Los dioses me arrebataron mi mundo… ahora yo les arrebataré el suyo - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 — Cuando incluso los demonios guardaron silencio
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18: Capítulo 18 — Cuando incluso los demonios guardaron silencio 18: Capítulo 18 — Cuando incluso los demonios guardaron silencio La garra de la criatura ancestral se retorcía bajo la mano de Aren.
El monstruo rugía con una furia capaz de quebrar montañas, pero su fuerza parecía inútil frente al joven que lo sostenía.
Las escamas negras crujían.
Los cristales de mana incrustados en su cuerpo comenzaban a fracturarse.
El gremio entero observaba.
Nadie hablaba.
Nadie se movía.
Porque lo que veían… ya no era simplemente Aren peleando.
Era algo mucho peor.
Era Aren enfurecido.
La presión de su aura llenaba el edificio destruido.
Incluso Brakk, que había peleado guerras durante décadas, sentía un peso en el pecho.
—Ese poder… —murmuró.
Caelum habló con voz grave dentro de la mente de Aren.
—Si sigues así… perderás el control.
Pero Aren no escuchaba.
Sus ojos estaban fijos en una sola persona.
El traidor.
El aventurero que había liberado al héroe.
El hombre estaba de rodillas en el suelo, temblando.
—Y-yo… solo quería salvar la ciudad… Aren soltó la garra del monstruo.
La criatura ancestral intentó levantarse.
Aren desapareció.
Un instante después estaba frente al traidor.
Lo levantó del cuello.
—Salvar la ciudad… —dijo con una voz baja y aterradora.
El hombre lloraba.
—¡Tú trajiste esto!
Aren giró ligeramente la cabeza.
La criatura ancestral seguía levantándose.
Los héroes del cielo observaban.
El gremio estaba destruido.
La ciudad en pánico.
Y el cielo… mirando.
Aren volvió a mirar al traidor.
—No.
Su voz fue un susurro.
—Ellos lo hicieron.
Lo arrojó contra el suelo.
El impacto rompió la piedra.
—Pero tú decidiste ayudarlos.
El hombre gritó.
—¡Perdón!
¡Por favor!
Aren levantó la mano.
Un silencio mortal llenó el lugar.
Incluso Elyon contuvo la respiración.
Aren habló.
—El gremio es familia.
Sus ojos brillaban con una furia oscura.
—Y tú lo traicionaste.
El puño cayó.
No hubo grito.
No hubo sangre visible.
Solo un impacto seco.
El traidor dejó de moverse.
Nadie dijo una palabra.
Brakk cerró los ojos un segundo.
—Así termina la traición —murmuró.
Pero el problema mayor seguía frente a ellos.
La criatura ancestral se levantó completamente.
Era enorme.
Sus alas de roca oscura se desplegaron.
Su ojo gigante observó a Aren.
Esta vez… con cautela.
—Interesante… —susurró una voz.
Pero no provenía del monstruo.
El aire detrás de Aren se distorsionó.
Una figura apareció.
Alta.
Elegante.
Vestida con una armadura negra con grabados rojos.
Cuernos curvos emergían de su cabeza.
Sus ojos brillaban como brasas.
Los aventureros retrocedieron.
Caelum habló con un susurro.
—No puede ser… Vharzeth sonrió dentro de la mente de Aren.
—Finalmente.
La figura caminó lentamente.
La criatura ancestral inclinó ligeramente la cabeza.
Como si reconociera a su superior.
La voz volvió a hablar.
—Hace siglos que no veía a alguien romper una criatura ancestral con las manos.
Los ojos del hombre demoníaco se fijaron en Aren.
—Así que tú eres… Una sonrisa apareció en su rostro.
—El Asesino de Dioses.
Brakk frunció el ceño.
—¿Quién demonios eres?
La figura giró la cabeza lentamente.
—Demonio… sí.
Sus ojos brillaron.
—Pero no cualquier demonio.
La presión en el aire cambió.
Incluso Elyon retrocedió un paso.
—Soy Azrakar.
El nombre cayó como un trueno.
Caelum habló con urgencia.
—Aren… ese es… —El Rey Demonio —terminó Vharzeth con una risa.
El gremio entero quedó en silencio.
Azrakar observó la criatura ancestral.
Luego miró a Aren.
—Vine porque sentí algo interesante.
Señaló la ciudad destruida.
—Y no me decepcionaste.
Aren lo miró sin miedo.
—Si viniste a pelear… espera tu turno.
Azrakar soltó una carcajada.
—Me gustas.
La criatura ancestral rugió nuevamente.
Azrakar suspiró.
—Primero terminemos con este estorbo.
Aren no respondió.
La criatura atacó.
Su mandíbula descendió como una montaña.
Aren dio un paso adelante.
Golpeó.
Un solo puñetazo.
El cráneo de la criatura ancestral se partió.
El monstruo se desplomó.
La ciudad entera tembló.
El silencio fue absoluto.
Azrakar observó el cadáver.
Luego volvió a mirar a Aren.
—Sí.
Sonrió lentamente.
—Definitivamente me gustas.
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