Las estúpidas desventuras de Aoi chan, o ¿Cómo morir justo por 50¥? - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 Ni un cuchillo me dieron
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2: Capítulo 2: Ni un cuchillo me dieron…
2: Capítulo 2: Ni un cuchillo me dieron…
Me despertó un frío intenso en mis piernas…
Abrí mis ojos, para darme cuenta, de que me encontraba en la entrada de una cueva natural, en algún lugar, quien sabe en donde…
«¿Uuh…?
¡Qué frío!
¡Espera…!
¿Todo fue un sueño…?» Me reincorporé apresuradamente, alisando mi falda escolar y corrí a la entrada, para echar un vistazo a mis alrededores…
Ante mí, se desplegó la visión de un paisaje completamente desconocido…
Parecía algún lugar en las montañas, rodeado de una profunda y verde, vegetación.
Las nubes tocaban espontáneamente las copas de los árboles en el horizonte y muy, pero muy lejos de ahí, se podía ver una inmensa torre, la cual parecía acariciar la parte más alta del cielo…
«¡Buuu!
No, pues no fue un sueño…
¿Y ahora, qué se supone que debo de hacer…?
Sí tan solo la señorita morena de las pechugas, me hubiera dado algunas pistas o algo…» Seguí refunfuñando para mis adentros…
«Vaya…
En fin, supongo que el primer paso es bajar de la montaña…» Salí, asiéndome a la pared de roca, buscando que hubiera un camino para bajar la pendiente…
Nada de nada…
«¡Pfff!
Me voy a romper la boca…
Mal momento para traer falda».
Lentamente me volteé y me puse en una posición para que si resbalaba, pudiera por lo menos, meter las manos…
Después de los veinte minutos más extenuantes de actividad física en mi vida, pude poner los pies sobre el altiplano…
«¡Fiu…!
Lo logré, sin rajarme las nalgas, ni la cara…
¡Wiii!
Una pequeña victoria.
Ahora…» El clamor de anticipación por parte de mi estómago, me sacó de mis pensamientos…
«¡Waah!
Estoy muerta de hambre…
Debo de encontrar algo para comer».
Comencé a caminar en cualquier dirección que me pareció correcta, mientras pensaba…
«Estoy metida en un lío…
Jamás moví un dedo en mi casa.
No sé cocinar, no sé conseguir comida, ni siquiera sé que es comestible y que no».
Toda mi vida, me senté a la mesa servida, sin siquiera contemplar el sacrificio y el esfuerzo, que eso requería…
Es más, ni siquiera sabía lavar mis propias bragas…
Por fin, después de mucho y en el momento que más la necesitaba, recordé a la persona que siempre había cuidado de mí…
«Mamá…
Debe de estar devastada…
Lo siento mucho, mami…
¡De verdad, perdóname!» El sentimiento me arrasó y me senté por ahí en una roca, a llorar…
«Discúlpame, mamá…
Nunca te ayudé en nada, nunca supe valorar lo que hacías por mí, para que yo pudiera llevar una vida fácil…
Lo siento mucho, fui una hija inútil…
Una carga».
Lloré a pierna suelta un buen rato, hasta que mis emociones por fin, se fueron acomodando en su lugar…
«Ok…
No sirve de nada seguir llorando…
En fin, sí por lo menos, la chica de las pechugas, me hubiera dejado mi bolso de la escuela…
Ahí traía mi almuerzo y unas galletas.
¡Pfff!» Comencé a buscar en los bolsos de mi suéter escolar…
Nada…
«¿Espera un momento…?
¿Qué es esto?
¡No puede ser!
Juraría que se la devolví a Takeda senpai…» Horrorizada, la saqué de mi bolso y con mi mirada perdida por la angustia, la vi de reojo…
¡Era la estúpida moneda de 50¥, qué me había costado la vida!
Grité desesperada, mientras la arrojaba entre las ramas de los árboles…
—¡Maldita moneda, ni para una soda alcanzas!
¡Lárgate de aquí, es tu culpa que esté metida en este dilema…!— Irónicamente, la moneda chocó contra el tronco de un grueso árbol y rebotó de regresó, pegándome directamente en la frente, guardándose por la inercia, esta vez en la bolsa superior de mi blusa…
—¡Aaay!
Mi frentecita…
¡Ay, ay, ay…!— Comencé a sobar mi rostro, cerrando los ojos en el proceso, mientras murmuraba…
—¡Ay…!
Que mala suerte…
No cabe duda que estoy más salada, que una hojuela de pescado.
¡¿Que voy a hacer!?— De pronto, un alboroto en algunos matorrales cercanos, llamó mi atención…
Se escuchaba como el quebrar de ramas y los raros gruñidos de un grupo de animales.
«¡Mierda!
¡Waaah!
¡¿Qué es eso!?» Segundo a segundo, se escuchaban cada vez más cercanos a mi posición…
Intenté moverme y salir huyendo del lugar, pero mis piernas temblaban en su sitio.
No podía pensar claramente y el miedo me había paralizado…
Un momento antes, de que lo que quiera que fuera, saliera de la espesura, sentí un apretón por la espalda y algo o alguien, me jaló por la cintura, en dirección contraría, exactamente a los matorrales opuestos…
Me susurró al oído…
—Guarda silencio, no vayas a gritar, son trasgos del barro.
Son estúpidos y debido a su fuerte hedor, jamás nos encontrarán a menos que nos vean o nos escuchen.— Tenía mucho miedo, pero solo pude asentir, mientras la persona que me había sacado del claro, me abrazaba fuerte por detrás y tapaba mi boca con su mano…
Ante mis ojos, deambularon un grupo de criaturas humanoides, malformadas y de baja estatura.
Vestían solo harapos y jirones de ropa sucia, mientras que toda su piel estaba cubierta por lo que parecía ser fango seco…
Portaban como armas, gruesos palos terminados en punta, afiladas rocas sujetas por el extremo de una cuerda y una que otra hoja metálica rota y oxidada.
«¿¡Son monstruos…!?
¿Cómo en los juegos de role play de fantasía…?
¿¡Goblins!?» Continué viendo la escena, tratando incluso de respirar más despacio de lo habitual, para no llamar la atención de las pequeñas bestiecillas…
Después de un momento de gruñir incoherencias, pelear entre ellos y observar en todas direcciones, se marcharon, siguiendo el claro, en la dirección por la cual yo había llegado desde la pendiente de la montaña…
Hasta entonces, el brazo que me tenía asida por la cintura me soltó y la desconocida mano, liberó mi boca…
Volteé lentamente para observar a mi salvador…
Él dijo: —¿Te encuentras bien?
¿Estás perdida?
¿De dónde vienes, tu ropa es muy rara?— Se trataba de un chico…
Aproximadamente mi misma edad.
Cabello castaño claro y corto, mediana estatura y ojos claros, como una avellana…
Vestía una ligera armadura metálica en su torso y una capa de piel de animal, por encima de su ropa color negro.
«¿Quién es este chico…?
Tal vez, después de todo, sí estoy en un isekai…
¿Se trata de prota kun…?
Mmmh…
No, lo dudo…
No es tan atractivo…
Aunque la ropa de color negro es una clara señal».
Él notó que lo veía de arriba a abajo, sin contestar a su pregunta y volvió a inquirir…
—¿Puedes entenderme…?
¿Hablas el idioma de Tsun?
Mmmh…
No deberías pararte en medio del claro de un bosque infestado por trasgos.— Por fin, me decidí a contestar y a jugar el papel de doncella en peligro, después de todo, estaba muerta de hambre y de sed.
Y sí realmente el lugar era peligroso, muy seguramente sola, no llegaría viva al anochecer.
Dije: —Sí…
Gracias por haberme salvado.
Y sí, también estoy perdida.— Él dijo, tomando asiento en una pequeña roca cercana…
—¿De dónde vienes?
Tal vez pueda ayudar, por lo menos a que recuperes el camino a casa.—Suspiré profundamente, mientras pensaba…
«Ok…
No le puedo decir la verdad.
En primera, de nada me serviría, dudo mucho que conozca Tokio.
Segunda…
Me juzgaría loca, sí le digo que morí atropellada por camión kun y una chica morena de enormes tetarras, me volvió a la vida y me trajo hasta aquí…
¡Pfff!
¿Qué puedo hacer?» «…» «¡Ya sé!
Lo siento, prota kun, te prometo que sí me ayudas a salir de esta, con el tiempo te diré la verdad…» Dije, un tanto angustiada…
—Lo siento…
No puedo recordarlo.
No puedo recordar nada, más que mi nombre.
Hola, soy Aoi.
Muchas gracias nuevamente, por ayudarme, prota kun.
Eh…
Errr…
Quiero decir, ¿cuál es tu nombre— Él me vio extrañado de arriba a abajo, pero no pudo más que responder con amabilidad ante mi actitud…
—Mmmh…
Mucho gusto, Aoi.
Me llamo Kyriel, pero puedes llamarme, Kyr o simplemente K.— «¿Uuh?
Otro cliché, entonces sí es probablemente un isekai…
Menos mal».
Él agregó, mientras hacía una rara mueca, que en ese momento no entendería, pero la pasé como asombro o incredulidad…
—Vaya…
Estás en una situación apretada.
No me puedo siquiera imaginar, la angustia por la que estás pasando, en medio de un lugar desconocido, sin recordar absolutamente nada.
Voy en camino de la villa de Fleur, soy aventurero o mejor dicho, trato de serlo…
Je,je,je…
Sí quieres, puedes acompañarme hasta allá, tal vez en el camino, puedas recuperar tu memoria y regresar a tu casa en una caravana.
¿Qué te parece la idea?— Brinqué de la emoción…
«¡Wiii!
¡Un aventurero!
Al menos, estaré a salvo, además, parece una buena persona, no creo que quiera hacerme daño o aprovecharse de mi situación, lo puedo ver en sus ojos».
Dije, inclinándome frente a él, para demostrar agradecimiento…
—Gracias, Kyr kun.
¡Sí, hagamos eso!— Mientras me agachaba, pude ver que un par de liebres muertas, probablemente el reciente botín de su cacería, colgaban de la parte lateral de su cinturón…
Se me hizo agua la boca.
Él dijo: —¿Kun…?
¿Cómo…?— Sonreí apenada, mientras su semblante cambiaba a la misteriosa mueca, una vez más…
—¿Aah…?
Je, je, je…
No le des importancia.— En ese momento, mi estómago volvió a quejarse, está vez mucho más fuerte y estruendoso que la ocasión anterior…
Un tono rojo escarlata, subió a mis mejillas, mientras me encogí de brazos y de piernas, muerta de la pena.
Él se apenó, igual que yo al escucharlo y dijo: —Mmmh…
Je, je, je…
Supongo que debes de estar hambrienta.
Vamos, busquemos un lugar seguro para cocinar el almuerzo.— Sonreí…
—¡Sí, sí!
Vamos…
¡Ji,ji,ji!
Continuará…
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