La venganza de la exesposa multimillonaria - Capítulo 239
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Capítulo 239: Capítulo 239
—¿Por qué tengo que firmarlo antes de leerlo? ¿Acaso ocultas algo?
Astrid Caldwell entrecerró los ojos, clavando la mirada en él. —¿No será uno de esos contratos turbios, verdad?
Lancelot Halstead era abogado; si quisiera jugarretas en un contrato, sería pan comido. Probablemente ella ni siquiera se daría cuenta.
Pero cuanto más evitaba él que lo viera, más curiosidad le entraba a ella.
Solo le había llevado diez minutos prepararlo. Sinceramente, parecía que lo tenía listo desde hacía muchísimo tiempo.
Su mirada se posó sobre el documento, tentada.
Al notar su mirada, Lancelot presionó el contrato con la mano, dejando al descubierto solo el espacio para la firma.
—No es un acuerdo turbio, te lo prometo —dijo él.
—¿De verdad crees que te jodería?
Astrid negó con la cabeza. —No. No lo creo.
De eso, al menos, estaba segura: Lancelot no le haría daño.
Él soltó una risita.
De una manera totalmente atípica en él, su pelo, normalmente impecable, era un desastre: algunos mechones de punta en la frente, la parte de atrás ligeramente encrespada. Parecía un leal golden retriever, por el que era imposible sentirse amenazada.
—Si lo firmas y luego te arrepientes, simplemente lánzate sobre mí y rómpelo.
Incluso le dio un plan B.
A Astrid todo aquello le pareció más raro por momentos. Tras una breve pausa, cogió el bolígrafo y garabateó su nombre rápidamente; tardó menos de dos segundos.
—Listo.
Las comisuras de los labios de Lancelot se elevaron mientras abría la almohadilla de tinta.
Astrid presionó el pulgar en la tinta roja y lo estampó sobre su firma. —¿Ya estamos?
Lancelot echó un vistazo al papel y respondió en voz baja: —Sí. Ahora es mi turno.
Cogió el bolígrafo y firmó su nombre lenta y limpiamente. Cada trazo era nítido y ordenado, el polo opuesto a la caligrafía apresurada de ella.
Una vez que también hubo estampado su huella, levantó el acuerdo y se lo tendió con la mano abierta. —Espero que trabajemos bien juntos.
Astrid lo miró con recelo mientras le estrechaba la mano. —¿Puedo leerlo ya?
—Puedes. Déjame hacerle una foto primero.
Sacó el móvil y extendió el contrato sobre la mesa.
Con el suave clic del obturador, Astrid alcanzó a ver el título en la parte superior.
ACUERDO DE RELACIÓN PRIVADA.«Parte A: Lancelot Halstead, DNI n.º: ××××××××
Parte B: Astrid Caldwell, DNI n.º: ××××××××
Dado que la Parte B besó voluntariamente a la Parte A, se compromete a cumplir su promesa. Tras una discusión equitativa, voluntaria y exhaustiva, la Parte A acepta ser el amante de la Parte B bajo los siguientes términos:»
Astrid se quedó helada al leer esa línea. Abrió los ojos como platos con incredulidad, con la mandíbula ligeramente desencajada mientras miraba a Lancelot como si le hubiera salido una segunda cabeza. Tardó un rato en poder articular tres palabras.
—Estás loco.
La cara de Lancelot se puso de un rojo intenso, aunque intentó mantener la calma y le pasó el contrato. —¿Quieres terminar de leerlo?
La expresión de Astrid se ensombreció. —¿Puedo simplemente romperlo?
Lancelot se estremeció un poco y sus largas pestañas parpadearon. —Si hay algo que no te guste, puedo cambiarlo, ¿vale?
Su tono era inusualmente suave, como si temiera ser rechazado.
Astrid hizo una mueca. —No es que me guste o no. Es solo que… no tiene sentido.
—Lo hago voluntariamente. Tú no tienes que hacer nada. ¿No es eso perfecto?
Ella no respondió.
Estaba hecho un manojo de nervios; agarró el borde del papel sin siquiera darse cuenta. —Termina de leerlo. Si de verdad te opones…, olvídalo. Borraré las fotos.
La luz incidía en su rostro de la manera justa, con algunos mechones de pelo sueltos cayéndole sobre los ojos. Se veía tan callado y… un poco frágil.
Su mente todavía era un caos, pero cuando lo vio tan cabizbajo, sintió un nudo en la garganta. Extendió la mano y tomó el contrato. —Está bien. Terminaré de leerlo.
Responsabilidades de la Parte A:
Salvo que lo exija la etiqueta social, la Parte A no debe tener ningún comportamiento físico o íntimo con el sexo opuesto.
La Parte A se encarga de las comidas y las tareas del hogar de la Parte B; es obligatoria una cita oficial por semana, de un mínimo de cuatro horas, cuyas actividades se decidirán conjuntamente.
Fuera del horario laboral, la Parte A debe hacer compañía a la Parte B, ofrecerle apoyo emocional y cumplir con los deberes de una pareja romántica.
Responsabilidades de la Parte B: Ninguna.
Si la Parte A incumple los términos —oculta asuntos personales, elude el tiempo juntos, etc.—, la Parte B decidirá el castigo o la compensación.
El contrato tiene una duración de tres años, y su renovación será decidida por la Parte B después de ese período.
Astrid se quedó mirando el papel durante mucho, mucho tiempo.
No era ella la que se estaba vendiendo.
Era Lancelot quien se estaba entregando en bandeja.
Realmente había perdido la cabeza.
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