casi…
Con un tirón brutal, Elior arrancó el ala por completo.
El demonio cayó al suelo, retorciéndose por el dolor.
—Vaya… sí que son como cuchillas…
Elior observó el ala en su mano, sacando una de las plumas.
—Ey…
Miró al demonio.
—Mírame…
El demonio lo hizo por instinto.
Elior lanzó la pluma con furia directa a su ojo izquierdo.
—¡AHHGG!
La pluma se incrustó, destruyendo completamente el ojo.
Elior dejó caer el ala al suelo.
—Espero que las de los ángeles sean igual de fáciles de arrancar…
Aquellas palabras encendieron algo en el demonio.
—¡Espera! —gritó, cubriéndose el ojo—. Yo… yo puedo ayudarte… si quieres acabar con los ángeles… sí… eso… yo puedo ayudarte…
Elior lo miró.
—Dime… ¿para qué quieren mi sangre?
El demonio dudó.
—No lo sé… solo la pidieron…
Elior no esperó.
Con su pie, rompió la pierna derecha del demonio.
—¿Para qué quieren mi sangre?
—¡No lo sé!
—¡Que me digas!
Elior arrancó la pierna del demonio, arrojándola lejos mientras la sangre cubría el suelo.
—Necesito información… y no me la quieres dar…
Se acercó y colocó sus rodillas sobre el pecho del demonio.
Un puñetazo.
El rostro del demonio comenzó a deformarse.
—Hablan y hablan… y no dicen nada útil…
Otro golpe.
Y otro.
—¡Mi sangre! ¿Quién la pidió… y para qué…?!
Atravesó su puño en el abdomen del demonio.
La ira de Elior aumentaba sin control. Su ojo temblaba con pequeños espasmos, incapaz de sostener la presión mental.
Su cordura estaba al límite.
Se levantó un momento, intentando respirar.
—Inútiles… son inútiles…
El demonio vio una oportunidad.
Se levantó como pudo e intentó escapar, aun sin una pierna y sin un ala.
Pero Elior apareció frente a él.
Y atravesó nuevamente su abdomen, dejando su mano dentro.
—¿Dónde está tu compañero…?
El demonio escupía sangre.
—Si me dices… te prometo que su muerte será menos dolorosa…
No podía responder.
—Oh… es cierto…
Elior retiró su mano.
Le dio la espalda.
El demonio cayó casi inmóvil.
Elior tomó la tráquea y volvió a acercarse.
—No me interesa tu nombre… ni me interesó jamás… pero te dije que te comerías esto…
Le abrió la boca a la fuerza.
Y metió la tráquea dentro.
—¡Cómetelo!
El demonio se resistía, pero Elior lo obligó, golpeándolo repetidamente hasta fracturar su mandíbula, dejándola colgando.
Hermano…
La voz volvió.
Esta vez más clara.
Por un momento, toda la oscuridad y la rabia se contuvieron.
En ese instante de distracción—
El demonio, con la poca fuerza que le quedaba, atravesó el abdomen de Elior.
Su mano salió por la espalda.
La sangre comenzó a brotar lentamente.
La oscuridad en los ojos de Elior desapareció.
Volvieron a ser plateados.
—Bastardo…
Con lo poco que le quedaba de fuerza, golpeó el rostro del demonio.
Una vez.
Y otra.
Hasta destruir completamente su cabeza.
El cráneo se hizo trizas, dejando un cuerpo irreconocible.
—Hermano… Elior… por favor… basta…
Ahora sí escuchaba claramente.
—Debes ser fuerte…
Elior se levantó con dificultad.
La sangre caía sin control.
Su sombra intentaba regenerarlo, pero demasiado lento.
Dio unos pasos.
Y cayó.
—¡Hermano!
—Liora… hermana…
Fueron sus últimas palabras antes de perder la conciencia.
Su cuerpo quedó inmóvil, en un terreno cubierto de grietas y sangre.
Aquel objetivo había caído.
Y con él…
Una gran parte de la cordura de Elior.
En aquel trance, producto de la inconsciencia causada por el agotamiento tanto físico como mental tras haber peleado con el demonio, Elior seguía escuchando aquella voz infantil de su hermana, que lo llamaba desesperada.
Elior abrió los ojos poco a poco, solo para ver cómo la herida de su abdomen se curaba lentamente.
—Debo salir de aquí… —susurró apenas, mientras luchaba por reincorporarse.
Su mente daba vueltas y vueltas en la voz de Liora.
—Necesito salir de aquí… necesito un refugio…
Comenzó a caminar fuera de aquella zona mientras su herida ya estaba casi regenerada y la sangre había dejado de brotar, aunque lo perdido no se recuperaba. Elior estaba débil; incluso un animal moribundo podría derrotarlo en ese estado.
—Quedan dos… solo dos…
Se repetía con un tono extrañamente alegre.
—Ya queda poco para volver…
Pero en aquel lapso de recuperación, Elior notó algo extraño en su cuerpo.
Se detuvo.
Observó sus manos.
Los rastros de sangre seca eran leves, pero lo realmente impactante era otra cosa.
Las venas de sus brazos estaban completamente negras.
Su antebrazo también.
El color pálido de su piel se había tornado oscuro en sus muñecas, como si una marca de maldición se estuviera extendiendo lentamente.
Entonces recordó.
La promesa.
El compromiso que hizo consigo mismo de jamás perder aquello que lo hacía humano.
Pero el camino que estaba tomando…
Hacía casi imposible sostener esa parte de sí.
La desesperación lo golpeó de lleno.
Su respiración se volvió irregular.
Un trance de ansiedad lo invadió.
Una arritmia se apoderó de su pecho, acompañada de un nudo en el estómago.
—¿Qué estoy haciendo…? No quiero ser un monstruo… no quiero… no quiero…
Repetía una y otra vez, mirando sus brazos.
Buscó desesperadamente una fuente de agua en aquel lugar desolado.
—Liora… quizás por eso escuché su voz… quería impedir esto…
—¡Ahhg… maldición!
Golpeó un árbol con fuerza.
Una fuerza que ya no estaba contenida.
El impacto destruyó una gran muralla de piedra cercana, y los árboles circundantes se sacudieron violentamente.
Entonces lo sintió.
Una presión en su cabeza.
Sofocante.
Las espinas.
Rodeaban completamente su cerebro, formando una especie de cárcel que lo aprisionaba desde el exterior.
—¡AHGGG… CARAJO!
El dolor recorrió todo su cuerpo, generando pequeñas ondas expansivas a su alrededor que arrasaban con todo.
Era como si su propia sombra intentara liberarse de aquellas espinas.
Una lucha interna por el control.
Las venas negras en sus brazos se apagaban y volvían a intensificarse con cada onda, reflejando aquel conflicto interno.
Elior contuvo la respiración.
Y cuando ya no pudo más—
La liberó.
Junto a ella, una enorme masa de sombra emergió desde su interior, expandiéndose violentamente y aniquilando todo a su alrededor, incluso las piedras, dejando el terreno como un vacío absoluto.
—No puedo más…
Se repetía, intentando recuperar el control.
—Debo controlar esta mierda…
Sabía la verdad.
La única forma de liberarse del dolor era soltar todo aquello en una descarga total, una explosión donde las sombras borrarían todo a su paso.
Pero era una maniobra peligrosa.
Una que jamás podría usar en Geheris sin poner en riesgo a quienes habitaban allí.
—Debo encontrar al otro sujeto…
Dijo, retomando el paso.
En ese proceso, encontró un pequeño campamento.
Parecía haber sido abandonado recientemente.
Elior se acercó y tocó las cenizas de una fogata.
—Todavía están algo tibias…
Frunció el ceño.
—¿Desde cuándo hacen fogatas los demonios…?
Negó levemente.
—Quizás fue otra especie…
Entonces recordó las palabras del demonio.
No solo buscaban su sangre.
Había otros.
—Otros tres… —susurró para sí mismo.
Una idea comenzó a formarse.
—Quizás si los encuentro… puedan serme de utilidad…
Levantó la mirada.
—Debo rastrearlos…
Por primera vez en mucho tiempo, una leve esperanza apareció en su interior.
Quizás no estaría completamente solo en aquel lugar desolado.
Aunque su poder seguía creciendo con cada paso, volviéndose cada vez más difícil de contener dentro de un cuerpo que, aunque único…
Aún seguía aferrado, de alguna manera, a su humanidad.
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