Lazos de Sombra y Llama. - Capítulo 32
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Capítulo 32: Capítulo 32: Huesos Rotos en Halloween
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Viernes 31 de octubre, 1995.
Los días pasaron rápidamente, y se acercaba el día de Halloween. El clima se fue enfriando, haciendo que la gente tuviera que abrigarse más, por lo que ahora se podía ver a los alumnos caminar utilizando chaquetas y ropas más gruesas que a principios de año.
Mientras se abotonaba la camisa con los dedos ligeramente entumecidos por el frío y el sueño aún persistente, una punzada le atravesó las costillas del lado derecho, recordándole nuevamente que Kira, aunque lo intentara a veces, no solía contenerse durante sus entrenamientos.
Ella, con su fuerza sobrehumana, más de una vez había logrado dejarlo plagado de moretones oscuros o con dolores persistentes más profundos. Al principio eran pocas las veces en que esto sucedía, pero con el pasar del tiempo esta situación se había vuelto más frecuente.
Parecía que mientras más confianza tenía Kira, mayor era su agresividad para entrenar, y la adición de entrenamiento cuerpo a cuerpo con puñetazos reales parecía solo emocionarla más.
Por suerte, sus heridas no eran un problema a largo plazo. Una herida que a otro le tomaría semanas, a él le desaparecía en un par de días. Pero que pudiera curarse rápido no significaba que no doliera. Dolía como el infierno.
Pero con el pasar del tiempo, aunque no se había acostumbrado al dolor, ya no se quejaba tanto cada vez que lo lanzaban contra el piso o que lo golpeaban y escuchaba que algo crujía.
Sólo le avisaba a Kira que se tomaran un descanso o que hicieran otra cosa mientras intentaba disimular al máximo su expresión, queriendo evitar que se notara cuando él sentía algo.
“¡Maldita sea, Kira!” siseó Alex mientras se tocaba levemente el costado.
Habiendo terminado de ajustarse la ropa, Alex salió de su cuarto y caminó hacia el Gran Comedor.
Apenas cruzó el umbral, la atmósfera cambió drásticamente. El aire frío y limpio de piedra húmeda fue reemplazado de golpe por un olor denso y empalagoso a calabaza asada inundo sus sentidos. En el techo, cientos de murciélagos aleteaban, cruzando las nuevas nubes de tormenta que ahora decoraban la parte superior del salón.
El salón era una cacofonía desordenada de risas estridentes, platos chocando y cientos de conversaciones superpuestas que se mezclaban en un zumbido constante.
Alex se detuvo un segundo bajo la puerta, sintiendo instintivamente en ambiente. Había pasado ya más de un mes, pero aún no lograba acostumbrarse al ambiente.
Había demasiada gente. Demasiado ruido. Los espacios para cruzar a veces eran ínfimos y el castillo estaba abarrotado de alumnos que se empujaban y gesticulaban, invadiendo el espacio personal de cualquier persona que intentara cruzar
Esquivando mesas, asientos y personas, Alex se dirigió hacia la mesa de su casa en su asiento habitual y se dejó caer, buscando un poco de paz.
No muy lejos, se encontraba un estudiante de tercer año que estaba devorando una manzana y el sonido, como siempre, era atroz.
Cada vez que sus dientes rompían la manzana, el sonido húmedo y crujiente, seguido por un masticar rítmico y sonoro con la boca abierta, mientras hablaba de vez en cuando.
Chack. Chack. Chack.
Para la mente de Alex, el sonido fue desesperante. Apretó los puños bajo la mesa, mientras apretaba los dientes y cerraba los ojos, respirando para intentar calmarse.
El sonido le subía por la nuca como una descarga eléctrica, haciéndole sentir una necesidad violenta de decirle que cerrara la maldita boca, o de levantarse e irse ahora mismo.
Soltando un suspiro impotente, le dirigió una mirada a su plato y decidió simplemente comenzar a comer, intentando ignorar el mundo que lo rodeaba junto a sus repulsivos y estresantes sonidos.
Solo al mirar al frente logró encontrar algo de paz. Wednesday estaba allí, inmune a su entorno, partiendo una tostada con precisión quirúrgica y silenciosa. No hacía ruido al comer, ni al moverse. Parecía como si estuviera tratando de mezclarse con su entorno.
Era un contraste curioso, pero también bastante agradable. En comparación de su entorno, era mucho mejor tener esta compañera de mesa silenciosa.
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Punto de vista de Kira.
Kira mordió y arrancó otro pedazo de carne, dejando únicamente el hueso. Unas gotas de jugo caliente le mancho los dedos, pero el sabor era denso y rico, por lo que siguió masticando con una satisfacción profunda.
A su alrededor, el gran comedor era una tormenta de risas fuertes y copas chocando por el festín de Halloween, pero para ella, todo ese escándalo era solo ruido de fondo. Su única prioridad era disfrutar de su plato.
Con un golpe seco, las pesadas puertas de roble se estrellaron contra la pared y la sala quedó en silencio de un tajo, lo que llamó su atención y le hizo detener el movimiento de su mandíbula, para así poder prestar atención a lo que estaba pasando.
El profesor Quirrell, ese desastre tartamudo y oloroso, entró tropezando en el salón. Tenía su turbante ladeado y la respiración acelerada. Atravesó el pasillo central jadeando, y su voz, aguda y temblorosa, rebotó en las ahora silenciosas paredes del lugar.
“¡Un Troll… en las mazmorras!… Pensé que debían saberlo”.
Luego de decir eso, sus ojos se pusieron en blanco y se desplomó de cara contra las losas de piedra.
Cuando esto paso, el silencio finalmente se rompió y el infierno se desató. Muchas personas entraron en pánico, un estallido de gritos histéricos llenó el salón, pero también había quienes bromeaban sobre la reacción exagerada del ridículo profesor, y algunos que incluso los imitaban y se reían de su entrada.
El ruido en el salón parecía ir en aumento, y no mostraba señales de detenerse.
Cuando parecía que la situación ya no podía calmarse, una serie de estallidos de color púrpura resonaron como cañonazos a lo largo de todo el gran salón. Ante el repentino silencio, el director Dumbledore, bajando la mano que aún sostenía su varita, comenzó a hablar.
“¡Prefectos! Conduzcan a sus grupos a los dormitorios, ¡de inmediato!”
Los profesores empezaron a dar órdenes de evacuación a los encargados de cada casa, antes de partir con el director hacia la salida.
Kira, con calma, terminó de masticar, observando el caos de la multitud a su alrededor, mientras se limpiaba los dedos con una servilleta.
“Mazmorras…” La palabra hizo eco en su cabeza. Esa tarde había estado entrenando con Alex, como de costumbre. El había tenido un desempeño mejor de lo esperado, lo que hizo que la sesión esgrima fuera un poco más emocionante.
Aunque ya le habían levantado el castigo por pelear con sus compañeros y ya no necesitaba ir, aún pasaba por allí de vez en cuando para pasar el tiempo con Alex. últimamente él parecía más emocionado, y se había estado desempeñando mucho mejor que al principio.
¿Qué cómo ella lo sabía, aún sin saber demasiado del tema? Porque la había estado esquivando mucho. Y aunque ella lo golpeara, el ya no se detenía, solo apretaba la mirada y los dientes, como si usara sus golpes como motivación para seguir adelante con aún más fuerza.
Esta forma de actuar había hecho que ella se emocionara de vez en cuando durante sus sesiones, lo que radicaba en un niño con evidentes lesiones que se curarían más rápido de lo normal. Aunque parece que esta vez si había logrado romperle algo, puesto que no solo se escuchó el sonido, sino que, incluso cuando trató de seguir adelante como de costumbre, le costaba moverse y simplemente no podría continuar con el entrenamiento.
Por eso, y con bastante reticencia, el enfurruñado niño aceptó que ella lo ayudara a llegar a la enfermería. Esto había sucedido hace unas seis horas, pero aún no había sabido nada de él.
Sabía que las pociones curativas actuaban rápido, en especial las de la enfermería de la escuela. Pero la encargada de la enfermería también era conocida por dejar en observación un tiempo excesivamente largo a sus pacientes, como si se fueran a desarmar en el momento en el que se levantaran de la cama.
Conociendo a Alex, ella sabía que él no tenía la paciencia para quedarse esperando durante horas, en especial sabiendo que estaba bien y sin tener absolutamente nada más que hacer que mirar el techo blanco y monótono de la enfermería.
Casi se sintió culpable por haberlo dejado ahí, pero no era su culpa. Ella se había ofrecido a comprarle una poción de esas que venden en el gimnasio los alumnos mayores, teniendo desde brebajes de efectividad comprobada hasta frascos de dudosa procedencia etiquetados con una chillona “W” naranja y morada. Ella se había ofrecido a conseguirle una, pero el idiota se había negado por orgullo. Así que no, no era su culpa haberlo dejado allí ¿Verdad?
Siendo realista, Alex no habría pisado el banquete de Halloween ni aunque le hubieran dado el alta. Con el tiempo, Kira se había dado cuenta de que él odiaba las multitudes y el ruido. O seguía pudriéndose de aburrimiento bajo la vigilancia de la enfermera, o ya se había escapado para buscar un rincón silencioso en los pisos superiores.
Solo esperaba que este tipo con mala suerte no se topara con el troll mientras recorría la escuela, o lo que sea que estuviera haciendo. ¿Debería verificar que siguiera tirado en la enfermería?
Iría a echar un vistazo, solo por si acaso. Así podría verificar si ese tipo seguía acostado bajo la mirada fija de aquella gruñona enfermera, o si se había escapado. Además, sentía un poco de curiosidad por ver de cerca un Troll.
¿Qué tan grande tenía que ser para que tanta gente entrara en pánico? Se preguntaba mientras comenzaba a desviarse silenciosamente de la fila de su casa y se dirigía en otro camino, mezclándose entre la multitud caótica y comenzando a subir las escaleras hacia los niveles superiores.
Poco a poco, el escándalo y el ruido se fueron desvaneciendo a lo lejos, y el aire se volvió un poco más frío. Con el pasar del tiempo, un hedor a cloaca y calcetines viejos había comenzado a inundar los pasillos.
De repente, un estruendo violento retumbó a lo lejos. Era el sonido inconfundible de algo siendo destrozado. Un presentimiento la inundo, y aceleró el paso, moviéndose en total silencio por los corredores, yendo directo hacia la zona donde había escuchado el sonido.
Sabía que era peligroso, pero pensó que mientras se mantuviera a cierta distancia, incluso si fuera muy grande, no podría alcanzarla corriendo. Llegó a la intersección del pasillo y frenó en seco.
Justo cuando iba a asomarse por la esquina para observar lo que estaba sucediendo sin acercarse demasiado, una figura salió disparada por el aire.
El objeto cruzó el aire y chocó brutalmente contra el muro de piedra opuesto, creando un crujido que resonó por el corredor vacío y que agrietó la pared por el impacto.
La figura cayó pesadamente al suelo, como un bulto inerte, solo para quedarse quieto al caer.
Kira vio todo desde las sombras. Y mientras trataba de discernir con la mirada lo que era el objeto que acababa de estrellarse contra la pared, este se movió un poco, para su sorpresa, dejando ver que este era ¿¡Alex!?
✦ ° • ✦ ° • ✦
Punto de vista de Alex.
Este no había sido un buen día para él.
Había estado entrenando como de costumbre, y trató, como recientemente había estado intentando, seguir con el entrenamiento a pesar de los golpes. Sentía que, si seguía entrenando así, progresaría más rápido, y que por lo tanto, valía la pena intentarlo.
Pero no pasó mucho tiempo hasta que se dio cuenta realmente de las consecuencias de actuar de forma temeraria en un entrenamiento con una niña lobo emocionada y que tiene una fuerza muy superior a la tuya.
Cuando aterrizó el golpe y se escuchó el crujido, más de una mirada se había dirigido hacia donde ellos estaban entrenando. Y aunque rápidamente la mayoría perdieron el interés, aún se les podía ver a algunos, observando con curiosidad y de reojo.
El golpe no solo le había quitado todo el aire de los pulmones, sino que rápidamente una ola de calor se abrió paso por su pecho hasta llegar a su costado, seguido de un dolor punzante, como si electricidad le recorriera el cuerpo.
Intentó seguir con el entrenamiento e ignorar la herida, pero era muy consciente de que su día había terminado, considerando que ahora incluso ponerse de pie le era difícil, teniendo así que ceder ante las palabras de Kira, quien lo ayudó a levantarse y lo llevó a la enfermería, a pesar de su reticencia y sus quejidos.
Él no quería hacer de esto un asunto tan grande, pensando que, si lo dejaba solo el tiempo suficiente, debería curarse solo. Así había funcionado hasta ahora, y sentía el presentimiento de que, con un par de días de descanso debería estar bien.
Pero Kira seguía insistiendo en que fuera por si acaso, y que, si realmente estaba bien, simplemente se fueran.
Pues resultó que todo ello había sido una trampa aparentemente, puesto que la enfermera, lejos de consentir sus deseos de darle la poción y dejarlo irse, lo obligó a quedarse en la cama de la enfermería, mirando el maldito techo blanco, en una cama blanca, con paredes blancas y cortinas que, para sorpresa de nadie, también eran malditamente blancas.
Así que ahí estaba él. Con hambre, aburrido, y contando cuantos objetos aleatorios había a su alrededor, y pensando en diferentes escenarios donde el viajaba por el mundo.
A veces como un pirata. A veces como un espía y agente secreto. Y otras veces, simplemente como un trabajador de oficina que se encuentra de vacaciones, como forma de escapar del recuerdo de aquella oficina de 2×2 metros, que se encuentra en un piso llena de esas oficinas, siendo ese piso parte de un edificio con muchos pisos llenos de cubículos del mismo tamaño y repleta de gente siendo miserable, haciendo su trabajo en silencio y suplicando por que termine el horario de trabajo.
Esa ultima lo hizo estremecer, y se prometió a si mismo que, sin importar lo que pasara, nunca se convertiría en una persona así ni tendría esa clase de trabajo.
Aquellos pensamientos finalmente lo sacaron de su ensoñación, quedándose sin ideas por el momento, y haciéndolo tener que volver a pasar por el aburrimiento y el estrés de siquiera encontrarse en dicho lugar.
Comenzaba a sentirse incomodo. A veces se sentaba y comenzaba a mover los dedos contra la cama con un ritmo repetitivo, solo para aburrirse y esta vez comenzar a mover los pies, incomodo.
La incomodidad estaba llegando al punto tal que incluso la tela de la ropa que estaba usando en ese momento parecía volverse increíblemente incomoda, pudiendo sentir así cada roce de las fibras de la tela contra su piel, creando así una sensación altisonante que lo hacía rascarse fuertemente la zona de contacto, o incluso comenzar a mover su ropa repetidamente, como si así pudiera borrar las sensaciones que ahora lo estaban atormentando.
Y ni hablar del persistente sabor de la poción que le dio a tomar esa bruja que, si bien podía decir que el sabor era indescriptible, también podía decir que nunca había probado algo más asqueroso que eso a lo largo de toda su corta vida. Si se concentraba un poco, aún podía sentir aquel asqueroso sabor.
Aunque, por otra parte, pudo haber sido peor… o al menos eso pensó al principio.
Resulta que los huesos de un niño en crecimiento, en especial uno que no se había nutrido de la mejor forma a lo largo de once años, incluso luego de un par de meses de comer bien, no llegan a ser demasiado resistentes. Eso, o Kira simplemente era demasiado fuerte en comparación con él.
El resultado, era que Alex se había fracturado un par de costillas, dejándole así la zona lateral de su cuerpo hinchada ligeramente, y un dolor punzante atravesando todo su cuerpo.
Lo único bueno de todo esto, es que se encontraba entumecido por el cansancio, razón por la cual el dolor no fue imposible de soportar, aunque claramente no estaba acostumbrado a moverse estando así de lastimado, motivo por el cual el entrenamiento había terminado.
Al llegar a la enfermería y explicarle a Madame Pomfrey lo sucedido, mientras los criticaban duramente, la mujer comenzó su tratamiento. Teniendo que pasar por hechizos de diagnóstico, hechizos que reacomodaron sus huesos, hechizos que curaron sus huesos, sus músculos y la piel, para finalizar con una poción, solo por si acaso.
Tenía que reconocerle eso a la señora, el procedimiento que hizo parecía bastante profesional. Si no fuera por el hecho de que se negaba a dejarlo escapar de la enfermería ¿Quizás estaba enojada por tener que trabajar en Halloween? Alex no lo sabía, ni le interesaba.
El punto es que, ahora se encontraba totalmente recuperado. Sentado en una cama. Quedándose en observación simplemente porque… ¿se lo dijeron?
Alex no sabía por qué, pero de alguna manera sentía que estaba castigado. Como cuando a un niño lo castigan por portarse mal. Y comenzaba a sospechar que la poción era totalmente innecesaria, y que lo obligaron a beberla completa y únicamente para que sintiera su asqueroso sabor.
Definitivamente, ahora se sentía motivado a no lesionarse. O al menos, a ya no ir a la enfermería de la escuela si eso sucedía. Debió haber aceptado la maldita poción cuando se la ofrecieron, pero no quería deberle un favor a Kira, y tampoco tenía dinero para pagarla.
Sus salarios como ayudante y mesero durante el verano apenas le había alcanzado para la comida, y sospechaba que ni siquiera le había alcanzado para eso, siendo el viejo dueño del local quien cubría la otra parte.
….
“Me largo” se dijo Alex, finalmente llegando al punto de quiebre, y no pudiendo soportar quedarse allí ni un segundo más. Lo había intentado. Realmente había intentado esperar a que ella volviera. Pero habían pasado 5 horas, el banquete comenzaría en una hora, no se veía ni un atisbo de la enfermera, como si se hubiera olvidado de él y su mente no podía soportarlo más. El tener que estar encerrado en esa habitación era desesperante.
Así, confiando en que madame Pomfrey se había ido y no parecía volver, él se escabulló de la enfermería, alejándose rápidamente del cuarto piso, y llegando al tercero, donde finalmente pudo dejar de correr y comenzó a caminar a ritmo normal.
Al salir de ese lugar, finalmente se sentía libre, con el viento de los pasillos dándole de lleno en la cara, mientras el caminaba y daba vueltas de vez en cuando, casi bailando al caminar.
Todo estaba tranquilo y no había nadie en los pasillos, por lo que se tomó su tiempo para bajar. Tenía una hora, y quizás más tiempo, para llegar. Así que decidió pasar por todas aquellas áreas que le llamaran la atención en su camino hacia el gran comedor.
En el mismo cuarto piso en el que actualmente se encontraba, pudo ver la sala de encantamientos, con cuatro filas de escritorios a ambos lados, dispuestos escalonadamente, orientados hacia lo que parecía ser la mesa del profesor, frente a la cual parecía encontrarse una pila grande de libros gruesos.
Al llegar al quinto piso, pudo ver la puerta del baño privado de los prefectos. Los cuales, según su conocimiento, eran los alumnos mayores que se encargaban de cada casa, siendo estos generalmente alumnos destacados y que hacían cumplir las reglas del castillo cuando no había profesores cerca.
Y así, Alex pasó por diferentes lugares a medida que iba subiendo.
El aula de historia, salones de estudio, la torre de astronomía con su hermosa vista del cielo nocturno y múltiples pasillos con retratos en movimiento. No fue hasta que uno de estos le preguntó qué hacía allí, que Alex se dio cuenta de que quizás se le había pasado la hora.
Parecía que el banquete ya había comenzado. Realmente no quería ir al gran comedor, sabiendo que hoy sería el día más ruidoso de todos, con las mesas repletas de toda la gente del castillo, pero no tenia opción, puesto que un hambre atronadora había azotado su estómago.
Así que, más concentrado que antes y soltando un suspiro cansado, se dirigió hacia aquel ruidoso destino.
Al llegar al segundo piso, se detiene a observar, y asiente satisfecho de que estos se encuentren completamente vacíos y en silencio por una vez, haciéndolo sentir ligeramente feliz.
Solo para que, no muy lejos de las escaleras, un hedor denso inunde el pasillo, asaltando su nariz. Ahora realmente se estaba comenzando a molestar.
No solo tenía la boca con un sabor asqueroso, sino que ahora tenía un hambre increíble y su nariz estaba siendo devastada por un asqueroso olor, que mezclaba el olor de la mierda con el de la ropa sucia.
Pronto, se escuchó el sonido de pasos. El sonido de los pasos era excesivamente fuerte, por lo cual era fácil deducir que la criatura que los realizaba era muy grande y pesada.
Y antes de que pudiera siquiera comprender ese pensamiento, una criatura gris oscuro, calva, y de tres metros y medio de altura, entro en su campo visual. Vestido con un taparrabos sucio y lo que parecía ser, sorprendentemente, algo similar a una chaqueta sin mangas raída, se acercaba cada vez más en su dirección, moviendo con cada paso un mazo sostenido en su mano, que parecía estar hecho de lo que, si no se equivocaban sus ojos, era un maldito tronco de árbol.
Así, con cabeza deforme y cara estúpida, esta imponente criatura se acercaba cada vez más, haciendo que el pulso de Alex se acelerara con cada paso, y agitando su corazón con cada metro que avanzaba.
*** Imagen de referencia al final del capítulo ***
Para cuando la enorme criatura finalmente logró ver a Alex, este último se dio cuenta de que, estar entumecido y mirándolo sin hacer nada, pudo haber sido una mala idea.
Así que, sin pensarlo mucho, él echó a correr en silencio. Unos segundos más tarde, y escuchando un rugido, Alex captó que el sonido de las pisadas se aceleraba, lo cual lo impulsó a correr más rápido.
Alex no era lento, estaba dando todo de sí. Sin embargo, aun dándolo todo rápidamente se dio cuenta de que los pasos sonaban cada vez más fuertes y cercanos.
Para cuando este giró el cuello para verificar la distancia de aquel enorme adefesio, este ultimo ya se encontraba a tan solo cincuenta metros.
Algunos cuadros lo vieron correr y, al notar la criatura, comenzaron a gritar y a escapar hacia otros cuadros. Unos pocos se quedaron un tiempo y le dijeron que no dejara de correr, o que corriera más rápido.
Esto último siendo muy irritante para Alex. “No creen, que si pudiera correr más rápido ¿¡¡¡Ya lo habría hecho!!!?” se dijo en su mente, pero sin detenerse para decírselos en voz alta, pues temía que cualquier pausa, por leve que fuera, podría acortar la distancia que existía entre el gigante con un palo y él.
Siguió intentando correr por un tiempo, e incluso, cuando lograba ver alguna armadura, avanzaba más adelante que ella, y luego le lanzaba una bola de fuego a la armadura, con la esperanza de que sus piezas esparcidas pudieran hacerlo tropezar y, de paso, retrasarlo el tiempo suficiente para que él pudiera correr.
Esto fue de mucha ayuda la primera vez, causando que esta cosa enorme se resbalara un poco, pero finalmente sin tener un efecto notorio, puesto que el peso de la criatura era tan grande que las armaduras simplemente se convertían en latas dobladas con un pisotón o con el agitar del gran tronco que sostenía en su mano.
Esto lo puso cada vez más nervioso, puesto que, aunque torpe, sus grandes pisadas contrarrestaban fácilmente su falta de velocidad, reduciendo su distancia en un paso caminando lo que Alex avanzaría en varios de ellos corriendo.
Y así, poco a poco, la distancia entre ellos fue disminuyendo rápidamente. 45 metros. 40 metros. 30 metros. Para cuando la distancia que había entre ellos era menor a los seis metros, el gigante gris comenzó a agitar su garrote, con el objetivo de destrozarlo, y quizás, convertirlo en una plasta en el piso.
Es solo que, si realmente lograban golpearlo, Alex dudaba que se convirtiera en una plasta delgada que pudiera volver a reformarse, tal como en las caricaturas, cuando al personaje solía caerle algo pesado y a los segundos ya se encontraba totalmente reformado y de vuelta en el juego.
Para Alex, ser golpeado sería un Game Over definitivo, y si realmente se convirtiera en una plasta, sería una mucho más roja y liquida de lo que desearía. Razón por la cual no tuvo solo que correr, sino que ahora zigzagueaba e incluso esquivaba de vez en cuando par poder esquivar los restos de cosas rotas que se esparcían con los golpes que la criatura daba.
Esta persecución pareció extremadamente larga para Alex, pero pronto se dio cuenta que la distancia que habían avanzado no había sido demasiada, y que ni siquiera había logrado cruzar hasta el otro lado del pasillo, faltando aun varios metros para llegar hasta la escalera para el segundo piso.
Esperaba llegar lo más cerca posible del gran salón, con la esperanza de que, si lograba llegar allí, los profesores supieran que hacer con el gigante gris que lo perseguía.
Pero lejos de poder cumplir ese objetivo, Alex parecía ni siquiera ser capaz de llegar al segundo piso. Su aliento se agotaba con cada paso que daba, haciéndolo esforzarse cada vez más, con cada segundo que pasaba corriendo.
De vez en cuando recibía un segundo aire, que lograba impulsarlo a correr más rápido, pero rápidamente este impulso se agotaba. Parecía que, no haber practicado su resistencia, había sido un gran error.
Alex había estado corriendo más rápido que nunca en su vida. Sentía que, si la situación fuera diferente, él podría sentirse bastante satisfecho con este desarrollo. Pero también creía que, sin el impulso de una criatura gigante y olorosa que quiere aplastarte hasta la muerte quizás él no habría podido alcanzar dicha velocidad.
Esta vez, cuando el gigante agitó su garrote, grandes trozos de un par de armaduras destrozadas y trozos de una puerta avanzaban a gran velocidad hacia su cara. Alex quiso esquivar, pero se dio cuenta de que, con la velocidad a la que avanzaban no le daría el tiempo suficiente como para agacharse o esquivar hacia un lado.
Razón por la cual, instintivamente, extendió sus brazos en forma de cruz hacia el frente, tal y como los personajes de la televisión cuando van a recibir un golpe fuerte.
Pero cuando estaba a punto de ser golpeado, Alex se dio cuenta de que una capa translucida parecía rodearlo, y a su vez, frenar el impacto del metal y la madera contra su cabeza.
Alex quedó impactado, y su persecutor también estuvo confundido un tiempo. Cabe destacar que nunca en su vida Alex había logrado hacer eso. Pero, con gran esfuerzo, logró suprimir su curiosidad habitual, y le lanzó una bola de fuego del tamaño de una bola de baloncesto a la cara estúpida, gris y calva del gigante.
Tal vez había sido una mala idea, si el enojo y los fuertes rugidos del troll significaban algo, pero él no pudo evitarlo. Estaba irritado, cansado, con hambre, con un mal sabor de boca, le transpiraban las manos y el olor de esta enorme bola de grasa gris era como lanzarse a una cloaca de cabeza.
Alex tenía la certeza de que esta criatura no sabía lo que significaba baño, y que muy posiblemente se limpiaba con el mismo taparrabos que tenía puesto, pero rápidamente dejó de pensar en ello.
No era momento para distraerse, tenía que correr por su vida, mucho más literalmente de lo que le gustaría.
Al observar la cara del troll, Alex notó que, fuera de estar un poco negra por el humo, y los ojos ligeramente enrojecidos, esas llamas no habían tenido ningún efecto en el gigante, o al menos, no uno muy notorio.
Esa cabeza, desproporcionada con su enorme cuerpo, parecía, para el horror de Alex, la parte más frágil de su cuerpo. así que ¿Qué pasaría si le disparara a su cuerpo? ¿Explotaría como un petardo pequeño, haciendo sonido pero sin hacer ningún daño?
Quizás si lograra encontrar algo para golpear su cabeza las suficientes veces o lo suficientemente fuerte, podría lograr algo. O si le disparaba dentro de su boca o nariz, quizás podría ver algún que otro resultado, pero no podía detenerse.
No tenía muchos métodos de ataque, así que lo único que pudo hacer fue seguir recorriendo el tercer piso en búsqueda de una escalera. A veces esparciendo restos de armadura, y a veces disparándole a la cabeza, con la esperanza de hacerle algún daño.
Cabe decir que, incluso en su infinita estupidez, el troll parecía llevar la ventaja. Era torpe, lento, se tropezaba constantemente, y a veces chocaba debido al largo de su bastón con alguna pared, lo que lo ralentizaba un poco, razón por la cual Alex pudo sobrevivir hasta ahora.
Su puntería no era la mejor con la varita, así que pronto dejó de usarla, y guió la dirección de las bolas de fuego apuntando con sus manos y con pura intención. Su puntería seguía sin ser muy buena debido a que estaba corriendo, pero, si antes lograba acertar uno de cada cinco disparos, ahora lograba acertar de dos a tres.
Esto irritó constantemente al troll, pero también lo estaba cansando, puesto que, al parecer, apuntar por tu cuenta gastaba más energía y te cansaba más rápido, ayudando así a Alex a entender la verdadera utilidad de una varita.
Pero no todo fue malo. Al menos, los efectos de los disparos eran mucho más notorios ahora. Es cierto que no todos los aciertos fueron dirigidos a la cara y que la mayoría fueron dirigidos al cuerpo, el cual al ser enorme era más fácil de acertar, pero de vez en cuando, uno que otro lograba acertarle en la cabeza, y ahora, la gigante criatura tenía un ojo entrecerrado y parpadeando a veces, como si se lo hubieran picado con el dedo.
El reciente disparo hacia su chaqueta, que parecía ser el más afortunado, había causado emoción en Alex, haciéndole pensar que, si se incendiaba su chaqueta, al menos podría retrasarlo algún tiempo, y quizás hacerle algún daño. Pero no contaba con que este enorme idiota simplemente se palmeara con sus enormes manos y luego se la arrancara de un tirón, rompiendo sus esperanzas y lanzándolas como basura junto con la chaqueta que ahora se incendiaba en el piso silenciosamente.
Esta reciente pérdida, pareció solo irritar al gris gigante, esta vez pareciendo acelerar, lo que puso cada vez más nervioso a Alex.
Para cuando este pensó que había llegado su final, finalmente pudo ver la esperanza en forma de unas escaleras, desde las cuales bajó corriendo y hasta saltando en el ultimo tramo, lo cual lo hizo rodar un par de veces en las escaleras y el piso, pero que efectivamente lo ayudaron a bajar más rápido.
Con la cabeza entumecida y dándole vueltas, reunió todas las fuerzas que le quedaban y se impulsó lo máximo que pudo, aún con el cerebro zumbando y mareado luego de su caída con triple giro.
Para cuando su mente se aclaró y su estado de ánimo estaba mejorando por haber logrado adelantarse, este estado volvió a decaer, puesto que el gigante no se molestó en tomar el camino largo, y simplemente se saltó la escalera completa.
“¡Esto es hacer trampa!, ¡¡maldita sea!!” dijo Alex, esta vez en voz alta, pero sin detener su paso.
A pesar de todo, Alex se sentía muy extraño, puesto que, aunque llevaba un tiempo haciendo ejercicio, nunca se había sentido tan bien físicamente hasta el día de hoy, cuando salió de la enfermería y se topó con esta desastrosa situación.
¿Quizás la poción si había hecho algo? ¿Quizás era un suplemento de algún tipo o los hechizos habían hecho algo? Alex no lo sabía, pero le venía bien en esta situación y lo aprovecharía.
Sintiéndose al menos un poco mejor y ganando un poco de confianza, le disparó nuevamente a la cabeza al monstruo que lo perseguía, esta vez logrando encenderle los pelos de la nariz.
Esto efectivamente hizo que el gigante se detuviera, solo para estornudar un par de veces, y lograr apagar el fuego de su nariz con el estornudo final, debido a una gran y desagradable cantidad de moco que logró pegarse en un cuadro, para gran disgusto de sus ocupantes, quienes se quejaron inmediatamente.
Reanudando su carrera por el castillo, esta vez con el troll corriendo de verdad detrás de él por segunda vez, Alex se preguntó por qué siquiera seguía disparándole, si cuando lograba obtener algún efecto real, esto solo parecía irritar al troll, haciendo que dejara de tomarlo como una broma y lo persiguiera con sus enormes piernas a una velocidad que rápidamente acortaba su distancia.
Para cuando se encontraba a unos metros de una intercepción en el pasillo, Alex se giró para mirar hacia atrás, topándose con la aterradora vista de un tronco de madera haciéndose cada vez más grande en su vista.
Pensó en intentar saltar para evitarlo, pero en el siguiente paso, debido a que no estaba mirando su camino, finalmente tropezó con una irregularidad en el suelo.
La distancia era demasiado corta, y con la velocidad a la que iba, solo pudo volver a cruzar los brazos y suplicar que aquel escudo que antes lo había protegido volviera a aparecer y pudiera, al menos, amortiguar parte de lo que sería, como mínimo, un extremadamente doloroso golpe.
Al estar a menos de treinta centímetros de su cuerpo, el escudo milagroso que antes lo había protegido volvió a aparecer, dándole algo de esperanza, que se rompió como un cristal, cuando el escudo sonó exactamente igual a un cristal roto en el momento en que su cuerpo se estrelló a gran velocidad contra la pared.
Ni siquiera tuvo tiempo de procesarlo. Solo se quedó allí, con la cabeza abajo y con un dolor enorme a lo largo de todo su cuerpo.
Intentó moverse, pero el dolor muscular por correr, la falta de aire, el entumecimiento constante causado por el golpe, el pitido en sus oídos y el crujido que se escuchó al chocar y que dudaba proviniera únicamente del escudo al romperse lo detenían. quedándose así pegado durante un segundo en la pared, solo para caer y aterrizar finalmente contra el piso, donde se quedó quieto e inerte.
Inconscientemente, pensaba que este era su final. Lo había hecho bastante bien hasta ahora, recorriendo todo un piso hasta llegar finalmente al segundo piso. Pero la suerte no dura para siempre. En algún momento tenía que acabarse, y terminaría equivocándose.
En efecto, la confianza parecía ser algo malo. Se prometió que, si sobrevivía, no volvería a encontrarse en un estado tan patético, donde solo pudiera correr impotentemente.
¿Pero qué importa? No es como si fuera a sobrevivir.
Su brazo izquierdo no se movía y sus costillas recién reparadas parecían volver a estar rotas. No sentía la motivación suficiente para moverse, ni la energía, ni la esperanza que alguna vez lo albergó.
Ahora solo era un caparazón vacío, cansado, roto y humillado, esperando la muerte.
Pero el mundo no se detendría solo porque el quisiera pensar un poco más, ni retrocedería para darle alguna oportunidad más.
Para cuando se preguntaba por qué el gigante gris que tanto lo atormentó no se acercaba y lo hacía dar su último aliento, se dio cuenta al intentar moverse de que había una persona cerca. Quien luego gritó su nombre, con un tono de sorpresa.
Por la voz, por los pocos con los que habla y porque dijo su nombre, Alex pudo fácilmente reconocerla, y no le gustó para nada la idea.
Ahora no solo moriría él, sino que Kira también estaba allí, a punto de enfrentarse a un enorme, estúpido y gris problema que usaba un tronco de árbol como palo.
Pero espera… ella era mucho más rápida que él. ¿Quizás si corriera lo suficientemente rápido ella podría escapar?
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Punto de vista de Kira.
El crujido de Alex contra el muro fue muy limpio, dejando en claro que, por lo menos, se había vuelto a romper algún hueso. El troll se acercaba hacia ella haciéndola estremecer, pero no por miedo.
El hedor a cloaca vieja y sudor rancio la golpeó como una bofetada física. Tener los sentidos agudizados era una maldición cuando te enfrentabas a una montaña de grasa gris que no conocía el jabón.
Sin detenerse a pensar, Kira se lanzó hacia adelante. Era rápida. Mucho más que cualquier alumno de once años, e incluso más fuerte que la mayoría de los adultos, pero no era estúpida. No iba a intentar ganar en fuerza contra un monstruo de tres metros y medio.
Se deslizó por debajo del arco de sus enormes brazos y lanzó una patada lateral con todo su peso, directo a la cara interna de la rodilla del gigante.
El impacto resonó con un golpe sordo. Fue como patear un tronco de roble forrado en cuero grueso. Sus propios huesos vibraron por el choque.
El Troll gruñó, la pierna se le dobló torpemente hacia un lado, haciendo que este gran y apestoso tipo se tambaleara un poco.
No había que subestimar los músculos de un troll. Si bien la rodilla solía ser un buen objetivo al que apuntar para tumbar a alguien, no había que subestimar los músculos de una criatura de tres metros y medio. Hacerlo tambalearse siendo una niña de once años ya era un maldito logro, pensó Kira, mostrando sus dientes en una sonrisa feroz.
Pero el gigante se recuperó en un instante. Y furioso por la molestia, alzó su garrote y lo azotó verticalmente con un gran rugido. haciendo un gran impacto, destrozando las baldosas del suelo, y haciendo estallar los ventanales del pasillo en innumerables cristales debido a la onda expansiva.
Kira saltó hacia atrás a tiempo y aterrizó ágilmente.
Mientras retrocedía de nuevo, más torpemente que la primera vez y esquivando los largos e inmensos brazos del monstruo que intentaban atraparla, sus dedos rozaron los cristales en el suelo.
Así que, con ideas maliciosas en su corazón y una risa casi irreprimible en su rostro, tomó una gran cantidad en su mano y las mantuvo allí, esperando una oportunidad para poder usarlas.
Solo necesitaba un segundo de apertura, darse la vuelta y apuntar directo a la estúpida cara del monstruo. Se impulsó hacia atrás una tercera vez, calculando el espacio.
Pero entonces, algo ocurrió.
Un grito. Agudo, desgarrador y cargado del terror puro de una niña, resonó desde el pasillo continuo.
Para un humano, eso de por si se habría considerado una gran distracción si sucediera en un momento tan importante como este. Pero para Kira, quien tenía oídos hipersensibles, fue terrible e imposible de ignorar, haciendo así que ella titubeara y se distrajera, girando la cabeza hacia la fuente de sonido casi por instinto y perdiendo el enfoque por una fracción de segundo.
Fue el error más estúpido de su corta vida.
Su bota no encontró piedra firme al aterrizar, sino los restos metálicos e irregulares de una armadura destrozada. Su tobillo cedió brutalmente. Kira perdió el equilibrio en el aire y se estrelló contra el suelo duro.
Los cristales resbalaron inútilmente de sus dedos.
Intentó rodar, intentó recuperar el aire, pero el piso tembló bajo su espalda, y la inmensa sombra del gigante gris la engulló por completo.
Si lograra desestabilizarlo, o mejor aún, tirarlo al piso, eso le daría el tiempo suficiente para tomar a Alex y correr lejos, hasta que pudieran pensar en otra cosa.
Y sí. Buscaría rescatar a Alex también. ¿Bromeas? Dejarlo solo allí, tirado entre las rocas del muro y encorvado como un camarón no serviría para nada más que dejar que se convierta en comida o un cadáver.
Pero ahora, ni mucho menos rescatar a alguien más, ni siquiera podría salvarse a sí misma.
El pasillo ahora estaba lleno de polvo, debido a los repetidos golpes fallidos del gigante. Ella giró en el piso para evitar otro golpe de aquella masa contra el piso, que destrozó las baldosas nuevamente y la cegó momentáneamente, debido al estallido de polvo que rodeaba el piso por aquella explosión.
Alzó la vista, jadeando impotente. El Troll ahora estaba sobre ella, el enorme garrote de madera alzado en lo alto, listo para descender. La sonrisa de Kira desapareció de golpe, reemplazada por la fría y cruda certeza de que, si esa cosa baja, sería su fin. La harían papilla.
Pero de repente, una ligera ola de calor atravesó el lugar, al mismo tiempo en que parpadearon las luces de las antorchas. Y pronto, una serie de sonidos, como de escombros moviéndose, llamaron su atención, puesto que estos sonidos venían de la dirección desde donde estaba tirado Alex.
A través del polvo, Kira creyó verlo ponerse de pie, apoyándose con el codo de un brazo que claramente parecía roto, contra la pared. La temperatura parecía aumentar, mientras que ella, con sus oídos hipersensibles, lograba captar sonidos como de huesos y articulaciones crujiendo, a medida que esa sombra se elevaba y se ponía de pie.
A medida que el humo iba disminuyendo, ella pudo ver de forma más clara la cara de Alex, pero algo parecía estar mal con él. Sus ojos parecían mirar hacia la nada, desenfocados. Y su mirada, inexpresiva, no transmitía el dolor que debería estar sintiendo actualmente.
El monstruo, claramente ignorante de la temperatura en constante aumento a su alrededor, siguió avanzando hacia ella, haciéndola retroceder rápidamente, empujando con ella los escombros del piso.
Con un movimiento rápido, intentó ponerse de pie. Y a pesar de que su tobillo pareció no querer cooperar, lo logró con algo de dificultad, y quejándose un poco por el dolor.
Pero, mientras se retiraba hacia atrás con su tobillo destrozado, un brillo creciente de luz, y la fuente actual de calor, llamó su atención.
El calor ya no parecía estar esparciéndose por todas partes, sino que parecía converger y concentrarse en esa esfera, que cada vez que crecía hasta el tamaño de un balón de baloncesto, se comprimía hasta alcanzar el tamaño de un meñique.
Esto sucedió en un proceso lento pero constante a lo largo de esos segundos.
Presintiendo que esto comenzaba a ponerse peligroso, Kira actuó decididamente con el objetivo de situarse detrás de Alex. Sintiendo de forma instintiva que esa zona sería segura, o al menos mucho más segura que la zona de impacto de lo que sea que fuera aquello en lo que estaba trabajando Alex.
Sin dudar en este momento y con una expresión seria, Kira tomó nuevamente un montón de vidrios del suelo, esperó a que el monstruo gris se acercara lo suficiente, mientras intentaba hacer un golpe lateral, barriendo de izquierda a derecha, con aquel tronco de árbol.
Cuando el ataque estaba a punto de golpearla, ella se agachó, evitando eficazmente el barrido lateral, y con toda la fuerza que pudieron reunir sus brazos, apuntó y lanzó todos los trozos de vidrio que sostenía actualmente en sus dos manos.
El troll, con un rugido molesto, retrocedió un par de pasos de forma torpe, rugiendo adolorido.
Eso le dio la oportunidad que buscaba, corriendo con todas sus fuerzas hacia el lado de Alex, ignorando las muecas que hacía por el dolor de su tobillo evidentemente roto.
Frente a Alex, la esfera de color naranja seguía creciendo y comprimiendo se constantemente. Con el pasar del tiempo, alcanzando una temperatura que pasó de incomodar, a empezar a doler, haciendo que ella comenzara a situarse detrás de él, donde parecía haber una especie de “zona segura” donde aunque, aún era muy caluroso e incómodo, no la lastimaba.
Habían pasado más de 15 segundos, que ella supiera al menos, en que esa esfera había estado creciendo y comprimiéndose.
Sus colores, antes anaranjados, se fueron aclarando poco a poco, avanzando lentamente primero a un color más amarillento, que luego tendió a blanco, y que, lenta pero constantemente, iba adquiriendo un color celeste azulado.
Kira volteó para mirar a Alex, pero este no desvió su mirada de enfrente. O sería más preciso decir que no parecía ser capaz de hacer eso, siendo una extraña experiencia visual el observar a alguien altamente concentrado, pero que parecía como si estuviera a punto de desmayarse.
*** Imagen de referencia al final del capítulo ***
Con cada segundo que ella pasó a su lado, este parecía aumentar sus tambaleos poco a poco, como si el mero hecho de estar de pie fuese un esfuerzo alucinante para él.
Ella quería ayudarlo a mantenerse de pie al principio, pero se veía tan concentrado en lo que hacía, que ella temía que, si lo distraía, esa cosa que aumentaba su temperatura constantemente pudiera estallarles en la cara, ahorrándole el trabajo al troll y matándolos en el acto. O al menos a Alex, que ahora parecía totalmente agotado, como si estuviera gastando hasta el último ápice de sus energías.
Ahora que lo veía con más detenimiento, le sangraba la frente, tenía los dientes apretados y la ropa desgarrada en algunas partes. Lo curioso era que, con el pasar del tiempo, el calor que ella sentía iba disminuyendo lentamente, pero la temperatura en el ambiente en sí no parecía disminuir.
Era como si pasara cerca de ella, pero ¿se desviara? Era confuso de explicar. Para cuando se dio cuenta, La esfera ya había alcanzado tonos celestes, Y Alex ahora se encontraba sosteniendo la esfera en su mano.
Para cuando se giró a vigilar la situación del troll nuevamente, este ya había terminado de frotarse los ojos con una de sus grandes y torpes manos, y de destrozar y azotar cosas al azar. Dejando como víctimas a un par de cuadros inocentes que se encontraban cerca, y dejándolos sin hogar de forma temporal.
Frente a ella, el tembloroso brazo de Alex se extendió, con la esfera celeste flotando frente a su palma. Y, con un bramido sordo y presurizado, la esfera celeste salió disparada, rasgando el aire a su paso.
Desde su posición, Kira observó con aprehensión como el aire se distorsionaba y los restos de madera, desprendidos de los cuadros rotos, se prendieron en llamas a su paso.
El troll, aún terminando de orientarse y parpadeando luego de los repetidos ataques a sus ojos, no pudo evitar el ataque. La esfera impactó en el inmenso pecho gris del troll, pero contrario a lo que Kira creía que pasaría, la luz azul no estalló, sino que comenzó a hundirse en la gruesa piel del troll, derritiéndola.
Pasaron dos segundos. Dos largos e interminables segundos. En los cuales, gritos de agonía se escuchaban, mientras un siseo asqueroso de carne friéndose llenaba el pasillo.
Solo ese tiempo bastó para que el gigante bajara las manos, mirara la luz que salía de su torso e intentara levantar las manos para arrancársela del pecho, mientras seguía gimiendo y dando alaridos agonizantes de dolor.
Pero justo cuando el gigante intentó llevarse las manos al pecho, algo sucedió.
El alarido del troll fue cortado de tajo por un estallido sordo, se escuchó, seguido rápidamente de un sonido húmedo, crujiente y profundamente asqueroso, que retumbó en los sensibles oídos de la niña lobo.
El pecho del gigante reventó violentamente hacia afuera, arrojando pedazos de músculo cocido por el pasillo. En el torso del monstruo, quedó grabado un agujero del tamaño de un melón, completamente negro, carbonizado y sin una sola gota de sangre.
El denso hedor comenzó a esparcirse, golpeando la nariz de Kira, causándole asco y un poco de nauseas.
Soltando un gorgoteo ahogado, las gruesas piernas del troll cedieron, y se desplomó de espaldas. En ese mismo instante, Alex finalmente no pudo soportarlo más y cayó de bruces contra la piedra, como una marioneta a la que le hubieran cortado los hilos.
Kira se acercó de un salto a revisar su situación, solo para verlo ya inconsciente, esta vez siendo mucho más consciente de la cantidad de sangre que se había derramado por su frente. Y un toque de pánico se asentó en ella.
Sabía que esconderse era inútil. Sus agudos oídos ya podían escuchar pasos y gritos de niños no muy lejos, pero no tenía tiempo.
Alex estaba herido, o quizás algo peor. Necesitaba un medico ahora mismo, y la una opción que tenía era cruzar el castillo, dirigiéndose directamente hacia la enfermería.
Ignorando la agonía de su tobillo, Kira soltó el control y dejó que el instinto bestial reclamara su cuerpo. Sus huesos cambiaron de forma, mientras su carne se reordenaba y crecía, hasta convertirse en un imponente lobo oscuro de un metro sesenta de altura.
Con una delicadeza que desafiaba su oscuro aspecto y largos colmillos, sus grandes fauces atraparon las gruesas capas de la ropa de Alex a la altura del pecho, desde la parte de atrás.
Lo levantó del suelo, y el cuerpo de su compañero quedó colgando seguro, a unos veinte centímetros del piso, balanceándose como una cría y evitando así que su cuerpo dañado rebotara contra alguna superficie.
Kira se impulsó a cuatro patas, dispuesta a cruzar el pasillo, ahora calcinado, a toda velocidad en dirección de la enfermería. Pero apenas alcanzó a avanzar un par de metros cuando el sonido de múltiples pisadas y túnicas ondeando inundó el extremo opuesto del corredor.
Kira frenó en seco, deslizando sus garras sobre la piedra humeante, forzada a entrecerrar los ojos ante la potente luz blanca que venía desde esa dirección.
Allí se encontraba el director Dumbledore, junto a un grupo de profesores que emergieron del humo. No estaban todos, probablemente el resto se encontraban dispersos rastreando aquel otro grito a lo lejos, pero los presentes bastaban. Algunos ya alzaban sus varitas, otros simplemente la observaban con vigilancia letal, habiendo comenzado a desplegarse para rodearla.
Decenas de ojos algunos asombrados y otros cautelosos, se encontraban ahora frente a ella. Varias puntas mágicas brillantes apuntaban ahora directamente a la cara de la bestia, bloqueando cualquier posibilidad de escape y arrinconándola contra la pared de piedra.
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– Imagen de referencia del Troll:
https://imgur.com/gallery/troll-imagen-de-referencia-oVcjkWB
– Imagen de referencia de Alex (ataque):
https://imgur.com/gallery/cap-32-imagen-de-referecia-JXto8oH
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