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Los Alfas de Orión y su Pareja Inquebrantable - Capítulo 211

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  3. Capítulo 211 - 211 Situación liada
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211: Situación liada 211: Situación liada (Mintaka)
Finalmente descubrimos la identidad del cuarto compañero de Amaia, pero ni en sueños me habría imaginado que fuera Alnilam.

Las pistas estaban ahí y, sin embargo, las pasamos por alto.

¿Cómo no lo vimos venir?

Su cabello fue lo primero en alcanzarla cuando resultó herida mientras nos protegía.

No se apartaba de ella.

Había visto cómo la envolvía por completo como un escudo posesivo y protector.

«Mi magia no la suelta», eso fue lo que dijo en aquel momento.

En esos momentos, mi estado mental era volátil, el vínculo se estaba formando para mí y toda mi atención estaba en Amaia.

Ahora que lo pienso…

¿Por qué su magia no la soltaba?

La única explicación es que su magia la reconoció como su compañera cuando él no lo hizo.

La forma en que había insistido en que todos hicieran un juramento para protegerla.

—¿Crees que es verdad?

—le pregunto a mi gemelo cuando Alnilam desaparece al transformarse en lobo.

Apoyado en un árbol, me cruzo de brazos y me encaro con un Alnitak extremadamente molesto.

—Parece que sí.

No hay otra explicación.

Si es nuestra compañera, lo más probable es que también lo sea de Alnilam.

Eso explica el hecho de que se acostara con otras sin tener ni idea y su reacción.

—¿Cómo se supone que va a funcionar esto?

Un millón de pensamientos me recorren la mente.

—Más bien, ¿por qué no lo descubrimos nosotros, pero ese descerebrado sí?

—Alnitak rechina los dientes; su frustración es muy evidente en sus palabras.

—No nos esperábamos esto.

Alnilam y Jamina encajan tan perfectamente que nunca pensé en esa posibilidad.

La frustración me pone muy nervioso.

A Alnilam le gusta mantener su vida amorosa en la más estricta intimidad.

—Yo sí, pero no con respecto a Amaia.

Solo quería saber qué haría si alguna vez encontraba a su compañera.

—Alnitak extiende el pie y patea sin rumbo las hojas secas del suelo.

La curiosidad me puede.

—¿Qué dijo?

—Estaba en un dilema.

Respeta mucho a Jamina y, como futuro rey, ella es la elección perfecta, pero también anhela a su compañera.

No sé qué va a decidir.

Las palabras de Alnitak me sumen de nuevo en una profunda reflexión.

—No importa la decisión que tome.

Dos personas van a salir heridas.

Nuestro hermano será una de ellas, sin duda.

En cierto modo, me siento fatal por él —le confieso a Alnitak.

—Yo también, pero ojalá se sincerara con nosotros, que aceptara que es el compañero de Amaia.

Le está causando mucho dolor.

Viste lo decepcionada que se fue.

—Alnitak niega con la cabeza—.

Tú no lo has visto, pero yo sí cuando le dan esos episodios de dolor.

No se los deseo a nadie, y es nuestra compañera.

Dejo el árbol, me acerco a mi hermano y le sujeto los hombros.

—No quiero tomar partido, pero esta situación es un desastre, y ambos necesitan nuestro apoyo.

No podemos abandonar a uno y ponernos del lado del otro.

Estemos ahí para los dos y ayudémoslos a superar esto.

Alnitak asiente ante mis palabras.

—No te olvides de Jamina.

Cuando se entere, su vida será un completo caos.

Si Alnilam acaba rompiendo el compromiso con ella, se le romperá el corazón.

Los dos sabemos que adora el suelo que pisa nuestro hermano.

Con tristeza, asiento hacia Alnitak porque lo que ha dicho es verdad.

Jamina siempre ha estado obsesionada con Alnilam, igual que Rahria lo estaba conmigo.

La diferencia es que Jamina respeta a nuestro hermano y siempre toma las decisiones correctas.

—Sí, nadie va a salir victorioso de esto.

Empezamos a caminar de vuelta a la academia.

Amaia se había ido frustrada y me duele solo de pensar en ella.

—Me pregunto si quienquiera que la maldijo sabía que así se desarrollarían las cosas —pregunta Alnitak, bajando la cabeza para mirar al suelo.

—Cuando encuentre a ese cabrón, no va a acabar bien para él.

Por eso es tan importante que Alnilam reconozca a Amaia como su compañera para que la maldición pueda romperse.

Así Amaia podrá por fin decirnos el nombre del culpable.

—No volverá a ver la luz del sol —dice Alnitak con voz lúgubre antes de preguntar.

—¿Quieres ir a ver cómo está Amaia?

Sé que dijo que no quiere vernos, y deberíamos respetar sus límites, pero una pequeña ojeada no hará daño.

El vínculo ha estado demasiado silencioso por su parte.

Yo también lo he notado, es como si intentara ocultarnos sus emociones o quizá simplemente está demasiado agotada por el continuo drama de su vida.

—Sí, solo espero que el maldito de Ezran no esté allí.

No para de pegarse a ella como una sanguijuela.

Alnitak resopla lentamente.

—¡Sí!

Pero no dejes que Amaia oiga eso.

Hizo el juramento sobre su propio cuerpo, lo que significa que una parte psicótica de él sí se preocupa por ella.

Llegamos a nuestro edificio de dormitorios y empezamos a subir las escaleras.

—Aunque la ironía de sus acciones de hoy ha sido para morirse de risa.

Le dio una paliza a Alnilam por intentar herir a Amaia cuando él mismo también lo había hecho.

Alnitak sonríe con sarcasmo.

—La diferencia es que Amaia no considera que el hecho de que Ezran le chupe la sangre sea causarle daño y dolor.

Nos detenemos justo delante de la puerta de Amaia mientras Alnitak termina de hablar.

—Por otro lado, las acciones de Alnilam no solo le han causado un inmenso dolor físico, sino que no puedo ni imaginar la tortura psicológica y mental que debe de estar experimentando y que ha experimentado al ver a nuestro hermano con Jamina.

Como dijimos, esta situación es más que un desastre para todos los implicados.

Aprieto el puño y llamo lentamente a su puerta mientras esperamos con la respiración contenida.

El vínculo está demasiado tranquilo y el enlace mental, en silencio.

Finalmente, la puerta se abre y nos encontramos ni más ni menos que al maldito de Ezran allí de pie.

—Está durmiendo, no la molesten —dice en voz baja, pero puedo ver cómo intenta contener su rabia.

Alnitak lo aparta de un empujón y entra en la habitación; yo lo sigo.

A ambos nos empapa su aroma.

Como siempre, está acurrucada en su cama, bien tapada con la manta y durmiendo profundamente.

El impulso de hundir mis labios en su pelo me oprime el corazón, pero me contengo.

Como Kacir no está, me dejo caer en su cama y pongo las manos detrás de la cabeza.

Alnitak hace lo mismo y se sienta en el borde.

Ezran se queda junto a la puerta, inmóvil.

Como los tres machos testarudos que somos, observamos a nuestra compañera y nos negamos a darle al otro la satisfacción de marcharnos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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