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Lux de Luna - Capítulo 131

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Capítulo 131: El alma de Conall

Lux y Zeta habían acomodado el cuerpo inerte de Conall en el centro de la cama, como si aquel gesto sencillo pudiera aún retener algo de su esencia. Se situaron a ambos lados, tomándole las manos con una mezcla de urgencia y reverencia, como si el contacto físico fuera el último hilo que lo mantenía unido a ellos.

—Necesito invocar mi poder sanador, Zeta —había dicho Lux, con la voz apenas sostenida por la determinación—. Es lo único que podrá ayudarle.

Zeta la había mirado con firmeza, aunque en sus ojos se adivinaba el temor.

—Dime qué necesitas.

Lux cerró los ojos un instante, como si escuchara algo que no pertenecía a ese mundo.

—Debemos ir a Tierra Media. Allí podremos encontrar la energía astral que Conall ha perdido.

Zeta no dudó.

—Confío en ti, mi princesa.

Aquellas palabras no solo fueron una respuesta, sino un juramento.

—Entonces… allí vamos.

Ambos entrelazaron sus manos con las de Conall, y el silencio de la habitación se volvió denso, cargado de una energía invisible. Lux respiró profundamente, dejando que su mente se expandiera más allá de los límites del cuerpo. Fue entonces cuando el aire parecía rasgarse, y un portal emergió como una grieta luminosa en la realidad.

El viaje no fue físico, sino espiritual. Sus cuerpos permanecieron inmóviles junto a Conall, pero sus almas cruzaron el umbral.

Al otro lado, el tiempo no fluía como lo hacía en su mundo. Todo parecía suspendido en una eternidad palpitante.

Zeta fue el primero en notar la ausencia.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó, girándose—. ¿Por qué Conall no está aquí?

Lux lo miró con gravedad.

—Porque su cuerpo está vacío. Su alma… está perdida. Y tenemos que encontrarla.

Zeta ascendió, aunque la inquietud se aferraba a su voz.

—¿Dónde empezamos?

—Ven conmigo.

Atravesaron senderos que parecían surgir de la nada, hasta llegar a la entrada de un árbol colosal, antiguo como el propio tiempo. Allí los esperaban Oz.

—Este es mi lugar —había dicho él con calma—. Lilian me avisó de tu llegada.

Zeta frunció el fruncido.

—¿Cómo pudo saberlo?

Lux respondió casi en un susurro.

—Sus visiones…

Zeta comprendió al instante.

—Claro…

Oz los observó con una intensidad que parecía atravesarlos.

—¿Estáis preparados?

—Sí —respondió Lux—. Guíanos.

Oz los condujo a través del interior del árbol, hasta una sala inmensa donde se alzaba una puerta colosal, tan antigua que parecía tallada en la misma esencia del mundo.

—Tras esta puerta encontraréis aquello que buscáis.

Lux presionó la mano de Zeta, y juntos cruzaron el umbral.

Lo que encontraron al otro lado les robó el aliento.

Una cascada gigantesca descendía desde una altura imposible, brillando con una luz propia, como si cada gota contuviera fragmentos de energía pura.

—Deberéis atravesarla —les indicó la voz de Oz, que parecía resonar desde todas partes—. Solo así alcanzaréis el origen del poder absoluto.

Zeta dudó.

—¿Es seguro?

—Es la única forma.

Lux observó la caída vertiginosa.

—¿No nos haremos daño?

—No estáis aquí básicamente —respondió Oz—. Este lugar solo acoge energías astrales. Vuestros cuerpos siguen junto a Conall.

Zeta dejó escapar una breve risa, más nerviosa que divertida.

—Esto es… increíble.

—Lo es —susurró Lux.

Entonces, ambos lo sintieron al mismo tiempo. Un llamado. Una vibración profunda que resonaba en sus esencias.

Sin dudarlo, Lux tomó la mano de Zeta y ambos saltaron.

La caída no fue una caída. Fue una liberación. Sus cuerpos no descendieron: flotaron, suspendidos en una sensación de ingravidez absoluta, como si el mundo hubiera olvidado cómo sostenerlos.

—Estamos… ¿volando? —preguntó Zeta, maravillado.

—Eso parece…

Cuando finalmente alcanzaron el fondo, no hubo impacto.

Solo una quietud en solitario.

Ante ellos se extendía un manantial de aguas termales, cuya superficie brillaba con tonos iridiscentes. El vapor ascendía en espirales suaves, envolviéndolos en un calor reconfortante.

Zeta miró a su alrededor, desconcertado.

—¿Cómo es que…?

Lux lo comprendió antes de que terminara la pregunta.

—Este lugar no responde a las reglas de nuestro mundo.

Zeta respiró hondo, intentando lo mismo.

—Intento entenderlo… pero es demasiado.

Lux dio un paso hacia el agua, sintiendo cómo la energía del lugar vibraba en su interior.

—Esto es una fuente… de poder puro.

—¿Y qué debemos hacer?

Lux lo miró, y en sus ojos había algo más que determinación.

Había una conexión profunda, casi sagrada.

—Fortalecer nuestro vínculo, mi príncipe.

Zeta sostuvo su mirada, comprendiendo que aquello trascendía lo físico.

—Crees que… ¿eso bastará?

Lux asintió lentamente.

—Nuestras almas deben unirse… para que la de Conall pueda encontrarnos.

El silencio que siguió no fue incómodo. Fue solemne.

Zeta se acercó a ella con suavidad, envolviéndola en sus brazos, no con urgencia, sino con una reverencia casi ritual. La elevó con delicadeza, llevándola fuera del agua hasta las rocas cálidas ocultas tras la cortina de la cascada.

Allí, protegidos del mundo, la energía del lugar parecía intensificarse.

Lux cerró los ojos, sintiendo cómo cada latido resonaba con el entorno.

—Tiene que funcionar… —susurró.

Zeta apoyó su frente contra la de ella.

—Entonces funcionará.

Y en ese instante, mientras la energía del manantial y la profundidad de su conexión se entrelazaban, el mundo parecía contener la respiración, como si incluso la propia Tierra Media aguardara el resultado de aquel vínculo destinado a desafiar la muerte.

De inmediato, Zeta se inclinó y comenó a besar el cuerpo de Lux, mientras sus palmas pasaban por las costillas de ella para tomarle los pechos entre sus manos.

Inclinando su cabeza, deslizó su lengua sobre los duros y sensibles pezones de Lux.

—¡Ah!

Lux gimió cuando la boca de Zeta se cerró sobre ellos provocándole algo de dolor placentero.

Mientras él se recreaba con sus pechos, ella aprovechó y deslizó sus manos para tocar el pene de Zeta haciéndole gemir contra su cuello.

—¡Oh! Es increíble como me excitas con solo olerte, Lux.

—Estoy mojada y necesitada, mi príncipe. —le susurró su princesa mientras acariciaba su miembro erecto.

—Lo sé, puedo sentirlo.

La mano de Zeta se deslizó hacia abajo, llegando hasta el húmedo y pequeño coño de Lux.

—¿Tienes idea de lo que me provocas cuando te toco? —le susurró Zeta mientras su pulgar se hacía hueco en su palpitante núcleo.

Él juegó con el clítoris de Lux, pasando su pulgar en forma de círculos con movimientos tortuosos hasta introducirle dos dedos dentro de su estrecha y mojada vagina.

—¡Ahhh! Síii, Zeta…

Las manos de Lux encontraron su muñeca y lo empujó hacia dentro con más fuerza.

—Lux, estás empapada.

La cabeza de Zeta cayó sobre el hombro de Lux, en busca de la marca. Cuando la sintió, volvió a clavar sus afilados colmillos, mordiéndole una y otra vez haciendo que Lux se estremeciera por el placer que le otorgaba.

—¡Oh, sí, sí!

—Dime que eres mía… —exigió Zeta mientras introducía sus dedos con más fuerza.

—Soy tuya, mi príncipe.

—Dime que me deseas…

—Siempre…

Un momento después, su enorme erección estaba sobre la apertura de Lux.

Zeta la miró fijamente a los ojos.

—Nunca dejaré de amarte, Lux. Pase lo que pase, seré tuyo para toda la eternidad…

Lux lo miró con anhelo y amor. Ese era su príncipe encantador, su caballero de la brillante armadura…

Su compañero destinado…

Junto a Conall, el amor de su vida.

Y ese lobo, era suyo y nunca lo abandonaría.

Lux gimió cuando Zeta la apartó de sus pensamientos al introducir toda su hombría profundamente en su coño, provocándole un placer descomunal.

—Este coño es nuestro. Solo le pertenece a tus compañeros…

—¡Sí, sí, sí!

Lentamente, Zeta empezó a entrar y a salir de ella, manteniendo sus ojos clavados en su mirada.

Cada embestida era más profunda y placentera, haciendo que Lux se sintiera completamente llena.

—¡Ah!

Ella no podía dejar de gemir, mientras Zeta aumentaba su ritmo, haciendo que Lux experimentara varios orgasmos seguidos.

—Eso es, mi princesa, córrete para mí.

—¡Oh, Zeta! ¡sigue así!

Zeta se estrellaba contra ella, una y otra vez, haciendo que Lux sintiera como su pene se tensaba dentro de ella.

—Necesito sentir tu semilla caliente, mi príncipe. ¡Córrete dentro de mí!

Zeta gruñó mientras se deslizó más profundo explotando con tanta fuerza provocandole a Lux una nueva y exitante liberación.

—¡Tomaaa! —gruñó Zeta, mientras se descargaba por completo dentro de ella.

—¡Ahhh!

Lux jadeó, mientras se corrió apretándose contra el pene de Zeta.

Al terminar, ambos respiraron agitados.

— Esto es perfecto. — habló Zeta con una gran sonrisa en su rostro.

— Sí, pero nos falta Conall.

—¿Él estará bien?—preguntó Zeta un poco culpable por no compartir esa experiencia con su otro compañero.

—No lo sé, Zeta. Creí que su alma nos encontraría aquí para unirse al vínculo… pero…

Lux lo miró preocupada con un vació en su interior que no presagiaba buenas noticias.

—¿Que pudo haber pasado?

—Será mejor regresar para hablar con Oz.

Ambos se ponen de pie y regresan al encuentro con el hada.

Al encontrarse, oz pudo observar la cara de confusión de Zeta y Lux e iamginó que las cosas no habían ido del todo bien.

—Oz, hemos estado en el manantial y hemos reforzado nuestro vínculo, pero el alma de Conall no ha aparecido.

Lux se percibió bastante tensa y Zeta también se notaba perturbado.

Oz, mantuvo el silencio por un rato hasta que por fin habló…

—Creo saber lo que pasa…

Hizo una pausa y los miró a ambos con preocupación.

—Pero no sé si estáis preparados para escucharlo.

———————————-

La imagen del capítulo de hoy, os la dejo en comentarios.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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