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Lux de Luna - Capítulo 112

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Capítulo 112: Fortaleciendo el vínculo

La habitación aún conservaba el calor del cuerpo de Lux cuando el aire volvió a vibrar suavemente a su alrededor. El leve destello que acompañaba sus desplazamientos se disipó en cuestión de segundos, dejándola nuevamente en el centro de su mundo… su verdadera casa.

Pero esta vez, no la recibió el silencio.

Las miradas de Conall y Zeta la estaban esperando.

No eran miradas de alivio.

Eran miradas cargadas de tensión, de miedo contenido… y de algo más profundo que Lux tardó apenas un segundo en reconocer.

Habían sufrido.

—¡Hola! —dijo ella con naturalidad, intentando suavizar el ambiente.

Pero su voz no logró romper la tensión.

Conall fue el primero en reaccionar.

Su postura era rígida, sus hombros tensos, y sus ojos… demasiado oscuros.

Había pasado del alivio a la furia en un solo latido.

— ¿Dónde estabas? —su voz no fue un grito, pero llevaba dentro todo el peso de uno—. Ya estaba por lanzar la voz de alarma.

Lux frunció levemente el ceño.

—Creo que exageras.

El error fue inmediato.

Conall dio un paso al frente, y por un instante, su presencia llenó toda la habitación.

—No tienes idea del peligro que significa que estés sola.

Zeta no tardó en intervenir, pero esta vez… no para contradecirlo.

—Esta vez, él tiene razón.

Lux sorprendido, sorprendida.

No estaba acostumbrada a verlos en el mismo bando… contra ella.

—Tenía cosas que hacer…

—Nos avisas —insistió Conall, más controlado, pero igual de firme—. Y te acompañamos.

—Somos tus protectores por algo —añadió Zeta, acercándose un poco más.

Lux sintió cómo algo dentro de ella se resistía.

Su orgullo.

Su nueva seguridad.

Su poder.

—Puedo cuidarme sola —respondió, con más firmeza de la que pretendía—. Soy muy poderosa.

El silencio que siguió fue pesado.

Porque Conall negoció con la cabeza lentamente.

—Lo eres… cuando estamos a tu lado.

Esa frase el toque más de lo esperado.

—Por eso —continuó él—, ninguno de los tres puede alejarse.

Lux desvió la mirada, molesta.

—Me regañas como una niña.

—Es que te comportas como una.

La respuesta fue directa.

Dura.

Y completamente sincera.

Zeta suspir, intentando suavizar el ambiente.

—Creo que Lux lo ha entendido…

Pero Conall no estaba listo para dejarlo ir.

No todavía.

—No sabes las locuras que se me cruzaron por la cabeza —confesó, y su voz, por primera vez, se quebró—. Pensé que…

Se detuvo.

No pudo terminar la frase.

Pero no hizo falta.

Lux lo entendió.

Y en ese momento… toda su resistencia se desmoronó.

La culpa llegó como una ola.

Pesada.

Inevitable.

—Lo siento…

Pero para Conall… no era suficiente.

—No me vale con que lo sientas.

Zeta intervino entonces, más suave, pero igual de firme.

—Prométenos que no volverás a irte sin decirnos a dónde.

Lux levantó la mirada.

Los vio.

A los dos.

Y entendió algo que antes no había querido aceptar.

No era solo protección.

Era miedo.

Miedo real.

—Lo prometo…

Zeta fue el primero en acercarse.

La envolvió en un abrazo cálido, firme, y besó su cabeza con una ternura que contrastaba con toda la tensión anterior.

—Princesa… tienes que entender lo importante que eres para nosotros.

Lux cerró los ojos por un instante.

—Lo sé… ¿me perdonas?

—Siempre.

Pero faltaba uno.

Lux se separó suavemente y se acercó a Conall.

—Alfa… ¿tú también me perdonas?

Él no respondió.

Ni siquiera se mueve.

Solo la miró.

Y en esa mirada… había algo distinto.

Algo roto.

—¿Dónde has estado? —preguntó finalmente.

Lux sintió el peso de la verdad atrapado en su garganta.

No podía mentir.

Pero tampoco podía decirlo todo.

—El colgante de mi madre… abrió un nuevo portal.

El cambio en Conall fue inmediato.

—Ha cruzado sola… ¿un portal desconocido?

Su voz volvió a elevarse.

La tensión regresó.

—Sabía que debía hacerlo…

Pero esa respuesta no calmó nada.

Al contrario.

—Esto me supera…

Las palabras salieron más bajas.

Más… derrotadas.

Y entonces ocurrió.

Conall cayó de rodillas.

El sonido fue seco.

Brutal.

Como si algo dentro de él se hubiera quebrado.

—Rechaza mi parte del vínculo.

El mundo de Lux se detuvo.

— ¿QUÉ?

Zeta reaccionó de inmediato.

—¿Te has vuelto loco?

Pero Conall no apartó la mirada del suelo.

—No soportaría perderte… —susurró—. Pero si te pasa algo y no puedo protegerte…

Lux sintió cómo el aire le faltaba.

Se arrodilló frente a él, desesperada.

—Conall…

Intentó tocarlo.

Él se apartó.

—No me toques.

Eso dolió.

Más que cualquier otra cosa.

—Conall, ¿acaso has dejado de amarme?

La pregunta salió rota.

Frágil.

Y Zeta, incapaz de soportar más, se arrodillo junto a ellos, tomando sus manos con fuerza.

—Basta.

Su voz fue firme.

—Necesitamos fortalecernos… no separarnos.

Ambos lo miraron.

—Nuestro vínculo —continuó— es lo que nos mantiene en pie.

Conall alzó la mirada lentamente.

—Me estoy debilitando…

Zeta presionó los dientes.

—Es Marcus.

El nombre cayó como una sombra.

—Está drenando tu energía.

Lux sintió un escalofrío.

—Hablaré con él… lo expulsaré de tu cuerpo sea como sea.

—Hazlo —dijo Zeta—, pero ahora mismo… necesitamos estabilizarnos.

El silencio volvió.

Pero esta vez… era diferente.

Más íntimo.

Más cargado.

Zeta los miró a ambos.

¿Queréis fortalecer el vínculo?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Conall dudó.

Pero finalmente… asintió.

Con vergüenza.

Con necesidad.

Con miedo.

Lux los observó.

A los dos.

Sus compañeros.

Sus protectores.

Su hogar.

Y en ese instante… entendió.

No era solo deseo.

No era solo conexión física.

Era energía.

Era vida.

Pura supervivencia.

Su corazón latía con fuerza.

Su cuerpo respondía.

Pero su mente… analizaba.

¿Era el momento?

¿Era lo correcto?

Entonces recordó algo.

El poder oscuro.

El equilibrio.

La necesidad de no actuar desde el impulso.

Respiró hondo.

Se acercó más.

Tomó sus manos.

Y habló con suavidad.

—No desde el miedo…

Ambos la miraron.

—No desde la desesperación.

Su voz era firme ahora.

—Si vamos a hacerlo… tiene que ser porque queremos fortalecernos… no porque estamos rotos.

Zeta sonrió levemente.

Conall… la observar como si la viera por primera vez.

Y en ese momento, comprendió.

Lux ya no era la chica frágil que necesitaba ser protegida.

Era el centro.

El equilibrio.

La fuerza que los mantenía unidos.

Y sin necesidad de palabras…

Los tres cerraron la distancia.

No hubo prisa.

No hubo urgencia.

Solo conexión.

Sus frentes se apoyaron.

Sus respiraciones se sincronizaron.

Y la energía… comenzó a fluir.

Lenta.

Cálida.

Poderosa.

El vínculo no necesitaba ser forzado.

Porque ya existía.

Solo… debía ser recordado.

Y fortalecido.

Juntos.

Después del abrazo, Zeta fue el primero en levantarse y ayudar a Lux a hacerlo también.

Conall, por su parte se levantó solo quedándose de pie al lado de Lux.

— Te amo, Conall y moriría sin ti. No vuelvas a decir esas cosas, por favor.

Ella se paró de puntillas para alcanzar sus labios, mientras Zeta la sujetó de atrás para besar su marca en el cuello.

Lux escuchó sonidos húmedos de besos y succión cuando Zeta chupó su lóbulo de la oreja de manera provocativa, mientras ambas manos masajeaban su escote.

El beso fue dulce, lento y suave. Los dedos de Lux temblaron contra la mejilla de Conall.

— Sabes que te necesito. Eres todo para mí… —suspiró Lux a Conall.

Zeta supo entender que, en este momento, era Conall quien estaba más vulnerable y mantuvo su lugar a la espera de interactuar luego.

Conall se activó con el toque de Lux y, cogiéndola en brazos, la llevó hasta la cama.

La apoyó sobre el colchón, mientras se quitaba la ropa rápidamente, haciéndole señas a Zeta para que también se desvistiera.

— Acepto tus disculpas, pero esta noche vas a aprender la lección de lo que ocurre cuando se desobedece a un Alfa.

Su voz ronca, salió con destellos de exigencias que no estaba dispuesto a que nadie desobedeciera.

Lux tragó saliva esperando ver que tenía planeado Conall en su perversa mente.

— Zeta, sujétale las manos con la cuerda que hay en la mesilla de tu derecha.

La orden fue clara. Ella estaría imposibilitada de movimientos. Estaría a la merced de ellos.

— De acuerdo.

Zeta hizo lo que Conall le pidió y, en cuestiones de segundos, Lux tenía ambos brazos hacia arriba de su cabeza sujetos al cabecero de la cama.

Conall se inclinó sobre ella para susurrarle.

— Esta noche, pienso castigarte bien duro y Zeta me ayudará.

Su voz avivó las llamas del deseo de Lux, encendiendo el fuego dentro de ella.

— Te haré recordar, quien manda aquí, pequeña. Recordarás a quien le perteneces y a quien te debes…

Conall le hizo señas a Zeta para que se acomodara al otro lado de la amplia cama.

— Vas a hacer exactamente lo mismo que haga yo. —le ordenó a Zeta.

Zeta también se sintió emocionado con esta nueva dinámica. ¿El Príncipe Heredero acatando órdenes de un Alfa?

Eso era nuevo, pero le excitaba el desafío.

Ambos comenzaron a tocar a Lux por todas sus partes. Sus pechos eran masajeados con esmero y vigoroso deleite.

Ambos los apretaron entre sus dedos, los succionaron, los lamieron hasta morderlos, provocándole una inmensa excitación a Lux, que no dejaba de gemir de placer mientras apretaba las sábanas.

—¡Ah! —ella sintió un dolor placentero casi insoportable de aguantar.

—¡Los necesito!

— Voy a llevarte al límite, pequeña pecadora. Esta vez, las órdenes la doy yo.

Conall se puso delante de ella colocando su gran pene erecto en su boca.

— Quiero que me la comas y que Zeta se toque mientras nos mira.

Lux sonrió con picardía.

— Me gusta mi castigo.

— Veamos lo que puedes hacer.

Con una sonrisa, Lux hundió su boca en el pene de Conall, mientras Zeta se acomodó en la cama mientras tocaba su propio pene.

Ella lamió el miembro de Conall a lo largo de toda su extensión, provocando jadeos y gemidos en su garganta.

Zeta miraba mientras sostenía su propio pene en la mano, masajeándolo lentamente.

— Eres muy sexy, princesa. Haznos pasar un buen rato, preciosa.

Lux comenzó a brillar producto de su propio placer aumentando sus movimientos, lo que desencadenó que succionara el pene de Conall, bruscamente.

Con cada movimiento de sus labios, él gemía levantando sus caderas.

—¡No puedo soportarlo, necesito correrme en tu boca!

Lux miró a Zeta y lo encuentró masturbándose, rápido y fuerte, dándose cuenta de que él también estaba al límite.

— Haz que se corra, Lux. Haz que los dos nos corramos. —exigía Zeta.

Lux tomó a Conall profundamente, disfrutando de su sabor haciéndole gemir mientras se corría llenando su boca con su semen caliente.

El clímax de Zeta continuó unos segundos después.

—¡¡¡Joder!!! —exclamó Zeta satisfecho.

Sin perder tiempo, Conall se inclinó sobre el cuerpo de Lux para besarla, mientras Zeta atrapó nuevamente su cuello en la zona sensible de su marca.

— Compañero, dime que quieres que haga. —gemía Zeta, excitado nuevamente.

— Trabaja su marca. ¡Muérdele!

Los labios de Zeta recorrieron su cuello hasta llegar al punto débil de la marca que ambos le habían dejado y que se fusionó en una sola.

—¡Sí, muérdeme, Zeta! —suplicó Lux.

Zeta sonrió y, con cuidado, apretó sus afilados colmillos provocándole una sensación de éxtasis total.

—¡Ahhh! ¡Siii! —gimió Lux, desesperada.

— Eres nuestra, y solo nuestra. ¡Dilo!

— Sí, solo soy vuestra.

Conall por su parte, continuó recreándose con sus pechos.

— Me encanta morderte tus turgentes pezones rosados.

— Y a mí me gusta que lo hagas. —exclamó ella.

— Estás atrapada entre tus dos protectores para ser acariciada y follada sin parar. —le susurra Zeta por detrás.

Conall capturó su boca para besarla con un deseo devorador.

— Conall es muy posesivo. La forma en la que arrasa con mis sentidos y disuelve mi control… mientras que Zeta es muy estratega y sabe qué hacer para hacerme suplica —pensó.

Zeta lamía la parte del cuello en donde estaba las marcas de Conall y él, acariciándola.

— ¿Nos deseas, Lux? —preguntó Zeta.

— Dinos que nos deseas tanto como nosotros te deseamos a ti. — exigió Conall.

— Lo único que tienes que decir es que sí, y te llenaremos cada agujero tuyo… —sonrió Zeta con provocación.

— Los amo y los deseo a ambos. —suplicó Lux, presa de un deseo perturbador que amenazaba con desbordarse.

—Pequeña, estás muy mojada. Podemos oler tu excitación.

—Los necesito, por favor…

Zeta se acomodó sobre la entrada del trasero de Lux, mientras que Conall hizo lo mismo con la entrada de su coño.

— Nuestra princesa estás tan excitada, que su miel comienza a desbordarse por su muslo.

Zeta aprovechó la humedad natural de Lux, para lubricar la punta de su enorme pene.

—¡Por favor! No me castiguen más y háganme suya.

Lux estaba tan mojada, que el miembro de Conall se deslizó dentro de ella con facilidad de una sola embestida.

—¡Ahhh!

Lo mismo sucedió con el pene de Zeta. Ni bien lo introdujo en su culo, pasó sin restricciones hasta el final.

-¡Oh! ¡Esto se siente increíble! —jadeó ella embelesada por la doble penetración.

—Eres nuestra, Lux. Qué no se te olvide. —jadeó Conall mientras la perforaba sin piedad contra el cuerpo de Zeta que la recibía con fuertes embestidas en su culo.

— Soy solo vuestra.

— Esta noche te vamos a hacer gemir como nunca. —sentencia Zeta.

— Estoy tan mojada que podrían nadar…

Conall la cogió de la barbilla para que lo mirara. Su cara estaba llena de lujuria…

— Eso mismo haremos, preciosa. Nadaremos en ti, toda la jodida noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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