Los dioses me arrebataron mi mundo… ahora yo les arrebataré el suyo - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 Capítulo 15 — El enemigo del mundo
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15: Capítulo 15 — El enemigo del mundo 15: Capítulo 15 — El enemigo del mundo El mensaje llegó tres días después.
No vino del cielo.
Vino de los reinos humanos.
Un mensajero atravesó las puertas de Karnel al amanecer, acompañado por una escolta de caballeros con armaduras plateadas.
Sus capas llevaban el emblema del Reino de Valtheris, una de las mayores potencias humanas del continente.
En el gremio, el ambiente se volvió tenso apenas entraron.
—Buscamos al jefe del gremio —dijo el capitán de la guardia.
Brakk Ironhand apareció desde el segundo piso.
—Ya lo encontraste.
El capitán desenrolló un pergamino sellado con cera dorada.
—Por decreto del Consejo Real de Valtheris —leyó con voz fuerte— se declara al individuo conocido como Aren Valcácer una amenaza para el orden del continente.
Los murmullos comenzaron de inmediato.
—¿Qué…?—¿Desde cuándo el reino decide sobre aventureros?
El capitán continuó.
—Se le acusa de alterar el equilibrio de mazmorras, destruir entidades celestiales y provocar fenómenos de mana desconocidos.
Hizo una pausa.
—Por lo tanto, se ordena su captura inmediata.
Silencio.
Brakk bajó las escaleras lentamente.
—¿Captura?
El capitán asintió.
—El Consejo teme que su presencia provoque una guerra entre el cielo y la humanidad.
Brakk sonrió.
No era una sonrisa amable.
—La guerra ya empezó —dijo.
Aren estaba en el patio trasero del gremio cuando escuchó el anuncio.
No parecía sorprendido.
—Era cuestión de tiempo —dijo Caelum.
—Los humanos siempre reaccionan así —añadió Vharzeth—.
Temen más al que rompe las reglas que a quien los oprime.
Aren caminó hacia la sala principal.
Cuando entró, todos lo miraron.
El capitán de Valtheris también.
—Así que tú eres —dijo.
Aren lo observó con calma.
—Sí.
El capitán dio un paso adelante.
—Por orden del Consejo Real, debes venir con nosotros.
Los caballeros detrás de él colocaron las manos sobre sus espadas.
Brakk se interpuso.
—No.
El capitán lo miró con frialdad.
—Esto no es asunto del gremio.
Brakk cruzó los brazos.
—Mientras estén dentro de mi ciudad… sí lo es.
El capitán suspiró.
—Entonces tendremos que resolverlo por la fuerza.
Los caballeros comenzaron a rodear la sala.
Aren levantó una mano.
—Detente.
Todos se quedaron quietos.
Aren caminó hacia el capitán.
—No vine a destruir este mundo —dijo con voz tranquila—.
Pero si intentan detenerme… Sus ojos se volvieron fríos.
—No voy a dejarme capturar.
El capitán lo miró directamente.
—Entonces lo confirmas.
—¿Qué?
—Que eres una amenaza.
El capitán desenvainó su espada.
Los caballeros hicieron lo mismo.
Pero antes de que alguien se moviera… Una risa resonó desde la puerta del gremio.
—Vaya… esto se puso interesante.
Todos giraron.
Apoyado en el marco de la puerta estaba Kael Ardent.
Relajado.
Sonriendo.
—¿Interrumpo algo?
—preguntó.
El capitán frunció el ceño.
—¿Quién eres?
Kael levantó una ceja.
—Alguien que odia las ejecuciones aburridas.
Caminó dentro del gremio como si el lugar fuera suyo.
—Déjame adivinar —continuó—.
Vienen a arrestar al único tipo que acaba de salvar su ciudad.
Se giró hacia Aren.
—Humanos siendo humanos.
El capitán apretó los dientes.
—Esto no te concierne.
Kael lo miró.
Solo lo miró.
El capitán retrocedió un paso sin entender por qué.
—Te daré un consejo —dijo Kael—.
Si intentas arrestarlo… Señaló a Aren.
—No saldrás vivo de este edificio.
Silencio total.
Los caballeros miraron a su capitán.
El capitán evaluó la situación.
Aren.Brakk.Y ahora… ese desconocido.
Finalmente guardó su espada.
—Esto no termina aquí.
Enrolló el pergamino.
—El Consejo enviará algo más que caballeros la próxima vez.
Kael sonrió.
—Espero que sí.
Los caballeros abandonaron el gremio.
El silencio permaneció unos segundos más.
Brakk miró a Kael.
—No te invité.
Kael encogió los hombros.
—Lo sé.
Se giró hacia Aren.
—Pero pensé que necesitarías entretenimiento.
Aren lo observó.
—No necesito ayuda.
Kael sonrió más ampliamente.
—Lo sé.
Se inclinó un poco hacia él.
—Pero quiero ver cuánto caos puedes causar.
Aren no respondió.
Kael caminó hacia la salida.
—Disfruta la calma mientras dure —dijo—.
Porque cuando los reinos humanos empiecen a moverse… Miró el cielo.
—Esto dejará de ser un problema de dioses.
Se detuvo en la puerta.
—Y se convertirá en una guerra.
Luego desapareció nuevamente.
El gremio quedó en silencio.
Brakk suspiró.
—Bueno.
Miró a Aren.
—Parece que ahora el mundo entero quiere atraparte.
Aren caminó hacia la salida.
—Entonces tendrán que intentarlo.
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