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Los enredos de la chica gordita - Capítulo 60

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Capítulo 60: capítulo 60: Ley de hielo.

Gianluca.

No sé que demonios le había pasado a Lila para que saliera corriendo de la manera que lo hizo.

Grité llamando su nombre, pero era como si no escuchara.

Lo único que había dicho es que no importaba como estaba, ella estaba conmigo, nadie podría hacerle mal mientras yo estuviera a su lado.

Decidí quedarme en el lugar, por una cuestión de que había mucha gente importante en ese momento que quería hablar conmigo, después hablaría con ella.

Pasaron más de dos horas desde que llegué y todavía había una cantidad importante de empresarios que querían conversar conmigo, sin embargo seguía pensando en Lila, en como corrió, en como se veía, la tristeza en su mirada cuando me decía que no se sentía cómoda por como estaba vestida, como no sentía que mereciera estar en ese lugar, ni tampoco a mi lado.

Llamé a Vincent, al menos debía hacer que el enviara un mensaje por mí, para ver cómo se encontraba.

-Vincent, por favor averigua cómo está. Necesito saber que al menos se encuentra en su casa-

-De acuerdo señor Vari, enseguida me comunico con ella-

Asentí aunque no estaba muy convencido de si realmente podría comunicarse con ella..

Lila era bastante especial, no era de las personas que hablaban o respondían a llamadas si se sentían mal o estaban de mal humor.

– Señor, la señorita Lila no responde mis llamadas. Solo envío un mensaje diciendo que mañana iría a trabajar a horario y eso fue todo.-

-Lo imaginaba, de todos modos, gracias Vincent-

Al salir del restaurante me dirigí a la oficina, me quedaría por la noche, debía trabajar en los últimos detalles para el día del juicio de los Franklin que sería en unos días y de ser necesario dormiría en la pequeña habitación que se encontraba ahí.

Varias veces pasé mis noches ahí luego de mucho trabajo, no muchos sabían eso, solo Vincent e Isobel, nadie más, ni siquiera mi padre.

Seguramente lo imaginaba pero nunca dijo nada al respecto.

Revisé cada informe sobre el caso, declaraciones de los testigos y detalles de cada supuesto “accidente” que había orquestado el antiguo gerente de la empresa.

Para cuándo termine de ordenar todos los datos que habíamos conseguido ya eran más de las tres de la madrugada, deje mis lentes en el escritorio y me dirigí a la habitación que se encontraba a unos pasos, más allá de que estaba calculando mis movimientos para poder resolver ganar el caso, seguía pensando en mi Lila, en como se encontraba, en si había aunque sea cenado.. Quería llamarla pero era demasiado tarde para hacerlo, me quedé dormido pensando en ella.

A las 7 en punto sonó mi alarma, me levanté busque un traje que tenía en la oficina por emergencias como estas y me dirigí al baño a darme una ducha, para cuando terminé, Isobel me tenía preparado mi café, bien cargado, ya que era de las primeras que llegaba a la oficina y ordenaba mis papeles.

-Buenos días, Isobel-

– Buenos días, señor Gianluca-

-¿La señorita Monroe ya ha llegado?-

-Si señor, está en su escritorio aunque está muy callada hoy-

-De acuerdo, llámala por favor, que venga enseguida-

-Enseguida señor-

Esta niña me va a escuchar, tiene que entender que todo lo que hago es por qué es verdaderamente importante para mí.

-Señor, ¿Que precisaba?-

-Lila, no me digas señor, solo Gianluca, o tesorito, o amorcito mejor-

-No puedo faltarle el respeto señor de esa manera-

-Lila , por favor , no quiero que estés enojada-

-Si solo me llamó para eso me retiro-

Y así, sin más salió de la oficina dejandome hablando solo.

Cada vez que salía a buscar algo, ella se iba al baño, o me ignoraba totalmente, incluso enviaba a Vincent o a Isobel para pedirme algunos papeles importantes, ella no cruzó más palabras conmigo.

Era evidente que me estaba declarando la ley de hielo.

No me hablaría hasta que le pidiera disculpas por algo que ni siquiera sabía.

Me estaba frustrando y ya comenzaba a volverme loco de que mi pequeña rino, ni siquiera me mirara.

Salía y entraba de la oficina como un loco, me acercaba a ella, la miraba, incluso gemía como un cachorrito y ni siquiera así me observaba.

seguía gimiendo hasta que escuche una risa bajita al principio, luego una risa cada vez más fuerte, Vincent e Isobel se estaban riendo a carcajadas, por lo que yo estaba haciendo.

Les dí una mirada de advertencia, pero ni así dejaron de reírse. Hasta que ella me observó, finalmente me estaba mirando, pero lo que no esperaba es que ella empezara a reírse de mi también.

Lo que no me daba cuenta es que se reían por qué tenía el pelo totalmente revuelto y tenía manchada la cara de tinta, ya que un rato antes había partido a la mitad la lapicera con la que estaba trabajando.

-Señor, ¿se encuentra bien?- preguntó al fin Lila

-No, realmente no- dije cruzando mis brazos sobre mi pecho haciendo un pequeño mohín, algo que hizo que Lila volviera a reírse de mi.

-Jajajja, señor le queda bien esa cara-

-¿En serio?-

-Si , en serio. Me gusta mucho- se sonrojó.

Con eso había terminado la ley de hielo impuesta por mi amada Lila. Esperaba que no me la impusiera nunca más, por qué si así me había enloquecido por no hablarme unas horas, no podía imaginar que pasaría si dejara de hablarme por una semana o más.

-No te enojes más mi pequeña Lila, que no soporto no hablar contigo-

-Esta bien señor-

-No me digas señor- hice un mohín

Volvió a reírse, extrañaba esa sonrisa brillante y al fin la tenía de nuevo.

Amaba a esta niña, de verdad lo hacía, y haría lo que fuera por que siempre estuviera felíz, aunque sabía que todavía había muchos muros que tirar, para que finalmente se mostrarse tal cual era, y yo con paciencia los iba a tirar, uno por uno, hasta que mi bella novia pudiera desplegar sus alas..

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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