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Luna Rechazada: Unida a mi hermano el Alfa - Capítulo 97

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97: Capítulo 97 97: Capítulo 97 EVANGELINE
La piel me hormigueaba de nerviosa expectación.

Sabía que tendría que intimar con él en algún momento, pero esperaba tener algo más de tiempo para asimilar el nuevo acuerdo que había firmado.

La mirada penetrante de Nicholas no me facilitaba las cosas, como tampoco lo hacía el hecho de que se alzara imponente sobre mí.

Sus ojos me perforaban la piel y no parecía importarle que yo me removiera incómoda; se limitaba a seguir mirando.

A su favor, no repitió su orden; simplemente esperó, dándome la oportunidad de asimilarla.

No era que no lo encontrara atractivo, es que la situación era angustiante.

La última vez que intenté seducirlo, acabé expulsada de su casa.

Después de aquello, intenté verlo solo como un hermano…

al fin y al cabo, eso es todo lo que se suponía que éramos el uno para el otro.

Sin embargo, estaba claro que eso había fracasado, viendo que ambos nos encontrábamos en este aprieto.

Me acerqué a él y me puse de puntillas.

Era mucho más alto que yo, pero no intentó facilitarme las cosas bajando la cabeza.

Apoyé las manos en sus hombros para mantener el equilibrio y apreté mis labios contra los suyos.

Al principio fue incómodo.

No tenía ni idea de qué hacer, y él no me ayudaba en absoluto.

Tardé un segundo en empezar a mover mis labios contra los suyos.

Él se tensó una fracción de segundo antes de posar sus manos con firmeza en mis caderas.

Me acercó más a él y yo rompí el beso de inmediato, con las mejillas sonrojadas.

Si no lo hubiera hecho, era imposible saber adónde habría llegado ese beso.

Me aclaré la garganta y di un paso atrás, intentando actuar como si fuera ajena a todo lo que había pasado.

—Quiero ver a Bella ahora —dije con firmeza.

Me miró fijamente un segundo antes de asentir.

—Por supuesto.

Iré contigo a pagar la fianza.

Ya he llamado a mi abogado para que nos espere allí.

Insistí en que fuéramos en coches separados, pero Nicholas se me quedó mirando como si me hubiera salido una segunda cabeza y me abrió la puerta del copiloto.

El viaje en coche hasta el centro de detención fue silencioso.

No podía saber qué estaba pensando él, pero yo solo podía pensar en el estúpido beso.

Para ser un beso, fue jodidamente corto, pero ocupaba cada rincón de mi mente.

Por suerte, ver a Bella me distrajo.

Tenía mucho peor aspecto que ayer.

Llevaba el pelo sucio y los ojos hundidos, lo que me hizo saber que no había dormido nada.

Me sentí jodidamente fatal al saber que yo había dormido en la cama con Nicholas mientras ella estaba aquí.

—Gracias —susurró, echándome los brazos al cuello en cuanto la dejaron salir de la celda—.

Sabía que me sacarías.

—En realidad, ha sido Nicholas —dije, señalando al hombre que estaba detrás de mí—.

Él ha pagado la fianza.

Sus cejas se arquearon por la sorpresa.

Sabía de mi turbulenta relación con Nicholas.

No se lo había contado todo, pero sí le hablé del flechazo que tuve con él cuando éramos más jóvenes y de cómo me había rechazado.

—Gracias —le dijo a él, con los ojos brillantes de gratitud.

—No ha sido nada.

—Se metió la mano en el bolsillo y sacó un sobre—.

Deberías coger esto.

Por todas las molestias de haber pasado la noche aquí.

El sobre era grueso.

Estaba claro que estaba lleno de dinero en efectivo.

Los ojos de Bella se abrieron de par en par por la sorpresa y retrocedió.

—No podría aceptarlo.

Ya has pagado mi fianza.

Es demasiado.

—No es nada —le aseguró él, pero ella negó con la cabeza.

—Con esto es suficiente.

Solo quiero ir a casa y echar una siesta.

—Yo te llevo, ven con nosotros.

Dejó a Bella en su casa y esperó a que entrara y cerrara la puerta con llave antes de llevarme por fin al trabajo.

Hoy no me tocaba ir al hospital.

En cambio, debía ir al centro de investigación.

Tenía que hacer una presentación para los patrocinadores y los demás médicos.

A pesar de no haberla repasado ayer, tenía mucha confianza en ella.

Pasé noches en vela perfeccionándola y estaba segura de que dejaría a todos boquiabiertos.

Tenía el potencial de llevar nuestro experimento al siguiente nivel.

Sin embargo, cuando terminé de hablar, me encontré con ceños fruncidos.

—No puede estar hablando en serio —dijo uno de los patrocinadores con desdén—.

Eso costará cientos de miles de dólares.

—¿Qué esperas?

—preguntó otro—.

Parece que acaba de salir de los pañales.

Pensé que aquí contratábamos a médicos con experiencia.

No vamos a tirar el dinero a la basura.

Intenté que sus palabras no me hirieran.

Conocía mis capacidades y sabía que estaba cualificada para estar aquí.

Era joven, pero me había formado y había trabajado para conseguir todo lo que tenía.

No iba a dejar que un puñado de aristócratas ricos me lo arrebatara.

—Yo le daré el dinero —dijo Nicholas, haciendo que todos se volvieran hacia él—.

Su idea parece increíble, y si es dinero lo que necesita, yo la financiaré.

Al fin y al cabo, si funciona, nos pondrá en el mapa.

Hubo un coro de murmullos y a ninguno de ellos le agradaron las palabras de Nicholas.

Estaba claro que tenían más que decir, pero se lo guardaron para sí mismos.

No fue hasta que terminó la reunión que me di cuenta de hasta qué punto estaban en contra de la idea.

Acababa de salir del baño cuando los oí hablar.

—Su favoritismo descarado está a la vista —susurró uno de ellos—.

Su idea era una gilipollez.

—No puede decírselo a la cara, ¿o sí?

¿No has visto cómo la miraba?

Es obvio que se la está tirando.

Se rieron como maníacos y salí corriendo de allí tan rápido como me lo permitieron las piernas.

Estaba tan concentrada en salir que no me di cuenta de inmediato de que Nicholas me había traído el coche al trabajo en algún momento del día.

Simplemente me subí y me marché, con la esperanza de meterme bajo las sábanas y prepararme una buena taza de té.

Estaba pasando en coche por delante de su casa cuando vi a alguien en la puerta principal.

Tardé un segundo en reconocer el elegante recogido de Ilona.

En contra de mi buen juicio, reduje la velocidad y observé cómo introducía el código de la casa y entraba, con un contoneo de caderas.

Algo oscuro y retorcido se arremolinó en mis entrañas.

Intenté ignorarlo, con la esperanza de que si no le ponía nombre, no existiría, pero no funcionó.

No importaba que no lo dijera en voz alta porque sabía exactamente qué era ese sentimiento…

Celos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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