Lazos de Sombra y Llama. - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 Una compañera indeseada
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8: Capítulo 8: Una compañera indeseada 8: Capítulo 8: Una compañera indeseada Capítulo 8 Una compañera indeseada Al entrar a la destartalada tienda se pudo escuchar el sonido de una campana en la parte superior de la puerta.
Alex se encontró observando la gran cantidad de cajas en las estanterías, que, de alguna manera, parecían no tener fin.
A pesar de todo, la tienda se veía bastante vacía y tanto su tamaño como la cantidad de objetos no hacían más que aumentar la sensación de vacío en el lugar.
Haciéndolo parecer un lugar abandonado, a pesar de saber que no es así, puesto que acababa de ver gente salir de esta tienda.
Debería haber alguien en alguna parte, ¿no?
El interior de la tienda era mucho más grande de lo que se podía vislumbrar desde el exterior.
Mientras se encontraba observando las estanterías frente a él, comenzó a sentir algo extraño, como si lo observaran.
✦ ° • ✦ ° • ✦ Años de estar solo lo habían vuelto un poco paranoico, aunque el prefería llamarlo “instintos de supervivencia” o “estar más atento”.
Dejando de lado si el termino era correcto o no, era cierto que esto le había sido muy útil a lo largo de los años.
Ya sea que lo emboscaran cuando estaba distraído, o si simplemente alguien quería quitarle su merienda mientras no estaba mirando, este “presentimiento” le había sido bastante útil.
Esto era una mescla de muchas cosas, pero principalmente se trataba de un sentido espacial dotado; no necesariamente teniendo la precisión para aprovecharlo, pero con un mejor conocimiento de lo que se encuentra en su campo de visión, permitiéndole captar movimientos que puedan suceder incluso en su visión periférica.
Pero esta ligera mejora visual no es donde radica la diferencia.
El cambio que permite aprovechar esta buena visión, es su punto de vista casi paranoico de su entorno.
A lo largo de los años se encontró con el problema de no saber que sucederá al momento siguiente.
Claro, considerando su condición de huérfano y el hecho de literalmente no saber que sucederá mañana, lo volvieron desconfiado.
Ante la ausencia de atención desde pequeño y una muestra de que el mundo no es color de rosa, la mente del niño se quebró fácilmente, pero eso no significa que se convirtiera en alguien más frágil, al contrario, esto lo hizo alguien desconfiado y terco.
¿No sabes en quién confiar?
No confíes en nadie y todo queda solucionado.
¿No sabes que pasará al momento siguiente?
No te preocupes por ello.
Esta mentalidad había logrado alejarlo aún más de la gente, pero lo cierto es que el no veía problemas con esa mentalidad.
Ahora, podrías pensar que esto no es sano para un niño de su edad, pero si él te escuchara, te mandaría al demonio, aunque no necesariamente te lo diría, no tendría miedo de hacerlo.
Alex podría decirte muchas cosas sobre porque creía que esta mentalidad era útil, partiendo por no tener que preocuparse por el pasado ni por el futuro, aprendiendo de ellos claro.
Este tipo de mentalidad también lo alentaba a tomar lo que creía la mejor decisión con la información que tenía en ese momento.
El sabía que no todas sus decisiones dieron los resultados que deseaba, pero creía que, habiendo hecho lo mejor que pudo con las capacidades que tenía en ese momento, no había nada de que arrepentirse.
No se despreciaría ni se arrepentiría, o como el diría, se respetaba demasiado como para hacer eso.
Sabía que existirían mejores decisiones, mejores resultados, pero también pensaba que siempre existiría algo mejor.
A pesar de todo Alex si tenía atisbos de los pensamientos de un niño de su edad.
A veces se permitía fantasear, y con el tiempo, eso terminó forjando una creencia de que quizás, existiría algo más allá.
Y si alguien cree haber llegado al límite de algo, solo lo hace por falta de conocimiento o por arrogancia incompetente.
En el fondo, Alex tenía la esperanza de algún día alcanzar ese “más allá” y deseaba que el mundo fuera infinido, para así poder tener innumerables cosas por descubrir, pues, a pesar de que nunca lo diría ni lo admitiría ante nadie, por el momento, él no quería morir.
Pero no buscaba vivir por siempre, era un ciclo constante de deseos y creencias que se retroalimentaban.
Quería un mundo interminable para tener mucho por descubrir.
A su vez, para poder permitirse ver todas estas maravillas que podría ofrecerle el mundo, ya sea que le gustaran o no, necesitaría vivir mucho tiempo, quizás infinitamente.
Pero estos pensamientos eran algo demasiado lejano, por ahora, solo tendría que centrarse en tener algo para comer al día siguiente, y si sobraba tiempo, tal vez explorar algo de este “nuevo mundo” que acababa de descubrir.
✦ ° • ✦ ° • ✦ Dejando de lado esos pensamientos que sucedieron en un instante, giró la cabeza de golpe, aunque no conocía el entorno ni sabía que era lo que lo hacía sentir observado, Alex pensaba sinceramente que prepararse era mucho mejor que no hacerlo.
Aunque no por eso iba a saltar hacia atrás o echarse a correr, era paranoico, pero no tanto.
Por ahora el pararía y observaría.
Una vez con ese pensamiento claro, se quedo mirando al lugar desde donde sintió la mirada.
Sus presentimientos no tardaron en ser correspondidos cuando pudo vislumbrar una sombra que no era una sombra, la cual poco a poco fue aclarándose y transformándose en un hombre anciano.
Este anciano tenia ojos plateados y piel pálida, parecía bastante viejo, pero aún así, sus ojos y expresiones parecían acostumbrados a tener un brillo de diversión y, por sus acciones de esconderse detrás de un cliente, un niño de once años nada menos, Alex creía que sus pensamientos eran acertados.
“Estás bastante atento jovencito” dijo el anciano y luego continuó “mi nombre es Garrick Ollivander, dueño de esta humilde tienda y me pregunto, si podría complacer a este viejo y responder ¿Cuál sería su nombre?” dijo el viejo dueño de la tienda, impasible ante su fallido intento de sorprender al niño, como si nunca hubiera pasado.
“Alexander Thorne” respondió de forma corta y cautelosa.
Este viejo no solo había tratado de esconderse detrás de él, sino que ahora incluso se atrevía a fingir que nada había sucedido.
✦ ° • ✦ ° • ✦ Esto no era algo necesariamente importante para Alex, pero si serviría para catalogar a este anciano como un vicho raro impredecible o alguien a quien le gusta parecer misterioso.
Cualquiera que sea el caso, no cambiaba el hecho de que esa actitud no le gustaba.
Usualmente, los que querían parecer misteriosos solían ser aquellos que creían controlar todo, o que, se sentían cómodos manejando las cosas de forma indirecta, usualmente mediante manipulación.
No creía que la manipulación fuera mala, al contrario, Alex pensaba que esto servía mucho en algunos casos.
Pero también podrías encontrar a Alex trazando una gran línea divisoria entre estos casos aislados, y aquellos que pasaban su vida entera manipulando, sintiéndose cómodos en sus posiciones.
Alex, a pesar de no soler tachar cosas como buenas o malas, no necesariamente las incluía en su lista de acciones.
En un entorno ideal, el preferiría resolver las cosas de forma directa y de ser posible, sin intervención de nadie más.
Pero también tenía que aceptar que, no siempre podía hacerlo todo solo, pues él no lo sabía todo, y aunque lo supiera, no significaría que también tuviera la habilidad para hacer las cosas por su cuenta.
Podría robar en secreto el pan de niños ligeramente mayores que él en el orfanato, o podría intentar escabullirse cuando la gente no esta prestando demasiada atención.
Pero otros entornos suelen ser mucho más estrictos, niños demasiado grandes estarían más atentos y sin importar el caso, terminaría siendo atrapado.
En resumen, que el quisiera algo, no significa que eso sucedería.
Las cosas no vendrían a el solo porque este lo quisiera, por eso intento ser cooperativo con el joven auror la noche anterior, pues Alex tenía demasiada curiosidad por estas nuevas criaturas y aparente magia, y creía que, si perdía esa oportunidad, quizás la perdería para siempre.
Aunque todas esas suposiciones fueron destrozadas por ese estúpido pollo de cara redonda y la carta que llevaba, que según se enteró después, habría recibido de todas formas.
Por un instante se quedo pensando en las diversas formas en que se podría despellejar y cocinar un pollo, cocido, guisado, rostizado, asado, a la plancha… tenía que admitir que le gustaba el sabor del pollo, aunque no había tenido la suerte de comerlo recientemente ¿Quizás ese pollo de cara redonda volvería?
Pero luego Alex se detuvo, y se dio cuenta que, en su ensoñación, había estado mirando hacia la nada con una mirada desenfocada mientras ese viejo espeluznante se quedaba mirándolo con curiosidad, cono si quisiera saber en que pensaba, como si deseara que se lo dijera.
✦ ° • ✦ ° • ✦ Saliendo de su ensoñación, al igual que como el viejo hizo anteriormente, actuó con indiferencia y continuó como si no hubiera pasado nada.
Con un ligero atisbo de diversión, el viejo dueño de la tienda de varitas le siguió el juego y comenzó a hacer lo que él creía “La parte emocionante”.
“Soy el guardián de cada varita aquí presente, y el creador de la mayoría de ellas, si es que no son todas” dijo el viejo vendedor de varitas, comenzando su discurso.
“Mira a tu alrededor”.
“Cada una de estas cajas de varitas esconde una historia, un alma” dijo el vendedor de varitas, realizando pausas entre frases, haciendo que el discurso pareciera más misterioso, como si tratara de introducirte en la temática de la presentación.
Sin interrumpir, Alex se quedó parado, escuchando lo que el excéntrico viejo decía.
“Las varitas son instrumentos de poder, pero no cualquiera puede blandir una”.
“La varita elige al mago, no al revés”.
“No importa si eres un mago poderoso o si apenas estás empezando tu camino, la varita correcta te encontrará”.
“Aquí en mi tienda, he visto varitas elegir a sus dueños de todas las formas”.
Luego de una liera pausa, este continuó: “Algunas con un destello de luz, otras con un simple susurro”.
“La varita que te elija será una extensión de tu ser”.
“Será tu compañera, tu confidente y tu arma más poderosa”.
“No la elijas a la ligera, porque una vez que te elige, no hay vuelta atrás”.
“Ahora, dime, ¿qué estás buscando en una varita?
¿Poder, destreza, agilidad?
No te preocupes si no lo sabes, porque la varita correcta lo sabrá”.
“Solo te pido que tengas la mente abierta y el corazón dispuesto, porque la magia que reside en ti es lo que la varita busca”.
“Entonces adelante” dijo con una sonrisa él dueño de la tienda.
“Tomemos una varita de la estantería y veamos qué sucede”.
“Empecemos con esta…” dijo Ollivander dirigiéndose a una estantería y, con un movimiento ágil, sacó una caja alargada.
“Aquí tenemos sauco y pelo de unicornio.
Mide 13 pulgadas, es inflexible”.
“El sauco, como sabrás, o quizás no, es un material complicado”.
Dijo Ollivander a pesar saber por la apariencia del niño, que lo más probable es que nunca haya tenido contacto con la magia.
Aún así, continuó hablando impasible, como si todo lo que decía estuviera planeado de antemano, o como si lo hubiera hecho muchísimas veces de forma similar.
Lo cual, considerando la tienda era bastante probable.
“Las varitas hechas con esta madera son extremadamente poderosas, pero solo responden a los magos más excepcionales.
Pruébala”.
Alex tomó la varita sin saber realmente que estaba haciendo.
Sintió una ráfaga de aire frío que le eriza los pelos de los brazos.
Una chispa azulada brotó de la punta, pero se extinguió al instante.
“No…
esa no es”.
Ollivander toma la varita de regreso y la guardó.
Sin inmutarse, se movió a otra estantería.
“Quizás necesites algo más… si… eso podría servir…” dijo Ollivander como balbuceando para sí mismo.
“Aquí tenemos fresno con núcleo de pluma de fénix”.
“11 pulgadas, con un poco de elasticidad”.
Luego de otra pausa dramática, el viejo vendedor continuó hablando.
“El fresno, a menudo malinterpretado, se vincula con la intuición y la fuerza interior”.
“Las varitas de fresno son difíciles de usar a menos que el dueño sea valiente y no se deje llevar por la cobardía”.
Alex una vez más tomó la varita ofrecida por el anciano.
Por un momento, una calidez se extendió por su brazo, pero de repente, la madera se sintió pesada y sin vida.
Y la varita cayó de su mano con un golpe sordo.
“No…
aún no”.
Ollivander se quedó pensativo.
Sus ojos se entrecerraron mientras observaba al chico, como si estuviera intentando descifrar un acertijo.
“Eres más complejo de lo que pareces a primera vista…
Me pregunto si…” El viejo mago caminó hacia el rincón más alejado de la tienda, una zona sombría de la tienda.
Sus dedos recorren las cajas hasta que encontró una de aspecto sencillo, sin adornos.
“Fresno…
y pelo de Thestral.
12 pulgadas y media, con una flexibilidad sorprendentemente elástica”.
Dijo el viejo mago mientras se acercaba nuevamente a su joven cliente.
“El fresno, para aquellos con un espíritu fuerte y un corazón valiente”.
“Y el pelo de Thestral…
un núcleo poderoso, que solo puede ser dominado por alguien que ha visto la muerte de cerca, o que entiende su significado y no le teme”.
“Existen materiales y núcleos ‘más poderosos’ y otros más raros”.
“Pero ciertamente, esta no es una varita que se vea todos los días”.
Dijo el viejo Ollivander con voz pausada y un poco pensativa.
Con su voz aún en un tono pausado el viejo mago continuó hablando “Antes, en el pasado, solía usar tres núcleos principales”.” Pluma de fénix, fibra de corazón de dragón y pelo de unicornio” “Pero, con la nueva… variedad de gente, me vi obligado a expandir mis puntos de vista y experimentar con diversos tipos de núcleo” dijo con un tono algo reticente.
“No sé cómo ha sido tu vida, ni como será tu futuro joven Alexander” “Pero se una cosa, esta varita te eligió y tienes un gran futuro por delante”.
Dijo el viejo mago alentadoramente, esperando motivar un poco al niño que tenía enfrente.
✦ ° • ✦ ° • ✦ Había vendido recientemente una varita con un núcleo similar a una joven y pálida niña vestida de negro, pero ella y su familia… eran algo… peculiares.
Incluso después del incremento de razas y la diversificación en esta nueva sociedad, ellos destacaban.
A pesar de verse normales a simple vista, si prestabas atención, eran todo menos normales.
Desprendían un aura no siniestra como alguien malvado, pero si inquietante.
El recuerdo de su visita era vívido, y tan peculiar como ellos mismos.
La madre, tan elegante como un lirio de la noche.
Su varita, una de ébano con núcleo de cabello de banshee, la encontró casi de inmediato.
La madera oscura y el corazón de lamentos se unieron sin un momento de duda.
La herencia por la magia y brujería por parte de su madre, según comentó ella, se había reflejado en un talento bastante bueno para aquella elegante mujer, quien ahora, teniendo acceso a un nuevo mundo, a veces leía uno que otro libro de magia, pero no muy seguido, después de todo, tenía curiosidad, pero la magia no era su prioridad.
Su varita era la combinación perfecta para una mujer que encontraba la belleza en lo macabro.
Ollivander pudo ver en ella un alma serena, pero con un poder profundo y latente.
La varita la eligió con un susurro, como el murmullo de un fantasma.
El padre, por otro lado, fue un torbellino.
Ruidoso, alegre, pero con un trasfondo de pasiones intensas.
Tenía sonrisas usualmente escalofriantes, a pesar de que la intención tras ella fuera amistosa.
Su varita, elegida por pura curiosidad y emoción por algo nuevo en el pasado, estaba hecha de caoba y corazón de dragón.
Esta lo eligió de la misma manera que él parecía vivir la vida: con una explosión.
La varita se encendió con un fuego de un tono carmesí, tan vibrante como su risa.
La varita era como él; ruidosa, con un gran corazón y siempre lista para la aventura.
Aunque al final, la varita resultaba innecesaria, puesto que el no estudió magia, a pesar de poseer el talento para ella.
Su magia, al no ser practicada, para la incredulidad de la gente que pudiera enterarse, no desapareció ni causo ningún conflicto al no ser usada directamente.
En cambio, esta magia se encontró buscando formas de ayudar a su anfitrión, pudiendo mejorar sus capacidades físicas ligeramente, lo cual, considerando el físico de su familia, era una buena mejora.
Pero fue la joven que vino con ellos, motivo de la visita de hoy a su tienda, quien lo dejó más pensativo.
A diferencia de sus padres, ella no parecía buscar una conexión con la varita, sino que parecía que la varita la buscaba a ella.
Ollivander le ofreció una de tejo con núcleo de pelo de Thestral, y el resultado fue inolvidable.
La varita brilló con un fulgor verdoso, un color que evocaba tanto la vida como la muerte.
La varita y ella eran un reflejo exacto de la niña; inusual, sombría, pero con una innegable fuerza interior.
Su mirada, tan seria y aguda, como si analizara las ventajas y desventajas de su varita, como buscando defectos, lo dejo perplejo durante un momento.
✦ ° • ✦ ° • ✦ Ollivander ofreció la varita a su actual cliente.
Alex la tomó, esta vez con más cautela.
Apenas sus dedos se cierran sobre la madera, un estallido de energía lo recorrió.
Una columna de fuego dorado se alzó desde la punta, bailando en el aire.
Las llamas no quemaban, sino que calentaron el lugar.
La varita vibró en su mano, sintiéndose ligera, como si siempre hubiera estado allí.
Alex puede sentir cada grieta de la madera, cada fibra, cada latido.
Era como una extensión de sí mismo.
La varita lo ha elegido.
Aunque esto no le gustó a Alex.
Otros podrían estar conformes con esta nueva conexión, pero aquello solo lo hizo pensar en que, si se volvía dependiente de ella y la terminaba perdiendo, o si se dañaba… ¿Qué sería de él?
“Una combinación extraña, única en su clase.
¡Felicidades…
esta es tu nueva varita!”
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