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Los dioses me arrebataron mi mundo… ahora yo les arrebataré el suyo - Capítulo 19

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  3. Capítulo 19 - 19 Capítulo 19 — El enemigo de mis enemigos
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19: Capítulo 19 — El enemigo de mis enemigos 19: Capítulo 19 — El enemigo de mis enemigos El cuerpo de la criatura ancestral aún humeaba.

El suelo seguía temblando levemente, como si el mundo no terminara de aceptar lo que acababa de ocurrir.

Un solo golpe.

Eso fue todo lo que necesitó Aren.

El silencio que siguió fue absoluto.

Ni los aventureros.

Ni los héroes.

Ni siquiera el Rey Demonio hablaron por varios segundos.

Azrakar fue el primero en romperlo.

—Definitivamente… —dijo con una sonrisa— no eres normal.

Aren no respondió.

Su mirada se desvió lentamente.

Elyon.

El héroe seguía allí.

Pero ya no estaba en posición de ataque.

Su espada seguía en mano… pero dudaba.

El segundo héroe dio un paso adelante.

—Esto ya no es una misión de ejecución —dijo con frialdad—.

Esto es una amenaza de nivel mundial.

Aren lo miró.

—Entonces ataca.

El aire se tensó.

El segundo héroe levantó la mano.

—Orden celestial— —No.

Elyon lo detuvo.

El silencio volvió.

El segundo héroe lo miró sorprendido.

—¿Qué haces?

Elyon no apartó la vista de Aren.

—Si atacamos ahora… morimos.

Las palabras cayeron como una sentencia.

Los aventureros sintieron un escalofrío.

Azrakar sonrió.

—Por fin uno inteligente.

El segundo héroe apretó los dientes.

—Somos enviados del cielo.

—Y yo soy alguien que quiere seguir vivo —respondió Elyon.

Sus ojos se clavaron en Aren.

—No eres un enemigo común.

Aren dio un paso adelante.

—Nunca lo fui.

El segundo héroe dudó.

Por primera vez.

Luego bajó lentamente la mano.

—Retirada.

La luz divina comenzó a envolverlos.

Elyon habló antes de desaparecer.

—La próxima vez… no vendré a probarte.

Aren no respondió.

La luz se disipó.

Los héroes se fueron.

El gremio respiró.

Pero la tensión no desapareció.

Porque aún quedaba alguien.

Azrakar.

El Rey Demonio caminó entre los restos del gremio como si estuviera en su propio territorio.

—Héroes, dioses, humanos… —dijo—.

Siempre igual.

Se detuvo frente a Aren.

—Pero tú… cambiaste algo.

Aren lo miró directamente.

—No vine a cambiar este mundo.

—Lo sé.

Azrakar sonrió.

—Viniste a romperlo.

Caelum habló en la mente de Aren.

—Ten cuidado.

No es como los otros.

—Lo sé.

Azrakar inclinó ligeramente la cabeza.

—Déjame hacerte una pregunta.

El aire se volvió pesado.

—¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?

Aren no dudó.

—Hasta el final.

Azrakar lo observó.

Luego rió.

—Perfecto.

Se giró ligeramente.

—Entonces no somos enemigos.

Brakk dio un paso adelante.

—No te equivoques.

Su presencia volvió a imponerse.

—Los demonios no son aliados.

Azrakar lo miró.

—Y los humanos tampoco lo son.

Señaló la ciudad.

—Los reinos ya quieren matarlo.

Miró el cielo.

—Los dioses también.

Volvió a mirar a Aren.

—Entonces dime… Su sonrisa se volvió más oscura.

—¿Por qué pelear solo?

El silencio fue pesado.

Vharzeth habló dentro de la mente de Aren.

—Escúchalo.

Caelum, en cambio, respondió: —No confíes en él.

Aren cerró los ojos un segundo.

Pensó en su mundo.

En su abuela.

En el cielo.

Cuando los abrió… —No confío en nadie.

Azrakar sonrió.

—Eso lo hace mejor.

Se acercó un paso más.

—No te estoy ofreciendo amistad.

Sus ojos brillaron.

—Te estoy ofreciendo una guerra.

El aire tembló.

Los aventureros no entendían completamente lo que estaba ocurriendo… pero sabían que era importante.

Aren habló.

—¿Contra quién?

Azrakar respondió sin dudar.

—Contra el cielo.

Silencio.

Brakk apretó los puños.

—Esto… va a destruir el mundo.

—No —corrigió Azrakar—.

Miró a Aren.

—Esto lo va a liberar.

Aren lo observó.

—¿Y qué ganas tú?

Azrakar sonrió.

—Venganza.

Caelum se tensó.

—Aren… eso es real.

—Los dioses… —continuó Azrakar— no solo controlan humanos.

Sus ojos se oscurecieron.

—También nos encadenaron a nosotros.

El Rey Demonio extendió la mano.

—Así que te lo pregunto de nuevo.

El aire se volvió pesado.

—¿Quieres seguir solo…?

Una pausa.

—¿O quieres hacer temblar el cielo conmigo?

Aren no tomó la mano.

Pero tampoco la rechazó.

—No trabajo para nadie.

Azrakar rió.

—Perfecto.

Bajó la mano.

—Entonces caminemos en la misma dirección.

El viento volvió a soplar.

Por primera vez… No había un solo enemigo.

Había dos fuerzas… Apuntando al mismo objetivo.

El cielo.

Desde lo alto… Aurelios observaba.

El silencio en el trono celestial era absoluto.

—Confirmado —dijo una voz—.

El Rey Demonio ha entrado en contacto con la anomalía.

Aurelios cerró los ojos.

—Entonces se acabó.

Los abrió lentamente.

—Inicien el protocolo.

El cielo comenzó a cambiar.

En Karnel… Aren miró el horizonte.

—Se están moviendo.

Azrakar sonrió.

—Bien.

Sus ojos brillaron con emoción.

—Esto recién comienza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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