Lux de Luna - Capítulo 111
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Capítulo 111: La doble vida de mi madre
El tiempo en aquel lugar parecía comportarse de forma caprichosa, como si no respondiera a ninguna ley conocida. Lux lo percibía en cada latido, en cada respiración, en cada sensación que recorría su cuerpo. Era como si hubiera cruzado no solo un portal… sino una frontera invisible entre realidades.
Cuando su madre le reveló la existencia de una hermana, algo dentro de ella se quebró suavemente. No fue dolor. Fue desconcierto. Un desajuste en todo lo que creía saber.
Lux no entendía nada… pero, por primera vez en mucho tiempo, decidió no preguntar.
Asintió.
Confió.
Y se quedó.
La habitación en la que se encontraba era extraña, pero no hostil. Había una cama amplia, cubierta con telas suaves; una ventana por la que entraba una luz dorada que no quemaba; y objetos que no comprendía, pero que despertaban su curiosidad.
Su madre, antes de salir, la miró con una gravedad que no admitía discusión.
—Quédate aquí. Te prometo que no tardaré. Pero por favor, no se te ocurra salir de esta habitación.
—Todo este lugar es tan diferente al nuestro. —suspiró Lux un poco ansiosa.
—¡Oh, lo sé! El reino de los humanos, nada tiene que ver con el nuestro.
Fue entonces, cuando a Lilian se le ocurrió coger el mando de la tele y encenderla para sorpresa de Lux.
—¡Mamá! ¡Hay personas encerradas en esa caja! ¿Qué es esto?
Lilian sonrió amablemente, mientras la sujetó de una mano.
—Ven, siéntate aquí.
Lux se sentó en la orilla de la cama, mientras no podía dejar mirar la pantalla plana de la caja enorme que estaba en medio de la habitación.
—Tengo mucho que contarte y hay tan poco tiempo, que creo que me volveré loca. —confesó Lilian un poco abatida con la situación.
—Escucha, esta caja es un televisor, y se usa para entretenimiento. Las personas no están encerradas.
—Ah, ¿no? —pregunta Lux sorprendida.
—No, la tele es un sistema de transmisión de imágenes a distancia a través de diferentes medios electromagnéticos. Que se reproducen posteriormente en un aparato receptor.
—¿Cómo una proyección astral que da sensación de estar flotando fuera de tu propio cuerpo?
—Bueno, algo así.
—¡Guau! ——murmuró en más de una ocasión, con los ojos brillantes como los de una niña.
—Lux, tengo otra familia. Tengo que encontrar el momento para presentarte a ellos. Por el momento, no quiero que salgas de aquí.
—Pero tengo que regresar, me estaba terminando de cambiar de ropa para bajar a cenar con mis compañeros.
—No te preocupes por eso. No tardaré.
Lux obedeció.
—Vale. Me quedaré viendo la tele. La omega esa que está en la caja, parece estar preparando un pollo y parece que va a estar muy rico.
Pero en cuanto Lilian desapareció tras la puerta, su mirada comenzó a recorrer el lugar con avidez. Había pasado toda su vida entre piedra, madera rústica y el olor salvaje de la manada… y ahora estaba rodeada de algo completamente distinto.
Algo… civilizado.
Algo… humano.
Cuando Lilian regresó, Lux se alegró de volver a verla.
—Aquí estas. —suspiró Lilian bastante aliviada.
—Mamá, ¿sabías que hay que cambiar los utensillos cuando cortamos aves crudas y luego queremos cortar vegetales?
—Sí, eso se llama higiene alimentaria para prevenir contaminaciones cruzadas.
—¡Qué pasada!
Pero aquella calma no duró.
Porque la realidad, como siempre, terminó alcanzándolas.
Cuando Lilian le pidió la obsidiana, el ambiente cambió.
—Escucha, necesito que me devuelvas la obsidiana.
Lux lo sintió.
La energía en la habitación se volvió más densa, más seria. Ya no era una madre enseñando a su hija… era alguien que tomaba una decisión importante.
—¿Por qué quieres la piedra, madre?
—¿Por qué crees que vivo entre los humanos?
¿Por qué ya no tienes poderes y no eres una loba?
—Exacto. La piedra alberga poderes que me ayudarán, llegado el momento.
Y Lux, aunque desconfiada por un instante, terminó cediendo.
No porque entendiera.
Sino porque quería confiar.
Cuando la piedra abandonó su cuello, un leve vacío la recorrió. No era doloroso… pero sí significativo. Como si acabara de entregar algo más que un objeto.
Había entregado una llave.
Una conexión.
— ¿Y yo? —preguntó entonces, con una vulnerabilidad que rara vez mostraba.
La respuesta de Lilian no fue fría, pero tampoco reconfortante del todo.
— Tú tienes mucho poder. Siempre supe que serías la elegida.
Lux era poderosa.
Pero también… sola en su camino.
Aquello la marcó más de lo que dejó ver.
Aun así, se mantuvo firme.
—¿Y cómo voy a volver aquí?
—No vas a volver, hija. Este sitio es muy peligroso para personas como tú.
—Pero tú estás aquí.
—Te visitaré más adelante, hija. Prometo no abandonarte.
— Necesito información y, el hada parco en detalles importantes de Oz, no me cuenta nada.
—Lo sabrás todo en su debido momento, Lux. Pero ahora tienes que regresar o tus compañeros armarán una guerra antes de tiempo.
—¿Todo este tiempo has sido tú la que me ha estado ayudado?
—Te he liberado de una parte de la maldición. Tu alma está dividida entre el poder divino y el poder oscuro.
—He aprendido a manejar mi poder divino, pero el oscuro… —Lux se sonroja.
—Mientras obres de buena fe, no te ocurrirá nada malo. —confía en mí.
Lux entendió algo que antes no podía…
Su poder no era solo un don… era una responsabilidad.
—¿Por qué no puedo conocer a mi hermana?
—Porque no la he preparado para esto. Ella no sabe nada de mi vida pasada y, decirle ahora que he tenido una hija sanadora y la he abandonado en el Reino de los Lobos, puede que le cause un shock.
—¿Sabes que mi padre está en el Reino de los Lobos?
Lilian se sonroja.
—Sí, tengo comunicación directa con Oz.
—¡Jo, a ti te lo cuenta todo, pero a mí, me lo dice con cuanta gota!
—Oz es mi cuidador. Siempre lo ha sido e intenta protegerme.
—Papá te está buscando y no parará hasta encontrarte.
—Lux, para Cornelius solo han pasado algunos meses desde que me he marchado del Reino Sagrado, pero para mí, han pasado los mismos años que tú.
—¿El Reino de los Humanos transcurre igual que el de los lobos?
—Así es. Llevo dieciocho años entre los humanos y, en ese tiempo, conocí a un gran hombre con el cual me he casado.
La conversación avanzó entre verdades a medias y silencios cargados de significado. Lux descubrió que su madre llevaba dieciocho años viviendo allí, que había construido otra vida, que incluso se había casado.
Y aunque intentó tomárselo con humor…
—Pobre papá cuando se entere…
En el fondo, algo le dolió.
No era celos.
No era enfado.
Era la sensación de haber sido dejada atrás en una historia que continuó sin ella.
Pero no hubo tiempo para profundizar en ese sentimiento.
Porque el destino, caprichoso como siempre, decidió intervenir.
La puerta se abrió.
Y con ella… el equilibrio se rompió.
Mina apareció.
La escena se congeló.
Lux la observó con intensidad, como si intentara encontrar en su rostro alguna parte de sí misma. Y en cierto modo… la encontró.
Había algo en sus ojos.
En su forma de mirar.
En la manera en la que su presencia llenaba el espacio.
Eran distintas.
Pero estaban conectadas.
Mina, por su parte, no entendía nada. Su mundo era simple, ordenado, lógico… y aquella chica vestida de forma extraña, con una presencia que parecía alterar el aire mismo, no encajaba en él.
El momento duró apenas unos segundos.
Pero fue suficiente.
La reacción de Lux fue instintiva.
No hubo duda.
No hubo vacilación.
Su poder fluyó con naturalidad, envolviendo a la joven en una bruma blanca que suspendió su conciencia en un estado entre el sueño y la vigilia.
Silencio.
Control.
Protección.
Cuando Lilian reaccionó, lo hizo con una mezcla de miedo y alivio.
—¡Lux! ¿Qué le has hecho a tu hermana?
Pero Lux, lejos de mostrarse alterada, permaneció serena.
—No te preocupes, ya domino todos mis poderes. La he paralizado. Cuando despierte, no recordará nada.
Y no mentía.
Su control era real.
Su poder… preciso.
Pero lo que más sorprendió a su madre no fue eso.
Fue la seguridad con la que hablaba.
—¿Y ahora como cruzo el portal sin el colgante?
—Tú no necesitas las piedras. El collar, solo te condujo hasta mí.
—Ah, entonces puedo volver aquí cuando quiera. Ya sé dónde estás.
Lilian se tensó
—Prométeme que no lo harás.
—Dicen que los poderes han desarrollado un carácter menos sumiso en mí. No suelo hacer caso a nadie.
—¡Hija!
Lilian comprendió que ya no era esa joven indefensa que ha intentado proteger por medio de sus sueños.
En su lugar había alguien más…
Alguien que comenzaba a entender lo que era.
—¿Cómo se llama mi hermanita?
—Mina.
—Es bonito como ella.
—Se parece a ti.
—Bueno, me marcho. Ya nos vemos.
El abrazo de despedida fue distinto al primero.
Más corto.
Más consciente.
Más cargado de todo lo que no se había dicho.
Lux no lloró esta vez.
Solo memorizó.
El calor.
El aroma.
La sensación de pertenencia.
—Volveré —dijo.
Y no fue una amenaza.
Fue una promesa.
Cuando desapareció, el aire en la habitación pareció aligerarse… pero también volverse más frío.
Lilian exhaló lentamente.
—Eso ha estado demasiado cerca…
Pero no hubo tiempo para relajarse.
Porque Mina comenzó a moverse.
Sus párpados temblaron.
Su respiración cambió.
Y cuando abrió los ojos… algo no estaba bien.
La confusión era evidente.
Pero no total.
Había fragmentos.
Sensaciones.
Sombras de lo ocurrido.
—Mamá…
Su voz tembló ligeramente.
—¿Qué demonios acaba de pasar?
Lilian sintió cómo su corazón se aceleraba.
Porque aquello no debía ocurrir.
No así.
No tan pronto.
Se acercó despacio, intentando mantener la calma.
—Nada, cariño… debiste marearte un poco.
Pero Mina no apartó la mirada.
Y en sus ojos… había algo nuevo.
Duda.
Curiosidad.
Y una chispa peligrosa de intuición.
—Había alguien aquí…
Lilian tragó saliva.
—No, Mina…
Pero la joven negó lentamente.
—Sí… lo sentí.
El silencio se volvió pesado.
Denso.
Y por primera vez en muchos años… Lilian comprendió que su mundo cuidadosamente construido comenzaba a agrietarse.
Porque Lux había llegado.
Y con ella…
La verdad.
Una verdad que ya no podría mantenerse oculta por mucho más tiempo.
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La imagen del capítulo de hoy, os la dejo en comentarios.
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