Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Los Alfas de Orión y su Pareja Inquebrantable - Capítulo 176

  1. Inicio
  2. Los Alfas de Orión y su Pareja Inquebrantable
  3. Capítulo 176 - 176 El Enlace Mental
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

176: El Enlace Mental 176: El Enlace Mental (Amaia)
—Tienes que volver —dice en voz baja.

Lleva la esencia de la luna en el pelo.

De sus hombros se extienden unas alas de luz solidificada.

Su brillo es una serena tempestad de zafiro y plata, como las primeras estrellas apacibles en un cielo crepuscular.

Cada Fae tiene alas únicas, acordes a sí mismo y a su personalidad.

Aziel tenía alas de un azul profundo y plateado, y le encantaba presumir de ellas.

Ahora lo estoy viendo en todo su esplendor.

Cómo habría sido, si no le hubieran truncado la vida.

Me sostiene en sus brazos, instándome a despertar.

Pero si lo hago, no podré volver a verlo.

—No quiero.

Desapareces… —me quejo, y él sonríe amablemente.

—Sabes dónde encontrarme, Amaia.

Siempre estoy contigo.

—Señala hacia mi corazón.

—Pero tus parejas están preocupadas por ti.

Vuelve con ellos.

Con los cinco —insiste.

¿Cinco?

Asiento con renuencia.

Necesito verlos y asegurarme de que todos están a salvo.

—Nos volveremos a ver.

—Aziel se desvanece lentamente en el viento, fundiéndose en él y dejando tras de sí solo un polvo plateado flotante.

Abro los ojos lentamente y me siento muy desorientada.

Lo primero que veo son unos ojos magnéticos de color rubí que me miran fijamente.

—¡Amaia!

—dice con suma delicadeza.

Siento sus dedos en mi pelo—.

Me alegro de que estés despierta.

Asiento levemente.

Parece que estoy tumbada en un colchón y ya no estamos en el suelo.

Mi primer instinto es asegurarme de que todos están bien y a salvo, y me pregunto cómo es que Rigel está aquí.

Siento otros dos pares de manos en otras partes de mi piel.

Mis ojos se desvían hasta encontrar a un desconcertado Mintaka que me sostiene la mano.

Le sonrío y en sus ojos hay una inmensa cantidad de cariño.

—Hola —dice en voz baja.

—¡Hola!

—susurro, envolviendo mis dedos alrededor de los suyos.

—¿Cómo te sientes?

—Como los restos de un naufragio, pero viviré —le digo en voz baja para que no entre en pánico.

—Diosa, estás despierta.

Sabía que estarías bien.

Mi pareja es una fiera —llega la voz chillona y emocionada de Alnitak.

Siempre con sus entradas dramáticas.

Mis ojos lo encuentran, listo para abalanzarse sobre mí, sentado cerca de mis pies.

Tiene una sonrisa más ancha que un plato y los ojos inundados de alivio.

—Ni se te ocurra saltar sobre ella —le advierte Mintaka, comprendiendo sus intenciones.

Alnitak hace un puchero.

—Pero está despierta.

Quiero abrazarla.

—Dadle espacio, chicos.

Dejad que beba un poco de agua primero.

—Mi cabeza se gira hacia la voz grave y encuentro a Saiph sirviendo un vaso de agua.

Él también está aquí…
Trae el vaso y me lo tiende.

—Bebe, te traeré algo de comer.

—Sus ojos contienen palabras no dichas, un destello de admiración y también una adoración oculta.

Las manos de Rigel se deslizan por debajo de mí y me levanta, dejándome usar su hombro como apoyo.

Finalmente me doy cuenta de que estamos dentro del espacio secreto de Alnilam, detrás de su oficina.

Pero él no está aquí.

¿Me trajo él aquí?

¿Abrió este espacio solo para mí?

Solo pensarlo hace que mi corazón salte en mi pecho como una pelota de ping-pong.

Acepto el vaso con gratitud.

—¡Gracias!

¿Hay alguien herido?

—pregunto.

Saiph no parece herido, ni tampoco ninguno de los otros.

Alnitak y Mintaka parecen haberse curado.

—No, gracias a ti todos están a salvo —me dice Alnitak con orgullo.

Tomo pequeños sorbos de agua, dejando que mi garganta reseca se sacie con esta agua fresca.

Saiph se endereza.

—Ahora que Amaia está despierta, ¿alguien quiere comida?

—Yo.

—Alnitak levanta la mano, el aficionado a la comida de siempre.

—No tengo hambre —dice Mintaka, todavía agarrado a mi mano.

—Yo tampoco —tercia la voz aterciopelada de Rigel.

—Ven conmigo.

Necesitaré a alguien que cargue la comida.

—Saiph se gira hacia Alnitak y lo señala con la mano, con el dedo índice estirado.

Todavía lleva mitones.

¿Alguna vez se los quita?

—Quiero quedarme con Amaia.

Acaba de recuperar la consciencia —se queja Alnitak, agarrándose a mi pie como si temiera perderme.

—No voy a ir a ninguna parte.

—Le sonrío para tranquilizarlo.

Él baja la cabeza derrotado y se levanta.

—Me vas a conseguir caramelos como compensación —se levanta Alnitak, murmurándole a Saiph.

—Ya no eres un niño.

¿O quieres que le cuente a tu pareja cómo te pillaba robando caramelos?

—dice Saiph en tono juguetón.

Su voz parece relajada, no como la habitual, malhumorada y seria.

—¡Cállate!

—Alnitak lo empuja hacia el separador para que ambos puedan salir.

—Es un bebé —susurra Rigel en mi pelo.

Sus manos me sujetan la cintura, frotándola suavemente.

—Estoy de acuerdo contigo, y eso que te lo dice su otra mitad —dice Mintaka a mi lado.

Mi mirada se desvía hacia él, y hay una nueva pasión por mí en sus ojos.

«Quiero abrazarte desesperadamente».

Su voz resuena en mi cabeza, pero ni siquiera ha movido los labios.

Sorprendida, casi doy un salto en el colchón.

¿Acaba de hablarme telepáticamente?

El vínculo… el enlace mental.

Tiene que ser el vínculo entre nosotros, forjándose.

¿Me reconoce como su pareja y ahora podemos hablar a través del enlace mental?

Pero eso nunca pasó con Alnitak.

Entonces, ¿cómo es que con Mintaka sí?

Quizá no lo intentamos.

—Eres mi pareja, Amaia.

Ahora siento el vínculo de pareja contigo.

—Esboza una sonrisa rota.

El vínculo de pareja debe haberse asentado para él cuando me defendió tan desinteresadamente de ese Chittering.

Los labios de Rigel acarician suavemente mi sien.

Él es tan abierto a la hora de mostrar su afecto mientras mi mente sigue con Mintaka, sentado justo a mi lado.

«He esperado este momento durante tanto tiempo.

Eres mío y yo soy tuya, Min», pienso, y su sonrisa se ensancha.

Sus mejillas se abultan y se le forman arrugas en el rabillo de los ojos con esa sonrisa deslumbrante.

«Sí, y no pienso perderte nunca».

Y entonces la voz de Alnitak interviene a través del enlace mental.

«¡Oh!

Yo también os quiero, chicos».

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo