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Los Alfas de Orión y su Pareja Inquebrantable - Capítulo 138

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  3. Capítulo 138 - 138 Ella es mía
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138: Ella es mía.

No, ella es mía.

138: Ella es mía.

No, ella es mía.

(Amaia)
Rigel permanece absolutamente quieto mientras todos los ojos del salón se centran en él.

Tiene los ojos cerrados, la postura relajada, las piernas ligeramente separadas y las manos aún metidas a buen recaudo en los bolsillos.

Mis ojos se niegan a apartarse de su rostro peligrosamente atractivo.

Cuento los segundos conteniendo el aliento.

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«Por favor, que no esté sufriendo ahí dentro».

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Su rostro está en calma, como la superficie de un lago en verano; no aparece ni una sola arruga en su frente.

Tampoco grita.

Qué infernal ha debido de ser su vida para que nada lo inmute.

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Saiph se balancea inquieto de un pie a otro.

Un atisbo de sorpresa cruza su rostro.

Imagino que nunca ha visto a nadie someterse a sus pesadillas con tanta calma y delicadeza.

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Los ojos de Rigel se abren y mira fijamente a Saiph antes de decir con calma.

—Eso fue fácil.

Pensé que sería más desafiante.

—¡Impresionante!

—¿Acaba de superar la pesadilla sin soltar ni un solo grito?

—¿Cómo lo ha hecho?

Murmullos y susurros resuenan a nuestro alrededor.

Alnitak murmura algo incoherente, pero mi mente está demasiado ocupada comiéndome con los ojos a Rigel.

—Lo has hecho bien.

Es una señal de una mente fuerte y solo puede lograrse cuando superas tus miedos.

—Saiph se encara a nosotros; parece impresionado, aunque intente ocultarlo.

Rigel da grandes zancadas y se va a un rincón junto a la pared, apoyando la espalda en ella.

Su cuerpo se inclina hacia mí y nuestras miradas se conectan.

«¡Buen trabajo!», gesticulo con los labios y le levanto el pulgar.

Una sonrisa natural decora sus labios carmesí y no parpadea, como si temiera perderme de vista.

Un solitario mechón de su pelo le oculta el ojo derecho.

La sesión se reanuda y todos los demás acaban gritando, incapaces de escapar de las pesadillas de Saiph.

Solo Rigel ha tenido éxito en lograrlo.

—¡Alnitak!

—lo llama Saiph por fin, y yo le aprieto el brazo.

—¡Buena suerte!

Parece un poco nervioso.

Podría ser porque a Rigel le fue muy bien, y ahora es su turno y no quiere parecer débil delante de todos.

Personalmente, no creo que sea un signo de debilidad.

Algunas personas han tenido vidas más traumáticas que otras.

Como Rigel, y eso las vuelve intrépidas.

Algunos tienen traumas de los que no se recuperan, lo que los hace vulnerables, como Mintaka.

Pero Alnitak es todo sonrisas y energía positiva.

Nunca se ha quejado de ningún aspecto de su vida y me pregunto qué lo desencadenará o si permanecerá impasible.

Observo, manteniendo los dedos cruzados.

A mi lado, Kacir y Rahria también parecen nerviosos.

Kacir se frota las manos mientras Rahria dice.

—¡Vamos, Ali!

Me cruzo de brazos.

Mis dedos se clavan en mi piel mientras Saiph somete a Alnitak.

Me muerdo el labio inferior para que no me tiemble cuando la suave voz de Rigel me susurra en la nuca, haciéndome estremecer.

—Puedo apostar a que gritará.

¿Qué?

¿Cómo se me ha acercado sin que me diera cuenta?

Como una sombra silenciosa, está de pie detrás de mí.

Giro la cabeza una fracción de segundo y lo miro por encima del hombro.

La diversión baila en sus ojos, donde los atardeceres parecen haberse desangrado, dolorosos y, sin embargo, hermosos.

—No lo hará —respondo con confianza.

—Si lo hace, anunciaré hoy delante de todos que eres mi pareja —dice con suavidad, sin el menor atisbo de reticencia.

Y, como para darle la razón, la expresión facial de Alnitak cambia en los primeros veinte segundos y suelta un grito que me hiela la sangre.

Me invade el pecho y casi me para el corazón.

Sigue de pie, pero los espasmos de dolor y agonía parecen haberle desfigurado las facciones.

El vínculo ardió en mi pecho cuando soltó otro grito e intenté correr hacia él.

—No, quédate atrás —dice la voz severa de Saiph, advirtiéndome que no interrumpa.

Ha interpretado mis acciones.

Pero no me importa, tengo que llegar hasta mi pareja, que parece estar atrapado en una pesadilla que sabe Dios cuál es.

La mano de Rigel se extiende y me agarra la muñeca, reteniéndome.

Sus dedos helados se cierran sobre mi piel y tiran de mí hacia atrás.

—No te conviene interrumpirlo.

Deja que el lanzador haga su trabajo y que él encuentre su propio camino.

—No esperaba que Rigel dijera algo así.

Para mi sorpresa, los gritos de Alnitak cesan, sus facciones se suavizan y, entonces, abre por sí mismo sus preciosos ojos y todos vitoreamos.

Ese es mi chico.

Saiph pone las manos sobre los hombros agitados de Alnitak y pregunta: —¿Estás bien?

—¡Sí!

—Su pecho sube y baja con agitación y el sudor le cubre la cara.

Sus ojos giran hacia nosotros y me encuentran.

Le sonrío de todo corazón.

Un ceño fruncido aparece en su rostro al ver a Rigel a mi lado, sujetándome el brazo.

Se acerca a nosotros con aire amenazador justo cuando suena la campana que indica el final de la sesión.

—Continuaremos la semana que viene.

No olviden su lectura sobre Chittering —dice Saiph de fondo mientras observo a Alnitak abrirse paso hacia nosotros.

¡Problemas!

Rahria y Kacir se quedan a mi lado, observando en silencio lo que está a punto de suceder.

Todos los demás se van.

—Suéltala —exige Alnitak, deteniéndose frente a mí y clavando su mirada en la de Rigel.

—¿Por qué?

¿No te lo ha contado?

—Rigel arrastra las palabras a propósito, atrayéndome más hacia él hasta que mi espalda toca su pecho.

—¿Contarme qué?

—pregunta Alnitak.

La ira y la rabia se han apoderado de sus ojos y su voz.

Tiene las manos fuertemente apretadas en puños a los costados, listas para atacar.

—Que es mi pareja —le informa Rigel con aire divertido, cumpliendo su promesa.

Sus dedos se deslizan lentamente por mis brazos.

Alnitak ya lo sabe, pero oírlo de boca de Rigel de una forma tan petulante lo pone al límite.

Rahria y Kacir ahogan exclamaciones de sorpresa ante esta nueva información.

—Este no es el lugar ni el momento para discutir esto.

¿Podríamos no hacerlo aquí?

—Mi mirada se desvía de Rigel a Alnitak, pero ambos están empeñados en hacerlo difícil.

—Lo sé y me lo contó.

Lo que tú no sabes es que también es mi pareja, y no soy de los que comparten, especialmente con un chupasangre que literalmente la mandó a la enfermería al poner su vida en peligro —le espeta Alnitak, y Rigel se tensa a mi espalda, convirtiéndose en una estatua.

Rigel también sospecha que Alnitak es mi pareja, pero no necesitaba saber la parte de la enfermería.

—Alnitak —lo llamo, enfadada.

No tiene derecho a compartir esa información con Rigel, pero el daño ya está hecho.

Todo lo que sucede a continuación ocurre a cámara lenta mientras Rigel me aparta de un empujón y se abalanza sobre Alnitak.

Saiph y Kacir intervienen antes de que ambos machos puedan chocar.

Mientras Saiph sujeta a Rigel, Kacir empuja a Alnitak hacia atrás.

—¡Deténganse!

O todos acabarán castigados —ordena Saiph con voz pesada y enfadada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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