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Lazos de Sombra y Llama. - Capítulo 33

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Capítulo 33: Capítulo 33: El cachorro herido y el murciélago gigante

Punto de vista desconocido.

Hoy es un nuevo día en el campamento.

El olor a pino y la brisa vespertina trajeron la grata frescura hacia la nariz de la pequeña figura, entremezclándose con el olor de la madera quemada.

A lo lejos, decenas de figuras cruzaban riendo, chocando espadas, chismeando, jugando deportes e incluso jugando a las cartas, todos a su vez, ignorando por completo a la pequeña niña que no aparentaba tener más de 8 años sentada cerca del fuego.

Vestida únicamente con una túnica marrón sencilla, una niña mantenía los brazos cruzados sobre el pecho, con un profundo y adorable puchero frunciendo su rostro infantil.

“¡Tiene 11 años!”, murmuró indignada hacia las brasas, mientras daba golpecitos al suelo de tierra con su pequeño pie.

“Debería estar queriendo galletas y abrazos, no entrenando sin descanso.”

“Pero…” dejó escapar un suspiro cansado.

“Quizás esto sea lo mejor…” dijo ella, haciendo un puchero más grande que el anterior.

En su regazo, un rechoncho gato de pelaje naranja atigrado ronroneaba ruidosamente, amasando la tela del vestido de la niña con pereza.

Ella acarició al felino, mientras se quejaba de que era genéticamente imposible que la amable y cálida protectora del hogar hubiera traído al mundo a un niño tan arisco y poco sociable adicto al ejercicio como él.

Todo esto era culpa de su padre, claro que sí. Tenía que ser así, le recriminó a una imagen invisible en las llamas.

“Maldita sangre alienígena…”, murmuró por lo bajo, pero luego no pudo evitar sonreír un poco, casi de forma nostálgica, mirando esa imagen invisible en el fuego.

Sin saber si estaba prestando atención o no, el lindo gato de color naranja bostezó.

En ese momento, su mandíbula inferior se partió en tres, revelando un abismo oscuro del que brotaron media docena de terroríficos tentáculos púrpuras cubiertos de baba.

Ante esa visión la niña no se inmutó y siguió acariciando al gatito naranja como si nada hubiera pasado, mientras seguía mirando el fuego.

De repente, una hermosa mariposa de colores brillantes comenzó a revolotear por alrededor, alejándose del fuego y girando un par de veces hasta establecerse encima de un tronco cercano que era usado como asiento.

Al ver esto, la niña se distrajo por un momento y desvió su mirada hasta posarse en aquella pequeña criatura, cuya visión le hizo soltar una pequeña sonrisa.

Pero sin previo aviso y sin darle tiempo para reaccionar, tentáculos púrpuras salieron disparados como látigos desde el abismo que anteriormente era la boca del gato, atrapando la frágil mariposa y arrastrándola hacia su interior en una fracción de segundo.

Con un chasquido húmedo la mandíbula se cerraba a golpe y aquel extraño monstruo volvió a convertirse en un inofensivo y lindo gatito ronroneante.

La niña, completamente impasible ante tal escena, simplemente le rascó detrás de las orejas al pequeño gatito y dejó escapar un suspiro de cariño exasperado.

Con una compostura tranquila, sacó un pañuelo de tela rústica y limpió una gota de baba púrpura que logró aterrizar en aquel pelaje anaranjado.

Se relajó en su asiento y acomodó a la pequeña criatura en su regazo para así poder liberar una de sus manos.

Y acercando sus manos hacia las brasas, acarició con suavidad un objeto ovalado que descansaba sobre las cenizas calientes, el cual pareció responder ante su contacto.

Quitando sus manos de él y esta vez haciendo contacto directo con el centro de la fogata, las llamas parecieron reaccionar en consecuencia, alterando ligeramente su forma y color, permitiendo vislumbrar vagamente una imagen.

En el centro de las llamas, se vio un pasillo oscuro, destrozado y algo humeante.

En el piso se podía ver un niño, tirado sobre la piedra fría y con sus ropas manchadas por una cantidad alarmante de su propia sangre.

La niña, con calma, observó desde la distancia intentando evaluar las lesiones a lo largo de todo su cuerpo. Entre las cuales había claramente al menos una herida en la cabeza, desde la cual fluía sangre a ritmo lento.

El lado izquierdo de su cuerpo se veía un poco extraño a diferencia de su otro lado.

Se veía un poco torcido, más suelto, y su posición era ligeramente incorrecta. Evidenciando así que como mínimo tenía un par de huesos rotos.

Pero algo parecía estar mal.

El daño en su cuerpo parecía ser muy poco, si se consideraba lo débil que era ese cuerpo pequeño de 11 años a comparación de los evidentes restos humeantes de una criatura, que se encontraban destrozados a unos metros de distancia.

Esta última parecía quemada e incluso carbonizada en varias zonas, un daño antinatural considerando el enorme tamaño de la criatura y el grosor de su piel.

La niña observó la piedra deformada y la carne carbonizada de la bestia a través de las llamas.

Evaluó con calma la gran diferencia entre el tamaño de la bestia y el pequeño cuerpo inconsciente en el suelo.

Pensó en el inmenso calor que sería necesario para causar ese nivel de daño.

Los restos de vidrio, fueran grandes o pequeños, parecían derretidos, formando así varias pequeñas zonas brillantes.

Los restos de armadura esparcidos por el piso no parecían brillantes, sino que presentaban colores opacos y grisáceos.

Lo que alguna vez pudieron ser decoraciones y cuadros, ahora se encontraban convertidos en pequeños montones de ceniza negra esparcidos por el suelo en el caso de los más cercanos, y en el caso de los más lejanos habían restos de estos aún incendiándose.

En el techo y en las paredes laterales al cuerpo destrozado de la criatura se encontraban grandes cantidades de hollín que las cubrían junto con restos orgánicos, que muy posiblemente alguna vez pertenecieron a la criatura que ahora se encontraba de espaldas contra la piedra.

Con el pecho abierto y carbonizado, no había sangre fluyendo. Solo una costra negra y seca que recorría cada parte de la herida de la criatura.

Se podía ver que, aunque destrozado, el monstruo que ahora se encontraba en el piso alguna vez había sido bastante alto y corpulento, estimando su altura entre 3 y 4 metros.

Si el niño hubiera recibido un golpe directo de semejante criatura, el daño recibido no habría sido solamente ese. Parecía que, o no había recibido el golpe directamente, o había logrado protegerse de alguna forma.

No pasó desapercibido también el hecho de que, alrededor del lobo y el niño, parecía haber una especie de semicírculo, en el cual el piso se encontraba más limpio y donde aún parecían haber algunas astillas intactas.

Contrastando así de gran forma con el resto del entorno cercano.

Pero lo más llamativo de toda la escena, podría ser el hecho de que este niño estuviera colgando de la boca de un anormalmente alto lobo negro y de brillantes ojos color ámbar.

Y cuando parecía que este lobo estaba a punto de cargar al niño inconsciente hacia alguna parte, una serie de personas, una tras otra, llegaron a la escena.

Algunos vestían con trajes y otros con ropas más normales.

Pero también había un grupo de ellos quienes vestían con túnicas extrañas.

Había una vestida con túnica de color verde y mirada autoritaria, uno vestido con una túnica negra y con mirada de molestia constante, y finalmente, estaba el más extraño de todos.

Este último era un anciano de barba larga y lentes con forma de medialuna, vestido con un sombrero puntiagudo y con ropa de colores brillantes y vibrantes, que parecían atraer toda la atención del grupo hacia él.

Ella observó cómo la bestia oscura, grande y de ojos brillantes se mantenía firme ante los recién llegados, soltando al niño con cuidado y mostrando una postura protectora sobre él.

Al ver esto, una pequeña sonrisa que parecía transmitir calidez asomó el rostro de la niña, como si estuviera pensando en algo que la hacía feliz.

Manteniendo su mano sobre el cálido objeto que reposaba sobre las llamas y con un ligero deje de reticencia, hizo un gesto suave con la mano, haciendo así desaparecer la imagen.

Punto de Vista de Kira.

El olor a ozono, carne de troll quemada y sangre metálica inundó las sensibles fosas nasales de la enorme loba negra.

La adrenalina poco a poco comenzó a abandonar su cuerpo, haciendo que se sintiera más calmada.

Manteniendo sus ojos sólidos y brillantes clavados en la oscuridad del pasillo, se detuvo frente a Alex, soltando la lentamente y protegiéndolo.

La llegada de las personas no la sorprendió, puesto que escuchó los pasos llegando desde la distancia con su sensible oído, pero eso no la hizo estar menos alerta.

Aún se mantenía de pie frente a Alex, solo por si acaso.

Lo más probable es que fuera gente del castillo, ya sea gente curiosa o los profesores mismos, pero en estos momentos nunca se sabía de forma segura.

Una serie de luces se encendieron con la llegada de que el grupo de personas, obligándola a entrecerrar los ojos, ya acostumbrados a la reciente oscuridad.

Entre el grupo de personas que se acercaban había algunos olores que le resultaban familiares, y otros que no tanto.

eso la hizo relajar ligeramente su postura, pero no retrocedió y se mantuvo frente a aquel niño herido y agotado.

La persona más vieja se adelantó, iluminando la grotesca escena de los restos del troll esparcidos por el techo de las murallas con un movimiento de su varita.

Luego, dirigió su mirada hacia aquellos ojos brillantes del gran lobo negro, haciendo que este último le diera un ligero dolor de cabeza y haciéndole soltar un leve gruñido.

Eran los profesores y sus reacciones fueron diversas.

Algunos de ellos estaban mostrándose aprensivos ante la criatura que tenían enfrente, otros seguían observando la escena, un par de ellos parecían dispuestos a actuar en cualquier momento, tal y como es el profesor vestido de negro y de nariz aguileña.

Pero aquel hombre viejo que era considerado su director siguió dirigiéndole la mirada por un tiempo más, hasta que alguien habló.

La mujer pareció reconocerla y Kira también intuyó quien era ella, tanto por su olor como por el tono de su voz.

“¿Kira?” dijo ella, con un tono tranquilo y que transmitía un poco de duda.

Ella respondió con un asentimiento y haciendo un sonido parecido a un ladrido.

“¿La reconoce, profesora Capri?” preguntó la mujer de ceño fruncido vestida de verde.

“Si” respondió ella. “Es una alumna de primer año.

La mandaron conmigo y hemos tenido un par de conversaciones, respondió ella mientras se acercaba al gran lobo y se paraba frente a esos ojos brillantes.

En ese momento, el barbudo director intervino y preguntó.

“Entonces, si fuera tan amable profesora Capri ¿Podría pedirle que vuelva a su forma normal?”

“No puede” respondió la joven profesora de forma corta y rápidamente volvió a enfocar la mirada en Kira.

“¿Trajiste tu bolsa?” Preguntó ella con calma.

Solo para recibir su respuesta en forma de un giro de cabeza de parte del lobo, como si estuviera indicando su pata trasera con el hocico.

Allí, se podía ver una pequeña bolsa de tela amarrada.

El olor cítrico junto con una fragancia fresca y vibrante se acercó, filtrándose entre el hedor a ozono y la sangre de troll.

“¿Puedo?” Preguntó ella, mientras se acercaba un paso y extendía la mano, indicando claramente su deseo de acercarse y hacer contacto. Su respuesta siendo esta vez un lento asentimiento.

Kira no apartó sus brillantes ojos ámbar de los magos, pero permitió que las manos firmes y tranquilas de la profesora rozaran su pata trasera. Y con un leve tirón, La sensación de la tela contra su piel desapareció.

La voz de la profesora no retrocedió. Se transformó en un murmullo bajo, hablando como si se dirigiera únicamente a Kira.

“Tienes la ropa aquí ¿crees sentirte lo suficientemente tranquila para cambiarte y volver a tu forma?”

Justo cuando parecía que la loba estaba a punto de hacer algún tipo de respuesta, sus ojos se dilataron un poco mientras captaba la impaciencia de que el profesor vestido de negro y con el pelo grasiento.

La mano que sujetaba la varita parecía temblar un poco y estar apretada fuertemente, casi con odio. Como si el mero hecho de verla le causará una molestia enorme.

El profesor de nariz aguileña parecido a un murciélago gigante dejó escapar un lento suspiro, cargado de un profundo y teatral gesto de disgusto.

“Qué escena tan … conmovedora” dijo arrastrando las palabras, con su voz reducida a un susurro gelido que cortaba el aire tenso del pasillo.

“Pero si ya ha terminado con su patética exhibición de sensiblería, espero que nos permita retirar al chico…”

Dijo, con sus ojos oscuros e inescrutables bajando hacia la enorme loba con un desden absoluto.

“A menos, claro, que sus habilidades caninas incluyan la sanación mágica, le sugiero que se aparte.”

“No tengo paciencia ni tiempo para tratar con una criatura interponiendose en mi cami …

¡CLACK!

El sonido de los colmillos chocando entre sí resonó como una gillotina, cerrándose a solo unos centimetros de los palidos nudillos del profesor. Interrumpiendo las sus palabras.

El hombre se congeló en seco un instante ante la clara amenaza del animal que tenía enfrente.

La profesora, sin poder evitar una leve diversión, sonrió muy ligeramente, antes de volver a mostrar su expresión profesional y se interpuso entre ellos, intentando evitar que comenzara un conflicto.

“Baja la varita, Severus” Dijo la joven profesora, mientras se mantenía firmementre frente a la loba, con postura protectora y tono de voz tajante e indudable.

“Director Dumbledore, ordene que abran paso.”

“Porque a pesar de lo desagradable que puede llegar a ser el profesor Snape” dijo mirándolo y demostrando un deje de de desprecio. “Tenía razón al decir que este niño necesita atención inmediata.”

Kira mantuvo su mirada clavada en el anciano con barba, viendo como el entrecerraba sus ojos por un muy leve instante, antes de mostrar una mirada inexpresiva por otro corto instante y finalmente pasar a enseñar una expresión calmada y apacible. Todo esto sucediendo en fragmentos de segundo.

Y ante el asentimiento de este último, los profesores que tenían varitas las bajaron.

La loba se giró hacia Alex y abrió sus grandes mandíbulas. Y antes de que alguien pudiera hacer algo, Se acercó con lentitud y las cerró con delicadeza, atrapándo la tela del cuello del uniforme del niño y lo levantó.

El Niño quedó colgando de su hocico, flácido e inconsciente entre los colmillos de la enorme loba negra, ante los atentos ojos de todos.

Y manteniendo sus brillantes ojos ámbar clavados en el grupo de adultos que tenía enfrente, se mantuvo alerta ante cualquier movimiento, como si esperara que se atrevieran a interrumpir su viaje a la enfermería una vez más.

De repente, la fría piedra del castillo vibró lévemente bajo las almohadillas de las patas de Kira. Seguido de un estruendo que resonó a la distancia y vibró a lo largo del pasillo, rompiendo el tenso silencio que había en el lugar un momento antes.

Sus sensibles orejas giraron de inmediato hacia la dirección del sonido, captando con claridad el eco de algo chocando pesadamente contra el piso.

Su postura se tensó levemente, y sin soltar al niño, se giró hacia la dirección de la que procedía el sonido.

Los profesores reaccionaron instintivamente ante el fuerte sonido. El hombre de túnica negra y la mujer vestida de verde alzaron sus varitas al unísono.

El anciano director, lejos de mostrar pánico, mantuvo una expresión inescrutable.

Con una voz calmada pero de autoridad, habló y le ordenó a algunos profesores que se dirigieran en esa dirección, para verificar lo que sucedía allí.

Los profesores Snape y Mcgonagall, con paso decidido y continuo, pronto se convirtieron en un par de sombras negra y verde a la distancia, yendo a paso acelerado hacia el origen del estruendo.

El grupo se había dividido, dejando finalmente el camino despejado, con únicamente el viejo director y la joven profesora de vibrantes rizos anaranjados junto con una loba de un metro sesenta, y un niño colgando de su boca como si de un cachorro se tratase.

“Adelantese a la enfermería, profesora Capri” indicó el anciano director con una sonrisa apacible.

“Yo me demoraría unos instantes para hacerle compañía a nuestro infortunado visitante”

Y sin prestar mayor atención a los estragos lejanos, la loba oscura reanudó su marcha. Llevando al niño a salvo, avanzó hacia la enfermería con paso firme y constante.

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¡Hola! Comenta si te gustó el capítulo, las sugerencias son bienvenidas, estoy constantemente tratando de mejorar, aunque no pueda permitirme escribir tan seguido.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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