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Los Alfas de Orión y su Pareja Inquebrantable - Capítulo 201

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201: Su sorpresiva entrada 201: Su sorpresiva entrada (Amaia)
Cuando me despierto a la mañana siguiente, Saiph se ha ido.

Me ha limpiado y me ha cambiado la camiseta.

Estas tienen que ser las veinticuatro horas más extrañas de mi vida.

Jamás, ni en mis sueños más locos, había imaginado que mi pájaro mascota fuera Saiph.

Me quedo tumbada en la cama, sola, contemplando todo lo que ha sucedido.

Disfrutando de este bendito momento de soledad, completamente sola.

Unos golpecitos en la puerta me anuncian que es Kacir, que regresa de pasar la noche con Rahria.

—¡Pasa!

—lo invito a entrar, y él entra con una sonrisa pícara.

—¡Buenos días!

—¡Buenos días!

Para ti también —digo mientras me siento en la cama y le sonrío cálidamente—.

Parece que alguien está de buen humor.

Kacir asiente mientras saca su uniforme del armario.

—¡Sí!

Conectamos por algunas cosas, una cosa llevó a la otra y pasamos la noche juntos —me cuenta con timidez, sin mirarme a la cara.

Salto de la cama al oír la noticia.

Corro hacia Kacir y lo abrazo por la espalda.

—Me alegro muchísimo por ti, Kacir.

Te mereces todo el amor del mundo.

Su cuerpo se relaja.

—Gracias, Amaia.

Tú también.

Espero que te traten con amor.

Hablamos un rato antes de prepararnos para el día y salir.

Mintaka y Alnitak se unen a mí con sus radiantes sonrisas.

Parece que ambos durmieron como troncos anoche y no sintieron mi encuentro con Saiph.

Todavía estoy tratando de entender este vínculo de pareja y cómo funciona.

Pueden percibirse entre ellos y mis emociones, pero no creo que puedan sentir cuándo estoy con mis otros compañeros.

¿O sí pueden si no están durmiendo?

Supongo que con el tiempo lo averiguaré.

—¿Regañaste a nuestro querido hermano?

—pregunta Alnitak con picardía, rodeándome los hombros con sus grandes brazos.

—Claro que sí.

Y a ti también te tiraré de las orejas si vuelves a mentirme —los amenazo, con la mirada yendo de uno a otro.

—¡Qué descarada!

Me gusta —dice Mintaka, y me da un besito en la coronilla.

Como dos pilares protectores, permanecen a cada lado de mí.

Antes de entrar en la biblioteca para la clase de Alnilam, me encuentro a Rigel esperándome, apoyado en la pared.

Con las manos en los bolsillos y la mirada afilada y concentrada, me hace un pequeño gesto con la cabeza, inclinándola hacia la izquierda.

—Los veo dentro —les digo a los gemelos y esta vez, sin ningún drama, me dejan con Rigel.

Aunque se lanzan miradas desafiantes, a las que tendré que acostumbrarme.

El Juramento de Sangre y la profecía que les hayan dado parecen estar funcionando.

Al menos no se pelean ni se amenazan entre ellos.

—¡Oye!

—digo, acercándome a él.

El brazo de Rigel me rodea la cintura y me atrae hacia su cuerpo frío.

—Te he echado de menos.

Debería haber ido a buscarte anoche, pero mi sed de sangre me hizo mantenerme alejado.

Levanto la cabeza y lo miro fijamente.

—¿Tú también hiciste el Juramento de Sangre y no me lo dijiste?

¿No creíste que era necesario pedir mi consentimiento?

Su sonrisa se vuelve burlona mientras posa los labios en mi oreja y susurra: —¿Acaso tú pediste permiso antes de salvarles la vida a esos cuatro?

Niego con la cabeza, sabiendo adónde se dirigía esta conversación con el sabio de Rigel.

—Lo hiciste porque te importa —dice, y su dedo presiona mi corazón—.

Del mismo modo, nosotros lo hicimos para mantenerte a salvo.

Esa siempre será mi primera prioridad, Amaia, y no voy a pedirte permiso para ello —afirma con terquedad.

Hoy suena como Alnilam.

—No quiero que te hagan daño —digo, y pongo la mano en su pecho para sentir los lentos latidos de su corazón.

—Tú eres la prioridad.

Nadie más —dice mientras inhala profundamente el aroma de mi pelo y deposita un pequeño beso justo detrás de mi oreja.

—Vamos, no queremos llegar tarde a la clase de Alnilam.

Podría perder los estribos —la voz de Rigel tiene un matiz divertido y me encuentro sonriéndole.

Entramos en la biblioteca y Rigel me guía hacia Alnitak y Mintaka.

Tras asegurarse de que estoy sentada entre ellos, se mueve y ocupa el asiento de enfrente.

Alnitak me pone la mano en el muslo al instante.

Posesivo, actúa de forma extremadamente posesiva, y eso a veces me asusta.

¿Y si no acepta a Saiph?

Tengo que hablarles de él en algún momento.

Todo el mundo está hablando de la brecha que se produjo y nosotros tres intercambiamos miradas cómplices.

«Si supieran cómo Amaia aniquiló a esos malditos Saqueadores», llega la voz de Min a través del enlace mental.

—¡Sí!

No saben lo especial que es nuestra compañera —añade Alnitak.

—Fue un trabajo en equipo.

Solo espero que no haya más inocentes atrapados en esta locura —intervengo.

Alnilam entra y mis ojos se deslizan hacia él.

El abrazo de anoche reaparece en mi mente e intento no sonrojarme.

El hecho de que incluso le mintiera a Jamina por mí me hace sentir eufórica.

Tenerlos a los cuatro tan cerca hace que mi mente dé vueltas, y a veces me resulta difícil seguir lo que Alnilam nos está diciendo.

Después de la clase de Alnilam, nos dirigimos a la de Jamina.

—Cristo, ¿por qué no cambiamos de pareja?

Te daré mil monedas de oro —le dice Alnitak a mi compañero de laboratorio con una mirada suplicante.

Empieza a contarle que acaba de encontrarme y que desea pasar más tiempo conmigo.

Le doy un golpecito en su enorme hombro.

—Deja de acosar a Cristo.

Ve y siéntate.

Pone un puchero al borde del llanto mientras yo lo aparto, conociendo sus tácticas.

—Tus compañeros son pegajosos —comenta Cristo divertido, y yo le sonrío.

Ni siquiera sabe que son cinco.

Jamina parece un poco agria hoy.

Esa sonrisa radiante que siempre lleva parece forzada.

Sé que no tuvieron sexo.

¿Habrán discutido?

Todavía estoy perdida en mis pensamientos cuando la puerta del laboratorio se abre y entra Alnilam.

Lo observo de arriba abajo; sostiene el mapa de Celestia, pero es la expresión de su rostro la que hace que me fallen las rodillas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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