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La sustituta equivocada del CEO - Capítulo 83

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  3. Capítulo 83 - 83 Regresó a casa con una botella rota
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83: Regresó a casa con una botella rota 83: Regresó a casa con una botella rota Mike no tenía ni idea de dónde estaba Tolu y, aunque sabía que probablemente debería estar preocupado, no lo estaba.

Mike estaba aliviado.

Desde que le habló del divorcio, había esperado que reaccionara de una forma totalmente desproporcionada.

Exagerada.

Dramática.

Quizás con algunas amenazas y lágrimas de rabia.

Pero, aparte de la pelea que tuvieron, Mike no había vuelto a verla.

Lo único que parecía haberse llevado era el móvil.

Y aunque Mike sentía que debería llamarla, no lo hizo.

Quizás era mejor así.

Si se mantenía lejos y no regresaba nunca, su vida por fin tendría una apariencia de normalidad.

Así que continuó con su rutina diaria.

Mike siguió yendo a trabajar, ignoró el mundo tanto como pudo y pasaba el resto de sus días en casa.

Esa noche, antes de irse a dormir, Mike estaba agotadísimo.

Le dolía el cuerpo por el cansancio, así que se tomó un somnífero.

Por eso no oyó los leves sonidos de alguien tecleando el código de la puerta, ni a esa persona entrar en el dormitorio y sentarse al borde de la cama.

—Hola, Mike —ronroneó la voz, y Mike se despertó sobresaltado.

El corazón le latía con violencia contra el pecho mientras buscaba a tientas con las manos el interruptor situado en algún lugar sobre el cabecero.

Cuando por fin lo encontró, Mike no tardó en encenderlo.

Pero cuando se encontró cara a cara con la intrusa, se le escapó un grito ensordecedor.

La intrusa era Tolu, pero tenía un aspecto tan aterrador en ese momento que Mike tardó varios largos segundos en procesar que la mujer sentada al borde de su cama era su esposa.

—Hola, cariño —volvió a ronronear, mientras sus labios se estiraban en una sonrisa al mirarlo.

Mike no pudo evitar el escalofrío que lo recorrió.

Tolu parecía un…

no había palabras para expresar la repulsión que su aspecto le provocaba a Mike.

Llevaba ropa minúscula que no cubría nada.

Las prendas estaban empapadas a partes iguales de sangre y alcohol, y el hedor insoportable que emanaba de ella en oleadas le dio arcadas a Mike.

Sostenía una botella rota en la mano derecha y tenía los dientes manchados con una sustancia que Mike estaba seguro de no querer saber cuál era.

—¿Qué demonios te ha pasado?

—espetó él mientras se levantaba de la cama.

Tolu le sonrió con los ojos llenos de lágrimas.

—Te he echado mucho de menos, bebé.

¿Tú a mí?

—preguntó.

Mike arrugó la nariz mientras se alejaba lentamente para poner algo de distancia entre ambos.

—¿Qué es esto, Tolu?

¿Por qué parece que has pasado los últimos días en una alcantarilla?

Das asco —escupió.

Tolu se puso en pie, tambaleándose.

—He dicho que te he echado de menos.

Tú también me has echado de menos, ¿verdad?

Sé que no me llamaste, pero fue porque estabas ocupado, ¿no?

Mike tragó saliva, de repente incapaz de hablar.

Tolu se acercaba más y más a él.

Era obvio que se encontraba en un estado muy malo —horrible— y no quería alterarla diciéndole la verdad.

Además, todavía sostenía la botella rota, y Mike no estaba dispuesto a arriesgar su vida en sus manos.

Así que asintió con la cabeza.

—Sí.

Sí, estuve muy ocupado.

Lo siento, pero sabes lo agotador que puede ser el trabajo.

Lo siento mucho.

Estaba preocupado por ti.

Tolu se detuvo frente a él, tambaleándose peligrosamente.

—¿Y tú también me has echado de menos, verdad?

—insistió.

Mike volvió a asentir.

—Sí.

Tolu sonrió al oír esas palabras, y Mike necesitó toda su fuerza de voluntad para no huir de ella y de su hedor insoportable.

En vez de eso, alargó la mano con suavidad para tocarla.

—Vamos, deja que te ayude a asearte —dijo.

Tolu no se movió.

De repente lo miró con una intensidad que lo asustó.

—Sabes, cuando estaba por ahí…

de fiesta, tuve un recuerdo extraño en el que me decías que querías que nos divorciáramos.

Eso no es verdad, ¿a que no?

O sea, no puede ser verdad.

Tú y yo estamos destinados a estar juntos.

Para siempre.

Hemos pasado por mucho, y no es posible que elijas dejarme ahora.

Soy tu alma gemela, Mike.

No lo olvides nunca, ¿de acuerdo?

Si alguien le pidiera a Mike que eligiera el momento de su vida del que más se arrepentía, sin duda elegiría el día en que se despertó y vio a Tolu por primera vez.

Ese fue el día en que comenzaron sus desgracias.

—Respóndeme, Mike.

No lo olvides nunca.

¿De acuerdo?

Mike sintió como si tuviera una cama de clavos en la garganta al hablar.

—De acuerdo.

—Bien.

Supongo que entonces ya no necesito esto.

Iba a usarlo para amenazarte y que retiraras lo que dijiste sobre el divorcio —dijo, haciendo un gesto hacia la botella rota que aún sostenía.

Mike alargó la mano con cuidado para quitársela.

—A ver.

Yo me desharé de ella.

Dámela —dijo con suavidad, sin querer provocar que hiciera algo terrible.

Tolu dejó que Mike le quitara el arma, y sus párpados se cerraron.

—Estoy tan cansada —susurró.

—Vamos a asearte y a prepararte para la cama —respondió Mike mientras la llevaba con cuidado hacia el baño.

Horas más tarde, con Tolu profundamente dormida, como un tronco, Mike se sentó al borde de la cama y se quedó mirándola.

No podía dormir y, mientras observaba su pecho subir y bajar a un ritmo regular, solo un pensamiento ocupaba la mente de Mike.

Estaba atrapado.

Era imposible que Tolu lo dejara marcharse de ese matrimonio.

El que hubiera vuelto a casa con una botella rota lo demostraba.

Antes lo mataría, probablemente, que dejar que su matrimonio llegara a su fin.

Y Mike supo que estaba completa y absolutamente jodido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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