Los sucios asuntos de un vampiro y su madrastra cachonda - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 Los amigos de mi mamá también son míos 2
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15: Los amigos de mi mamá también son míos (2) 15: Los amigos de mi mamá también son míos (2) —Oh, Dios, Jace… oh, Dios… aaah… j-joder…, ¿p-por qué esperé tanto para que me follaras?
—gime la Sra.
Fenwick.
Está a cuatro patas sobre los asientos traseros de su Jeep, en el aparcamiento vacío de un centro comercial a las afueras de Manhattan.
Arrodillado detrás de ella, le machaco el coño con todas mis fuerzas, con las manos estrujándole el culo; no tan firme y prieto como el de Veronica, pero aun así agradable y redondo, tal y como me gusta.
—Y-Yo también… me estoy maldiciendo por haber esperado tanto para invitarte a esa copa… —jadeo.
No miento: la idea de follarme a la Sra.
Fenwick lleva al menos dos años rondándome la cabeza.
No es que sea un pibón, pero el hecho de que sea la mejor amiga de mi madre lo hace todo más emocionante.
Venga, todo el mundo ha fantaseado con las amigas de su madre, ¿no?
Por desgracia, el noventa y nueve por ciento de las veces esas fantasías se quedan en solo eso, y estaba bastante seguro de que lo de la Sra.
Fenwick no pasaría de ser la fantasía de un adolescente salido.
Y, sin embargo, resultó ser incluso más fácil de lo que pensaba.
No es que tuviera ninguna duda —desde el momento en que aceptó quedar para tomar algo, ya sabía cómo iba a acabar la noche—, pero, aun así, incluso con un matrimonio inestable, siempre existe el riesgo de que la asalte la culpa o el arrepentimiento cuando la besa, la desnuda y la folla alguien que no es su marido.
Pero eso no ocurrió con la Sra.
Fenwick; joder, ¡si hasta me la estoy follando en el coche de su marido!
Cuanto más gime y me ruega que la folle como a una puta, con más fuerza le estrujan mis dedos su culo blando y ligeramente caído, y con más fuerza entra y sale mi polla de su coño empapado y chorreante.
—N-No se lo digas a tu madre…, ¿vale…?
Aaah… —jadea, lamiéndome y chupándome los dedos—.
N-No quiero discutir con ella ni que piense cosas raras de mí…, que piense que soy una pervertida, una maníaca… E-Esto…, esto será nuestro pequeño secreto, Jace…, por favor… aaaaah…
—N-No te preocupes… Será nuestro pequeño secreto… —susurro.
Luego le meto la lengua en la boca y volvemos a besarnos.
Y, al cabo de apenas un par de minutos, sus gemidos se vuelven más agudos y fuertes, ahogados por mi lengua.
Siento cómo se le contrae el bajo vientre, cómo sus dedos se aferran con fuerza a mis brazos… Está ocurriendo.
Un torrente caliente brota de su coño y me salpica todo el interior del muslo.
—J-Jace… quiero más… —jadea—.
N-Nadie me había follado así en la vida, Jace, te lo juro… Siempre me he acostado con hombres mucho mayores que yo.
Siempre he tenido este fetiche por los hombres mayores, quizá porque asociaba más experiencia con más placer sexual…, y, sin embargo, nadie me había hecho correrme como tú acabas de hacerlo, te lo juro…
Un buen chute para el ego, desde luego.
No es que lo necesite, pero siempre sienta bien oírlo.
—… E-Es extraño, ¿no?
—continúa, mientras empieza a mover de nuevo las caderas más deprisa, hacia delante y hacia atrás, con mi polla todavía dentro.
—¿Q-Qué tiene de extraño…?
—Q-Que después de casi treinta años de follar solo con hombres diez, quince… o hasta veinte años mayores que yo, el que más me ha hecho correrme resulte ser el más joven con el que he estado… está claro que la edad no importa en absoluto para ciertas cosas… aaah… a-aunque acabo de correrme, dame dos minutos y volveré a empapar los asientos…
Bueno, la entiendo.
Yo también siento predilección por las mujeres mayores; probablemente sea por culpa de Veronica.
La Sra.
Fenwick tuvo otros dos orgasmos antes de que por fin llegara mi turno de correrme.
Y, en cuanto siento el orgasmo ahí, en la punta de la polla, salgo bruscamente del coño empapado de la Sra.
Fenwick.
Me corro por toda su espalda, y luego me dejo caer hacia atrás, apoyando la espalda en el interior de la puerta del Jeep y soltando un largo suspiro de satisfacción.
¿Que por qué no me he corrido dentro de ella?
Parece obvio, ¿no?
Solo Veronica y Naomi —las únicas mujeres del mundo a las que amo— merecen ese honor.
Podríamos considerarlo una profunda e intensa demostración de amor, un privilegio reservado únicamente a quienes han conseguido abrirse paso hasta mi corazón.
Y no, la Sra.
Fenwick, desde luego, no forma parte de ese círculo tan exclusivo.
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