Los Jinetes De Los Cielos: EL Origen - Capítulo 34
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Capítulo 34: Capítulo 33
Después de una cena suntuosa, Dharai y yo nos reunimos a solas para ultimar los detalles del contrato mágico que le entregaríamos a Sylion y Kaelun. Era una suerte que contara con una artesana tan hábil como ella, así que no tendría que preocuparme por la calidad y validez del contrato o por cualquier vacío legal que quedara.
Mientras tratábamos de incluir todas las clausulas necesarias para protegernos, el Karito mayor se encargaba de vigilar a los niños que jugaban dentro la casa, cuidando de que no rompan nada.
Para mi sorpresa, el ave no mostró ningún malestar por la visita inminente de dos extraños, cuando le pregunté por curiosidad sobre si estaba bien con toda esta situación, me respondió que, como yo era la líder de la bandada, se atenía y respetaba a mis decisiones ya que confiaba en mi juicio.
Su respuesta trajo gran alivio, pues consideraba había llegado a considerar su presencia como algo importante y no quería que se sintiera incomoda con mis decisiones.
Sobre todo porque esta cooperación era indispensable para la raza de los dragones y si quería que esta tuviera éxito, necesitábamos prepararnos para todo lo que conllevaría interactuar con extraño.
Por eso decidí cancelar la clase prevista para mañana, con el fin de reemplazarla con una lección privada en mi estudio para ayudar a Nuros a recordar nuestras identidades falsas como humanos, junto con nuestra historia y costumbres propias de esa raza.
De esa manera, disminuimos las probabilidades de exponernos por alguna disparidad en nuestras acciones.
Ya era bastante tarde cuando terminamos los últimos detalles de las cláusulas del contrato y repasé los últimos detalles de la clase de mañana.
Los niños ya llevaban mucho tiempo durmiendo en sus cuartos y según me contaba el mayor de los Karitos, ellos habían decidido dormir temprano con la esperanza de que el día de mañana llegara más rápido.
Debía admitir que sus decisiones me sorprendieron ya que por lo general los niños, ante la emoción de un suceso cercano, tendían a trasnocharse, sin embargo no me quejé de esto, ya que para mí, tal situación, era una ventaja oculta ya que con la tranquilidad que traía su ausencia, esta nos permitió avanzar más rápido en la elaboración del contrato y mis clases.
Ahora solo restaba que Dharai lo encantara con las runas adecuadas, para que la voluntad del mundo registrara nuestro acuerdo, algo que podría hacer mañana mientras daba la clase, de esta forma, podríamos revisarlo de nuevo para ver si habíamos omitido algo.
Cuando todo estuvo terminado y Dharai procedía a guardar el contrato en su brazalete, supe que era el momento adecuado para preguntarle sobre algo que me había estado rondando por mi cabeza desde nuestro encuentro con Sylion y Kaelun y que no había tenido la oportunidad de expresarla debido a todos los hechos impactantes que había tenido que lidiar.
—Dharai, espera —interrumpí a la guerrera con suavidad.
—¿Sí, señorita? —respondió la guerrera confundida por mi repentino llamado.
—Quiero preguntarte algo, si estás de acuerdo con ello —dije, tratando de buscar una confirmación de ella.
—Puede hacerme las preguntas que desees señorita —afirmó con solemnidad Dharai, mirándome con total concentración.
—¿No tiene curiosidad por lo que dijo Sylion por mi alma? —pregunté con una voz que denotaba una seguridad que no sentía en mi interior. Aun así seguí con mi interrogatorio—. No me has hecho ni una pregunta sobre el tema, a pesar de que mi singularidad es la base de todo este acuerdo.
Con mis argumentos expuestos, observé con atención su rostro estoico, tratando de encontrar en él alguna pista que desvele sus verdaderos pensamientos, pero mi esfuerzo fue en vano, porque no pude discernir nada de su expresión.
—¿Por qué debería indagar en los secretos de la familia Vritragon? Mi única responsabilidad es protegerte señorita —fue lo único que pronuncio ella como excusa, pero fue suficiente para aclarar todas mis dudas.
Al parecer, había un malentendido de su parte, sin embargo, no pensaba aclararle nada, pues algunas cosas eran mejor que se mantuvieran en secreto de todos.
Ya con mi mente despejada y tranquila por haber resuelto una de mis grandes inquietudes, procedí a despedirme de ella y dirigirme a mi cuarto con la esperanza de que el sueño me alcanzara apenas tocara la almohada y así seguir con mi cultivación.
Pues no sabía si podía cumplir los requisitos para completar el ciclo completo cuando ya era tan tarde.
Sin embargo, todas mis esperanzas de poder completar mi técnica de meditación se fueron a la basura cuando, mi cerebro, siendo rebelde sin causa, decidió darme una buena idea justo en ese momento.
Esta consistía en crear una especie de diario de campo, con el objetivo de registrar todos los conocimientos que adquiera durante mi estancia fuera de la barrera.
Priorizando en la historia acontecida durante de las otras razas de Lerum durante los últimos cien mil años de aislamiento, además, de escribir sobre anécdotas, avances mágicos, conocimiento no registrado, entre otras cosas.
Todo esto lo haría con la esperanza de que mis escritos fueran de gran ayuda para los dragones.
Por eso, la apariencia de la libreta era muy importante: debía ser solemne y para nada colorida, pues mi instinto me advertía de que lo que iba a escribir podría ser leído por muchas personas en un futuro lejano, así que debía ser cuidadosa con todo para evitar vergüenzas.
Sabiendo demasiado bien que no podría dormir si no ponía en práctica mi idea, me resigné a que hoy no podría llevar a cabo mi técnica de meditación, por lo que me levanté para buscar en mi espacio plegable, el cuaderno perfecto para convertirse en mi diario de campo.
Así que bajo la luz natural de las dos lunas y la de mi lámpara de mesa, comencé a escribir el primer pasaje de mi diario:
“Día 13 del mes Austoris, año 02 del ciclo 100. Nuevo calendario dr humano.
Ubicación: Cordilleras Rubbersilu, lejos del asentamiento.
Hoy se cumple aproximadamente cuatro meses desde que tuve que abandonar de forma abrupta mi hogar y a mi querida familia.
En este preciso día, se cumplió uno de mis mayores temores desde que decidí abandonar nuestra aldea para buscar más conocimientos: el contacto con otras razas.
Aunque tenía miedo de enfrentar la discriminación y la esclavitud a la que tanto huía mi raza, tenía aún más curiosidad por saber cómo el mundo después de cien mil años de aislamiento.
Por ese motivo Dharai y yo decidimos cooperar con nuestros dos visitantes inesperados, los cuales, demostraron ser aún más singulares en condición: un nigromante de raza desconocida (probablemente sea un elfo o un siren) y una bestia despertada viva como su compañero.
Tal descubrimiento me dejó desconcertada, ¿Cuáles eran las probabilidades de que, en nuestro primer contacto con extranjeros, aparecería una subclase tan rara? Era como un milagro hecho realidad, uno muy conveniente, por cierto.
De esos que solo se sucede una vez en la vida, si tienes suerte.
Y su presencia era justo lo que necesitábamos.
Su información sobre las almas será un valioso recurso para nuestro pueblo.
Rezo a la conciencia mundial para que la alianza que acordemos mañana sea muy fructífera para los dos bandos, en especial para el nuestro…”
Ya era de madrugada cuando terminé de escribir la primera entrada del diario de campo. Tuve que alterar algunos datos por precaución mientras escribía, ya que siempre existía la probabilidad de que algún extranjero lo leyera.
Claro que, una vez ya dentro de la barrera, tendría que cambiar el contenido alterado y hacer algunas ediciones, si lo quería presentar como un trabajo académico.
Mi cerebro por fin se calmó al ser testigo de la finalización de mi escritura, por lo que no perdí el tiempo y me acosté con la intención de que en el corto tiempo que queda pueda soñar, justo cuando ya me envolvía en mis suaves sabanas, noté que no había cerrado las cortinas de la ventana, así que molesta me levanté otra vez para cerrarla y asegurar los pestillos de esta.
Sin embargo, tuve que parar un momento mi acción, al ver las dos lunas de Lerum, brillando en todo su esplendor. Su tono, uno azulado y otro purpurino, le daba un aspecto de cuento de hadas a la densa selva que nos rodeaba.
Contemplar su aparición, hizo que la nostalgia inundara mi interior, su presencia en el cielo era una vista fascinante, la cual, no me había dejado de impactar, desde la primera vez que fui testigo de esa fantástica escena.
Sus existencias, era un firme recordatorio de que me encontraba en otro mundo, muy alejada de mi antigua tierra natal, tal vez nos separaba por galaxias o universos enteros, lo que hacía imposible volver a ver a la familia que había dejado atrás.
Pero ya no sentía tristeza al pensar en ellos pues sea cual sea la verdad detrás de mi segunda vida, el pasado ya no me obsesionaba ni me causaba angustia.
Aparte de querer saber sobre el destino de mis estudiantes, que viajaban conmigo en el bus cuando ocurrió aquel aparatoso accidente, había logrado superar todo lo demás de mi antigua vida. Pues sabía que mi familia estaría bien cuidada con el dinero del seguro y los ahorros que dejé, además de que tampoco tenía hijos ni pareja a quienes extrañar.
Por lo que para tranquilizar mi conciencia, rezaba de vez en cuando, al desconocido ser que me trajo a este mundo para tener una nueva oportunidad, para que se apiadara de mis estudiantes y evitaran el mismo destino que el mío en ese accidente.
Aunque si lo pensaba con más detenimiento, si ellos supiera dónde estaba ahora, muchos harían todo lo posible, incluso vender sus almas a ese extraño ser, con tal de tener una experiencia igual a la mía.
Solo de pensar en el escándalo que formarían algunos de los más infames, era suficiente para hacerme estremecer con fuerza.
En definitiva, la ignorancia, en cantidades moderadas, traía felicidad a todos los implicados,
Yo solo quería vivir mi segunda vida en tranquilidad con mis seres queridos, pues eso de buscar aventuras no era lo mío y más si tenía que experimentarla con esa clase de compañía.
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