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Los dioses me arrebataron mi mundo… ahora yo les arrebataré el suyo - Capítulo 3

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  3. Capítulo 3 - 3 Capítulo 3 — El Rey Demonio que fue un ángel
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3: Capítulo 3 — El Rey Demonio que fue un ángel 3: Capítulo 3 — El Rey Demonio que fue un ángel El mundo cambió.

No de forma violenta, ni con una explosión de poder.

Simplemente… se detuvo.

Aren abrió los ojos dentro de su propia mente.

No había bosque.No había cielo.No había suelo.

Solo un vacío oscuro, profundo, infinito.

—¿Esto es… dentro de mí?

—murmuró.

—Un espacio temporal —respondió Caelum, cuya voz resonó sin dirección—.

Tu mente aún se está adaptando a mi presencia.

Aren flexionó los dedos.

Sentía su cuerpo, pero no lo veía.

Cada pensamiento parecía más claro, más rápido, como si una capa invisible hubiese sido retirada.

—Entonces esto es real… —susurró—.

Ahora estás conmigo.

—No por completo —corrigió Caelum—.

Aún no hemos terminado.

El vacío vibró.

Una presión distinta descendió sobre el espacio.

No era divina como la del coliseo.

No era pura ni elevada.

Era antigua, pesada, cargada de una voluntad que había soportado siglos de odio.

—Aren —dijo Caelum con tono grave—.

Mantente firme.

El vacío se rasgó.

Una figura emergió lentamente de la oscuridad.

Era alto.

Imponente.

Su cuerpo estaba cubierto por una armadura negra marcada por grietas rojizas, como si el calor ardiera desde su interior.

Dos cuernos curvados se alzaban desde su cabeza, y sus ojos brillaban con un rojo profundo, cansado… pero lúcido.

Aren no retrocedió.

—Así que tú eres el humano —dijo la figura—.

El que lleva el oficio prohibido.

La presión aumentó.

—Rey Demonio… —murmuró Aren.

El ser inclinó levemente la cabeza.

—Vharzeth Noctyrr —se presentó—.

Aquel al que los dioses llaman “el mal del mundo”.

Caelum avanzó un paso.

—Sabes por qué estás aquí.

Vharzeth soltó una risa baja.

—Lo supe en el instante en que el cielo tembló —respondió—.

Un humano con un oficio que no debería existir… y un ángel que traicionó su trono.

Sus ojos se clavaron en Aren.

—Y sin embargo… hueles a desesperación, no a ambición.

Aren apretó los puños.

—No pedí estar aquí.

Vharzeth lo observó durante unos segundos que parecieron eternos.

—Entonces somos iguales.

El silencio se rompió.

—¿Qué quieres decir?

—preguntó Aren.

Vharzeth giró el rostro, como si mirara un recuerdo lejano.

—Antes de que este mundo me llamara Rey Demonio… yo también fui un ángel.

Aren abrió los ojos.

Caelum cerró los suyos.

—Lo sabía… —murmuró.

—No uno cualquiera —continuó Vharzeth—.

Fui un guardián del equilibrio.

Observador del mundo inferior.

Mi tarea era mirar… nunca intervenir.

El vacío se transformó.

Imágenes comenzaron a aparecer alrededor de ellos.

Un pueblo pequeño.Humanos hambrientos.Niños enfermos.Una guerra que no les pertenecía.

—Los vi morir —dijo Vharzeth—.

No por demonios.

No por monstruos.

Sino por una guerra creada por los dioses… para entretenerse.

Una figura humana apareció en las visiones.

Una mujer, arrodillada, sosteniendo a un niño moribundo.

—Bajé —continuó—.

Solo una vez.

El cielo se quebró en la imagen.

—Los salvé.

Curé al niño.

Detuve la guerra.

Las imágenes se volvieron oscuras.

—Ese fue mi pecado.

La escena cambió.

Ángeles rodeándolo.Dioses observando desde lo alto.

—Dijeron que había roto el orden —escupió Vharzeth—.

Que había contaminado el mundo inferior con compasión.

Sus ojos ardieron.

—Me despojaron de mi rango.

De mi nombre.

Y ante el mundo… me declararon Rey Demonio.

Aren sintió un nudo en el pecho.

—Pero no te mataron —dijo.

Vharzeth sonrió con amargura.

—Porque no podían.

Caelum abrió los ojos.

—Si un dios te hubiese matado directamente… el cielo habría pagado el precio.

—Exacto —asintió Vharzeth—.

Así que hicieron lo mismo que contigo.

El vacío mostró imágenes de héroes invocados.Humanos muriendo.Guerras eternas.

—Me cazaron con humanos —dijo—.

Una y otra vez.

Aren apretó los dientes.

—Entonces todo es una mentira… —Siempre lo fue —respondió Vharzeth—.

Los demonios no son el mal.

Son los restos de ángeles, dioses menores y razas condenadas por desobedecer.

El Rey Demonio dio un paso hacia Aren.

—Cuando sentí tu presencia… supe que el ciclo podía romperse.

—¿Por mi oficio?

—preguntó Aren.

—Por tu voluntad —corrigió—.

No deseas gobernar.

No deseas destruir este mundo.

Vharzeth lo miró directamente a los ojos.

—Solo quieres volver a casa.

Aren no negó.

—Y para eso… matarás dioses.

El silencio fue absoluto.

—Sí —respondió Aren—.

Si se interponen.

Vharzeth sonrió.

—Entonces déjame ayudarte.

Caelum frunció el ceño.

—Vharzeth… —Tranquilo, ángel —interrumpió—.

No interferiré con tu pacto.

Vharzeth extendió una mano hacia Aren.

—Mi poder no es divino —explicó—.

Es lo que queda cuando el cielo te abandona.

Aren dudó.

—Si acepto… ¿qué pasará contigo?

—Seguiré existiendo —respondió—.

Dentro de ti.

Observando.

Guiando.

Caelum lo miró fijamente.

—Dos entidades dentro de un humano… —murmuró—.

El cuerpo podría no resistir.

—Entonces se fortalecerá —replicó Vharzeth—.

O morirá.

Aren cerró los ojos.

Pensó en su abuela.En el hospital.En el título que nunca pudo mostrarle.

—No tengo opción —dijo.

Abrió los ojos.

—Acepto.

El vacío explotó en luz y oscuridad.

El poder demoníaco descendió como un mar ardiente, envolviendo a Aren desde el alma.

No quemaba… forjaba.

Gritos.Visiones.Recuerdos que no eran suyos.

Cuando todo se calmó… Aren respiró profundamente.

—…Esto es distinto.

Caelum apareció a su lado.

—Ahora llevas el poder del cielo… y el rechazo del cielo.

Una voz resonó desde lo profundo.

—Bienvenido al verdadero mundo, Asesino de Dioses.

Aren abrió los ojos.

El bosque volvió.

Y por primera vez desde que fue invocado… Sonrió.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES AlfonsoHernan Feliz navidad!

espero que hayan tenido unas bonitas fiestas

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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