Lux de Luna - Capítulo 130
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Capítulo 130: El Alfa ha despertado
El bosque aún respiraba la tensión de lo ocurrido, como si cada hoja temblara bajo el peso de un secreto demasiado pesado para ser guardado. Pero Bodolf ya no era el mismo que había entrado en él aquella noche. Cuando emergió de entre las sombras, lo hizo con una calma que helaba la sangre, con pasos firmes y decididos… demasiado firmes. Su rostro, antaño abierto y lleno de dudas, ahora mostraba una inexpresividad casi monstruosa. Sin embargo, en sus ojos ardía algo ígneo, una chispa nueva, oscura y poderosa.
—No es solo rabia —murmuró para sí, como si temiera que pronunciarlo en voz alta pudiera desencadenar un abismo—. No, esto es algo más profundo… es una decisión… una resolución que ningún hombre debería tomar sin sentir el peso del infierno sobre sus hombros.
Levantó la mirada hacia el cielo nocturno, donde la luna brillaba con una intensidad inquietante, esa luz blanca que parecía señalar un destino inevitable.
—Dieciocho años… —susurró con voz ronca, cargada de un dolor que se mezclaba con ira—. Dieciocho años viviendo una mentira absurda, atado a cadenas que no forjé. Dieciocho años obedeciendo un destino ajeno, decretado por aquellos que temían mi verdadero poder.
Un frío silencio se apoderó del lugar, solo roto por el leve crujir de las ramas meciéndose al capricho del viento. Bodolf no buscaba respuestas. No había reproches ni gritos. Solo una fría aceptación.
—Ahora —continuó con una voz que parecía tallada en acero—, todo encaja demasiado bien. La verdad ha llegado para mutilar las mentiras, para desatar un vendaval de justicia sin piedad.
Sus puños se cerraron con fuerza. Un escalofrío recorrió su espalda; no era temor, ni duda, sino la anticipación calculada de un estratega a punto de ejecutar su jugada final.
—La ceremonia —murmuró en un tono casi ceremonial—. Ahí será donde caerán todos. Allí donde la confianza ciega se convertirá en su mayor condena. Prepararé cada movimiento, afilaré cada pensamiento… porque la venganza bien ejecutada no deja rastros, solo cenizas.
Y mientras la noche se espesaba a su alrededor, Bodolf desapareció nuevamente, fundiéndose con las sombras que ya no le temían, sino que le seguían.
————————–
En otro plano, un lugar donde la oscuridad respiraba y pesaba, muy lejos de allí, existía un reino olvidado por la luz, un refugio de sombras densas que no se contentaban con ser ausencia, sino que reclamaban presencia consciente.
Allí, en la penumbra absoluta, algo comenzaba a despertar. Algo oscuro y antiguo, una entidad que absorbía el aire con avidez, no para respirar, sino para existir en un plano prohibido para los mortales.
Mystra
Su nombre resonaba, profundo y retumbante, como un eco que no necesitaba aire ni tiempo para manifestarse.
Sus ojos se abrieron lentamente en la negra, brillando con la ferocidad de brasas eternas, iluminando el vacío con una malicia insondable.
—Al fin ha ocurrido —musitó, en una sonrisa torcida y cruel curvando sus labios que no parecía pertenecer a este mundo—. Sentí el quieto… ese sutil desgarrón en el tejido del alma.
Un suspiro se expandió como un veneno invisible, y las sombras a su alrededor comenzaron a ondular, torcidas y deformes, tomando formas incompletas, espectros de pesadilla que respondían a su llamado.
—El Alfa ha despertado —repitió, dejando que cada palabra calara como un dardo venenoso—. Y con él, el dolor ha regresado para abrir puertas que nadie más puede atravesar.
Con una mano extendida, Mystra convocó la oscuridad a concentrarse en su palma, una masa oscura que vibraba con energía impía, ansiosa por desatar la calamidad.
—El dolor, siempre llama al dolor —recitó con un tono solemne, casi religioso—. Es la llave, la entrada, la inevitable invitación al caos. Y Bodolf… este Bodolf recién renacido… acaba de abrirla de par en par. Liz ha hecho un muy buen trabajo.
Cerró los ojos, como saboreando una dulce promesa que solo las almas corrompidas pueden comprender.
—La obsidiana me espera —susurró con devoción malsana—. Cada emoción rota, cada grieta en su espíritu, alimenta mi poder, me acerca más a ella, la culminación de nuestra obra maestra.
Su mano ascendió, la oscuridad giró en espiral, creciendo en voracidad hasta que la penumbra misma pareció volverse sólida.
—Y ahora —musitó con voz grave y seductora—, el caos hará el resto. Porque en el caos florece la verdadera dominación, y la venganza de Bodolf será solo el preludio de una tormenta que consumirá todo, sin compasión ni salvación.
Un estremecimiento recorrió el espacio, una ola oscura que prometía destrucción y renacimiento. La ceremonia estaba cerca, y con ella, la oportunidad de hacerce con Lux y sus maravillosos poderes.
Ella sería suya y solo suya.
—Y ahora… el caos hará el resto.
Mystra irritante, una sonrisa que destilaba maldad y paciencia infinita. El juego apenas comenzaba, y en su corazón sombrío, la certeza era absoluta: el mundo nunca volvería a ser igual.
————————
Bodolf regresó como si nada hubiera ocurrido.
Pero todo había cambiado.
El ambiente en la casa de la manada era tenso. Algunos lobos evitaban mirarlo directamente.
Lo sentían.
El cambio.
El peligro.
Redmond fue el primero en acercarse.
—Tenemos que hablar.
Bodolf lo miró.
Silencio.
Un silencio demasiado largo.
—Habla —ordenó finalmente.
Redmond frunció el ceño.
—Mañana partimos a la manada de la Escarcha Feroz. Todo está preparado.
Debemos repasar los puntos estratégicos para alcanzar el éxito de la misión.
Bodolf no respondió de inmediato.
Caminó lentamente por la sala, como un depredador midiendo el terreno.
—No habrá misión.
El silencio fue inmediato.
Denso.
Cortante.
— ¿Cómo qué no habrá misión? —la voz de Redmond se volvió más grave.
Bodolf se giró lentamente.
—Lo que has oído…
Los ojos de Redmond brillaron con ira.
—No puedes cambiar el plan a última hora.
—Puedo —respondió Bodolf con calma—. Porque soy el Alfa.
Las palabras cayeron como un golpe.
—Esto no es solo tu decisión —insistió Redmond—. Hay acuerdos. Hay un rey esperando.
—Que espere.
—¡Esto no es un juego, Bodolf!
El aire vibró.
Literalmente.
La presión del Alfa comenzó a expandirse por la estancia.
Algunos lobos cercanos retrocedieron instintivamente.
—No… —dijo Bodolf, acercándose un paso—. El juego terminó hace mucho.
Redmond lo sostuvo la mirada.
—Tienes que entregar a Lux al Rey.
Ahí.
Ese nombre.
Lux.
Algo dentro de Bodolf… reaccionó.
Una chispa.
Oscura.
—Lux… —repitió, pensativo.
Ahora todo encajaba aún más.
Su hija con Lilian.
La pieza clave.
El centro de todo.
Y la que había sido…
destruido dentro de su propia manada.
Una risa seca se escapó de sus labios.
—Qué irónico.
Redmond entrecerró los ojos.
—No entiendo qué te pasa, pero estás cometiendo un error.
Bodolf se detuvo frente a él.
Demasiado cerca.
—El error fue tuyo… —susurró.
El ambiente se tensó aún más.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Redmond, con cautela.
Bodolf inclinó ligeramente la cabeza.
—Cambios de estrategia.
Redmond negó.
-No. Esto es una locura. Si no entregamos a Lux, el Rey—
—La Luna será coronada.
La frase lo cortó en seco.
—¿Qué?
—Lux será coronada —repitió Bodolf—. Como Luna del Norte. Oficialmente.
Redmond dio un paso atrás.
—Estás loco.
—Puede.
—Esto va en contra de TODO.
—Perfecto.
El silencio volvió.
Pero esta vez… era más peligrosa.
— ¿Desde cuándo te importa Lux? —preguntó Redmond con desconfianza.
Bodolf sonrió.
Y esa sonrisa… no era la de antes.
—Desde que entendí… lo que realmente representa.
—Entonces nos la quedamos para nosotros hasta que veamos el provecho que le podemos sacar.
—No dejaré que nadie vuelva a maltratar a mi hija. NUNCA.
Redmond apretó los puños.
—Esto no es por ella. Esto es por algo más.
Bodolf no respondió.
Pero no lo negó.
—El Rey no va a permitir esto —insistió Redmond.
—El Rey no estará preparado para lo que viene.
Un escalofrío recorrió la espalda de Redmond.
—Estás jugando con fuego.
Bodolf lo miró fijamente.
-No.
Sus ojos brillaron con una intensidad inquietante.
—Estoy aprendiendo a utilizarlo.
El aire vibró con más fuerza.
La energía de Bodolf se volvió inestable, errática… poderosa.
Demasiado poderoso.
Redmond lo notó.
Y por primera vez…
tío.
—Bodolf… —murmuró— ¿qué te está pasando?
Pero el Alfa ya no estaba dispuesto a responder.
—Vas a obedecer —dijo con voz firme—. Te gusta o no.
-No.
Fue un desafío directo.
—No voy a seguir un plan suicida.
Silencio.
Y entonces…
Bodolf avanzó.
Rápido.
Demasiado rápido.
Lo agarró del cuello y lo estampó contra la pared.
El golpe resonó en toda la estancia.
—Escúchame bien… —su voz era baja, pero cargada de amenaza—. Tú eres mi Beta.
Redmond intentó liberarse, pero la fuerza de Bodolf era abrumadora.
—Y yo… soy tu Alfa.
Sus ojos se encontraron.
Y lo que Redmond vio…
no le gustó.
—Esto no es por Lux… —susurró.
Bodolf sonrió suavemente.
-No.
—Entonces… ¿por qué?
Una pausa.
Un segundo.
Uno solo.
—Porque todo el mundo va a conocer al verdadero Alfa Bodolf, de la Manada de las Sombras Plateadas.
El aire se volvió pesado.
Oscuro.
Y en algún lugar lejano…
Mystra sonrió.
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Os comparto la imagen del capítulo de hoy. Espero, de corazón que os esté gustando. Os leo en comentarios…🥰
Lux y Zeta habían acomodado el cuerpo inerte de Conall en el centro de la cama, como si aquel gesto sencillo pudiera aún retener algo de su esencia. Se situaron a ambos lados, tomándole las manos con una mezcla de urgencia y reverencia, como si el contacto físico fuera el último hilo que lo mantenía unido a ellos.
—Necesito invocar mi poder sanador, Zeta —había dicho Lux, con la voz apenas sostenida por la determinación—. Es lo único que podrá ayudarle.
Zeta la había mirado con firmeza, aunque en sus ojos se adivinaba el temor.
—Dime qué necesitas.
Lux cerró los ojos un instante, como si escuchara algo que no pertenecía a ese mundo.
—Debemos ir a Tierra Media. Allí podremos encontrar la energía astral que Conall ha perdido.
Zeta no dudó.
—Confío en ti, mi princesa.
Aquellas palabras no solo fueron una respuesta, sino un juramento.
—Entonces… allí vamos.
Ambos entrelazaron sus manos con las de Conall, y el silencio de la habitación se volvió denso, cargado de una energía invisible. Lux respiró profundamente, dejando que su mente se expandiera más allá de los límites del cuerpo. Fue entonces cuando el aire parecía rasgarse, y un portal emergió como una grieta luminosa en la realidad.
El viaje no fue físico, sino espiritual. Sus cuerpos permanecieron inmóviles junto a Conall, pero sus almas cruzaron el umbral.
Al otro lado, el tiempo no fluía como lo hacía en su mundo. Todo parecía suspendido en una eternidad palpitante.
Zeta fue el primero en notar la ausencia.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó, girándose—. ¿Por qué Conall no está aquí?
Lux lo miró con gravedad.
—Porque su cuerpo está vacío. Su alma… está perdida. Y tenemos que encontrarla.
Zeta ascendió, aunque la inquietud se aferraba a su voz.
—¿Dónde empezamos?
—Ven conmigo.
Atravesaron senderos que parecían surgir de la nada, hasta llegar a la entrada de un árbol colosal, antiguo como el propio tiempo. Allí los esperaban Oz.
—Este es mi lugar —había dicho él con calma—. Lilian me avisó de tu llegada.
Zeta frunció el fruncido.
—¿Cómo pudo saberlo?
Lux respondió casi en un susurro.
—Sus visiones…
Zeta comprendió al instante.
—Claro…
Oz los observó con una intensidad que parecía atravesarlos.
—¿Estáis preparados?
—Sí —respondió Lux—. Guíanos.
Oz los condujo a través del interior del árbol, hasta una sala inmensa donde se alzaba una puerta colosal, tan antigua que parecía tallada en la misma esencia del mundo.
—Tras esta puerta encontraréis aquello que buscáis.
Lux presionó la mano de Zeta, y juntos cruzaron el umbral.
Lo que encontraron al otro lado les robó el aliento.
Una cascada gigantesca descendía desde una altura imposible, brillando con una luz propia, como si cada gota contuviera fragmentos de energía pura.
—Deberéis atravesarla —les indicó la voz de Oz, que parecía resonar desde todas partes—. Solo así alcanzaréis el origen del poder absoluto.
Zeta dudó.
—¿Es seguro?
—Es la única forma.
Lux observó la caída vertiginosa.
—¿No nos haremos daño?
—No estáis aquí básicamente —respondió Oz—. Este lugar solo acoge energías astrales. Vuestros cuerpos siguen junto a Conall.
Zeta dejó escapar una breve risa, más nerviosa que divertida.
—Esto es… increíble.
—Lo es —susurró Lux.
Entonces, ambos lo sintieron al mismo tiempo. Un llamado. Una vibración profunda que resonaba en sus esencias.
Sin dudarlo, Lux tomó la mano de Zeta y ambos saltaron.
La caída no fue una caída. Fue una liberación. Sus cuerpos no descendieron: flotaron, suspendidos en una sensación de ingravidez absoluta, como si el mundo hubiera olvidado cómo sostenerlos.
—Estamos… ¿volando? —preguntó Zeta, maravillado.
—Eso parece…
Cuando finalmente alcanzaron el fondo, no hubo impacto.
Solo una quietud en solitario.
Ante ellos se extendía un manantial de aguas termales, cuya superficie brillaba con tonos iridiscentes. El vapor ascendía en espirales suaves, envolviéndolos en un calor reconfortante.
Zeta miró a su alrededor, desconcertado.
—¿Cómo es que…?
Lux lo comprendió antes de que terminara la pregunta.
—Este lugar no responde a las reglas de nuestro mundo.
Zeta respiró hondo, intentando lo mismo.
—Intento entenderlo… pero es demasiado.
Lux dio un paso hacia el agua, sintiendo cómo la energía del lugar vibraba en su interior.
—Esto es una fuente… de poder puro.
—¿Y qué debemos hacer?
Lux lo miró, y en sus ojos había algo más que determinación.
Había una conexión profunda, casi sagrada.
—Fortalecer nuestro vínculo, mi príncipe.
Zeta sostuvo su mirada, comprendiendo que aquello trascendía lo físico.
—Crees que… ¿eso bastará?
Lux asintió lentamente.
—Nuestras almas deben unirse… para que la de Conall pueda encontrarnos.
El silencio que siguió no fue incómodo. Fue solemne.
Zeta se acercó a ella con suavidad, envolviéndola en sus brazos, no con urgencia, sino con una reverencia casi ritual. La elevó con delicadeza, llevándola fuera del agua hasta las rocas cálidas ocultas tras la cortina de la cascada.
Allí, protegidos del mundo, la energía del lugar parecía intensificarse.
Lux cerró los ojos, sintiendo cómo cada latido resonaba con el entorno.
—Tiene que funcionar… —susurró.
Zeta apoyó su frente contra la de ella.
—Entonces funcionará.
Y en ese instante, mientras la energía del manantial y la profundidad de su conexión se entrelazaban, el mundo parecía contener la respiración, como si incluso la propia Tierra Media aguardara el resultado de aquel vínculo destinado a desafiar la muerte.
De inmediato, Zeta se inclinó y comenó a besar el cuerpo de Lux, mientras sus palmas pasaban por las costillas de ella para tomarle los pechos entre sus manos.
Inclinando su cabeza, deslizó su lengua sobre los duros y sensibles pezones de Lux.
—¡Ah!
Lux gimió cuando la boca de Zeta se cerró sobre ellos provocándole algo de dolor placentero.
Mientras él se recreaba con sus pechos, ella aprovechó y deslizó sus manos para tocar el pene de Zeta haciéndole gemir contra su cuello.
—¡Oh! Es increíble como me excitas con solo olerte, Lux.
—Estoy mojada y necesitada, mi príncipe. —le susurró su princesa mientras acariciaba su miembro erecto.
—Lo sé, puedo sentirlo.
La mano de Zeta se deslizó hacia abajo, llegando hasta el húmedo y pequeño coño de Lux.
—¿Tienes idea de lo que me provocas cuando te toco? —le susurró Zeta mientras su pulgar se hacía hueco en su palpitante núcleo.
Él juegó con el clítoris de Lux, pasando su pulgar en forma de círculos con movimientos tortuosos hasta introducirle dos dedos dentro de su estrecha y mojada vagina.
—¡Ahhh! Síii, Zeta…
Las manos de Lux encontraron su muñeca y lo empujó hacia dentro con más fuerza.
—Lux, estás empapada.
La cabeza de Zeta cayó sobre el hombro de Lux, en busca de la marca. Cuando la sintió, volvió a clavar sus afilados colmillos, mordiéndole una y otra vez haciendo que Lux se estremeciera por el placer que le otorgaba.
—¡Oh, sí, sí!
—Dime que eres mía… —exigió Zeta mientras introducía sus dedos con más fuerza.
—Soy tuya, mi príncipe.
—Dime que me deseas…
—Siempre…
Un momento después, su enorme erección estaba sobre la apertura de Lux.
Zeta la miró fijamente a los ojos.
—Nunca dejaré de amarte, Lux. Pase lo que pase, seré tuyo para toda la eternidad…
Lux lo miró con anhelo y amor. Ese era su príncipe encantador, su caballero de la brillante armadura…
Su compañero destinado…
Junto a Conall, el amor de su vida.
Y ese lobo, era suyo y nunca lo abandonaría.
Lux gimió cuando Zeta la apartó de sus pensamientos al introducir toda su hombría profundamente en su coño, provocándole un placer descomunal.
—Este coño es nuestro. Solo le pertenece a tus compañeros…
—¡Sí, sí, sí!
Lentamente, Zeta empezó a entrar y a salir de ella, manteniendo sus ojos clavados en su mirada.
Cada embestida era más profunda y placentera, haciendo que Lux se sintiera completamente llena.
—¡Ah!
Ella no podía dejar de gemir, mientras Zeta aumentaba su ritmo, haciendo que Lux experimentara varios orgasmos seguidos.
—Eso es, mi princesa, córrete para mí.
—¡Oh, Zeta! ¡sigue así!
Zeta se estrellaba contra ella, una y otra vez, haciendo que Lux sintiera como su pene se tensaba dentro de ella.
—Necesito sentir tu semilla caliente, mi príncipe. ¡Córrete dentro de mí!
Zeta gruñó mientras se deslizó más profundo explotando con tanta fuerza provocandole a Lux una nueva y exitante liberación.
—¡Tomaaa! —gruñó Zeta, mientras se descargaba por completo dentro de ella.
—¡Ahhh!
Lux jadeó, mientras se corrió apretándose contra el pene de Zeta.
Al terminar, ambos respiraron agitados.
— Esto es perfecto. — habló Zeta con una gran sonrisa en su rostro.
— Sí, pero nos falta Conall.
—¿Él estará bien?—preguntó Zeta un poco culpable por no compartir esa experiencia con su otro compañero.
—No lo sé, Zeta. Creí que su alma nos encontraría aquí para unirse al vínculo… pero…
Lux lo miró preocupada con un vació en su interior que no presagiaba buenas noticias.
—¿Que pudo haber pasado?
—Será mejor regresar para hablar con Oz.
Ambos se ponen de pie y regresan al encuentro con el hada.
Al encontrarse, oz pudo observar la cara de confusión de Zeta y Lux e iamginó que las cosas no habían ido del todo bien.
—Oz, hemos estado en el manantial y hemos reforzado nuestro vínculo, pero el alma de Conall no ha aparecido.
Lux se percibió bastante tensa y Zeta también se notaba perturbado.
Oz, mantuvo el silencio por un rato hasta que por fin habló…
—Creo saber lo que pasa…
Hizo una pausa y los miró a ambos con preocupación.
—Pero no sé si estáis preparados para escucharlo.
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La imagen del capítulo de hoy, os la dejo en comentarios.
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