Los Alfas de Orión y su Pareja Inquebrantable - Capítulo 148
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148: No 148: No (Mintaka)
Ali y yo habíamos hablado de la posibilidad de compartir una pareja, pero siempre lo habíamos tomado como una broma.
Él es celoso y posesivo, y yo no quería interferir en la relación que está desarrollando con ella.
Todo cambió cuando reveló que ella también es mi pareja.
El sabor de Amaia es tan exquisito como Alnitak había dicho.
La calidez que emana, el encanto oculto que posee, la comodidad que transmite, la compasión que muestra.
Ella es mi pareja, aunque todavía no puedo sentir el vínculo de pareja con ella.
Lo que Alnitak ha revelado lo hace cierto.
Solo una pareja puede despertar a un lobo como ella lo ha hecho con el mío.
Me pregunto qué le pasa.
Cuánto dolor debe de sufrir a diario, al no poder conectar con nosotros.
Hay tanto que necesito decirle, tanto por lo que disculparme.
Pero sucede algo inusual: Alnitak desarrolla el vínculo de pareja con ella en el preciso instante en que la estoy besando.
Conozco la sensación de euforia, los cambios por los que pasa un hombre lobo al encontrar y conectar con su alma gemela.
Yo ya había experimentado este momento mágico con Kayla, pero para Alnitak era la primera vez, así que les di su espacio y salí de la habitación, cerrando la puerta tras de mí.
Necesitaba conectar con Zelen, ya que había aparecido cuando toqué a Amaia.
En el momento en que me alejo de su cercanía, Zelen desaparece y se niega a mostrarse.
—¿En serio?
¡Zelen!
—lo llamo, pero no hay respuesta.
Decepcionado, me siento en un banco, apoyo ambos brazos en el respaldo y alzo la cabeza hacia el cielo.
La Constelación de Orión brilla con fuerza hoy.
La constelación que nos da nombre, la que se supone que debe guiarnos cuando estamos perdidos.
¿Lo hará?
Desde luego, estoy perdido con las mierdas que no paro de hacer.
El viento nocturno es fresco hoy y trae consigo el sonido de los insectos, que llenan el aire con su incesante parloteo.
Ni siquiera sé cuántas horas paso ahí sentado.
—¡Eh, guapo!
—dice la irritante voz de Caria, y enderezo la cabeza para encontrarla de pie justo delante, con un fino camisón de seda.
¿Qué demonios hace fuera a estas horas?
En serio, ese demonio lujurioso que tengo dentro no tiene criterio alguno.
Se follaría cualquier cosa femenina con piernas y, esta vez, me ha metido en esto con Caria, de entre todas las personas posibles.
—¿No deberías estar durmiendo?
—pregunto, aburrido.
Se acerca contoneándose, echándose su largo pelo negro azulado por encima del hombro, y se sienta justo a mi lado.
—Puedo hacerte la misma pregunta —dice, y parpadea dos veces hacia mí.
Alargando la mano, intenta tocarme el pecho desnudo.
La aversión me invade solo de pensar que me toque.
Un odio profundo, no hacia ella sino hacia mí mismo, aflora.
Quiero castigarme por ceder a las tentaciones y causarle dolor a Amaia.
Me echo hacia atrás, para alejarme de su contacto.
—No te atrevas —advierto.
—¡Cielos!
Ayer tenías la polla hundida en mí, y esta noche ni siquiera me dejas tocarte —dice, con aire ofendido.
—Ese no era yo y lo sabes.
—Quiero que se largue.
La aversión que siento por mí mismo aumenta por segundos.
Quiero que se largue.
—No eres nada divertido, Mintaka.
Al menos tu otro yo sabe cómo tratar bien a una mujer —dice con altanería, liberando sus feromonas a propósito.
Al ser una zorra cambiante, es astuta y puede atraer a los machos con sus feromonas.
—Él no sabe controlar sus impulsos.
Solo sigue la lujuria.
Sin él, nunca te habría tocado —escupo los hechos y su rostro se deforma.
Se pone de pie, se coloca las manos en la cintura y me encara con la nariz arrugada.
—¿Sabes qué?
Eres patético y un perdedor.
Siempre buscando dar lástima porque tu pareja murió.
Si pudiera verte ahora, estaría muy decepcionada del puto en el que te has convertido.
Sus palabras hieren mi ego masculino, ¿pero a quién quiero engañar?
No se equivoca.
Soy patético y un puto, acostándome con cualquiera para llenar el vacío de mi corazón.
Cualquier cosa para escapar de la soledad que me consume cada día.
—Mejor que no pueda verme, entonces —digo con una sonrisa dolida—.
¿Y eso en qué te convierte a ti, ya que decidiste acostarte conmigo?
Da un pisotón y se aleja.
—No vengas arrastrándote a mí la próxima vez que sientas lástima de ti mismo.
Desaparece en la noche tal como había venido, dejándome aún más asqueado de mí mismo.
Tengo una oportunidad de redimirme con Amaia, pero no puedo sentirla como sentía a Kayla.
Además, Amaia tiene otras parejas y ni siquiera sé cómo va a funcionar esto.
Necesitamos hablar.
Ni siquiera me he disculpado con ella.
Levantándome con cansancio, vuelvo a entrar y me dirijo a nuestra habitación.
Hago una pausa justo en la puerta, ordeno mis pensamientos y aguzo el oído.
Hay silencio.
Lentamente, abro la puerta y entro.
Mi mirada se desvía hacia la cama de Alnitak.
Tiene a Amaia envuelta con fuerza en sus grandes brazos, con el rostro hundido en su pelo oscuro.
Están profundamente dormidos.
Me acerco a la cama en silencio y la observo.
Sí que me recuerda a Kayla, pero al mismo tiempo, tiene una personalidad diferente.
Es una persona completamente distinta con mucho que ofrecer, y quiero conocerla.
Alargo la mano y toco su suave mejilla.
—¡Amaia!
Al instante, abre sus ojos somnolientos y los enfoca en mí.
—Min, ¿está todo bien?
—pregunta, poniendo su mano sobre la mía.
—Sí, solo quería hablar contigo.
Siento haberte despertado.
Ella niega con la cabeza.
—No pasa nada.
Mañana no tenemos sesión.
Con cuidado, intenta zafarse del abrazo de Alnitak, pero él aprieta más su agarre, sin querer soltar a su pareja recién encontrada.
—¡Ali!
—Abro su férreo agarre sobre ella y levanto sus pesados brazos para que por fin pueda salir.
Tiene el sueño muy profundo, pero hoy abre los ojos de golpe y la llama desesperadamente.
—¡Amaia!
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