Lux de Luna - Capítulo 137
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Capítulo 137: El arte de amar
“El amor no es algo natural, el amor es un arte. Y como arte, requiere disciplina, concentración, paciencia, fe y la superación del narcisismo. El amor no es un sentimiento… el amor es una práctica”…
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El aire del Reino Sagrado estaba cargado de una tensión silenciosa, como si la propia tierra supiera que algo estaba a punto de romperse. La luz dorada que normalmente bañaba los jardines aquella tarde más tenue, más pesada… casi expectante.
Cornelius había preparado a su propio batallón de sanadoras, faes, hechiceros y brujas para que se mantuvieran alerta ante su llamado.
Él permanecía erguido frente a ellos, con la mirada fija en el horizonte. Su postura era firme, pero sus ojos… sus ojos delataban un cansancio que no era físico. Era el peso de los años, de las decisiones, de los errores.
Iris lo observaba desde unos pasos atrás, con las manos entrelazadas frente a su pecho.
—Entonces… ha llegado el momento —dijo finalmente, con una voz suave pero tensa.
Cornelius no se giró.
—Así es, Iris. —Su tono fue grave, definitivo—. Volveremos al Reino de los Cambiaformas. La ceremonia de Lux será en pocos días.
Un silencio se extiende entre ambos. No era incómodo… pero sí estaba lleno de todo lo que no se decía.
Iris bajó la mirada.
—¿Cómo te sientes?
Cornelius soltó una leve exhalación, como si esa pregunta pesara más que cualquier batalla.
—No tengo más opciones que aceptar lo que mi hija quiere.
Iris frunció ligeramente el ceño.
—Ella no sabe toda la verdad, Cornelius…
Esa vez, él sí giró el rostro hacia ella. Sus ojos brillaron con una mezcla de dolor y resignación.
—¿Y qué quieres que haga? —preguntó con amargura contenida—. ¿Que me siente con mi pequeña Lux y le cuente que su abuelo ordenó destruir el reino de los lobos despúes de que Lilian desapareció?
Las palabras quedaron suspendidas en el aire como una sentencia.
Iris presionó los labios.
—Estábamos muy equivocados con respecto a ellos…
Cornelius negó lentamente.
—Lilian nunca aceptó mezclarse con ellos…
—Porque ella sabía —interrumpió Iris con suavidad—. Conocía la profecía.
Cornelius la miró fijamente.
—¿Crees que será verdad?
Iris mantuvo su mirada sin titubear.
—Hasta ahora… todas sus visiones han ocurrido.
El silencio volvió, más denso esta vez.
Cornelius desvió la vista.
—¿Dónde está Lilian?
Iris no respondió de inmediato. Su silencio fue, en sí mismo, una respuesta.
—¿No crees que es hora de recuperar a mi compañera? —insistió él, ahora con un deje más humano, más quebrado.
Iris negó suavemente.
—No soy quien puede contestarte a eso, Cornelius.
Él cerró los ojos un instante.
—Está bien. —Su voz se volvió a endurecerse—. Prepara a tu lobo. Nos marcharemos esta misma noche.
Iris ascendió, aunque en su interior algo se encogió.
Sin decir más, se dio la vuelta y caminó hacia los pasillos del ala este, donde se encontraban las habitaciones privadas.
Cada paso resonaba en su pecho.
Sabía lo que significaba volver.
Sabía lo que les esperaba.
Y, sobre todo… sabía lo que podía perder.
Cuando abrió la puerta de su habitación, lo encontré allí.
Sión.
De pie junto a la ventana, con los brazos cruzados y la mirada perdida en el exterior. La luz del atardecer dibujaba su silueta con tonos cálidos, pero su presencia seguía siendo imponente, salvaje.
Al escucharla entrar, giró la cabeza.
—¿Por qué esa cara? —preguntó, frunciendo ligeramente el ceño.
Iris cerró la puerta con suavidad.
—Tenemos que regresar.
Sion no se sorprendió.
Solo la observará unos segundos más, como si intentara leer más allá de sus palabras.
—¿Tan pronto?
Iris asintió.
—Recuerda que el tiempo pasa diferente. En Tierra de Lobos, han pasado varias semanas desde nuestra partida…
Sion soltó una leve risa sin humor.
—Claro… suficiente tiempo como para que todo estalle.
Ella no respondió.
Él suspiró.
—De acuerdo.
Se hizo un breve silencio antes de que Iris preguntara:
—¿Irás con el parche?
Sion llevó una mano a su rostro, rozando la zona donde cubría su ojo.
-Si. Nadie tiene que saber que recuperé mi ojo. —Su voz se volvió más fría—. Me dará ventaja en las batallas.
Iris se tensó.
Ese tono… ese tono era el que más temía.
El del guerrero.
El del lobo feroz, dispuesto a arrasarlo todo.
El compañero que podía perder.
— ¿Qué ocurre, pequeña bruja? —preguntó él al notar su silencio.
Iris lo miró detenidamente.
Como si quisiera memorizar cada rasgo.
—No quiero que te ocurra nada…
Las palabras salieron más frágiles de lo que pretendía.
Sion la observaró en silencio durante un segundo… y luego caminó hacia ella.
Sin prisa.
Sin dudas.
Cuando estuvo frente a ella, no dijo nada.
Simplemente la rodeó con sus enormes y fuertes brazos.
El abrazo fue firme. Seguro. Protector.
Iris cerró los ojos al instante, apoyando la frente contra su pecho.
El latido de su corazón era fuerte.
Constante.
Real.
—No me pasará nada —murmuró él, apoyando el mentón sobre su cabeza—. Y si me pasara…
Hizo una pausa.
—…mi compañera es una buena sanadora. Intentará aliviar mi dolor de inmediato.
Iris soltó una pequeña risa entrecortada.
—No es tan fácil…
—Nunca lo ha sido —respondió él.
Ella alzó la mirada, encontrándose con sus ojos.
Y ahí estaba.
Ese vínculo.
Invisible… pero imposible de ignorar.
—Ahora entiendo el poder del vínculo de pareja —susurró ella—. Cada segundo me siento más unida a ti, Sion.
Él la observará con intensidad.
—El vínculo no se puede medir con palabras.
Iris se inclinó suavemente para alcanzar sus labios y depositarle un afectuoso beso sobre sus labios.
—Te quiero… mi lobo gruñón.
Sion ladeó la cabeza, esbozando una sonrisa suave.
—Te quiero, mi bruja peleona.
Iris frunció el ceño, fingiendo molestia.
—Te he dicho que no soy una bruja…
Sion se inclinó apenas, acercándose más.
—Para mí sí lo eres… —murmuró—. Me has embrujado con tu belleza.
El rubor apareció de inmediato en las mejillas de Iris.
—Oh… vaya…
No pudo evitarlo.
Y él lo notó.
Claro que lo notó.
Su mano subió lentamente hasta su rostro, apartando un mechón de cabello detrás de su oreja.
El gesto fue simple… pero cargado de algo mucho más profundo.
Algo que no necesitaba palabras.
—Te necesito, Iris… —dijo él, con una voz más baja, más intensa—.
Ella contuvo el aliento.
No había urgencia en su tono.
No había exigencia.
Solo verdad.
Pura.
Directa.
Sus manos se aferraron suavemente a la tela de su ropa.
—Sión…
No terminó la frase.
No hacía falta.
Él inclinó la cabeza y apoyó su frente contra la de ella.
Sus respiraciones se mezclaron.
El mundo… desapareció.
No había guerra.
No había profecías.
No había reinos.
Solo ellos.
Y ese hilo invisible que los unía cada vez más.
— ¿Confías en mí? —preguntó él en un susurro.
Iris cierra los ojos.
—Siempre.
Fue suficiente.
Sion no necesitó más.
Sus labios rozaron los de ella con suavidad al principio… como si temiera romper algo.
Pero no se rompió.
Se fortaleció.
El beso creció lentamente, cargado de emoción contenida, de necesidad silenciosa, de todo lo que habían callado hasta ese momento.
Iris respondió sin dudar.
Sus manos subieron hasta su cuello, acercándolo más.
Aferrándose.
Como si, de alguna forma, ya supiera que el tiempo juntos no sería suficiente.
Sion la mantuvo con firmeza, como si quisiera protegerla incluso de lo inevitable.
El beso no fue solo deseo.
Fue promesa.
Fue refugio.
Fue despedida… aunque ninguno quisiera admitirlo.
Cuando finalmente se separaron, sus frentes volvieron a encontrarse.
Ambos respiraban más rápido.
Ambos sabían.
—Esto… —susurró Iris—. Esto es lo que me da miedo perder.
Sion la miró fijamente.
—No lo perderás.
Pero incluso él sabía… que esa promesa era más deseo que certeza.
Aún así, la sostuvo un poco más fuerte.
Como si pudiera detener el tiempo.
Aunque fuera solo por unos segundos más.
—¿Me dejarás tomarte aquí y ahora? —preguntó Sion así, sin más.
Iris se sonrojó mientras sentía la erección de Sion presionando contra ella.
— No seré gentil, mi pequeña. Hoy no soy capaz de hacerlo.
—Sion, no quiero que seas gentil. —confesó Iris con una nueva ola de determinación.
Ella necesitaba a su lobito gruñón, a su guerrero fuerte y despiadado…
Ella quería a su compañero dentro suyo…
Muy dentro suyo.
Sion le sonrió y luego se inclinó para besarla en la marca de su clavícula. Allí, donde le decía a todo el mundo, que esa bruja era suya para reclamarla y hacerla suya hasta su último suspiro.
Ahora, Sion entendía muchas cosas…
Entendía lo ciego que se puede estar por el vínculo y entendía mejor a Will… porque él también moriría por ella sin dudarlo siquiera un segundo…
— ¡Ah! —Iris gimió y Sion regresó de sus pensamientos, solo para continuar dedicándole tiempo a su pequeña bruja.
Sus besos fueron viajando por el cuello de ella hasta llegar por encima de sus redondos y perfectos senos.
Sion la atrajo hacia él, rozando su enorme pene, quien luchaba por liberarse de la prisión de los pantalones.
Sin decir nada, Iris bajó sus manos desabrochándoselos.
Le quitó los pantalones liberando su pene completamente erguido.
Él deslizó su mano por el muslo de ella y enganchó su pantalón para quitárselo también.
En pocos minutos, ambos se quedaron desnudos.
—Eres la mujer más bella que he visto nunca.
—Eso lo dices porque soy tu compañera…
—Dame tiempo para demostrarte, porque la Diosa Selene, tiene ese poder de unir a las almas gemelas, Iris.
Iris sonrió y, poniendose en puntillas de pie, atrapó los labios carnosos de Sion. El beso fue gentil, al principio…
Luego ambos se dejaron llevar por sus necesidades de estar entrelazados.
Sion, sin cortar el beso, cogió a su pequeña sanadora en brazos y la acomodó sobre la cama.
Mientras, Iris con su mano, tomó el pene de su compañero para aliñarlo en su húmeda abertura,
—Lobito… necesito tu pene ahora mismo.
Sion gimió mientras cogió su pene para empujarlo dentro de su pequeña bruja. Ambos jadearon con la embestida.
—¡Oh, maldición! Estás muy apretada, Iris.
—¡Ahhh! Y tú, eres enorme, lobito.
Sus miradas se encontraron llenas de deseo y de un sentimiento más profundo…
Sion comenzó despacio, permitiendo que Iris se acomodara a su terrible tamaño.
—¡Me encanta mi lobito! Me llena por completo.
Él gemía de placer, mientras comenzó a moverse más rápidamente maldiciendo en su cuello.
Iris le rodeó con sus brazos, para empujarlo aún más dentro de ella.
Las embestidas, pronto comenzaron a ser más fuerte. Ella lanzando sonidos de placer al sentir el pene de Sion deslizándose, dentro y fuera de ella… llegando a cada punto exacto.
—¡Mierda! —exclamó Sion, sin dejar el ritmo. —¡Voy a llenarte de cachorros, Iris!
—Él no sabe que estoy tomando el tónico que prepara Hanna para evitar a los cachorros… Aún no estoy preparada para eso. —pensó Iris, mientras su lobito la penetraba una y otra vez…
Antes de que alguno de los dos pudieran reaccionar, Sion, aúlla fuerte.
—¡Aaaaauuuuuuuu!
Apretó sus caderas, mientras se descargaba dentro de Iris.
La sensación de su pene pulsante, también envió a Iris al límite haciendo sentir su clímax alrededor de su miembro.
iris gimió mientras se contraía una y otra vez.
—¡Aaaahhhh! —gritó cuando su orgasmo se intensificó para luego disminuir paulatinamente.
Ambos colapsaron sobre la cama con sus respiraciones aceleradas.
—Te amo, Iris. La diosa de la luna, me ha bendecido contigo y no podría ser más feliz.
Iris se quedó callada, mientras sintió como su corazón se le salía del pecho.
Muchas emociones en tan poco tiempo, que ella no supo reaccionar y prefirió el silencio.
Un silencio que no pasó desapercibido para Sion, pero lo dejó estar.
Él la volvió a besar dulcemente para luego ponerse de pie.
—Debemos prepáranos para reunirnos con Cornelius y regresar a mi reino.
iris asintió con la cabeza, eligiendo el silencio, viendo como su compañero entraba al baño para ducharse, mientras ella reflexionaba con preocupación.
—Llegará un momento en el que no podré negarme a tener un cachorro mestizo. —pensó Iris.
Un mal pensamiento arruinó el mágico clima que Iris estaba teniendo hasta hace un momento.
—¿Y si el hijo mestizo de la profecía es el mío, y no el de Lux, como todos creen?
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