Los sucios asuntos de un vampiro y su madrastra cachonda - Capítulo 14
- Inicio
- Los sucios asuntos de un vampiro y su madrastra cachonda
- Capítulo 14 - 14 Los amigos de mi mamá son mis amigos también 1
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
14: Los amigos de mi mamá son mis amigos también (1) 14: Los amigos de mi mamá son mis amigos también (1) La noche de sexo con Naomi fue realmente inolvidable; tras esa primera follada intensa, hubo otra más o menos una hora después, el tiempo justo para terminar el porro y recuperar algo de aguante.
Al final, entre el colocón y el agotamiento, se desplomó literalmente sobre mí, quedándose dormida al instante.
Pero como soy un vampiro —y como tal no disfruto del placer de dormir—, tuve que soportar la tortura más terrible que se pueda imaginar: tener a Naomi completamente desnuda y empapada sobre mí, sin poder hacer nada con ella.
Desde luego, no voy a follarme a una chica que está inconsciente.
Y, sin embargo, todavía no puedo quitarme de la cabeza ese toque de melancolía que tuvo justo después de que me corriera dentro de ella, cuando insistió en que no me hiciera ideas raras sobre un futuro romántico entre nosotros.
Obviamente, ni se me había pasado por la cabeza tal escenario, pero ¿por qué darle tantas vueltas?
En fin…
De todos modos, mejor ahuyentar estas preocupaciones divirtiéndome un poco con la señora Fenwick.
Ella y mi madre son compañeras de trabajo —bueno, técnicamente Veronica es su jefa—, aunque por la forma en que se tratan no lo parece.
Se conocen de toda la vida y, desde que tengo memoria, la señora Fenwick y su marido han venido a cenar a casa al menos una vez al mes.
Pero, giro de guion, la semana pasada apareció sola.
Y ni siquiera tuve que preguntar por qué, ya que después de su primera copa de vino empezó a divagar sin parar.
Resumiendo, cree que su marido la engaña porque lleva más de un mes sin tocarla.
Y estamos hablando del mismo tío que, no hace mucho, se le tiraba encima a la mínima oportunidad, hasta el punto de que ella tenía que tener cuidado al andar por casa en ropa interior.
Y puede que sea precisamente por venganza contra su marido supuestamente infiel por lo que estamos aquí —a espaldas de Veronica—, tomando copas caras en uno de esos bares de ambiente para mujeres solas que me encanta visitar cuando me aburro.
La señora Fenwick no es exactamente mi tipo ideal; a pesar de tener la misma edad que mi madrastra, hay un abismo entre ellas.
Y claro, aprecio que se haya esforzado al máximo por parecer elegante y atractiva…, pero hay cosas difíciles de ocultar, como sus pechos ligeramente caídos o esa pequeña barriguita que asoma bajo su vestido negro, ajustado y escotado, a juego con su pelo ondulado.
Y, sin embargo, por alguna razón… me sigue poniendo.
Y mucho.
—Debe de haber sido muy aburrido para ti escucharnos a mí y a tu madrastra cotillear todo el rato sobre ese cabrón de mi marido… pero, ya sabes, Veronica es la única persona del mundo en la que confío de verdad, y no son temas que puedas sacar en el trabajo… —masculla la señora Fenwick, arrastrando un poco las palabras; ya va por su cuarto Cosmopolitan y acaba de pedir el quinto.
—Claro —digo, encogiéndome de hombros—.
En realidad, me alegro mucho de que os llevéis tan bien; mi madre no tiene mucho tiempo para hacer amigos por el trabajo, así que es genial que tenga buenas amigas como tú.
Una mentira como una casa.
La verdad es que nunca en mi puta vida me había aburrido tanto.
Pero, por suerte, lo que pasó justo después de que la señora Fenwick se fuera me levantó el ánimo de inmediato.
Veronica estaba claramente achispada por el vino, y después de divagar sin parar sobre sexo y todas las cosas que el señor Fenwick solía hacerle a su mujer pero que ya no le hace… Ah, nunca olvidaré las dulces y melódicas palabras que arrastró esa noche, bajo los efectos del vino y la excitación, mientras me la follaba con fuerza.
—J-Jacey… P-Prométeme… ¡prométeme que nunca dejarás de follarme!
¡Prométeme que nunca tendré que ir a quejarme a mis amigas de que me ignoras incluso cuando me paseo por casa semidesnuda!
Veronica no tiene nada de qué preocuparse, eso no pasará nunca.
—Y de todos modos… —añado, esbozando una leve sonrisa—.
…los amigos de mi madre también son mis amigos.
¿Y qué clase de capullo sería si le diera la espalda a una amiga que necesita a alguien con quien hablar?
—Entonces solo puedo alegrarme de contar con un amigo tan amable y atento como tú —responde, contoneando las caderas mientras se desliza lentamente por el sofá, acercándose cada vez más a mí—.
Sabes, estoy pasando por un momento muy difícil por los problemas con mi marido… y ahora mismo creo que lo único que necesito para superar esta etapa es un amigo de confianza como tú…
Tocado y hundido.
Mi polla empieza a presionar contra mis calzoncillos en el momento en que siento su mano rozarme el muslo.
Al principio es solo un ligero roce, como si quisiera que pareciera accidental; pero luego la posa en mi muslo con una seguridad y naturalidad propias de quien apoya la mano en alguien con quien ya existe cierto nivel de familiaridad.
No pierdo ni un segundo.
Pongo mi mano sobre la suya y, con un movimiento deliberadamente lento para aumentar aún más su impaciencia y su deseo, guío su mano directamente sobre mi polla dura.
Y en el momento en que la siente, un leve gemido se escapa de sus labios; probablemente ya está saboreando el placer que una polla como esta le va a dar.
Sus dedos se cierran con avidez alrededor de mi miembro, moviéndolo como si fuera la palanca de cambios de un coche, mientras sus ojos —brillantes por el alcohol y el deseo— se entrecierran, y sus labios carnosos, cubiertos de un provocador pintalabios rojo, se acercan a mi oído.
—¿Quieres dar una vueltecita en el coche…?
Ya sabes, los asientos del Jeep de mi marido son muy espaciosos… —susurra, lamiéndome el lóbulo de la oreja.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com