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Los Alfas de Orión y su Pareja Inquebrantable - Capítulo 137

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  3. Capítulo 137 - 137 Rigel ha vuelto
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137: Rigel ha vuelto 137: Rigel ha vuelto (Amaia)
¡¡¡Mintaka!!!

Creía que había progresado con Mintaka, pero se apartó de mí cuando su otro yo intentó tomar el control.

¿Estaba aterrorizado de su forma de íncubo?

Estoy segura de que fue a él a quien vi asomarse.

Y entonces fue y tuvo sexo con alguien, causándome tanto dolor.

Estar en los brazos de Alnitak mitigó mi desdicha y luego Zille se quedó conmigo mientras me dormía.

Al abrir los ojos, me encuentro a Kacir sentado al borde de su cama, leyendo un libro.

Su mirada se desvió hacia mí.

—¡Oye!

¿Cómo te sientes?

—pregunta rápidamente, cerrando el libro.

—Necesito un poco de agua —pido.

El dolor en mi corazón y mi vientre se ha reducido a un zumbido sordo, pero sigue ahí como una parte permanente de mí.

Sin dejarme nunca en paz.

Kacir se levanta rápidamente y me trae un vaso de agua.

Me incorporo, con cuidado de no aplastar a Zille.

Ese pájaro cariñoso siempre duerme sobre mi pecho cada vez que tengo uno de estos episodios.

Permanece acurrucado cerca de mí.

Bebo a tragos el líquido fresco, dejando que sacie mi garganta reseca, y le devuelvo el vaso a Kacir.

—¿Quieres hablar de ello?

—pregunta Kacir en voz baja, colocando el vaso de nuevo en la mesa.

—No puedo —digo con un suspiro, mientras mi mano acaricia lentamente las suaves plumas de Zille.

—¿Por qué no rechazas al cabrón, en lugar de pasar por esto?

—cuestiona Kacir, sentándose de nuevo en su cama y mirándome de frente.

—Ni siquiera sabe lo que me está haciendo.

—Me apoyo en el cabecero y cierro los ojos, intentando encontrar algo de paz.

—No estoy seguro de cómo es eso posible, Amaia, pero estoy aquí para ti —dice él con amabilidad.

—Gracias, Kacir.

Después de eso, ambos nos dormimos para despertar en el último día antes de que llegue el fin de semana.

Al día siguiente, me despierto temprano y Zille ya no está.

Para cuando me aseo y me pongo el uniforme, Alnitak ya está en nuestra puerta.

Tan raro en él, que suele ser el último en llegar a las sesiones.

La puntualidad no es su fuerte.

Para mi sorpresa, sostiene una chocolatina en la mano y luce una sonrisa tontorrona.

—He traído chocolate para hacerte sonreír.

Se la quito y le ofrezco una gran sonrisa.

Agarrándolo de los brazos, me pongo de puntillas y le doy un beso en la mejilla.

—¡Gracias!

Se toca la mejilla y su sonrisa se ensancha; un ligero rubor cubre la piel donde lo he besado.

Me rodea el hombro con sus enormes brazos y me atrae hacia él, depositando más besos en mi cabeza.

Su afecto me hace reír de buena gana.

Me guía para que vayamos a desayunar algo.

Giro la cabeza y miro en dirección a la habitación de ellos.

—¿Min?

—pregunto.

Alnitak piensa apenas un segundo antes de decir:
—No se siente bien y no asistirá a la sesión de hoy.

Un dolor crece en mi corazón, como una pequeña astilla clavada en él.

—¿Qué le ha pasado?

¿Puedo ir a verlo?

—Algo no cuadra; Alnitak no estaría de tan buen humor si su gemelo estuviera enfermo.

No siento nada a través del vínculo, ningún dolor, solo pura estática.

Alnitak me observa detenidamente antes de responder.

—Más tarde, que se nos hace tarde.

Después del desayuno, nos dirigimos a nuestra primera sesión.

Tenía la esperanza de ver regresar a Alnilam, pero es Saiph de nuevo con otra sesión de infundir sus pesadillas.

Nos reunimos en el mismo salón y nos colocamos en nuestros lugares designados.

Saiph ha ocupado su posición central.

Sus ojos afilados y fríos examinan a todos.

Su impecable uniforme no tiene ni una sola arruga.

Lanzando una mirada hacia nosotros, le pregunta a Alnitak:
—¿Mintaka?

—Tiene fiebre —responde Alnitak.

Los ojos de Saiph se entrecierran ligeramente ante la respuesta, pero no hace más preguntas.

Oigo una risita burlona de la Casa Serpens y observo que es la hermana gemela de Cristo.

Nos lanza una mirada pícara antes de desviar la vista.

La puerta se abre y giro la cabeza para mirar.

Para mi sorpresa, es Rigel, que entra con sus largas piernas.

Este hombre emana delicadeza y realeza, aunque grite peligro por los cuatro costados.

Sus ojos me encuentran directamente, y me dedica una sonrisa lenta e intencionada, la cual le devuelvo.

—Genial, el chupasangre ha vuelto —gruñe Alnitak, con el humor agriado al verlo.

Adrede, Alnitak aprieta más su brazo a mi alrededor, intentando poner celoso a Rigel.

Una sombra oscura pasa por el rostro de Rigel al ver las acciones de Alnitak, pero se contiene.

Rigel se detiene cerca de sus compañeros de gremio y Ramian al instante le hace la pelota.

—¿Y tú eres…?

—pregunta Saiph, enarcando una ceja hacia Rigel.

Ambos hombres tienen casi la misma altura, solo que con complexiones diferentes.

Mientras que Saiph parece un guerrero puro, todo perfeccionado en los lugares adecuados, Rigel es de complexión atlética y esbelta.

—Ezran.

Tuve unos días libres —explica Rigel.

—¡Ah!

Sí, Alnilam me lo dijo.

—Parece que Saiph lo recuerda de repente.

—Ya que te perdiste las últimas sesiones, te haré un resumen.

—Saiph pasa los siguientes cinco minutos explicando sobre el Chittering y en qué consistiría nuestra sesión.

Escuchamos con atención, nadie lo interrumpe.

Una vez que termina, Saiph fija su astuta mirada en Rigel y dice:
—¿Por qué no empezamos contigo hoy?

Rigel, que está de pie con ambas manos elegantemente metidas en los bolsillos del pantalón, ni siquiera duda.

Aceptándolo como un desafío abierto, se acerca con cuidado a Saiph y se para frente a él con una sonrisa siniestra.

No hay ni un centímetro de diferencia entre las estaturas de los dos hombres.

—Da lo mejor de ti —le dice a Saiph en tono burlón.

—¿Por qué actúa de forma tan arrogante?

—pregunta Alnitak secamente.

Giro la cabeza y lo miro negando con la cabeza.

—Está bien.

—Pone los ojos en blanco y ambos centramos la atención al frente.

Saiph extiende las manos y toca las sienes de Rigel, haciendo que cierre los ojos.

Contengo la respiración mientras mi corazón se convierte en un velocista corriendo una carrera de 100 metros.

—Ten cuidado —susurro, sin desear que Rigel sienta ningún tipo de pesadilla peor, y observo atentamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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