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La Sombra Sin Dios - Capítulo 40

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Capítulo 40: Capítulo 39 — Caos adentro del alma

El sonido de un susurro conocido acaparó la atención de Elior, quien rápidamente miró hacia arriba, buscando el origen de aquel susurro inentendible.

—Kael… —susurró.

Rápidamente sacudió la cabeza y siguió su rumbo. Es imposible que lo haya escuchado, se repetía a sí mismo mientras, con cada metro dado en dirección al norte, el purgatorio se hacía más y más oscuro.

El viento corría como en pleno invierno, provocando que las ramas de aquellos árboles que aún seguían en pie se congelaran. Lo mismo pasaba, poco a poco, en el cuerpo de Elior. Sus dedos se entumecían, provocando que fuese imposible continuar.

—Debo calentarme rápido… —dijo mientras veía sus manos casi sin poder moverlas.

Buscó las ramas más secas posibles y, con sus dagas, comenzó a hacer chispas hasta provocar el fuego, formando una fogata que lo mantendría caliente por un poco de tiempo.

Debo estar ya más cerca… mañana es el día. Si sigo caminando unas tres horas más, podré llegar quizás antes del siguiente anochecer…

Mientras miraba la fogata y sus manos calentándose con esta, rápidamente un dolor punzante en su cabeza lo azotó. Posterior a eso, sus ojos ardían, provocando que cada vez viera más y más borroso.

—Carajo… —dijo.

Desde esa vez, siento esta maldita molestia en mis ojos…

Aquella transformación de sus ojos provocó que no solo su iris se transformara en espinas, sino que sintiera cómo aquellas crecían dentro de él, ramificándose en su cerebro.

No puedo seguir así…

Se dijo mientras seguía practicando con una de sus manos controlar su poder.

—Pero no hay caso con esto… ¿cómo puedo hacer esto…? ¿Cómo me serviría estar con los ancianos ahora…?

Una hora pasó en solo un pestañeo. Elior apagó el fuego, ya con su cuerpo caliente por la fogata, se colocó su roto abrigo y se dispuso a caminar.

No había nada… ni animales, ni almas en aquel rumbo. Pero el olor a putrefacción se hacía horripilante.

Rompió una de las mangas de la polera y se hizo una mascarilla improvisada.

—Deben haber muchos demonios por acá… debo ir con cuidado. Quizás llegue mucho antes…

Miraba cuidadosamente a todos lados.

Debo ser precavido… calvo, raquítico, con alas…

Se repetía las características de uno de los objetivos.

—¿Qué más era…? —se preguntaba—. Creo que estoy omitiendo algo de este sujeto… bueno, no importa por ahora.

Aquel olor horripilante se hacía más y más intenso a medida que pasaba aquel cerro… pero todo cambió rápidamente.

La escena espantó por unos segundos a Elior.

—¿Qué carajos…? —dijo mientras sus ojos se abrían de par en par.

Los demonios se estaban devorando entre ellos, sin piedad. Ninguno se defendía… cada uno era presa de otro.

La sangre y extremidades estaban esparcidas por toda la llanura, dejando un rastro enorme de vísceras y sangre.

Elior apartó la vista unos segundos. Por más que ha visto de todo en el purgatorio, aquella escena era la más repugnante que haya presenciado.

Debo esquivar todo este desmadre…

Esquivó por el costado de aquella llanura toda esa carnicería… canibalismo puro.

De repente, todo el dolor de cabeza y sus ojos volvió con más fuerza.

—Mierda…

Cayó de rodillas, llevando sus manos a su cabeza.

Los demonios que aún quedaban escucharon aquel sonido, riendo con desesperación, como animales que llevaban demasiado tiempo sin comer. Se lanzaron contra Elior con devoción.

Elior intentaba enfocarlos, pero no lograba visualizar bien. Solo veía figuras borrosas corriendo en su dirección.

Mierda… debo levantarme y salir de acá…

Pero por puro instinto, su cuerpo reaccionó por sí solo. Nuevamente su aura cambió, provocando que surgiera ese diseño cubierto de espinas, sintiendo cómo esta vez se enterraban más y más en su cerebro.

El dolor era desesperante… abrumador.

—¡Ahhgh… mierda! —gritó Elior por aquel insoportable dolor.

Sentía cómo aquellas espinas se adentraban en su cerebro, impidiéndole controlar su cuerpo. Poco a poco, su sombra se hacía más y más densa, como una neblina que cubría todo su cuerpo.

—No puedo respirar…

Se repetía mientras se llevaba una de sus manos al pecho.

—Mierda… mierda…

Cuando su vista volvió, solo logró ver cómo aquella sombra cubría todo su cuerpo. Sus ojos visualizaron una escena horrorosa: aquellos demonios que corrían hacia él estaban ya muertos, desmembrados y con sus cuerpos cubiertos de espinas hechas con su sombra, que atravesaban los cuerpos por completo.

Los ojos de Elior soltaban sangre.

Cerró sus ojos a la fuerza, esperando que el dolor sucumbiera… pero al abrirlos de inmediato, estaba otra vez frente a él mismo.

—Idiota… —dijo aquel Elior enjaulado—. Nunca aprendes, ¿verdad?

Se supone que tú eres el que debe protegerme… ¡y mírame! —gritó, perdiendo el control, aquel Elior enjaulado, cubierto de espinas, inclusive su jaula.

Las espinas se le incrustaban en todas las partes del cuerpo, como si él fuera una rama más.

—No entiendo qué está pasando… —dijo Elior con voz baja, mientras miraba espantado a su otro cubierto de espinas.

—Haz algo… —decía con un tono enojado—. ¡Debes hacer algo ahora!

Volvió a gritar, acercándose a la puerta de la jaula, notándose por primera vez la completa desesperación en aquel Elior enjaulado.

Aquellas espinas no solo provocaban un dolor físico al estar atravesando la carne, sino que tenían la capacidad de crecer más y más con el dolor de su huésped; mientras más odio e ira sintiera, mayor crecerían.

Elior solo retrocedió tres pasos, sin dejar de mirar a su otro en la jaula…

Volviendo de la nada fuera de su conciencia, donde una ola de demonios yacía con el rostro desfigurado y con las cabezas fuera de sus cuerpos, al igual que sus extremidades.

Las espinas poco a poco volvían a crecer más y más dentro de Elior, mientras su iris volvía a la normalidad. Sus ojos nuevamente sangraban, perdiendo con esto la visión de su ojo derecho.

—Carajo… mierda… —susurraba Elior, aguantando el dolor y notando que ya no veía con su ojo.

La desesperación por aquel suceso lo presionaba.

—Debo irme de acá…

Dijo, volviendo en sí al escuchar los sonidos de más demonios. No era un buen momento para pelear.

A duras penas trotaba, cojeando por un dolor en sus piernas. Sus dolores musculares habían vuelto.

—Quizás algo no está bien con mi regeneración… —susurró.

Al ver que tenía la mordida de lo que sería un demonio, la herida no se regeneraba. La sangre brotaba y brotaba de su herida, logrando ver en las orillas de esta cómo la sombra intentaba curarlo, pero no podía.

Elior enfocó, con lo que podía de su vista, la herida sin entender por qué no regeneraba esa herida, pero otras partes del cuerpo ya estaban sanadas.

Atrajo su daga y la guardó inmediatamente, siguiendo el rastro de sangre y putrefacción que lo llevaría hacia su objetivo…

Por alguna razón ya no se sentía igual. Se sentía con cada paso más débil. Sus oídos solo escuchaban aquel zumbido y la visión de su ojo izquierdo ahora era cada vez peor.

Mientras caminaba, logró ver a duras penas unas esculturas destruidas… era un roquerío de columnas que podían ser perfectas para alguien.

—Ahí quizás está aquel sujeto… —dijo mientras seguía cojeando.

Tardó varios minutos en lograr llegar a las columnas, para encontrarse con varios demonios que esta vez no se movían.

Elior no era el centro de atención para ellos.

Igualmente, Elior sacó sus dagas, preparándose para quizás una pelea… pero no hubo señales de movimiento de los demonios. Seguían sin verlo.

Elior avanzó, acercándose a ellos en guardia, para solo escuchar los sonidos de alguien comiendo o devorando con ansias.

Habían grandes charcos de sangre por el suelo.

Elior estaba a menos de un metro de los demonios, quienes no lo atacaban. Siguió avanzando por al lado… hasta ver unas alas negras, con unas plumas que parecían cuchillas.

Dio un paso al costado, apretando a su vez las dagas… pero ya no había ruido alguno, ni siquiera de alguien comiendo.

Elior se acercó solo para ver cómo un demonio estaba sin su pierna y en estado de inconsciencia, siendo devorado. Aún seguía con vida… pero a duras penas.

El brazo del demonio tenía varios mordiscos.

Una presión abrumadora llegó al pecho de Elior, que le heló la sangre.

Rápidamente se dio vuelta para toparse de frente con un puñetazo de aquel ser alado.

Elior salió disparado contra el suelo, rompiéndolo con él, hasta estrellarse a los pies de una columna.

Intentaba recuperar el aliento, pero era difícil… estaba completamente débil.

Elior apretó su estómago y rápidamente comenzó a vomitar, pero no era nada más que bilis.

—Tú…

Se escuchó en el cielo, con una voz temerosa.

—Tú eres aquel chico…

Sonó con mucho miedo.

Una risa comenzó a escucharse como un eco por todo el sector.

—Es mi día de suerte… solo me faltan los otros tres… y estará contento…

Elior no escuchaba nada.

A duras penas puso sus manos en su estómago y comenzó a levantarse, buscando desesperado un atisbo, algo… lo que sea que muestre dónde estaba aquel ser.

Avanzó rápidamente con todo lo que su cuerpo le permitía. Su sombra estaba trabajando a menos de la mitad de su capacidad… lo que fueran aquellas espinas, estaban consumiendo a Elior.

Elior nuevamente escuchó un sonido metálico en el aire… para luego ser rápidamente golpeado y salir disparado a otro lado.

—Vamos, Elior… vamos, Elior…

Se decía a sí mismo mientras se levantaba de aquel golpe, que no dolía como el primero.

—El sonido… sus alas… metálico… suenan…

Decía mientras sentía que se desvanecía.

—Ahg… mierda… concéntrate…

Nuevamente ese sonido metálico aparecía y Elior levantó sus dagas a la vez.

Aquel ser, que no demoraba en atacar, fue atravesado en sus manos con una de las dagas que Elior subió cerca de su rostro, para así apuñalarlo.

—Ahhg… maldito infeliz… —sonó.

Elior miraba a todos lados, pero por su ceguera era imposible ubicarlo.

—¿Qué es lo que pasa…? No es momento para estar así…

Se repetía mientras con rabia apretaba sus dientes.

—Necesito asesinar…

De un momento a otro, consumido por la ira, Elior atravesó su palma con su daga, logrando despertar un poco de aquel sentimiento de desmayo.

Y corrió hacia los primeros objetivos que vio: los demonios que yacían inmóviles.

—Ese infeliz se alimenta de estos… pues entonces lo atraparé aquí…

Dijo mientras se metía sin pensar en la fila de demonios.

Elior escuchó cómo un sinfín de golpes resonaban, dándose vuelta al instante para percatarse de cómo las cabezas de los demonios salían volando al chocar con las alas.

Elior salió de uno de los demonios, golpeando a aquel ser alado.

La fuerza fue tal que aquel ser salió disparado contra un pilar. El polvo cubrió el lugar… pero al disiparse, por fin Elior logró ver con claridad a aquel ser.

Recordando las palabras de aquella bestia que dejó libre:

Calvo… raquítico… con alas…

Las descripciones calzaban perfecto con aquel ser.

—Tú… —dijo Elior con una sonrisa—. Tú eres mi objetivo…

Encontrándose con los ojos rojos de aquel demonio, quien le botaba la sangre de la cabeza.

—Me las pagarás… —dijo mientras estiraba las garras de sus manos.

Elior corrió hacia él, olvidando el dolor muscular y su ceguera, y chocó contra el demonio.

Este cortaba con sus alas a Elior, quien no hacía nada por protegerse… solo pensaba en atacar.

Aquel demonio solo tenía ventaja en el aire. En tierra, solo podía depender de su fuerza extremadamente bruta.

El demonio tomó a Elior del cuello y lo lanzó a los aires, y lo alzó clavando las garras de sus pies en el pecho, azotándolo contra el suelo.

Elior escupió saliva, mientras el demonio solo sonreía maliciosamente.

—No podrás lastimar—

Crack.

Sonó de inmediato cómo Elior, sin pensarlo, le rompió la pierna a aquel demonio, sacándoselo de encima.

—¡Ahhgg… mi pierna! ¡Infeliz! ¡Bastardo, bastardo, bastardo!

Repetía de forma compulsiva.

—¡Acabaré contigo y toda tu familia! Apenas lleve a mi ejército a Geheris… maldito humano infeliz… bastardo…

Elior iba a atacar de forma desenfrenada, pero la sensación de aquellas espinas entrando en su cuerpo más y más lo desorientaba.

Cálmate… recuerda…

Pensaba Elior.

Él es un objetivo… objetivo para volver a casa…

Poco a poco iba recuperando la cordura.

A duras penas dijo:

—Tú eres mi objetivo… ¿dónde están los otros? Te daré esta chance de que vuelvas con ellos y les digas que los mataré a todos ustedes… y los sacaré del purgatorio…

Aquel demonio se veía incrédulo ante los dichos de Elior… que solo comenzó a reírse en forma burlesca.

—Puedo ver esto en ti… —dijo aquel demonio, mientras uno de sus ojos mostraba signos de negrura—. Ohhh… así que tienes unos niños que proteger…

Elior escuchó, alertado.

—¿Qué…? —susurró mientras apretaba las dagas.

—No sabes cómo disfrutaré cuando me los coma mientras gritan…

Un calor desenfrenado subía por el pecho de Elior.

¿Cómo es posible que sepa de los niños…? Es imposible… solo adivinó… sí, adivinó…

Se repetía Elior… pero ya era tarde.

Sus impulsos lo dejaron llevarse.

—¡Ahhggh!

Gritó Elior con todas sus fuerzas, mientras arrojaba sus dagas, atravesando una de las alas del demonio, quien no logró ver la daga.

—Te mataré…

Dijo mientras los ojos de Elior botaban más y más sangre y sus brazos se cubrían en una sombra.

El demonio se elevó, preparándose para lo que sería el segundo round de aquella pelea.

Aún quedaba un poco de racionalidad en Elior.

Mientras se lanzaba, pensaba rápidamente en medir sus golpes. No podía matarlo así como así… necesitaba información.

¿Para qué ocuparían su sangre…? ¿Ejército de demonios en Geheris…?

—Te torturaré y después te asesinaré —le gritó Elior, mientras de un salto llegó a donde estaba el demonio, golpeando en la mandíbula.

El demonio salió disparado contra el pilar, levantándose rápidamente. Colocó sus dos manos en su cuello y se lo acomodó.

—Golpeas fuerte… —dijo—. Devoraré todo tu ser y seré más fuerte aún… podré experimentar con tu cuerpo raro…

Dijo el demonio, mientras escupía una especie de sangre negra.

Los ojos de Elior comenzaron a brillar de una luz fuera de lo común, desapareciendo su iris negro, tomando un color completamente blanco.

—Veamos quién mata a quién entonces…

Dijo, mientras todo el suelo comenzaba a temblar…

El ambiente sofocaba a cualquiera que se atreviera a permanecer cerca de aquellos dos.

Elior, por una parte, sentía la rabia brotando por cada poro de su piel, con el corazón latiendo descontrolado, consciente de que su cuerpo no resistiría mucho más, mientras la ceguera le impedía manejar correctamente la situación. Por otro lado, aquel demonio estaba listo para consumir cada parte de él, ansioso por explorar cada gota de su sangre, aquella sangre especial que, de alguna forma desconocida, era tan preciada por los de su especie.

—Veremos quién mata a quién —dijo Elior, dejando brotar su ira.

Las sombras, aún con ciertos atisbos de espinas, se incrustaban cada vez más en su cuerpo, pero aquel dolor no era nada comparado con el sentimiento de saber que, si moría allí, no volvería a ver a aquellos que amaba.

El demonio lo observó con una sonrisa completamente maquiavélica, mostrando cómo las costuras de sus labios estaban rotas y cubiertas de sangre, alargando esa sonrisa más allá de lo natural. Sus alas se erizaban de una forma antinatural, y el filo de sus plumas reflejaba la escasa luz del lugar con un brillo amenazante.

—Mamá… papá… Liora… —susurró Elior—. Por favor, denme la fuerza necesaria para volver a casa…

Su cuerpo se movió solo, impulsado por aquel instinto agresivo y su objetivo.

—Debo ser preciso…

Ambos corrieron uno hacia el otro y chocaron con una fuerza brutal. El impacto levantó árboles, piedras y destruyó pilares enteros. Elior acertó un puñetazo directo en las costillas del demonio, quien escupió sangre en su rostro.

—Hijo de pe… —alcanzó a decir Elior.

Los golpes comenzaron a ir y venir sin detenerse, una batalla de resistencia pura.

—Vamos, vamos —decía el demonio, dejando ver el cansancio en su voz, pero sin retroceder.

Elior golpeó sus rodillas, haciéndole perder el equilibrio, y rápidamente se posicionó a su espalda para intentar sujetarlo del cuello, pero el demonio se impulsó con sus alas, provocando que Elior se estrellara contra las rocas. El golpe en su cabeza lo desorientó por unos segundos.

El demonio no dudó y comenzó a golpearlo con fuerza desmedida. Cada impacto sonaba como si chocara contra una estructura metálica. Elior se cubría, pero la sangre no dejaba de caer.

—Vamos… necesito pensar… rápido… busca una apertura…

Tomó el brazo del demonio y lo rompió, alejándolo, para luego acercarse nuevamente y golpearlo con una patada en las costillas. Aun así, el demonio no salió disparado como esperaba.

—Sus alas… —susurró—. Debo quitárselas…

Se quitó el abrigo, intentando centrarse.

—Concéntrate… mis ojos no funcionan…

La sangre en su rostro ya no le permitía ver.

Arrancó un trozo de su polera y lo ató sobre sus ojos.

—Tendré que confiar en mis sentidos…

El demonio regeneró su brazo.

—Rápido… localízalo…

Elior agudizó sus sentidos.

—Vamos… no eran tan fuertes… ¡ven, bastardo!

El demonio cayó sobre él y lo golpeó, pero Elior atrapó su brazo y, con la otra mano, sacó su daga, atravesando una de sus alas. El demonio intentó alejarse, pero Elior no lo soltaba.

Aquel sonido metálico de las alas era clave.

—¡Suéltame, bastardo! —gritaba el demonio.

Con un golpe certero, rompió el brazo de Elior, obligándolo a soltar la daga. Elior cubrió su rostro con la otra mano, resistiendo una patada, luego acomodó su propio brazo y se lanzó nuevamente.

En un parpadeo, el demonio perdió su rastro.

Elior apareció frente a él.

—¡AHHH!

Una lluvia de puñetazos cayó sobre el demonio, incapaz de defenderse ante aquella fuerza desmedida. Elior lo tomó del rostro y lo arrastró por el suelo, lanzándolo contra un pilar que estalló al impacto.

La batalla comenzaba a inclinarse.

Elior no se detenía.

El demonio apenas esquivó un rodillazo que destruyó todo a su alrededor.

—¡Vamos!

El demonio, acorralado, se elevó fuera de su alcance y, en un acto desesperado, soltó un grito ensordecedor que hizo estallar los tímpanos de Elior. Este cubrió sus oídos mientras comenzaban a regenerarse.

—No creo que estés pidiendo refuerzos… maldito bastardo…

Los demonios cercanos comenzaron a moverse hacia la zona.

—Debo acabar rápido… cortar esas alas…

El demonio descendió y lo embistió, llevándolo al aire antes de azotarlo contra el suelo. Tomó una espada, pero Elior la rompió con su daga. Aun así, su cuerpo estaba al límite, temblando, lento.

Un dolor repentino lo detuvo.

El demonio aprovechó.

La espada atravesó su abdomen.

—No podrás moverte… es tu fin…

La sangre caía sin control.

—Esa espada… —dijo el demonio— tiene un veneno muy poderoso… hecho por mi padre…

Elior bajó la mirada.

—Así que tu padre…

Apretó los dientes.

—Bastardos hijos de perra…

El demonio sintió un escalofrío.

Retrocedió.

—Interesante…

Elior rió débilmente.

—Fui demasiado confiado… creí que podía acabar esto rápido… me he vuelto arrogante…

Algo cambió.

El demonio lo notó.

—Qué raro… estás más hablador…

—Tengo objetivos… tengo gente que espera que vuelva a casa… o eso creo… y dijiste que los matarías…

Levantó la mirada.

—Ahora… es el fin de la pelea…

—¡Yo voy a MATARTE!

Su piel comenzó a desprenderse, revelando una sombra inquietante que cubrió su cuerpo por completo. Rió, completamente fuera de sí, mientras aquella sombra volvía a introducirse en su carne, sanando cada herida.

Su visión regresó.

—Aún no controlo este poder… pero lo entenderé cuando salga de aquí… de momento… es hora de que te acabe…

Sonrió.

—Y por favor… no borres esa sonrisa… cuando te esté desmembrando…

Desapareció.

El golpe llegó en un instante.

El demonio perdió el control en segundos.

Los golpes de Elior eran más rápidos, más precisos, más fuertes.

El demonio contraatacó, pero no surtió efecto.

El cuerpo de Elior se adaptaba.

Resistía.

Evolucionaba.

Un golpe destruyó la mandíbula del demonio.

El demonio atravesó su brazo con las alas.

Elior no se detuvo.

Clavó sus dagas en sus costillas y las deslizó hacia arriba, impidiendo que escapara. Luego las arrancó junto con carne y hueso.

El demonio gritó.

Pero sonrió.

Los demonios menores llegaron.

Elior se giró.

Y los atacó.

Bloqueó espadas, destrozó cuerpos con un solo puñetazo, arrancó huesos y los utilizó como armas, perforando ojos y despedazando enemigos que caían como moscas.

Rugió.

La venda de sus ojos cayó.

La sangre descendía lentamente.

Sus ojos plateados habían desaparecido.

Ahora eran completamente negros.

Y su sonrisa…

Ya no era humana.

Los demonios dudaron.

—Así que… con eso rugías… —dijo Elior, atravesando la garganta de uno y arrancándola.

—Váyanse… los mataré a todos…

Le dio la espalda.

Se centró en su verdadero objetivo.

Los demonios retrocedieron.

—Tú… ¿estás seguro de que eres humano? —preguntó el demonio alado, con una risa nerviosa.

Elior, cubierto de sangre, sostuvo una tráquea en su mano.

—Haré que te comas esto… —dijo, levantándola lentamente frente a él

Elior…

Aquel susurro nubló su cabeza, que estaba completamente consumida por la rabia. Aquella voz infantil intentaba traerlo de vuelta, hacerlo reaccionar, porque si Elior seguía dejándose consumir por esa ira, ya no habría vuelta atrás y todo por lo que había luchado sería en vano.

Pero Elior apenas escuchaba ese ligero susurro, sin darle importancia.

Soltó la tráquea y corrió hacia el demonio, quien ya sabía que no tenía nada que hacer contra él. Sin perder tiempo, extendió sus alas y alzó vuelo, intentando escapar del lugar; necesitaba reunirse con su compañero, juntos podrían destruir a Elior.

Mientras volaba, miró hacia abajo y vio cómo Elior corría a gran velocidad siguiéndolo.

—¡Mierda…! —gritó asustado—. ¿Cómo es eso posible?

Volvió a mirar hacia atrás, pero Elior ya no estaba.

Una leve satisfacción recorrió al demonio al pensar que había logrado escapar.

—Rápido… rápido…

Giró la cabeza hacia adelante.

Y ahí estaba.

Elior.

Frente a él.

Sin darle tiempo a reaccionar, Elior clavó sus dagas en las alas del demonio, obligándolo a caer. Colocó su pie en el cuello de la criatura mientras ambos descendían cientos de metros, hasta estrellarse violentamente contra el suelo.

El impacto dejó al demonio incrustado en la tierra, mientras Elior salió despedido por la fuerza del choque.

El demonio levantó la cabeza poco a poco, pero la nube de polvo no le permitía ver con claridad. Solo pudo distinguir una figura que caminaba hacia él… y cómo los brazos de Elior se regeneraban por sí solos, como si nada hubiera ocurrido.

Elior…

El susurro volvió a resonar en su mente.

Por favor…

Pero nuevamente, no le dio la importancia necesaria.

El demonio intentó levantarse para escapar otra vez. Apenas logró ponerse en pie y girar, cuando Elior apareció a su lado, colocando su codo en su cuello mientras sujetaba su ala derecha.

—Estas me estorban…

Elior comenzó a ejercer fuerza.

El demonio lo golpeaba desesperadamente, la sangre caía del rostro de Elior, pero él no soltaba. Poco a poco, el ala comenzó a desgarrarse.

El demonio gritaba de dolor.

—Ya casi…

Con un tirón brutal, Elior arrancó el ala por completo.

El demonio cayó al suelo, retorciéndose por el dolor.

—Vaya… sí que son como cuchillas…

Elior observó el ala en su mano, sacando una de las plumas.

—Ey…

Miró al demonio.

—Mírame…

El demonio lo hizo por instinto.

Elior lanzó la pluma con furia directa a su ojo izquierdo.

—¡AHHGG!

La pluma se incrustó, destruyendo completamente el ojo.

Elior dejó caer el ala al suelo.

—Espero que las de los ángeles sean igual de fáciles de arrancar…

Aquellas palabras encendieron algo en el demonio.

—¡Espera! —gritó, cubriéndose el ojo—. Yo… yo puedo ayudarte… si quieres acabar con los ángeles… sí… eso… yo puedo ayudarte…

Elior lo miró.

—Dime… ¿para qué quieren mi sangre?

El demonio dudó.

—No lo sé… solo la pidieron…

Elior no esperó.

Con su pie, rompió la pierna derecha del demonio.

—¿Para qué quieren mi sangre?

—¡No lo sé!

—¡Que me digas!

Elior arrancó la pierna del demonio, arrojándola lejos mientras la sangre cubría el suelo.

—Necesito información… y no me la quieres dar…

Se acercó y colocó sus rodillas sobre el pecho del demonio.

Un puñetazo.

El rostro del demonio comenzó a deformarse.

—Hablan y hablan… y no dicen nada útil…

Otro golpe.

Y otro.

—¡Mi sangre! ¿Quién la pidió… y para qué…?!

Atravesó su puño en el abdomen del demonio.

La ira de Elior aumentaba sin control. Su ojo temblaba con pequeños espasmos, incapaz de sostener la presión mental.

Su cordura estaba al límite.

Se levantó un momento, intentando respirar.

—Inútiles… son inútiles…

El demonio vio una oportunidad.

Se levantó como pudo e intentó escapar, aun sin una pierna y sin un ala.

Pero Elior apareció frente a él.

Y atravesó nuevamente su abdomen, dejando su mano dentro.

—¿Dónde está tu compañero…?

El demonio escupía sangre.

—Si me dices… te prometo que su muerte será menos dolorosa…

No podía responder.

—Oh… es cierto…

Elior retiró su mano.

Le dio la espalda.

El demonio cayó casi inmóvil.

Elior tomó la tráquea y volvió a acercarse.

—No me interesa tu nombre… ni me interesó jamás… pero te dije que te comerías esto…

Le abrió la boca a la fuerza.

Y metió la tráquea dentro.

—¡Cómetelo!

El demonio se resistía, pero Elior lo obligó, golpeándolo repetidamente hasta fracturar su mandíbula, dejándola colgando.

Hermano…

La voz volvió.

Esta vez más clara.

Por un momento, toda la oscuridad y la rabia se contuvieron.

En ese instante de distracción—

El demonio, con la poca fuerza que le quedaba, atravesó el abdomen de Elior.

Su mano salió por la espalda.

La sangre comenzó a brotar lentamente.

La oscuridad en los ojos de Elior desapareció.

Volvieron a ser plateados.

—Bastardo…

Con lo poco que le quedaba de fuerza, golpeó el rostro del demonio.

Una vez.

Y otra.

Hasta destruir completamente su cabeza.

El cráneo se hizo trizas, dejando un cuerpo irreconocible.

—Hermano… Elior… por favor… basta…

Ahora sí escuchaba claramente.

—Debes ser fuerte…

Elior se levantó con dificultad.

La sangre caía sin control.

Su sombra intentaba regenerarlo, pero demasiado lento.

Dio unos pasos.

Y cayó.

—¡Hermano!

—Liora… hermana…

Fueron sus últimas palabras antes de perder la conciencia.

Su cuerpo quedó inmóvil, en un terreno cubierto de grietas y sangre.

Aquel objetivo había caído.

Y con él…

Una gran parte de la cordura de Elior.

En aquel trance, producto de la inconsciencia causada por el agotamiento tanto físico como mental tras haber peleado con el demonio, Elior seguía escuchando aquella voz infantil de su hermana, que lo llamaba desesperada.

Elior abrió los ojos poco a poco, solo para ver cómo la herida de su abdomen se curaba lentamente.

—Debo salir de aquí… —susurró apenas, mientras luchaba por reincorporarse.

Su mente daba vueltas y vueltas en la voz de Liora.

—Necesito salir de aquí… necesito un refugio…

Comenzó a caminar fuera de aquella zona mientras su herida ya estaba casi regenerada y la sangre había dejado de brotar, aunque lo perdido no se recuperaba. Elior estaba débil; incluso un animal moribundo podría derrotarlo en ese estado.

—Quedan dos… solo dos…

Se repetía con un tono extrañamente alegre.

—Ya queda poco para volver…

Pero en aquel lapso de recuperación, Elior notó algo extraño en su cuerpo.

Se detuvo.

Observó sus manos.

Los rastros de sangre seca eran leves, pero lo realmente impactante era otra cosa.

Las venas de sus brazos estaban completamente negras.

Su antebrazo también.

El color pálido de su piel se había tornado oscuro en sus muñecas, como si una marca de maldición se estuviera extendiendo lentamente.

Entonces recordó.

La promesa.

El compromiso que hizo consigo mismo de jamás perder aquello que lo hacía humano.

Pero el camino que estaba tomando…

Hacía casi imposible sostener esa parte de sí.

La desesperación lo golpeó de lleno.

Su respiración se volvió irregular.

Un trance de ansiedad lo invadió.

Una arritmia se apoderó de su pecho, acompañada de un nudo en el estómago.

—¿Qué estoy haciendo…? No quiero ser un monstruo… no quiero… no quiero…

Repetía una y otra vez, mirando sus brazos.

Buscó desesperadamente una fuente de agua en aquel lugar desolado.

—Liora… quizás por eso escuché su voz… quería impedir esto…

—¡Ahhg… maldición!

Golpeó un árbol con fuerza.

Una fuerza que ya no estaba contenida.

El impacto destruyó una gran muralla de piedra cercana, y los árboles circundantes se sacudieron violentamente.

Entonces lo sintió.

Una presión en su cabeza.

Sofocante.

Las espinas.

Rodeaban completamente su cerebro, formando una especie de cárcel que lo aprisionaba desde el exterior.

—¡AHGGG… CARAJO!

El dolor recorrió todo su cuerpo, generando pequeñas ondas expansivas a su alrededor que arrasaban con todo.

Era como si su propia sombra intentara liberarse de aquellas espinas.

Una lucha interna por el control.

Las venas negras en sus brazos se apagaban y volvían a intensificarse con cada onda, reflejando aquel conflicto interno.

Elior contuvo la respiración.

Y cuando ya no pudo más—

La liberó.

Junto a ella, una enorme masa de sombra emergió desde su interior, expandiéndose violentamente y aniquilando todo a su alrededor, incluso las piedras, dejando el terreno como un vacío absoluto.

—No puedo más…

Se repetía, intentando recuperar el control.

—Debo controlar esta mierda…

Sabía la verdad.

La única forma de liberarse del dolor era soltar todo aquello en una descarga total, una explosión donde las sombras borrarían todo a su paso.

Pero era una maniobra peligrosa.

Una que jamás podría usar en Geheris sin poner en riesgo a quienes habitaban allí.

—Debo encontrar al otro sujeto…

Dijo, retomando el paso.

En ese proceso, encontró un pequeño campamento.

Parecía haber sido abandonado recientemente.

Elior se acercó y tocó las cenizas de una fogata.

—Todavía están algo tibias…

Frunció el ceño.

—¿Desde cuándo hacen fogatas los demonios…?

Negó levemente.

—Quizás fue otra especie…

Entonces recordó las palabras del demonio.

No solo buscaban su sangre.

Había otros.

—Otros tres… —susurró para sí mismo.

Una idea comenzó a formarse.

—Quizás si los encuentro… puedan serme de utilidad…

Levantó la mirada.

—Debo rastrearlos…

Por primera vez en mucho tiempo, una leve esperanza apareció en su interior.

Quizás no estaría completamente solo en aquel lugar desolado.

Aunque su poder seguía creciendo con cada paso, volviéndose cada vez más difícil de contener dentro de un cuerpo que, aunque único…

Aún seguía aferrado, de alguna manera, a su humanidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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