Los dioses me arrebataron mi mundo… ahora yo les arrebataré el suyo - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Capítulo 14 — El hombre que caminó fuera de los rangos
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14: Capítulo 14 — El hombre que caminó fuera de los rangos 14: Capítulo 14 — El hombre que caminó fuera de los rangos La noticia se propagó más rápido que cualquier rumor anterior.
La brecha negra había desaparecido.
No sellada.No destruida.
Borrada.
En Karnel, incluso los aventureros más veteranos no sabían cómo describir lo que habían visto.
—Las brechas no se cierran así…—Ni siquiera los rangos S pueden hacerlo…—Eso era algo distinto… En el gremio, Brakk Ironhand escuchaba los reportes sin interrumpir.
Cuando todos terminaron, solo dijo una cosa.
—Entonces ya no hay duda.
Los aventureros lo miraron.
—Estamos viviendo en el punto donde la historia cambia.
Aren estaba fuera de la ciudad.
No descansando.
Observando.
Desde la colina donde había peleado contra Elyon, miraba el horizonte con calma.
El viento movía la hierba seca mientras el sol comenzaba a descender.
—Tu oficio cambió —dijo Caelum—.
El mundo también lo sintió.
—Y no solo el cielo —añadió Vharzeth.
Aren frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Entonces lo sintió.
No era presión.No era hostilidad.
Era… presencia.
Alguien estaba allí.
Aren giró lentamente.
Un hombre estaba sentado sobre una roca a pocos metros.
Nadie lo había visto llegar.
Nadie lo había escuchado caminar.
Simplemente estaba allí.
Cabello oscuro, ropa sencilla de viajero, sin armadura ni armas visibles.
Su postura era relajada, como si estuviera disfrutando del paisaje.
Pero su aura… Era silencio absoluto.
Ni mana.Ni presión.
Como si el mundo hubiera decidido no tocarlo.
—Tardaste en notar que estaba aquí —dijo el hombre con una sonrisa leve.
Aren lo observó con cuidado.
—No sentí nada.
—Exacto.
El hombre se levantó y estiró los brazos.
—Eso suele confundir a la gente.
Caelum habló inmediatamente.
—Aren… cuidado.
—Lo sé —respondió en su mente.
El desconocido caminó unos pasos hacia adelante.
—Así que tú eres el que rompió un ejecutor celestial… —dijo—.
Debo admitir que fue entretenido de ver.
Aren entrecerró los ojos.
—¿Estabas mirando?
—Oh sí.
El hombre señaló el cielo.
—Muchos estábamos mirando.
Vharzeth murmuró: —Este tipo… no es normal.
—¿Quién eres?
—preguntó Aren.
El hombre sonrió.
—Una pregunta justa.
Hizo una pequeña reverencia exagerada.
—Mi nombre es Kael Ardent.
Caelum se quedó en silencio.
Luego habló con una gravedad que Aren nunca había escuchado antes.
—Aren… ese nombre… —¿Qué?
—Es uno de los tres.
Aren lo entendió de inmediato.
—SX.
Kael aplaudió suavemente.
—Correcto.
El viento dejó de soplar por un momento.
—Solo han existido tres aventureros con rango SX en este mundo —continuó Kael—.
Dos murieron hace siglos.
Sonrió.
—Y el tercero… soy yo.
Aren lo observó sin moverse.
—¿Viniste a detenerme?
Kael inclinó la cabeza.
—¿Detenerte?
No.
Sus ojos brillaron con curiosidad.
—Vine a conocerte.
Silencio.
—Hace siglos que el mundo está estancado —continuó Kael—.
Demonios haciendo su papel.
Héroes obedeciendo al cielo.
Reyes jugando guerras inútiles.
Miró a Aren con interés genuino.
—Pero tú… rompiste el tablero.
Aren cruzó los brazos.
—No vine a salvar este mundo.
—Lo sé.
Kael caminó alrededor de él lentamente.
—Viniste a matar dioses.
Aren no respondió.
Kael soltó una pequeña risa.
—Me agradas.
Caelum intervino.
—Ten cuidado.
Ese hombre es… antiguo.
Kael miró directamente a Aren.
—Te haré una pregunta simple.
Sus ojos ya no parecían relajados.
Ahora eran peligrosos.
—Cuando empieces a matar dioses… ¿vas a destruir todo lo que hay entre medio?
Aren respondió sin dudar.
—Si se interponen.
Kael lo observó varios segundos.
Luego volvió a sonreír.
—Bien.
Se dio vuelta y comenzó a caminar.
—Eso significa que esta historia finalmente será interesante.
Aren lo miró.
—¿Eso es todo?
Kael levantó una mano sin girarse.
—Por ahora.
Se detuvo unos metros más adelante.
—Ah, una cosa más.
Giró ligeramente la cabeza.
—Si algún día decides atacar el cielo… Sus ojos brillaron.
—Avísame.
El aire se distorsionó un segundo.
Y Kael desapareció.
Ni teleportación.
Ni magia visible.
Simplemente dejó de estar allí.
El viento volvió a soplar.
Aren permaneció en silencio.
—Ese hombre… —dijo Caelum— es más peligroso que cualquier héroe.
—No —corrigió Vharzeth.
—Es más peligroso que un dios.
Aren miró el horizonte.
—Entonces está bien.
—¿Por qué?
Aren apretó el puño.
—Porque cuando llegue el momento… Sus ojos se elevaron hacia el cielo.
—Quiero ver quién está realmente en la cima.
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