Lazos de Sombra y Llama. - Capítulo 12
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12: Capítulo 12: ¡Gremlin caido!
12: Capítulo 12: ¡Gremlin caido!
Un ruido caótico se podía oír por todas partes.
Familias y amigos.
Ancianos, adultos, adolescentes y niños.
Gente de todas las edades se reunió frente a la locomotora de color negro pulido, con algunos ligeros detalles en lo que parecía ser un morado muy oscuro.
El tren, era de un estilo antiguo y gótico.
Soltaba humo por la parte superior y al parecer, este era llamado “Expreso de la Bruma”.
Un nombre bastante adecuado, pues, a pesar de estar frente a uno, parecía intentar camuflarse con el entorno, y a medida que aumentaba el humo en el aire, mayor era esta sensación, como si pudiera desaparecer de un segundo a otro.
Al acercarse más al tren, pudo observar también distintos animales por todas partes.
Había gatos corriendo en el sueño, lechuzas volando tanto a alta como a baja altura.
Uno que otro niño tenía un sapo, que, a parecer de Alex, era una elección muy rara de mascota, y así, había varios tipos de animales corriendo entre los diferentes grupos de personas.
Había grupos pequeños, como pequeñas familias y grupos pequeños de amigos.
Pero también había grupos más grandes, generalmente poseyendo características similares que podrían identificarlos como del mismo grupo, clan, raza o lo que sea que fueran.
¿La cosa es que venían juntos no?
Una vez en el tren, intentó llegar a un vagón vacío.
Encontró varios, pero estos parecían llenarse rápidamente y, con la gente entrando constantemente, no le sorprendería que pronto estos se llenaran de gente.
Con esto en mente, cambió su búsqueda de un vagón vacío a un vagón lejano y vacío.
Llegando con el tiempo a uno de los últimos vagones, que, al menos por el momento, se encontraban vacíos.
No creía que pudiera mantener el vagón solo para si mismo, pero al menos este no se llenaría tanto como los de más adelante y, con suerte, serian pocas las personas que llegarían.
A lo largo del camino vio muchas personas, unos altos, otros bajos, unos delgados y elegantes, y otros fornidos que, por su apariencia, parecían poder tirar la puerta del vagón de un solo manotazo.
Los estilos variaban mucho.
Desde personas con rasgos ligeramente animalescos; tales como orejas puntiagudas u ojos inusualmente afilados.
También habiendo algunos que se veían de estilos más góticos y hasta una niña que se vestía de forma monocromática.
Una vez en el vagón de su elección, se detuvo a mirar el paisaje.
Llevaba puesto el uniforme escolar, pues su ropa, aunque ligeramente mejor que la que tenía en el pasado, seguía viéndose desgastada y vieja.
No le importaba la opinión de los demás, pero, entre verse bien y no hacerlo, el prefería lo primero, después de todo, verse bien nunca le hace mal a nadie.
Cinco minutos después aproximadamente, entro un joven que parecía de su edad.
Llevaba su varita en la mano y mostraba una expresión curiosa, que se tornó ligeramente recelosa al ver a Alex.
Tenía el cabello de un rubio que se asemejaba a la ceniza, cuidadosamente peinado hacia un lado, ojos de un brillante azul claro y una complexión esbelta, complementada con una postura rígida.
Llevaba puesta lo que parecía una túnica y parecía no haber tenido que ensuciarse las manos nunca en su vida.
Justo antes de que este pudiera hablar o terminar de entrar, se oyó un ruido detrás de él.
Al darse la vuelta, se topó con la mirada seria de una joven que parecía decir “muévete, o te moveré por la fuerza”.
Ninguno de los dos hablo, el joven simplemente se dio la vuelta y se apresuró a entrar.
La chica entro justo detrás del joven.
Ella tenía una apariencia más cruda y salvaje.
Su cabello era de un negro azabache, liso y con un estilo desordenado.
De su rostro se destacaban pómulos afilados y una mandíbula fuerte.
Con ojos de un color ámbar intenso que parecían brillar en la penumbra y un cuerpo delgado, pero musculoso para su edad ella se hacía destacar bastante.
Vestía ropa simple, con pantalones de trabajo y chaqueta con capucha, ambos de tonos ligeramente oscuros.
✦ ° • ✦ ° • ✦ La atmósfera era opresiva en el vagón a causa del silencio cada vez más incómodo en el compartimiento.
Alex, en un rincón, observaba hacia afuera del tren.
El joven rubio, en el asiento de enfrente, limpiaba su varita de roble con un pañuelo de seda, su desdén silencioso palpable.
La joven ultima en entrar, se encontraba en el otro extremo del vagón.
Tenía los ojos cerrados y el cuerpo ligeramente tenso, como si esperara un ataque repentino y a medida que pasa el tiempo, las voces de despedida del exterior son el único sonido que llena el vacío persistente en el compartimiento del vagón.
De repente, las luces del compartimento parpadearon.
No era un apagón, pero si advertía de algo que había sucedido.
Los grifos del lavabo comenzaron a abrirse solos, arrojando un corro de agua en el suelo.
Algo pequeño y rápido se deslizo por el pasillo.
Un pequeño Gremlin de Bolsillo había escapado de la jaula de algún estudiante descuidado o un adulto que no prestaba atención, y ahora, su naturaleza traviesa, era un disruptor mágico en el vagón de aquellos tres niños.
El joven rubio cambió su cara, ya no se veía esa expresión constante de desdén, sino que este reflejaba sorpresa y frustración.
Sostuvo su varita que ya tenía en la mano con anterioridad y se aferró a ella.
Intentó un hechizo de iluminación, que había leído con anterioridad de los libros, pero el hechizo parpadeo y fallo, incapaz de funcionar en el entorno inestable que el Gremlin había creado.
Su confianza se tambaleó y siguió aferrándose a su varita, esta vez con una mescla de irritación y nerviosismo.
La joven reaccionó con instinto.
No perdió el tiempo, se levantó de un salto y, con sentidos agudizados, localizó al Gremlin por su olor y sonidos chirriantes.
¿Su objetivo?
Cazarlo.
Planeaba usar su fuerza y agilidad para acorralar a la pequeña porquería molesta en un rincón del compartimento y quizás, morderlo y patearlo hasta la muerte.
Alex, luego de un segundo de ligera sorpresa, se mantuvo en calma.
Observo los intentos fallidos del niño rico rubio y la embestida física de la niña.
Según sus observaciones, el Gremlin estaba más interesado en el caos y el brillo que el peligro, como un niño, simplemente tocando todo lo que parecía interesante, sin parecer estar preocupado realmente por el peligro.
Rápidamente, se le ocurrió una idea, que bien podría funcionar, o fracasar totalmente, pero ya que estaba ahí, era mejor intentar algo.
Captando algo de las luces del exterior, hizo movimientos para poder reflejar en su pequeño cuchillo de cocina, haciéndolo parecer brillante, y con suerte, llamativo.
El Gremlin, atraído por el brillo, corrió hacia el brillo, momento que Alex aprovecho para cerrar la puerta del compartimento con un movimiento rápido, atrapando a la pequeña porquería con ellos en el compartimento.
En el siguiente segundo, se vio la forma de una niña pateando al pequeño Gremlin, haciéndolo estrellarse contra la pared con un sonido sordo.
No se movía, ni parecía que fuera a despertar repentinamente.
Así que, con un pensamiento en su mente, Alex agarro al pequeño Gremlin y lo lanzo lo más lejos que pudo fuera de su vagón.
Desentendiéndose y haciendo como si nunca hubiera pasado nada, Alex volvió a entrar al compartimento tranquilamente, y se sentó nuevamente en su rincón.
Unos momentos después, se escucharon pasos a lo lejos y un grito “¡¡Aaaaah Puukiii que te pasó!!”.
Con el pasar del tiempo el ruido fue disminuyendo y las voces silenciándose.
Las luces y el entorno habían vuelto a la normalidad, y con ellas, volvía el silenció que inicialmente llenó aquel compartimento.
✦ ° • ✦ ° • ✦ El joven rubio y la chica violenta miraron a Alex, con una mezcla de sorpresa y quizás ¿respeto?
El joven rubio fue el primero en hablar, con una expresión de sorpresa él dijo: “¿Cómo…cómo sabías que haría eso?” La otra joven, aunque no habló, lo miraba fijamente con sus ojos de color ámbar, simplemente asintiéndole con una aprobación silenciosa.
El hielo se había roto.
El tren comenzó a sonar, el sonido cada vez más rápido.
El tren, entre un denso mar de niebla, comenzó su viaje hacia la escuela.
El joven rubio, aun ligeramente tembloroso, continúo mirando a Alex, esperando a que este respondiera.
Alex, con voz áspera mientras seguía mirando hacia afuera, respondió: “No lo sabía”.
“Pero se movía como un animal.
Y a los animales les gustan las cosas que brillan” El joven rubio frunció el ceño y respondió: “Pero… no es un animal”.
“Es un Gremlin”.
“Es una criatura mágica”.
Dijo todas esas frases en sucesión como para tratar de demostrar su punto.
Alex sin mirarlo le respondió secamente: “Se comportan igual”.
El comentario simple y cortante de Alex dejó al joven rubio en silencio, incapaz de procesar una lógica tan sencilla y mundana.
La idea de que el sentido común más básico pudiera resolver un problema mágico era ajena a todo lo que había aprendido.
La joven que hasta ahora había estado en silencio en una esquina del compartimento rompió el silenció y con una voz baja y un poco grave, hablo.
“Tienes una varita en el bolsillo.
¿Por qué no la usaste?” Su pregunta no tenía aire de juicio, sino que transmitía curiosidad, proveniente de pura observación.
Con sus ojos ámbar fijándose en el contorno del bolsillo de Alex, mostrando una atención a los detalles que el joven rubio no había demostrado.
Alex se encogió de hombros, su respuesta fue siempre y pragmática.
“Habría fallado”.
“Lo que estuviera haciendo ese Gremlin parecía estar interrumpiendo la magia”.
“Una cosa es apuntar, otra totalmente distinta es poder atinarle”.
“Esto era rápido y seguro”.
Complementando su respuesta, Alex dejo claro su punto de vista de forma pragmática, confiando en que esa era la mejor respuesta, o al menos, la mejor que se le ocurrió.
El joven rubio y pretencioso, con cara de incredulidad, comenzó a hablar nuevamente.
“¿Dices que tu… ‘truco’ es mejor que un hechizo?”.
Parecía tener la intención de molestar o al menos insultar la opinión de Alex, pero este ultimo no reaccionó ante lo que él dijo.
La joven intervino con un tono que no admitía discusión.
“Es preferible la astucia a los trucos y él fue más astuto que el Gremlin”.
Fue una defensa instintiva, no porque le agradara Alex, sino porque le estaba comenzando a molestar el tono pretencioso que tenía el rubio al hablar, dejando el silencio a este último.
Tras un momento de silenció, el joven rubio volvió a hablar, esta vez con un tono más calmado y un poco derrotado.
“Me llamo Leo.
Leo Finch”.
“Soy mago puro, por lo que me clasificarán en la Senda Arcana”.
Él nunca se disculparía, menos en voz alta.
Una presentación es la mayor concesión que su orgullo le permite.
Alex notando esto, asintió lentamente, aceptando la tregua.
Y de forma sencilla él dijo “Alex” para luego volver a mirar hacia afuera.
La chica asintió con la cabeza y dijo “Kira, hombre lobo, Senda Primaria”.
✦ ° • ✦ ° • ✦ Había pasado un rato desde que se presentaron.
Después de explicar su desconocimiento, le explicaron que eran las Sendas.
Resulta que las ramas de estudio estaban divididas principalmente por las capacidades y habilidades de los alumnos.
Podías tener clases de más de una senda, pero tu régimen de estudio obligatorio sería determinado en última instancia por la senda a la que perteneces.
Había cinco sendas principales, siendo estas las siguientes: La Senda Arcana: Para magos y brujas tradicionales y cualquier estudiante con habilidades compatibles con la magia tradicional (Encantamientos, transfiguración, pociones, adivinación, etc.).
La Senda Nocturna: Diseñada para los seres que prosperan en la oscuridad.
Sus disciplinas se centran en el sigilo, la manipulación social, el control de la voluntad y las artes de la seducción.
Los estudiantes aquí aprenden a aprovechar los poderes inherentes a su inmortalidad o naturaleza oscura.
Teniendo alumnos como vampiros, ghouls y otras criaturas con habilidades ligadas a la oscuridad, la longevidad o el sigilo.
La Senda Primaria: Dedicada a los seres cuyas habilidades están arraigadas en el poder físico, los instintos y la transformación.
Los estudiantes de esta senda aprenden a dominar sus cuerpos, a controlar sus impulsos y a usar su fuerza y agilidad en combate o supervivencia.
Poseen alumnos tales como hombres lobo, cambiaformas y otras criaturas con poderes de transformación y una conexión elemental con el mundo natural.
La Senda Elemental: El enfoque de esta senda es el control innato sobre los elementos.
Los estudiantes aprenden a canalizar y proyectar la energía del fuego, el agua, la tierra, el aire y otras fuerzas naturales.
El dominio de su elemento principal es la base de su educación.
Además de tener alumnos con dichas afinidades, alumnos de otras sendas con afinidad personal por algún elemento podrán recibir aquí una formación complementaria como algunas sirenas con afinidad por el agua, además de los alumnos obvios inmediatos como los piroquinéticos y cualquier ser con un control innato sobre un elemento específico.
Finalmente, nos encontramos con la Senda del Anómalo, siendo esta la senda más diversa y reciente, creada para los estudiantes cuyas habilidades son únicas, hibridas, o no encajan en las categorías tradicionales.
Los estudiantes en esta senda no tienen un currículo fijo; en su lugar, se les asigna un mentor para que les ayude a desarrollar sus habilidades particulares.
Esta senda es el corazón de la individualidad en la academia.
Poseyendo alumnos tales como; psíquicos, sirenas, gorgonas, psiónicos y telequinéticos, taxidermistas, seres invisibles o con capacidad de volverse invisible, solo por nombrar algunos ejemplos.
✦ ° • ✦ ° • ✦ Alex luego de un rato se quedó en silencio, pero aquel silencio ya no era incomodo, solo era tranquilo.
Recibió mucha información y se preguntaba a qué senda iría.
Claro, la varita lo dejaba bastante claro, pero, ¿y si no era solo eso?
Claro, no quería pedir mucho, pero soñar de vez en cuando no era tan malo.
Estaba absorto en sus pensamientos cuando de repente entró una niña de pelo tupido al compartimiento.
Alex notó que ella era la misma niña que había visto en el ascensor.
Al parecer, estaba buscando el sapo mascota de un compañero.
Con una negación rápida de todos, el negó con la cabeza y al poco tiempo la niña se fue.
Luego de un tiempo, tanto el como Leo, el niño rubio, fueron echados del vagón por Kira, para que esta pudiera cambiarse y ponerse el uniforme.
No queriendo ponerse del lado malo de la violenta chica, ambos salieron del vagón y esperaron, mientras su viaje continuaba entre paisajes borrosos y bruma.
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