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Los Jinetes De Los Cielos: EL Origen - Capítulo 33

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Capítulo 33: Capítulo 32

Al aclarar todos nuestros malentendidos y ser conscientes de la importancia de este intercambio podrían tener para las dos partes, decidimos acordar reunirnos al día siguiente en horas de la tarde, para ultimar los detalles de la propuesta.

Sylion debía traer especificado una lista de los libros y conocimientos que estabas dispuesto intercambiar, mientras que nosotros traeríamos un contrato listo para que lo revise.

De esa forma, podríamos establecer un “horario de observación” con el que todos estuviéramos de acuerdo, el cual dependería en gran medida de su “sinceridad” hacia nosotras, ya que el riesgo de traerlo dentro de nuestras protecciones era considerable y debíamos estar seguras de si valía la pena asumirlo.

Aun así, si estaba siendo sincero sobre la importancia de su investigación, podía suponer que, para demostrarnos su compromiso, al día siguiente traería una lista de conocimientos valiosos que serían de gran ayuda para los dragones.

No podría decir lo mismo sobre el futuro esa investigación, pues no pensaba dejarle ver ninguna pista sobre mi verdadera condición y si podía, intentaría confundirlo lo más posible para que no descubra mis secretos.

Después de todo, los secretos seguían siéndolos cuando nadie más que tú los conocía, ya que en este mundo, ni siquiera se podía confiar en los muertos para mantenerlos guardados.

Así que Sylion se podría llevar una gran decepción en el futuro cuando su proyecto no dé los frutos que él esperaba. Pero ese ya no sería mi problema, ya que según el acuerdo que había conformado, nosotras no seríamos las responsables de darle todas las respuestas a sus incógnitas.

Luego de despedirlos con una promesa de reencuentro, Dharai y yo decidimos entrar de nuevo a la casa, al comprobar que ellos se habían perdido de vista, mientras caminábamos hacia la casa, aproveché que estábamos solas para preguntarle algo que me tenía confundida desde hace rato.

—Dharai, ¿Por qué reaccionaste con tanta sensibilidad a la respuesta de Sylion?

Al escuchar mi pregunta, la guerrera dejo de caminar para proceder a mirarme con sorpresa.

—¿No lo sabía señorita? —Inquirió Dharai con incredulidad—. Pensé que su actuación era para ayudarme.

—¿Actuación? ¿Qué es lo que debería saber? —pregunté con sospecha ante sus inesperadas palabras.

—Que realmente no estaba enojada —explicó con cuidado, al tiempo que observaba mi expresión de cerca—, todo fue una actuación para poner aprueba las intenciones del nigromante y, si era posible, obtener algunas ventajas para nosotras ¿No es por eso que mencionaste el contrato?

—No, solo lo hice para calmarte —respondí con cierta vergüenza, al darme cuenta que también había sido engañada por el acto de la guerrera.

Después de eso, caímos en un silencio incomodo, ya que ninguna de las dos sabía cómo continuar ese escabroso tema.

Con el fin de evitar más pena y romper nuestro estancamiento, cambié de tema de forma abrupta.

—Creo que deberíamos reanudar nuestra marcha porque si nos demoramos más, Nuros podría salir por la ventana —respondí mientras miraba el movimiento antinatural de una de las cortinas.

Tenía que admitirlo: resultaba admirable que cierto pelirrojo no hubiera salido hasta ahora, pese a nuestra breve pausa y a que los extranjeros habían desaparecido hacía tiempo.

Parecía que el chico al fin había aprendido a seguir las instrucciones.

Dharai al ver la cortina moviéndose en un abstracto baile, levantó una ceja para luego proceder a ignorar las payasadas de mi estudiante y reanudó su caminata junto a mí en dirección a la casa, siguiendo el camino de pizarra.

Cuando entramos, no nos costó en absoluto localizarlos a todos pues ellos estaban en el salón de visitas, sentados de forma antinatural, mientras fingían de forma poco convincente, que siempre estuvieron allí esperándonos de forma tranquila, en vez de estar peleándose, los cuatros, por un espacio privilegiado en la ventana para observar lo que sucedía afuera.

Los tres polluelos al vernos, volaron con agilidad hacia mis brazos, sus miradas lindas e inocentes, no me engañaban para nada ya que los más probable era que lo hacían a propósito para asegurarse un lugar en mi regazo y escuchar el chisme en primera fila.

Esas pequeñas aves astutas tenían suerte de que fueran demasiadas lindas y tuviera una debilidad por ellas o sino… les daría una lección sobre cómo la curiosidad mató al gato.

No obstante, en este concurso de miradas inocentes, Nuros, con su mirada de “yo no hice nada”, no se quedaba atrás en demostrar ternura, cuya habilidad estaba a la par de los polluelos.

Era una lástima que no fuera un pájaro, por lo que mi tolerancia hacia él era mucho menor y no conseguía el mismo efecto disuasorio de Pandora, Ciros y Zafiro.

Aun así, decidí pasar sus pequeñas transgresiones, solo por esta vez. Porque si las negociaciones de mañana fueran un éxito, tarde o temprano, tendrían que encontrarse con los dos extranjeros, por muy recia que fuera a permitir esa interacción.

De ser así necesitarían de toda la información que recopilemos sobre ellos.

Sin embargo, para sufrimiento de los niños, tenía pensado esperar la llegada de la madre de los polluelos, quien seguía cazando afuera, para contarles todos los detalles de nuestro encuentro y hablarles sobre el acuerdo que hicimos pues no pensaba repetirme dos veces.

Cuando anuncié mi intención de posponer las cosas, tuve el no tan grato placer de escuchar un coro de gemidos y chirridos de nuestros jóvenes, quienes expresaron durante toda la espera, a través de su lenguaje corporal, la tortura que supuso para ellos tener que aguantarse de esa manera.

Los ignoré sin piedad.

Después de todo, les había dado la opción de salir afuera para entretenerse y no sentir el inclemente paso del tiempo; sin embargo, se negaron con terquedad e insistieron en permanecer a nuestro lado en todo momento.

Al final, me rendí con ellos y no pude seguir endureciendo mi corazón después de la segunda hora, por lo que le di a Nuros un libro de aventuras que tenía guardado para que se entretuviera y también saqué de mi collar mi antiguo libro de vocabulario, regalo de mi madre hacía muchos años, para tener una pequeña sesión de enseñanza con los polluelos.

En él, se explicaba de forma clara y sencilla las letras, sílabas y fonemas básicos de nuestro idioma, lo que facilitaría iniciar a los niños al mundo de la lectura.

Puede que no fueran bestias despertadas, pero su inteligencia era lo suficientemente alta como para aprender cosas que otras bestias comunes no podían, por lo que su potencial era mucho mayor.

Que aprovecharan ese potencial y crecieran muy fuertes, era mi sincero deseo para esas pequeñas y adorables bolas de plumas.

Por esa razón, me tomaba con seriedad la tarea de enseñarle a Zafiro, Ciros y Pandora, pues de eso dependían sus posibilidades de supervivencia en el futuro.

Sobre todo cuando mi regalo de despedida para ellos sería clave para lograr ese objetivo, tuviera como requisito fundamental para aprovecharlo, el conocer el idioma antiguo.

Lo bueno era que, a pesar de las diferentes personalidades de los polluelos, todos se tomaban muy en serio los conocimientos que les transmitían, convirtiéndose en buenos estudiantes.

«Si tan solo todos tuvieran la mitad de su dedicación, mi trabajo sería mucho más fácil» pensé mientras los observaba pillar emocionados y ansiosos por responder a mi pregunta.

Esta dinámica de aprendizaje fue consistente durante las dos horas que esperamos a la madre de los chicos.

Fue justo después de poner a los chicos a leer las sílabas más fáciles que conforman el idioma, escuchamos el breve canto de un ave.

Señal de que el Karito había llegado y nos preguntaba si era seguro entrar en la barrera.

Dharai sin hacernos esperar más, activo de forma parcial la barrera para que el ave entrara por la sección que se había abierto para ella.

No tardó mucho en volar hacia la sala para encontrarse con nosotros.

Lo primero que hizo al llegar, tras un breve trino a modo de saludo, fue alimentar a las tres crías con las presas que había cazado durante el día. Zaphiro, Ciros y Pandora la rodearon con entusiasmo, pues estaban hambrientas tras dos horas de estudio.

Poco después de terminar con la sección alimentaria, el karito se me acercó y me preguntó si había ocurrido algo, ya que sus crías se estaban comportando de manera inusual.

En su plumaje se podía discernir cómo la preocupación y la inquietud la dominaban en ese momento. En contraste, detrás de ellas se podían observar a sus hijos emocionados, mirándome con una mirada expectante.

Debía decir que la intuición de una madre era terriblemente precisa, porque, en tan solo unos pocos minutos desde su llegada, ya había podido discernir que algo inusual estaba pasando.

Así que para evitar alargarle la angustia, con la ayuda de Dharai, procedimos a explicar con claridad los detalles de lo sucedido con respecto nuestro encuentro con los dos extranjeros y el trato al que habíamos llegado.

Cuando terminé de relatar todo, me disponía a pedirle opinión sobre la presencia de dos extraños en la casa, pero a ella no pareció importarle ya que ella confiaba en nuestro criterio.

Una vez resuelto ese asunto, dirigí mi mirada hacia Dharai quien estaba hablando con Nuros sobre el comportamiento que debería tener con dos extranjeros dentro de la casa.

Pensaba esperar que terminará su conversación actual para pedirle consejos sobre las clausulas y grado del contrato ya que ella era la experta.

Sin embargo, mis planes tuvieron que ser pospuestos por una frase que me dejó helada.

—Sabes que, si dices una sola palabra de más o actúas de forma imprudente, tendré que asesinar a esos dos y tú serás el culpable de su muerte —advirtió la guerrera con un semblante sombrío.

Nuros, al escuchar sus duras palabras, mostró en su rostro, una gran sorpresa. Sus con sus grandes ojos, se abrieron aún más, si era posible, su cuerpo se tensó como una cuerda a punto de romperse, mientras apretaba sus manos en puños y mordí con fuerza su labio inferior, lastimándolo en el proceso.

Parecía que, más que asustado, estaba muy enojado, algo que rara vez veía en él.

A pesar de todo, y con ese estado de ánimo, no hizo una escena, ni arremetió contra ella, solo se quedó allí en silencio, tratando de controlar sus emociones y sus lágrimas.

Yo en cambio, después de la sorpresa inicial, sentí como en mi interior surgía una rabia ardiente e incontrolable.

Por un momento casi perdí la compostura frente a ellos, y solo alcancé a llevarme a la guerrera a otra habitación para a hablar con ella.

—¡Dharai! ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Por qué dices eso?! —grité sin querer, una vez que me cercioré de que estábamos solas.

—Él debe ser consciente de las consecuencias de sus actos —explicó ella.

—¡Pero no debiste decirlo de esa forma! —respondí con los dientes apretados, tratando de calmar la ira que amenazaba con salir y arrasar todo de manera imprudente.

—Discúlpeme señorita, pero considero que usted sobreprotege demasiado a Nuros, lo que ha hecho que sea demasiado ingenuo e incapaz de enfrentar las responsabilidades que le corresponde y evitar los peligros que enfrentara por ser un dragón —se defendió Dharai. Luego, con un tono tranquilo, añadió—: tal conducta, sería aceptable en un ambiente seguro como el que vivíamos antes, pero ahora, esa actitud es solo un obstáculo que nos matará a todos tarde o temprano.

Ante su refutación, me quedé estupefacta, sin saber que decir por unos segundos.

Después de todo, yo siempre era la que solía dar un argumento similar a los padres de familia que se negaban a reconocer los errores de sus hijos y les permitían salirse con la suya, sobre todo cuando se trataba de temas delicados como el acoso, las drogas o las conductas violentas.

Nunca nadie me había acusado jamás de ser indulgentes con mis estudiantes, y mucho menos ahora que trabajaba en Liberium, pues era la única profesora que castigaba a los estudiantes que hacían mal en la escuela.

Por lo que me tomé esos segundos para reflexionar sobre mi trato hacia Nuros durante nuestra salida involuntaria y en mi interior comenzaron a surgir las dudas: ¿Había cometido un error? ¿Debía ser más dura con Nuros? ¿Mi pedagogía era obsoleta en este mundo lleno de magia donde el poder lo era todo?

Al ver como las innumerables dudas estaba nublando mi juicio y no llegaba a ninguna parte con ellas.

Decidí aclarar mi mente a través de la objetividad. Así que, en mi cerebro enumeré mis acciones y analicé mis intenciones, estrategias, errores y resultados.

Pronto admití que no era la profesora perfecta y que, en más de una ocasión, ese muchacho había logrado sacarme de quicio. Sin embargo, mi intención siempre había sido hacer lo mejor por él aunque mis decisiones no fueran las más acertadas.

Era por esa razón, que tomé la firme convicción de defender mi postura, porque, una cosa era cuestionar algunos de mis métodos, pero otra cosa muy distinta era cuestionar mi profesionalidad frente a mis estudiantes.

Podía aceptar las críticas constructivas, más no las imposiciones absurdas.

—Dharai, puede que tu punto de vista sea válido —le concedí a la guerrera, antes de discrepar—. Sin embargo, tus palabras son inaceptables; esa no es la forma adecuada de expresar tus inquietudes.

—Señorita, solo trato de hacer que entienda la gravedad del asunto —se defendió Dharai.

—Te lo repito de nuevo, esa no es la forma de hablar. Eres una adulta y él es un adolescente, un joven que apenas está dejando su niñez. No uno de tus guerreros o subordinados —respondí con voz dura. Luego la miré a los ojos con total seriedad, observando su expresión que aún seguía tensa y agregué:

—Además, si tienes alguna sugerencia en el futuro sobre mi metodología de enseñanza, te agradecería que me lo hicieras saber en privado. Hacerlo frente a mis estudiantes, es una gran falta de respeto y hace que mi trabajo como profesora sea mucho más difícil de lo que ya es.

Ante mi respuesta, Dharai mostró por primera vez una expresión de arrepentimiento, al darse de su error.

—¡Lo siento, señorita! He sido pertinente y le he faltado al respeto. —respondió la guerrera mientras trataba de arrodillarse como una forma de expresar su sinceridad, algo propio de este mundo reservado para aquellos que eran “respetables”.

Pero la detuve de hacerlo, porque esos gestos solemnes no me gustaban para nada; para mí, mientras sus disculpas fueran sinceras era suficiente.

—También me gustaría disculparme —dije, luego de que se calmara—. No debí gritarte de esa forma. Sé que no es excusa pero perdí el control por un momento por la ira que sentía.

—No tiene que disculparse, era lo que merecía por faltarte al respeto —espetó Dharai ante mi inesperada disculpa.

—Te equivocas Dharai, tú no me faltaste al respeto a propósito y solo querías lo mejor de nosotros, yo no debí tratarte así —enfaticé de nuevo.

Dharai ante mis palabras, dudo un rato, moviendo los labios para luego cerrarlos, quizás ella no encontraba las palabras para expresarse.

Estuvo así durante un minuto entero mientras yo esperaba con paciencia a que hablara.

—Entiendo señorita. También quiero que me perdone por mi falta de respeto, tendré más cuidado en el futuro.

—No te detengas demasiado en este asunto Dharai, todos cometemos errores —dije tratando de tranquilizarla.

Luego de aclarar los malentendidos entre nosotras, nos dirigimos hacia el salón, donde nos esperaba el Karito y los chicos.

Al entrar pude notar que Nuros se encontraba sentado en una esquina del sillón, con los tres polluelos sentados en su regazo, quienes con su lindura, trataban de calmarlo.

Estaba pensando en hablar con él a solas para tratar de arreglar las cosas, pero Dharai se me adelantó y se disculpó con el chico. El pelirrojo sorprendido por sus palabras respondió con una ligera torpeza:

—N-no tienes que disculparte. Sé que las cagué en grande con mi broma.

—Si es necesario que me disculpe —refutó Dharai con convicción—. Ahora somos compañeros y la confianza será fundamental para sobrevivir a las batallas que tendremos que enfrentar

Y con esas palabras la atmosfera tensa que impregnaba la casa, se disolvió como una burbuja de jabón.

Yo estaba aliviada por no tener que encontrarme, en la incómoda situación, de tener que pedirle en privado a Dharai que se disculpe con Nuros por sus duras palabras.

Como se esperaba de la persona que fue seleccionada por mi familia para protegerme, podía captar con una rapidez inusual, los puntos importantes de nuestra conversación.

Tener conflictos internos, faltando dos años y nueve meses para regresar a nuestro hogar, sería muy grave, sobre todo si teníamos extranjeros como nuestros visitantes frecuentes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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