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Las aventuras de la elfa y el caballero oscuro - Capítulo 28

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  3. Capítulo 28 - Capítulo 28: Una advertencia en la oscuridad
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Capítulo 28: Una advertencia en la oscuridad

El sol apenas se elevaba sobre el horizonte, pintando el cielo de un tono violeta pálido, cuando el grupo llegó a las inmediaciones de su destino. Habían caminado en silencio durante un par de horas, dejando atrás la seguridad de la ciudad minera y adentrándose en el terreno escarpado del norte.

Lukas caminaba al frente, con las manos cruzadas a la espalda y una postura impecable. De repente, se detuvo y se giró hacia el equipo.

—Antes de entrar en la zona crítica, deben entender cómo funciona mi método —dijo el hombre gato con su tono clínico habitual—. Mi capacidad de geolocalización no se basa en huellas físicas o en el olfato, como la de sus compañeros semihumanos. Yo rastreo la resonancia específica del alma y el maná residual.

Se ajustó los guantes, mirando hacia la entrada de una vieja excavación que se abría en la ladera de la montaña como una boca negra.

—Es una de las técnicas más aptas y precisas que existen para localizar a alguien perdido, incluso si lleva meses desaparecido. Sin embargo, tiene un defecto: requiere una concentración absoluta. Mientras estoy rastreando, mis otros sentidos se desconectan casi por completo. Seré ciego y sordo al entorno. Por eso los contraté. Ustedes son mis ojos y mis oídos.

Bashi asintió, desenvainando su espada con naturalidad.

—No se preocupe. Nada lo tocará mientras esté en trance.

El grupo avanzó hasta detenerse frente a la entrada. Era una mina vieja, abandonada hace décadas, con vigas de madera podridas y rieles oxidados que se perdían en la oscuridad. El letrero, apenas legible, decía “Mina del Eco”.

Lukas observó la entrada con intensidad.

—El último registro claro que tuve de él me trajo directamente a este lugar. La señal es fuerte aquí.

Rury, que había estado mordiéndose la lengua todo el camino, decidió hablar.

—Disculpe, señor Lukas… —empezó la elfa, dando un paso al frente—. Pero… yo también he estado buscando información sobre ese Caballero. Los rumores en el gremio y en la ciudad decían que él se dirigía hacia una “Mina Prohibida”, mucho más peligrosa y profunda que esta. ¿Está seguro de que este es el lugar correcto?

Lukas giró la cabeza lentamente hacia ella. Sus ojos amarillos la observaron sin ninguna emoción, ignorando por completo la revelación de que ella también buscaba al Caballero por motivos personales. Para él, las motivaciones de Rury eran irrelevantes; solo le importaban los datos.

—Entiendo lo que dicen los rumores, señorita —respondió Lukas con frialdad—. Pero los rumores son imprecisos. Mi brújula interna no miente.

Volvió a mirar hacia la oscuridad del túnel.

—Hace tres días, apenas llegué a la región, sentí su presencia en esta zona específica. No en la mina prohibida, sino aquí. La señal era… extraña. Errática. Como si estuviera perdido en los niveles superiores, dando vueltas en círculos sin encontrar la salida.

—¿Perdido? —preguntó Pedro, extrañado—. ¿Un guerrero de ese nivel perdido en una mina vieja?

—O atrapado —corrigió Lukas—. Procederemos a entrar. Mantengan la formación.

Bashi se acercó a una de las paredes de roca de la entrada, pasando sus dedos enguantados por las vetas de mineral agotadas.

—Tiene sentido —dijo la paladín, mirando hacia la profundidad del túnel—. Las redes de cuevas bajo estas montañas son como un queso gruyere. Probablemente esta mina vieja tenga una ruta olvidada o un pozo de ventilación que conecte directamente con los niveles inferiores de la Mina Prohibida. Quizás él intentó usar esto como un atajo.

Lukas asintió lentamente, aunque su ceño seguía fruncido, denotando una inquietud que su voz monótona intentaba ocultar.

—Es una posibilidad lógica. Sin embargo, lo que me perturba no es el dónde, sino el cómo.

El hombre gato se ajustó el cuello de su abrigo y miró sus propias manos, como si esperara ver la energía fluyendo a través de ellas.

—Como les dije, detecté su señal hace tres días. Era fuerte, inconfundible. Pero luego, de un segundo a otro… simplemente desapareció. Se cortó de tajo, como si hubiera dejado de existir.

Lukas miró hacia la oscuridad del túnel con sus ojos felinos brillando.

—Pensé que quizás había… —se detuvo antes de decir muerto—… que se había ido. Pero ahora, estando aquí parado, vuelvo a sentir su presencia. Es tenue, difusa, pero está aquí. No sé su ubicación exacta, solo sé que está en algún lugar de este laberinto.

Pedro, que había estado olfateando el aire húmedo de la mina, levantó una oreja con interés.

—Jefe, si me permite la opinión de un experto en trampas… eso suena a magia rancia.

El zorro se rascó la barbilla pensativo.

—Si la señal aparece y desaparece, y usted dice que parecía estar dando vueltas, probablemente no esté perdido porque quiera. Apuesto mi cola a que cayó en un bucle de teletransportación.

—¿Un bucle? —preguntó Rury, preocupada.

—Sí —explicó Pedro—. Son trampas antiguas y muy molestas. Pisas una baldosa mágica y ¡zas!, te manda al inicio del pasillo o a una habitación sin puertas. Si hay varias conectadas, puedes estar caminando en línea recta durante días sin darte cuenta de que estás recorriendo los mismos cien metros una y otra vez. Eso explicaría por qué su señal parpadea. Entra y sale del plano físico.

Lukas consideró la teoría de Pedro por un momento, sin mostrar sorpresa, solo cálculo.

—Una trampa espacial… Eso complicaría la extracción, pero facilitaría la localización si encontramos el patrón. —Miró al zorro—. —Es probable que tengas razón, zorro —concedió Lukas, mirando las vigas podridas del techo—. Pero no voy a arriesgarme a entrar en una zona de inestabilidad mágica basándome solo en una suposición.

El hombre gato se cruzó de brazos, delineando el plan.

—Esta noche me dedicaré a observar. Si detecto ese movimiento inusual o el patrón de bucle del que hablas, entonces actuaremos de inmediato para interceptarlo. Si no… tendré que buscar otra manera de localizarlo sin tener que entrar físicamente a esa zona peligrosa. No pienso perder hombres ni tiempo en trampas.

Esa tarde, tras adentrarse un poco más hasta encontrar una caverna seca y defendible, el grupo estableció el campamento.

Lukas se apartó unos metros del fuego, sentándose en posición de loto sobre una manta. Cerró los ojos y su respiración se volvió imperceptible. Una tenue aura azulada, casi invisible, comenzó a emanar de su cuerpo mientras expandía sus sentidos espirituales hacia la profundidad de la montaña.

Mientras Shilder avivaba el fuego y Pedro preparaba la cena, el hombre lagarto miró de reojo a su empleador, quien parecía una estatua de piedra.

—Es extraño —retumbó la voz grave de Shilder, rompiendo el silencio—. Ese tipo… tiene una obsesión. Nadie busca a alguien de forma tan desesperada, arriesgándose en lugares como este, si no quisiera algo muy específico de él. La gente normal no persigue fantasmas.

Hubo un segundo de silencio.

Entonces, con una sincronización cómica perfecta, Pedro y Bashi giraron la cabeza lentamente al mismo tiempo, clavando sus ojos en Rury.

Ambos la miraban con una expresión de ¿Te suena familiar? y cejas levantadas.

Rury, que estaba limpiando su báculo, sintió las miradas y se puso roja como un tomate.

—¡Oigan! —exclamó la elfa en un susurro agresivo—. ¡Dejen de mirarme así! No es lo mismo.

—¿Ah, no? —se burló Pedro, moviendo la cola—. Buscas a un hombre con armadura, te metes en peligros mortales por él y te pones nerviosa cuando alguien más lo menciona. Shilder acaba de describirte a ti, niña.

—¡Es diferente! —se defendió Rury, inflando las mejillas—. Yo… yo solo lo busco para agradecerle. Él me salvó la vida cuando llegué a este mundo. Es una deuda de honor. No quiero nada específico de él, solo… saber que está bien.

Bashi soltó una carcajada y le dio un empujón amistoso.

—Sí, sí, lo que tú digas, deuda de honor. Sigue diciéndote eso si te ayuda a dormir.

La broma ayudó a aliviar la tensión del lugar, pero la risa murió rápidamente cuando el aura azul alrededor de Lukas se disipó de golpe.

El hombre gato abrió los ojos. Sus pupilas estaban dilatadas y brillantes.

Se puso de pie con un movimiento fluido y se giró hacia el grupo, con el rostro serio.

—He terminado de observar —anunció Lukas con voz tensa—. Y la situación es mucho más compleja de lo que su amigo el zorro teorizó.

Lukas se sacudió el polvo invisible de su abrigo impecable y miró al grupo con indiferencia.

—Es suficiente —declaró, cerrando su reloj de bolsillo con un clic metálico—. Tengo los datos que quería. La señal ha sido confirmada y triangulada.

El hombre gato se ajustó los guantes.

—No es necesaria más protección. El contrato termina aquí. Pueden quedarse con el pago completo que dejé en el gremio, pero yo regreso a la ciudad ahora mismo. Solo.

El equipo se quedó atónito. Acababan de montar el campamento y la noche en la montaña era traicionera.

—¿Ahora mismo? —preguntó Pedro, incrédulo—. Oiga, jefe, con todo respeto, pero allá afuera está oscuro y lleno de bichos. Es peligroso regresar solo sin escolta. ¿Por qué no se queda con nosotros hasta el amanecer?

Lukas lo miró de reojo, con una frialdad que heló al zorro.

—Agradezco la preocupación, pero no es de su incumbencia meterse en mis decisiones logísticas. Mi seguridad personal deja de ser su problema en este instante.

Bashi abrió la boca para protestar o quizás para negociar, pero Rury se adelantó. La elfa dio un paso al frente, incapaz de contener la pregunta que le quemaba la garganta.

—¡Espere! —exclamó Rury, mirando fijamente los ojos amarillos del semihumano—. Antes de irse… dígame la verdad. ¿Por qué busca al Caballero de la armadura negra?

El silencio se apoderó de la cueva. Lukas se detuvo. Giró la cabeza lentamente hacia Rury. Por un segundo, pareció evaluar si valía la pena responder o si debía eliminar la curiosidad de raíz.

—Es solo por algo que tenemos pendiente —respondió Lukas con voz suave, pero carente de emoción—. Un asunto privado entre él y mi organización.

Su mirada se afiló, volviéndose peligrosa.

—Un consejo de despedida, niña, no indagues más sobre este asunto. Hay puertas que, una vez abiertas, no se pueden cerrar. Buscar respuestas sobre ese sujeto solo te traerá problemas que no puedes manejar.

Rury parpadeó, intimidada por la advertencia implícita.

—Pero…

Fue un parpadeo. Literalmente.

Rury cerró los ojos una fracción de segundo, y cuando los volvió a abrir, Lukas ya no estaba.

No hubo sonido de pasos, ni rastro de magia, ni una nube de humo. Simplemente había desaparecido, dejando el espacio vacío donde había estado parado un instante atrás, como si fuera un fantasma que se desvanece con la niebla.

—¿Qué demonios…? —murmuró Shilder, mirando a todos lados con el escudo levantado—. ¿A dónde fue?

—Es rápido —dijo Bashi, tensa—. Demasiado rápido. Ni siquiera lo vi moverse.

El grupo se quedó inmóvil, observando el vacío que había dejado el hombre gato tras desaparecer en la oscuridad. La incredulidad los mantenía clavados al suelo; nadie se atrevía a decir una palabra. Simplemente se miraron entre ellos, confirmando en silencio que todos habían visto lo mismo, y decidieron que no podían avanzar más. Acamparon allí mismo, bajo la tensa calma del bosque.

Mientras tanto, en la ciudad, la noche cubría el gremio de aventureros. Emily y las demás recepcionistas estaban a punto de cerrar cuando la puerta se abrió silenciosamente.

El hombre gato entró. Su sola presencia hizo que el aire en la recepción se volviera pesado. Se acercó al mostrador y miró fijamente a Emily. Con voz calmada, informó que la misión del grupo de Rury había sido exitosa. Antes de que Emily pudiera reaccionar o preguntar más detalles, él colocó un extraño artefacto sobre la madera del mostrador y lo deslizó hacia ella.

—Toma —dijo con seriedad—. Si algún día ese caballero oscuro vuelve a salir, o si ocurre algún evento interesante, úsalo para llamarme. Quiero estar presente.

Sin esperar respuesta, dio media vuelta y se marchó, dejando a las recepcionistas temblando y confundidas.

A la mañana siguiente, el grupo de Rury regresó a la ciudad. Apenas llegaron, Bashi, queriendo cerrar el trámite, se dirigió a la elfa.

—Rury, ve al gremio a recoger el pago de la misión —ordenó—. Nosotros nos encargaremos del resto aquí.

Rury asintió y se dirigió al edificio. Al entrar, saludó a Emily con su habitual alegría, como si nada hubiera pasado.

—¡Buenos días, Emily! Vengo a recoger el dinero de la misión.

Emily, que aún parecía algo nerviosa por los eventos de la noche anterior, le entregó la bolsa con la recompensa. Mientras Rury la guardaba, Emily la miró con preocupación y curiosidad.

—Rury… ¿Qué fue lo que pasó realmente con el hombre gato? —preguntó Emily en voz baja—. Vino anoche.

Rury la miró sorprendida mientras Emily continuaba.

—Llegó aquí, nos dijo que la misión fue un éxito y… me dio esto —Emily señaló el artefacto que tenía guardado cerca de ella—. Me dijo que si algún día ese caballero sale otra vez, o si pasa algo interesante, que lo use para llamarlo.

Rury escuchó atentamente, comprendiendo que el interés de aquel ser por el caballero oscuro iba mucho más allá de un simple encuentro casual. Intercambiaron algunas palabras más sobre lo extraño de la situación, tratando de asimilar que ahora tenían una forma de contacto directo con un ser tan poderoso.

Finalmente, Rury se despidió y salió del gremio

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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