Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Lazos de Sombra y Llama. - Capítulo 34

  1. Inicio
  2. Lazos de Sombra y Llama.
  3. Capítulo 34 - Capítulo 34: Capítulo 34: Brillando como una estrella
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 34: Capítulo 34: Brillando como una estrella

Kira cruzó las puertas de la enfermería, con la respiración algo agitada, aguantando el peso de su joven compañero con sus fuertes mandíbulas.

La profesora Capri los seguía de cerca, abriéndose paso con una actitud más urgente que la que mostraba su alumna, y llamando la atención de la enfermera rápidamente.

Con sumo e inesperado cuidado, el gran lobo depositó al chico sobre las blancas sábanas de una de las camas, sintiendo el calor de su cuerpo al rozar con su pelaje, mientras lo estaba acomodando.

La enfermera acudió de inmediato y se abrió paso, varita en mano, lanzando un hechizo rápido sobre el pecho del niño que no parecía moverse, mientras las luces de la varita destellaban furiosamente.

Las agudas orejas de la criatura captaron un jadeo suprimido de la enfermera, mientras esta parecía interpretar algo luego de lanzar un par de hechizos sobre el niño.

Y, casi como un susurro, ella pudo escuchar la voz contenida de la enfermera.

“¿Dos corazones . . . y cada uno con 200 pulsaciones por minuto?”

“¡¿Y aumentando?!”

Kira sintió las palabras como un golpe en el estómago, nunca había oído hablar de alguien con dos corazones, pero sabía con certeza que aquello no era normal.

Y si bien no sabía exactamente cual era el promedio de velocidad que debía alcanzar un corazón con sus pulsaciones, que estuvieran en constante aumento no sonaba nada bien.

Si se concentraba lo suficiente y afinaba su oído, podía escuchar el redoble de tambores en el pecho del chico, de lo que parecían ser sus corazones. Como si fueran máquinas llevadas al límite, acelerando sin control.

Kira sospechaba que los ritmos para diferentes razas debían ser diferentes, pero sin importar cómo lo pensara, este ritmo no parecía normal.

“¿No se suponía que Alex era simplemente un tipo normal que a veces podría lanzar un poco de fuego?” Se dijo para sus adentros.

El ritmo de los corazones pronto se había convertido en un zumbido constante, una vibración que le transmitió una sensación de incomodidad a Kira desde la nuca hasta la cola.

Y entonces llegó el calor.

De repente, una ola de calor crudo y sofocante comenzó a brotar de los poros de Alex, golpeando a madame Pomfrey directamente, quien retrocedió tosiendo por la sorpresa.

Al ver que las pulsaciones del corazón del niño saltaban de 200 a casi 400 pulsaciones por minuto, se dirigió rápidamente hacia su despacho privado, como impulsada por la urgencia.

Los finos oídos de la loba la escucharon murmurar frenéticamente mientras se iba sobre brebaje para dormir sin sueños, ungüento naranja y algo sobre filtro refrigerante.

Los zumbidos rápidos de los corazones latiendo pronto volvieron a acelerar, casi duplicando su velocidad nuevamente.

Desde el rincón al que la había mandado la enfermera antes de irse, Kira observó a la profesora Capri. La mujer que solía irradiar una afabilidad entusiasta y que, ahora se erguía como la profesora que era, más imponente que nunca

Al ver huir a la enfermera hacia su despacho, la profesora había girado sobre sus talones con urgencia. Kira no creyó en ningún momento que su profesora estuviera huyendo, porque, de hecho, parecía bastante decidida en ese momento.

Si tuviera que adivinar, pensó que bien podría haber ido a buscar algo o a alguien que pudiera ayudar. Quizas incluso al director.

Antes de que aquella mujer cruzara el umbral y se dirigiera hacia alguna parte, la mujer se detuvo y clavó sus ojos en ella y se posó levemente en la camilla frente a ellos.

Proyectando un aura serena, pero a la vez firme, como si le dijera “Quedate y vigílalo”.

No hubo necesidad de palabras, así que, luego de un asentimiento de parte de su alumna que seguía en forma de animal, la profesora finalmente cruzó el umbral y se perdió en la penumbra.

Ahora, a solas con el chico inconsciente, Kira notó que la “inactividad” que el niño había mostrado hasta ahora se había roto.

El aire de la enfermería pareció volverse más denso de golpe, impregnándole el paladar con un sabor punzante, como si estuviera saboreando hierro crudo y electricidad. Como lamer los dos polos de una batería.

Junto con ello, un olor frío y agudo inundó la enfermería, idéntico al que se Sentía cuando estalla una tormenta, agobiando el leve rastro de olor estéril que mantenía el ala médica.

Kira retrocedió, lagrimeando, mientras la estática en el ambiente le hacía cosquillas en el pelaje.

El ambiente pronto se cargó con una estática pesada y antinatural, haciendo que ella sintiera un cosquilleo cruzar a lo largo de su pelaje, desde la nuca hasta la cola.

Sintiendo en tiempo real cada pelo de su cuerpo erizarse para luego esponjarse, mientras sus orejas comenzaban a bajar, acercándose hacia su cráneo.

Y entonces vio la luz.

Un resplandor dorado comenzó a brillar bajo la piel de su compañero, comenzando a partir de sus manos. Viéndose como si viniera desde adentro de su cuerpo, saliendo de sus venas o incluso de sus huesos.

A medida que pasaba el tiempo, el sofocante aroma y la carga en el ambiente se volvían cada vez más agresivos, con la luz ahora abarcando todo su cuerpo, dando una curiosa imagen de como si se estuviera desvaneciendo.

La energía creció con ferocidad, aumentando a un ritmo que pronto la hizo volverse casi cegadora.

A pesar de estar inconsciente, el ceño del niño parecía de alguna manera estar más fruncido que antes. Sus párpados parecían temblar y sus dedos, al igual que su cuerpo, parecían curvarse levemente de forma antinatural.

Kira sintió que Alex iba a explotar si seguía a este ritmo, y el calor sofocante que acompañaba a la luz no hacía más que justificar sus sospechas.

Así, sintiendo el peligro, kira siguió retrocediendo hasta que chocó con la cama de enfrente, haciendo que un gruñido involuntario abandonara su garganta.

En un instante, el resplandor de luz dorada alrededor de la piel de Alex había crecido, pasando de ser leves motas de luz que escapaban de sus poros, para luego convertirse en grandes zonas que rodeaban la piel visible de sus manos y cabeza, cuando de repente, se convirtieron en pilares de luz que estallaban hacia afuera.

Las columnas de luz brotaban violentamente desde las mangas y el cuello de su ropa, mientras su espalda parecía curvarse aún más.

Y entonces . . . Parpadeó.

La luz centelló Una vez, dos veces, como un televisor con mala señal.

Y luego, como una llama a la que le quitan el aire, el dorado violento que lo rodeaba se detuvo en seco, primero deteniéndose un instante y finalmente colapsando hacia adentro de golpe, y con su cuerpo comenzando a relajarse con su desaparición.

Haciendo que el proceso por el que el niño estaba pasando durara tan solo unos momentos desde que había comenzado a brillar como pilares de luz hasta su colapso.

Kira abrió los ojos completamente y vio que la luz estaba casi muerta, aferrándose desesperadamente a la existencia y manteniéndose con un muy leve brillo alrededor de la piel de Alex, que parecía disminuir su grosor con cada segundo que pasaba.

Lo extraño de todo esto, era que a pesar de no ser tan alto como antes, el calor no pareció desaparecer del ambiente.

Y cuando Kira ya no sabía qué más debía esperar, algo más comenzó a brillar y brotar de él.

Al igual que antes, los resplandores parecían salir de cada parte de piel visible, con la luz rodeando sus manos, de las heridas cerca de su pecho, su cuello y su cara.

Haciendo que el proceso se viera casi exactamente igual, pero con una clara diferencia. El resplandor era blanco.

Aunque, echando una segunda mirada y prestando más atención, también notó que este último se comportaba diferente de otras formas.

Kira inhaló profundamente y percibió que el olor ozono y electricidad casi había desaparecido. En cambio, ahora podría percibirse un olor más ¿calido?

Era un poco confuso.

No era algo ajeno, era un olor que siempre había estado con él, pero que por alguna razón no había notado antes.

Ella pudo ver cómo las heridas se cerraban de forma clara y visible, con los hematomas de color violáceo desvaneciéndose y la piel volviendo a su estado original.

Sus huesos, produciendo los crujidos más leves, parecían reordenarse, elevando así un poco el pecho antes levemente hundido de Alex y enderezando el brazo que antes se encontraba suave.

Tal vez fue por lo confuso de la situación, o porque no había prestado suficiente atención, pero al parecer no se había dado cuenta de que su compañero tuviera hundido el pecho.

La luz blanca aumentó su volumen rápidamente, tal y como había sucedido con la dorada hace apenas unos instantes.

Y luego de unos segundos que a Kira le parecieron eternos, de estar brillando intensamente alrededor de su cuerpo y brotando como blancos pilares de luz, esta fue disminuyendo lentamente, hasta que poco a poco se desvaneció.

Kira pensó que tal vez fue su imaginación, pero le pareció ver leves luces y arcos dorados, parpadeando a lo largo de la vasta luz blanca que ahora se desvanecía lentamente pero de forma claramente visible.

Alex ahora yacía inmóvil en la cama, con su pecho subiendo y bajando con lentitud. Vivo, estable y entero.

La enfermera regresó con un maletín en las manos, justo cuando la luz blanca comenzaba a desvanecerse.

Y con su llegada, la nariz de Kira se vió atrapada nuevamente por aquel olor a hierbas y antiséptico, características de la enfermería.

Al levantar la mirada, Pomfrey se detuvo en seco. Sus ojos posandose en la cama con sorpresa, como si no pudiera creerlo.

“Esta…estable” se dijo como para si misma la mujer mayor, mientras seguía mirando la cama, donde las ultimas heridas cerraban y los hueso volvían a su lugar.

✦ ° • ✦ ° • ✦

“Eso fue inesperado” escuchó Kira, proveniente de una voz con tono relajado proveniente de las puertas de la enfermería.

Acababan de llegar los profesores, y no sólo ellos.

Dumbledore cruzó el umbral, proyectando esa aura de calma que siempre parecía transmitir y que contrastaba de forma bastante marcada con los otros profesores que parecían cansados, aprensivos e incluso irritados.

Snape lo seguía de cerca, arrastrando su larga túnica negra y con una furia fría que parecía casi impresa en su rostro.

También parecía tener olor a baba de perro proveniente de una pierna con la que ahora parecía cojear.

Al parecer y muy probablemente, lo había mordido un perro en algún punto del tiempo en que los grupos se separaron hasta llegar aquí.

Siguiendo de cerca al llamativamente vestido director y al palido profesor vestido de negro, se encontraba nuevamente la profesora con mirada seria y ceño fruncido, que usaba vestido verde y gafas, entrando con paso decidido a la enfermería.

Pero esta vez los acompañaban una profesora bajita y regordeta con olor a plantas, seguida de un profesor extremadamente bajo, que apenas parecía llegar a la cintura de un adulto y que caminaba con pasos rapidos.

Y al final de la fila, se encontraba siguiendolos de cerca una mujer alta, de aire imponente y elegante, que claramente desentonaba entre aquel grupo de personas.

Y al parecer, no habiendo destacado suficiente, era, facilmente, la más alta del grupo. Incluso siendo más alta que el director.

Su vestido era formal, acompañado de un abrigo largo, y con un característico cabello rubio platinado.

Su apariencia, entre aquel grupo de gente vestidos con tunicas y sombreros puntiagudos, era la más normal, y en cierta forma, la más rara.

Con pasos rígidos y constantes, fue la última en entrar antes de que se cerraran las puertas de la enfermería.

La enfermera, captando la entrada masiva de gente, volteó a verlos y mientras cargaba un maletín, se acercó directamente a la figura que lideraba al grupo.

Kira permaneció en su lugar, viendo como los adultos solo le echaban un leve vistazo, solo para luego ignorar su presencia, concentrándose enteramente en la enfermera y en el cuerpo del chico.

“¡Albus! Gracias al cielo que llegaste… No sé qué está pasando.” Dijo sin detenerse. “¡El niño tiene dos corazones! Nunca había visto algo igual en toda mi vida”

“No solo eso Albus, su sistema interno es tan similar, pero tan diferente” Continuó hablando desquitándose la alterada enfermera.

“He visto muchos alumnos diferentes en los últimos años, pero la mayoría de ellos eran casi iguales a los magos y muggles comunes. Es la primera vez que me topo con un caso así”

Al terminar su frase, finalmente ella respiró hondo y se detuvo un par de segundos, solo para seguir hablando, esta vez de forma más calmada.

“Su pulso alcanzó velocidades que deberían haberle detenido el corazón, y luego de la nada, cuando volví con pociones de mi despacho, estaba brillando y expulsando energía desde cada poro de su piel”

“Pero ahora está muy estable, con las heridas curadas, como si nada hubiera pasado” dijo ella, continuando esta vez con un tono cansado y casi derrotado. “No se que hacer Albus”

Los profesores se acercaron a ella y comenzaron a hablar, realizando preguntas tales como el qué había sucedido, o cómo se encontraba actualmente el niño.

El viejo director, con calma y en silencio se acercó a la cama, y Kira notó cómo las heridas y la sangre que antes se extendían a lo largo del cuerpo del chico ya no se encontraban alli, como si nada hubiera pasado.

Pero sus ojos no se apartaron del chico. Como si esperara que algo más sucediera.

Snape fue el primero en acercarse después del director y su varita trazó círculos en el aire, escaneando desde la distancia.

Kira escuchó el leve pero inconfundible zumbido de la magia surgiendo de la varita y chocando contra la piel de Alex.

El profesor de pociones frunció el ceño. Una vez. Dos veces.

“Su firma mágica es irregular” dijo en voz baja.

“Hay dos firmas. Una que parece ser ‘mágica’. La otra… no lo es.” Dijo en tono de sentencia, intercambiando una mirada fija con el director por un par de segundos.

Dumbledore no respondió de inmediato.

Sus ojos azules se clavaron en el rostro plácido y dormido del chico, observando la respiración rítmica y calmada que contrastaba con todo el caos previo.

El director no hizo el menor ademán de acercarse para examinarlo físicamente, en cambio, opto por mantenerse en calma, antes de responderle al ya molesto profesor que tenía a su lado.

“La magia, Severus, a menudo toma caminos que nuestras mentes aún no alcanzan a comprender” respondió finalmente Dumbledore, con una calma imperturbable.

Snape apretó la mandíbula, su varita aún en alto, visiblemente irritado por la evasiva del anciano.

El maestro de pociones retrocedió medio paso, claramente irritado, mientras el anciano director se volvía hacia la madame Pomfrey, hablando sin levantar la voz, pero con un tono que no admitía discusión.

“El cuerpo del joven Thorne actualmente esta pasando por un proceso, que si bien no entiendo del todo, me hace llegar a una conclusión. No debe ser tocado ni perturbado bajo ninguna circunstancia.”

Y, con un tono más calmado, siguió hablando. “Recomiendo dejar que se despierte de forma natural … por su propia cuenta.” Finalizó, haciendo una pausa que a Kira se le hizo innecesariamente dramática y misteriosa.

Aunque no se inmutó, debido a que con el tiempo, ya se había ido acostumbrando a lo dramaticos y teatrales que pueden ser los magos en general.

Ante las palabras del anciano, la enfermera asintió, acercado levemente su maletín contra su pecho.

“Ni siquiera he tenido tiempo de hacer algo, Albus” murmuró la enfermera, más para si misma que para los demás. “Volví de mi despacho y… ya estaba así, brillando y como si su cuerpo hubiera sanado solo.

Su voz temblando levemente, con una mezcla de alivio y algo que Kira reconoció como impotencia.

En ese instante, la mujer más alta del grupo dio un paso al frente, la tela de su abrigo largo rozando el suelo con elegancia.

“Como jefa de la casa Corvus, me haré cargo de la supervisión de mi alumno a partir de este momento” sentenció ella, con un tono que no parecía admitir réplica.

Su mirada helada cruzando un instante con la de Snape, mientras daba un par de pasos, posicionandose finalmente entre el niño y el molesto profesor de pelo negro.

Dumbledore asintió en silencio, aparentemente estando de acuerdo con ella sin dudarlo. “Naturalmente, eso es lo que haremos.” Dijo calmadamente.

El director se volvió hacia los profesores reunidos y les habló. “Recomiendo que la enfermería permanezca cerrada hasta nuevo aviso.”

“Tanto para dejar al joven Alexander descansar tranquilamente hasta que se despierte, como para también tener tiempo de reparar los daños que sufrió la enfermería a causa de este inesperado evento.”

Solo en ese momento, toda la gente pareció prestar con detenimiento atención a aquellos detalles, que si bien habían notado, probablemente ignoraron por la distracción y todo el caos reciente.

El armazón de hierro de la cama, había quedado marcado con tonos iridiscentes en varias zonas.

Mientras que tanto alrededor de su cabeza como de sus brazos parecían mostrar la leve silueta quemada de Alex, marcando así tanto las sábanas como la almohada cercanas.

Una cicatriz trepaba por la pared detrás de la cama y la cortina médica cercana tenía los bordes recogidos y quemados.

El director se volvió hacia los profesores, y sus ojos azules volvieron a brillar con esa luz que Kira ahora reconocía era usado para asuntos importantes o para decisiones de no admitian dudas ni discusión.

“Ningún estudiante sabrá lo que sucedió esta noche. Ningún alumno, fantasma o retrato.”

“Esperaremos a que el joven Alexander se despierte. Pero hasta ese momento, mantendremos silencio sobre este asunto.” Concluyó finalmente el barbudo director, adoptando nuevamente esa expresión calmada e incluso apacible que solía mantener todo el tiempo.

Antes de dar el primer paso hacia la salida, Dumbledore se detuvo. Sus ojos azules barrieron la enfermería una vez más, deteniéndose en la cama donde Alex yacía inmóvil.

Las sábanas estaban quemadas. El armazón de hierro mostraba tonos iridiscentes que se movían como aceite sobre agua. Una cicatriz negra trepaba por la pared detrás de la cama.

“Un momento”, murmuró.

Levantó su varita. Un movimiento circular. Limpio. Preciso.

Las sábanas quemadas se volvieron blancas como la nieve. La almohada se restauró. Los bordes de la cortina se desenrollaron y recuperaron su tela intacta.

Pero las marcas persistieron.

El metal iridiscente seguía allí, brillando con luz propia. La cicatriz en la pared no se movió, trepando por el yeso como una vid negra e inamovible.

Dumbledore bajó la varita. Sus ojos azules parpadearon una vez.

Dos veces.

“Interesante”, dijo en voz baja. Casi para sí mismo.

Snape, desde la puerta, lo observó con el ceño fruncido. “¿Albus?”

El director se volvió. Su expresión era calma, pero algo en sus ojos había cambiado.

“Nada, Severus. Algunas cosas… no están hechas para ser deshechas.”

Dumbledore hizo un gesto con la mano y los profesores comenzaron a salir, uno tras otro. La mujer de olor a plantas, la profesora de vestido verde, el hombre diminuto. Varios de ellos lanzando una última mirada hacia la cama antes de cruzar el umbral.

Snape fue el último en moverse. Se detuvo en el umbral, su túnica negra ondeando levemente, y miró hacia atrás.

“Si despierta”, dijo, sin dirigirse a nadie en particular. “Notifiquenme de inmediato.”

El sonido de sus zapatos y su cojera se desvanecieron en la distancia por el pasillo, llevándose consigo el ahora tenue olor a saliva de perro que Kira aún podía captar.

Las puertas se cerraron tras de él con un golpe sordo.

De principio a fin, Kira no había visto a la profesora Capri. Supuso que no la habían dejado venir, o que tenía otros asuntos que atender en estos momentos.

La enfermera Pomfrey comenzó a limpiar en silencio, haciendo que se escucharan frascos tintinear y sabanas acomodandose.

La enfermería quedó en silencio unos momentos, con solo el sonido de la enfermera moviéndose de un lado a otro y la respiración lenta y constante de Alex.

No fue hasta el regreso de la alta y elegante profesora del grupo anterior que el silencio se rompió.

“Kira, por favor acércate. Quiero hablar contigo por un momento.”

Y con un deje de duda, ella se acercó.

“¿Podrías cambiar de forma y ponerte tu ropa primero?, necesitaremos algo más de asentimientos y gruñidos para conversar” dijo ella con un tono calmado y ligeramente divertido.

Parecía que, luego de estar tanto tiempo en esa forma y con la caótica situación, se le había olvidado volver a su forma humana.

Pero ella creía que no se le podía culpar. Había pasado una cosa tras otra, no dandole tiempo a su mente para siquiera poder pensar en volver a cambiar de forma.

Madame Pomfrey en ese momento suspiró, frotándose las sienes con cansancio y habló.

“Me retiraré a mi despacho. Si necesitan algo, estaré allí. Necesito un café.”

Y sin esperar respuesta, se dio la vuelta y desapareció detrás de la puerta de su oficina privada.

Quedaron solo dos figuras en la habitación.

La profesora Weems se acercó a la cama, sus pasos firmes pero no amenazantes. Se detuvo al lado de Alex y lo observó por un largo momento.

Luego, sin decir palabra, tomó una silla y la arrastró hasta el lado de la cama, donde se sentó al segundo siguiente.

Luego de cerrar las cortinas de una de las camas y cambiarse, volvió hacia la cama de Alex, donde le relató todo lo sucedido a la profesora Weems. Al menos desde su punto de vista.

.

.

.

Kira estaba sentada en la silla junto a la cama, con su ropa algo arrugada por haber estado guardada en un bolso pequeño.

No negaría que en algún momento ella pensó que su tía quizas podría haber exagerado con eso de llevar aquel bolso con ropa atado a ella todos los días, sin saltarse ninguno por si acaso, pero ahora lo agradecía.

La enfermería estaba en silencio, solo escuchandose la lenta respiración de Alex.

Weems se había ido hace unos veinte minutos, prometiendo volver luego de atender unos asuntos importantes, y pidiendole que le prestara atención hasta entonces, ante lo cual ella no se negó.

Después de todo, con la cancelación del banquete y la escolta de todos hacia sus casas, no había mucho que ella pudiera hacer, más que quedarse en su cuarto, matando el tiempo hasta quedarse dormida.

Las antorchas de la enfermería bailaban lentamente, proyectando sombras en las paredes.

El olor a ozono y electricidad habían desaparecido. Solo quedó el aroma a hiervas de la enfermera Pomfrey y… algo más.

No sabía que era, pero se sentía cómodo y cálido. Así que, sin siquiera darse cuenta, comenzó a recostarse más y más en la silla, hasta quedarse dormida.

✦ ° • ✦ ° • ✦

La oscuridad lo inundaba, no podía ver nada. Luego, tomando una profunda respiración se despertó, tomando un fuerte jalón de aire.

Sus pulmones se expandieron de golpe, y un silbido escapó de su garganta.

“¿Qué…?” Dijo, con una voz ronca.

El aire le supo raro. Demasiado rápido. Como si hubiera olvidado cómo respirar.

Algo molestaba a sus ojos. La luz. Las antorchas. Se sintieron demasiado fuertes por un momento.

Parpadeó una vez. Dos veces. Y a la tercera, sus pupilas se contrajeron.

Giró la cara hacia un lado, intentando evitar la luz que aún le molestaba. ¿Por qué le molestaba?

Intentó moverse, pero su cuerpo no le respondió como esperaba.

¿Dónde…?

No alcanzó a completar sus pensamientos. Su mente, por alguna razón, se sentía aletargada.

Sus manos se movieron sobre las sábanas, Lentas, torpes.

Las abrió. Las cerró. Los puños apretando con fuerza incierta para él.

No se sentían como sus manos. Las miró. Eran las suyas. Pero algo estaba… mal.

Una mano subió hacia su pecho. Lo tocó. Donde recordaba haber sentido dolor, ahora solo había piel lisa.

No duele… murmuró. Su voz sonó aún ronca. Más grave de lo que recordaba.

¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Qué había pasado? Los últimos recuerdos que tenía eran… borrosos. Fragmentados. Luz. Calor. ¿Dolor?

Su corazón latía. No, algo latía en su pecho. Pero se sentía… diferente. Como si su pulso estuviera ¿Descoordinado? Pero eso no podía ser ¿Descordinado con qué?

.

.

.

Un sonido lo hizo voltear. Algo se movía. Una figura se levantó de una silla, en una zona más oscura.

Kira estaba allí. Aunque diferente en algo. Quizás su ropa.

Se detuvo a unos pasos de él. Ni cerca, ni lejos.

“¿Kira…?” Dijo él, su voz siendo apenas un hilo.

Ella asintió, y no dijo nada todavía. Con sus ojos fijos en él, escaneándolo con curiosidad.

“¿Cuánto tiempo?” preguntó él.

Kira no respondió de inmediato. Aún lo observaba. Como si buscara algo en su rostro.

“Lo suficiente”, dijo finalmente. “Para que todos se fueran.”

“¿Todos…?” respondió él, sin comprender a que se refería.

“Ya sabes, los profesores, la enfermera. Todos” dijo ella, con tono desinteresado y encogiéndose de hombros.

Alex parpadeó. Tardando en procesar la información. ¿Profesores? ¿Qué profesores?

Se hizo un leve momento de silencio mientras Alex reaccionaba ante las palabras de Kira, antes de que le contestara con otra pregunta, que salió antes de que pudiera evitarlo.

“¿Qué… qué me pasó?”

Kira sostuvo su mirada un instante y luego le respondió. “Te trajimos aquí… y luego tú comenzaste a brillar como una estrella. Lanzando chispitas y todo” Dijo, mientras ponía cara pensativa, y luego afirmaba con su cabeza un par de veces al finalizar sus palabras.

Alex bajó su mirada hacia su propio pecho, y lo tocó suavemente. Recordaba… ¿recordaba algo?

…

Intentó concentrarse en sus recuerdos, buscando recabar cualquier información que pudiera recordar en su mente aún confusa. Recordaba luz… calor… ¿Estaba muriendo?

En ese momento no sabía si lo había estado. Pero si no había estado muriendo, por lo menos su cuerpo se sintió así.

Aunque ahora con su cuerpo en gran parte torpe y entumecido no le dolía tanto, aún recordaba algo de la sensación que lo cubrió en ese momento, incluso estando inconsciente.

“No me siento… diferente” dijo finalmente. “Pero algo no se siente igual.” Concluyó con un tono que transmitía confusión.

Su mano se quedó allí. Descansando sobre su pecho.

Pero ahora que estaba calmado y tenía tiempo, podía sentirlo. La sensación descordinada en su interior era real. Eran esos ¿sus latidos? ¿Por qué… parecían ser dos?

No. Eso no tenía sentido.

Una persona tenía un solo corazón, así es como funcionaba el mundo. Así que era imposible.

Pero las sensaciones que le transmitía su cuerpo no mentían. Si no resultaban ser falsas o a causa de lo confuso que se sentía el mundo ahora.

Su pecho latía a un ritmo extraño. Como si estos intentaran coordinarse, pero en el mejor de los casos consiguieran una cercanía de tiempos que los hacía sentir como si uno fuera el eco del otro, estando uno ligeramente por detrás del primero.

Kira inhaló, y Alex volvió a prestar atención al mundo exterior cuando escuchó su voz. “El olor a ozono desapareció, aunque aún queda un poco de calor” dijo ella en un murmullo bajo, pero Alex, con sus sentidos extrañamente sensibles en ese momento, pudo escucharlo.

Él no entendió las palabras, lo cual lo confundió un poco, pero no le preguntó en ese momento.

Ella pareció dudar un momento, con sus manos apretándose una contra la otra levemente. Y hablando con un tono anormalmente calmado para ella, comenzó a hablar.

“Alex…” comenzó ella. Él la miró, esperando a que continuara.

“Tienes dos corazones” dijo ella. “Lo escuché de la enfermera, y también pude oirlos personalmente.”

Solo hubo silencio, y Alex no respondió.

Sintió como si un peso finalmente cayera, haciéndolo sentir extraño. Como si ya no hubiera vuelta atrás.

Al despertar había tenido sus dudas, pero con las palabras de Kira, se había confirmado. Pero eso no era posible, porque él era humano ¿Verdad?

Sus pensamientos fueron nuevamente interrumpidos por las palabras de su compañera. Parecía que, si bien seguía sintiéndose extraño y aturdido, se había recuperado lo suficiente como para poder pensar.

“Cada uno de ellos superó las 400 pulsaciones por minuto.” Continuó ella.

La mano de él, aún sobre su pecho, pudo sentirlo. Podía sentirlos… si se concentraba.

Dos pulsaciones. Aún intentando sincronizarse, pero claramente presente.

“No… no lo entiendo”, murmuró él. “Soy… soy un humano normal. O lo era…”

Espera. Claramente nadie en este castillo era un humano normal. ¿Por qué había asumido que él sí lo era? Algo raro debía tener.

Claro, siempre había imaginado que las personas en este castillo eran personas normales con poderes. Pero dos corazones… si bien no era algo demasiado impactante, seguía descolocándolo y le costaba poder aceptarlo.

Kira lo observó un momento más. Sus ojos bajaron hacia el rostro de Alex, y entonces lo vio.

Uno de sus ojos Ahora se veía diferente, cargado de un color naranja rojizo, que de alguna forma parecía quedarle bien. El otro seguía siendo el de siempre.

Abrió la boca para mencionárselo. Pero se detuvo antes de intentarlo.

Ya había sido suficiente por un día. Y su decisión se vio fortalecida cuando volteó a ver al aún confundido Alex.

El tema del ojo podía esperar.

Así que cerró la boca y en su lugar, dijo.

“Luego brillaste, comenzaste a brillar aún más e incluso se formaron pilares de luz dorados desde tus manos y cabeza” dijo ella, continuando esta vez con una forma de hablar más rápida, haciendo señas y efectos visuales con las manos. Como intentando relajar el ambiente.

Incluyendo sonidos como ‘Swish’ ’Shíuu’ y siseos que, supuestamente, representaban la energía surgiendo desde su cuerpo.

Luego de un tiempo de hablar con ella y que esta le contara lo que sucedió –esta vez con más detalles– y con una forma de hablar más natural, comenzó a sentirse lento nuevamente.

Los párpados le pesaban, y el cansancio lo golpeó de golpe.

Mientras entrecerraba impotentemente, murmuró en voz baja. “Me voy a dormir.”

“Despiértame… si algo pasa.”

Su cabeza cayó sobre la almohada, y sus ojos finalmente se cerraron.

Antes de dormirse, pudo escuchar ambos latidos, ahora casi completamente sincronizados. Como si quisieran parecer uno solo.

Su respiración se hizo profunda y regular, perdiendo todo sentido desde ese momento.

Kira se mantuvo allí un rato más, y se acomodó en la silla una vez más. Pero esta vez no se durmió instantáneamente, sino que observó a Alex con curiosidad un tiempo, girando su cabeza hacia un lado de forma expresiva.

Finalmente, se rindió. Y acomodándose nuevamente en la silla, se dejó llevar por el tierno abrazo del sueño, en búsqueda del descanso que tanto anhelaba en ese momento.

✦•┈ᛄ⋅⋯ ⋯⋅ᛄ┈•✦

Imágenes de referencias sobre la nueva apariencia en el siguiente link.

https://imgur.com/a/alex-imagen-ref-post-brillando-como-una-estrella-Ttm5Rsq

¡Alerta de Spoiler!

(No sé si cuenta como uno, pero mejor que sobre a que falte)

En caso de querer comprender mejor como sucede este suceso pueden buscar la regeneración de un señor del tiempo de doctor who.

A mí en especial me gusta la siguiente (Minuto 2 en adelante):

https://www.youtube.com/watch?v=ZGKfY7VTlQ4

Pero así como esta funciona, pueden buscar la de cualquier otro doctor, desde el noveno en adelante.

✦•┈ᛄ⋅⋯ ⋯⋅ᛄ┈•✦

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo