LORD OF THE WORLDS: The Bellicose Foxes. - Capítulo 30
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Capítulo 30: Capítulo 25: Conciencia Fragmentada.
UBICACIÓN: Espacio Aéreo del Distrito de Zoriana.
TIEMPO: Algunas Horas de Vuelo Después.
En el aire, el ambiente dentro del ZH era sepulcral. Nadie dijo una palabra. El sonido rítmico de los motores era lo único que había llenado el vacío durante horas, hasta que por fin se rompió el silencio.
—¿Por qué hay un escuadrón de la tercera rama imperial acá? —preguntó Lyana, mientras apoyaba sus manos en sus rodillas y observaba el suelo de la nave.
Por unos segundos nadie más se atrevió a romper aún más el silencio.
—No tengo idea —dijo Selene, observando el paisaje a través de la ventana como para perderse en él —. En el informe de la misión no venía nada de que vendrían Phantoms… mucho menos la Oprichnina.
Kaiden suspiró profundamente, como si las palabras de ellas le dijeran que fue su culpa. Apartó la mirada de la ventana de su lado y dejó de recargar su rostro en su puño.
—¿Así es como trabajan los que fueron criados en la Black? —las miro con decepción.
Selene y Lyana lo miraron con incredulidad.
—¿Eres de la segunda rama y de la élite de la Black y aún no te grabas el sistema de aprendizaje? —preguntó Selene, frunciendo el ceño.
—Solo pregunté —Kaiden miró de nuevo por su ventana.
—Yo tampoco quisiera recordar lo que tienes que aprender en el tiempo de crianza hasta ascender a la Opri —dijo Lyana para calmar el ambiente, apretando la armadura.
Por algunos minutos, el silencio reinó de nuevo, dejado las palabras dichas en el aire como fragmentos desvaneciéndose en el olvido. Algunas agrupándose en la mente carcomiendo, y otras extinguiéndose.
“Pero si yo no me encune ahí”, respondió Kaiden a una de las preguntas antes de que desaparecieran.
—Agente E08252 —sonó por el transmisor de Kaiden—. Tiene un… Nuevo objetivo asignado…
—Recibido —respondió.
—Enterado señor —afirmó el copiloto al recibir las nuevas coordenadas.
¡POM!
Un sonido metálico y una sacudida violenta rompieron la monotonía.
—¡MAYDAY! ¡MAYDAY! —gritó el piloto—. ¡Aquí el ZH-NJ37! ¡Perdimos el motor derecho!
El helicóptero se inclinó peligrosamente. Complicando la estabilización de la nave para los pilotos.
—¡Aquí torre de control de la Ciudad Nueva Ravena del Distrito de Zoriana, repita por favor…!
—¡Maldición! —bramó el copiloto—. ¡Los controles no responden! ¡Vamos a impactar dentro de la ciudad!
—¡NJ37, díganos su situación!
—¡Vamos a caer!
Lejos de allí, en lo más alto de un rascacielos en ruinas en la ciudad de Nueva Ravena, una figura con abrigo militar café claro observaba el helicóptero humeante caer del cielo a través de unos binoculares. A su lado, un cañón antiaéreo (AA) la acompañaba junto a dos rebeldes que recargaban el arma con prisa.
—En el blanco…—la figura tocó su transmisión sin prisa—. Aquí una de los cuatro Generales al mando de la fuerza de ataque, verifiquen la situación.
—Recibido señora Isidora.
UBICACIÓN: Zona de Impacto, Plaza Central de Nueva Ravena.
TIEMPO: Minutos después del derribo.
El mundo no se detuvo; se hizo añicos.
El impacto contra la fuente de piedra no fue un golpe seco, sino una sinfonía de metal retorciéndose y cristal estallando. El agua estancada, ahora mezclada con aceite hidráulico y sangre, salpicó el interior de la cabina destrozada.
Kaiden abrió los ojos, pero solo vio manchas borrosas. Un zumbido agudo, como el de un insecto atrapado en su cerebro, le impedía oír nada más.
Intentó inhalar, pero el aire estaba saturado de humo acre. Tosió, y el movimiento le envió una descarga eléctrica de dolor desde las costillas hasta la nuca. Estaba colgado de lado, sujeto por el arnés de seguridad que le cortaba la circulación.
A su lado, vio las formas inertes de Selene y Lyana. No se movían.
—…den… ¡Rep…!— Escuchó
El sonido volvió de golpe, brutal y caótico. El zumbido fue reemplazado por el crepitar del fuego que comenzaba a lamer el motor expuesto.
Kaiden buscó el broche de su cinturón con dedos torpes y entumecidos. Lo soltó. Su cuerpo cayó pesadamente sobre el fuselaje inclinado, golpeándose el hombro herido contra el panel de instrumentos. Gruñó, apretando los dientes para no gritar, y se arrastró sobre el vidrio roto hacia la salida.
Al asomar la cabeza por el hueco donde antes había una puerta, el frío de la ciudad le golpeó la cara.
El helicóptero yacía como una bestia muerta en el centro de una plaza gris, rodeado de edificios altos que parecían lápidas gigantes bajo el cielo nublado.
El silencio era absoluto. Antinatural.
Entonces, vio movimiento.
Sombras tácticas se deslizaban entre los escombros de la calle perimetral. No corrían; avanzaban con la precisión de cazadores, cubriendo ángulos, comunicándose con señas.
Kaiden intentó enfocar la vista. No eran rebeldes; su equipo no era el de milicianos desorganizados. Pero tampoco llevaban la armadura blanca inmaculada de la White Cradle ni el negro de la Black.
Eran grises, desgastados, personalizados.
—Aquí Líder… —una voz femenina, rasposa y autoritaria, cortó el aire, no dirigida a él, sino al que se encontraba del otro lado del transmisor —. Nos acercamos a la zona de impacto.
Kaiden tanteó su cintura buscando su cuchillo. Sus piernas no le respondían del todo. Se dejó caer del fuselaje al agua sucia de la fuente, con el agua llegándole a las rodillas.
Las figuras se cerraron sobre él.
—¡Contacto visual! —gritó uno de ellos.
Tres cañones de fusil apuntaron a su pecho al unísono. Kaiden se quedó quieto, respirando con dificultad, con la mano a centímetros de su arma. Analizó a los recién llegados.
Una mujer de cabello corto lideraba el grupo, moviéndose con una agresividad calculada. A su lado, un sujeto con el cabello largo y desordenado que sobresalía de su casco masticaba chicle con nerviosismo.
Un tercero, enorme y silencioso, llevaba una placa de metal pesada debajo de su equipo táctico con el número “23” pintado toscamente en la hombrera, cubierto del rostro por una máscara de gas.
La mujer levantó el puño y el grupo se detuvo. Bajó el arma ligeramente, estudiando la armadura destrozado de Kaiden y, más importante, la insignia de la Oprichnina apenas visible bajo la sangre y el hollín.
—Enterado… —dijo ella por su transmisor, ignorando a Kaiden por un segundo—. Extracción de VIPs en proceso.
Se giró hacia sus hombres.
—Takeshi, Sofía… aseguren ese edificio en ruinas de las doce. Quiero ojos arriba. Denle cobertura a Greñas y a 23.
Dos figuras más se acercaron, portaban la misma máscara de gas negra de doble filtro con visores rojos, cubriéndoles todo su rostro como a 23. Se separaron del grupo, corrieron hacia un edificio dañado en la esquina de la plaza.
La mujer se acercó a Kaiden. No le ofreció la mano. No sonrió. Solo lo miró con una eficiencia fría.
—¿Puedes caminar? —preguntó.
Kaiden asintió, aunque el mundo le daba vueltas.
—¿Quiénes son? —preguntó él, con la voz ronca.
La mujer señaló un parche en su brazo: un escudo con una letra “Z” atravesada por un rayo.
—Equipo Zulu. La caballería llegó tarde, así que no te acostumbres —respondió seca—. Greñas, 23, saquen a los otros. ¡Novata! ¡Ayúdalos!
Una chica joven de tez blanca y pelo castaño-largo, visiblemente más limpia que el resto y con los ojos muy abiertos por el miedo, salió de detrás de la cobertura. Se le notaba el temblor en las manos al sujetar el rifle.
—¡Sí, Capitana!
Kaiden se apartó, tambaleándose, mientras el gigante (23) y el tal Greñas entraban al fuselaje humeante. La Novata los siguió, tropezando con los escombros.
Segundos después, emergieron cargando a Selene y Lyana.
—¡Joder, qué pesada! —se quejó la Novata, luchando por sostener las piernas de Selene junto con 23—. ¿Qué les dan de comer en la Black Cradle? ¿Plomo?
—Cállate y muévete —gruñó Greñas, cargando a Lyana sobre su hombro como si fuera un saco de piedras.
La Capitana escaneaba el perímetro, inquieta. El silencio de la ciudad le picaba en la nuca.
—¿Por qué no han venido por su presa…? —murmuró para sí misma, mirando los callejones oscuros—. Esto no me gusta.
El estallido de estática en su transmisor la hizo saltar.
—¡Capitana Nadia! —la voz del operador sonaba urgente—. ¡Retírense del lugar! ¡Tenemos en nuestros radares un convoy de tres vehículos rebeldes acercándose a su posición a gran velocidad!
La Capitana palideció bajo la mugre de su rostro.
—¡Maldición! —Se giró hacia su equipo, dándoles una señal con la mano —. ¡Nos vamos! ¡YA!. Tuvieron suerte de que nos encontrábamos en patrulla.
Demasiado tarde.
El rugido de motores magnéticos pesados hizo vibrar el suelo antes de que pudieran dar un paso.
Tres vehículos blindados de transporte se detuvieron en la entrada norte de la plaza, bloqueando la única salida amplia. Las rampas traseras cayeron con estruendo.
—¡Contacto! —gritó la voz del tal Takeshi desde el edificio en ruinas.
El infierno se desató.
Decenas de soldados rebeldes descendieron de los vehículos, desplegándose en abanico con una disciplina militar aterradora.
Las balas comenzaron a repiquetear contra la piedra de la fuente y el metal del helicóptero. Kaiden se lanzó al suelo, arrastrándose hacia la cobertura del fuselaje.
—¡Cúbranse! —gritó la Capitana, devolviendo el fuego con ráfagas cortas y controladas.
Kaiden vio cómo 23 y Greñas lanzaban a las chicas inconscientes detrás de un muro de concreto derrumbado. La Novata se quedó paralizada un segundo, mirando las balas levantar polvo a sus pies, hasta que la Capitana Nadia la agarró del chaleco y la tiró a cubierto.
—¡Muévete o te matan!
La situación empeoró en segundos. Un cuarto vehículo apareció por la entrada oeste, un blindado pesado con marcas de soldadura y, con una torreta automatizada que comenzó a girar. El zumbido de carga de una ametralladora de plasma llenó el aire.
—¡Tienen plasma! —gritó Greñas, pegándose al suelo.
Si esa cosa disparaba, la cobertura de concreto se convertiría en mantequilla.
—¡Sofía, Takeshi! —gritó Nadia por la radio, su voz apenas audible sobre el estruendo de los disparos—. ¡Esa torreta nos tiene fijados! ¡Necesitamos fuego de supresión ahora!
Desde el edificio en ruinas de la esquina, un fusil de francotirador y una de asalto respondieron. Takeshi y Sofía dispararon con una coordinación perfecta. Las balas impactaron en los visores del blindado, obligando al artillero a resguardarse y ganando unos segundos vitales.
Pero los rebeldes no eran estúpidos.
El comandante del convoy, un hombre con cicatrices de quemaduras en el rostro, señaló el edificio donde estaban ellos.
—¡Esos tiradores son una molestia! —ladró a uno de sus hombres—. ¡Tú! ¡Toma un RPG de Agujero y deshazte de ellos!
El soldado rebelde asintió, cargando un lanzacohetes pesado sobre su hombro. El proyectil no era una cabeza explosiva convencional; tenía un núcleo oscuro y vibrante.
—¡FUEGO A DISCRECIÓN! —ordenó el comandante para cubrir al tirador.
Kaiden, arrastrándose por el suelo húmedo detrás del fuselaje, vio al soldado rebelde apuntar hacia el edificio. Sus instintos gritaron.
—¡SALGAN DE AHÍ! —rugió Kaiden, aunque sabía que no podían oírlo sin transmisor.
—¡RPG! —gritó Nadia.
El cohete salió disparado con un silbido agudo. Takeshi y Sofía, al ver la estela de humo, no lo pensaron dos veces. Saltaron desde el segundo piso hacia un montón de escombros en la calle trasera justo antes del impacto.
El misil golpeó la fachada.
No hubo fuego. No hubo una explosión térmica.
Hubo un sonido terrible, como si el aire fuera succionado de golpe: ¡FLUUUMP!
Un agujero negro de apenas ocho centímetros se abrió en el punto de impacto. Duró solo cinco segundos, pero la gravedad se invirtió violentamente. El concreto, el acero y los muebles del edificio fueron arrastrados hacia el vórtice, comprimiéndose en una esfera densa de destrucción.
Cuando el agujero colapsó y desapareció, la estructura del edificio, ahora con sus cimientos devorados, gimió.
¡CRACK-BOOOOM!
El edificio entero se derrumbó sobre sí mismo en una cascada de polvo y escombros, bloqueando la vista de los rebeldes.
—¡Ahora! —gritó Nadia, tosiendo en la nube de polvo que cubrió la plaza—. ¡No podemos quedarnos aquí! ¡Greñas, 23, muevan a los VIPs! ¡A un lugar seguro, rápido!
El polvo era su única cobertura. El Equipo Zulu se movió. 23 cargó a Selene como si fuera una muñeca, y el Greñas hizo lo mismo con Lyana.
Kaiden intentó levantarse para seguirlos. Dio un paso, y el mundo se inclinó.
El dolor de sus costillas rotas, el golpe en la cabeza durante el accidente y el agotamiento de la pelea contra los Hunters le cayeron encima de golpe. Su visión se cerró en un túnel negro. Sus piernas, que habían aguantado tanto, finalmente cedieron.
—Mierda… —susurró.
Cayó de rodillas y luego de cara al suelo.
—¡Un VIP cayó! —escuchó el grito lejano de la Novata.
Vio entre cortes unas manos fuertes agarrarlo del cuello de su armadura y como lo arrastraban por el asfalto.
Disparos ciegos de los rebeldes zumbaban sobre su cabeza, mordiendo el pavimento. Luego, cuando al fin perdió la conciencia, solo escuchó el sonido de una puerta rompiéndose, y finalmente… oscuridad.
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