Los dioses me arrebataron mi mundo… ahora yo les arrebataré el suyo - Capítulo 2
- Inicio
- Los dioses me arrebataron mi mundo… ahora yo les arrebataré el suyo
- Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 — El ángel que traicionó el cielo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
2: Capítulo 2 — El ángel que traicionó el cielo 2: Capítulo 2 — El ángel que traicionó el cielo El dolor fue lo primero que Aren sintió.
No era un dolor físico intenso, sino una presión constante en la cabeza, como si su mente hubiese sido forzada a atravesar algo que no estaba preparada para comprender.
El suelo bajo su espalda era blando y húmedo.
El olor a tierra, hojas y musgo reemplazaba por completo el mármol frío del coliseo.
Abrió los ojos.
Un cielo azul se extendía sobre él, roto por las copas de árboles gigantescos que jamás había visto.
La luz del sol se filtraba entre las ramas como lanzas doradas, proyectando sombras irregulares que se mecían lentamente con el viento.
—…¿Dónde…?
—murmuró.
Se incorporó de golpe.
Su cuerpo respondió al instante.
Demasiado bien.
Demasiado ligero.
Cada movimiento se sentía preciso, controlado, como si su cuerpo hubiese sido reajustado desde lo más profundo.
El recuerdo regresó con violencia.
El coliseo.Los tronos.Los dioses.El salto.
—¡Malditos…!
—gruñó, apretando los puños— ¡¿Dónde estoy?!
—En el mundo inferior.
La voz sonó detrás de él.
Aren giró de inmediato, adoptando una postura defensiva por puro reflejo.
Allí estaba.
Un hombre de apariencia joven, cabello claro y ojos serenos, con una presencia que no pertenecía a ese lugar.
No tenía alas visibles, pero Aren sabía lo que era.
—Tú… —susurró— el ángel.
El mismo que había observado su información.El mismo que había estado allí cuando todo se quebró.
—¿Qué hiciste?
—exigió Aren, con la voz cargada de rabia—.
¡¿Por qué estoy aquí?!
El ángel no retrocedió.
—Fui yo quien te sacó del coliseo —admitió—.
Te envié a este mundo.
El aire se volvió pesado.
Aren dio un paso al frente, la furia quemándole el pecho.
—¿Crees que me hiciste un favor?
—escupió— ¡Me quitaste la oportunidad de volver a casa!
—Si ese golpe hubiese conectado… —lo interrumpió el ángel— ahora estarías muerto.
Aren se quedó inmóvil.
—¿Qué…?
El ángel cerró los ojos por un instante, como si reviviera la escena con absoluta claridad.
—Los dioses no pueden matarse directamente entre ellos sin pagar un precio enorme —explicó—.
Por eso invocan humanos.
Por eso crean “héroes”.
Para ensuciarse las manos sin mancharse ellos mismos.
Abrió los ojos.
—Pero tú ibas a romper una regla distinta.
Un humano atacando a un dios sin estar completo… el retroceso habría destruido tu existencia antes de tocarlo.
Aren bajó lentamente el puño que no recordaba haber levantado.
—…¿Entonces me salvaste?
—Te compré tiempo —corrigió el ángel—.
Nada más.
El silencio se extendió entre ambos.
—¿Por qué?
—preguntó Aren al fin—.
¿Por qué ayudarme?
El ángel dejó escapar una risa breve y amarga.
—Porque ya estoy condenado.
Aren frunció el ceño.
—Mi nombre es Caelum Veridion —continuó—.
Y desde el momento en que intervine… los dioses lo sabrán.
—¿Y qué te harán?
—Lo mismo que a cualquier ángel que desobedece —respondió sin rodeos—.
Me eliminarán.
Aren lo miró fijamente.
—Entonces, ¿por qué hacerlo?
Caelum dio un paso al frente.
—Porque los dioses sí pueden matar ángeles directamente —dijo con calma—.
Y cuando vengan por mí… no quiero hacerlo solo.
Un escalofrío recorrió la espalda de Aren.
—¿Qué estás diciendo?
—Quiero darte todo lo que tengo —respondió Caelum—.
Mi poder.
Mis conocimientos.
Mis registros.
Vivir dentro de ti.
El silencio se quebró.
—¿Dentro… de mí?
—Es la única forma —asintió—.
Cuando los dioses descubran que te salvé, me borrarán.
Pero si estoy ligado a ti… no podrán tocarme sin exponerse.
Aren apretó los dientes.
—¿Para matar dioses?
—Para sobrevivir primero —corrigió Caelum—.
Tu oficio… GOD SLAYER… aún está incompleto.
Una pantalla translúcida apareció frente a Aren.
Sus estadísticas eran absurdas.
Muy por encima de cualquier humano normal de ese mundo.
Fuerza, resistencia, percepción… todo superaba los límites naturales.
—Ya estás por encima de este mundo —explicó Caelum—.
Pero no lo suficiente para enfrentar al cielo.
Aren observó la información en silencio.
—¿Entonces tengo que hacerme más fuerte?
—Subir niveles.
Fortalecer tu existencia —respondió Caelum—.
Completar tu oficio.
La pantalla desapareció.
—Este mundo funciona con jerarquías claras —continuó—.
Existen múltiples razas: humanos, bestias, demi-humanos, elfos, enanos, demonios… y otras.
Aren escuchaba sin interrumpir.
—Los aventureros se organizan en gremios.
Rangos de E, D, C, B, A, S —enumeró—.
Luego están los SS, extremadamente raros.
—¿Y más arriba?
—preguntó Aren.
Caelum lo miró con seriedad.
—SX.
Solo han existido tres en toda la historia del mundo.
Un leve escalofrío recorrió a Aren.
—Los aventureros viven de misiones, cacerías y exploración de mazmorras —continuó Caelum—.
Pero la mayoría evita a los demonios.
Les temen.
Rara vez se enfrentan a ellos.
—¿Por órdenes de los dioses?
—Por ignorancia —respondió—.
Y por miedo.
El viento agitó las hojas a su alrededor.
—Este mundo no es blanco ni negro, Aren —dijo el ángel—.
Y el Rey Demonio… no es lo que te han contado.
Aren alzó la mirada.
—Entonces… ¿si acepto?
Caelum extendió la mano.
—Si aceptas, no habrá marcha atrás.
Los dioses te cazarán.
Los héroes vendrán por ti.
Y este mundo se convertirá en tu campo de batalla.
Aren pensó en el hospital.En una cama blanca.En una sonrisa cansada que quizá ya no volvería a ver.
—No me importa este mundo —dijo con voz firme—.
No me importa matar.
No me importa el cielo.
Apretó los puños.
—Solo quiero volver a casa.
Caelum sonrió por primera vez.
—Entonces… déjame entrar.
El poder descendió.
Y el camino sin retorno comenzó.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com