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Lux de Luna - Capítulo 80

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Capítulo 80: La ceremonia de apareamiento (Primera parte)

La habitación de Lux estaba llena de movimiento y nerviosismo.

Sabine estaba sentada frente al espejo mientras Anaisha terminaba de acomodar su cabello con una delicadeza casi artística. Pequeñas trenzas caían a los lados de su rostro, adornadas con diminutas cuentas plateadas que brillaban cuando se movía.

Lux observaba con una sonrisa tranquila… aunque por dentro sentía algo extraño.

No sabía bien qué era.

Tal vez la tensión de los últimos días. Su charla reciente con Electra.

Tal vez Conall.

Tal vez Zeta.

O tal vez todo junto.

Anaisha estaba colocando el último broche cuando dos golpes suaves resonaron en la puerta.

—Adelante —dijo Anaisha.

La puerta se abrió y una de las omegas de la casa de la manada asomó la cabeza.

—Perdón por interrumpir…

Anaisha se acercó.

—¿Qué ocurre?

La omega levantó un pequeño paquete envuelto con cuidado.

—Han traído esto para Sabine.

Anaisha lo tomó y cerró la puerta.

Se giró con una sonrisa pícara.

—Esto es para ti.

Sabine abrió los ojos.

—¿Para mí?

Lux se cruzó de brazos, curiosa.

—Bueno… ahora sí que quiero ver eso.

Anaisha acercó la caja a Sabine.

—¡Ábrelo!

Lux comenzó a impacientarse.

—¡Sabine, abre ya esa caja o moriré de ansiedad!

Sabine retiró la cinta lentamente… como si temiera romper algo precioso.

Levantó la tapa.

Y entonces se quedó completamente inmóvil.

—¡Madre del Reino Sagrado!

Lux dio un salto hacia ella.

—¿Qué hay dentro?

Sabine levantó un vestido.

La tela cayó como una cascada brillante entre sus manos.

Era hermosa.

Un vestido de ceremonia en tonos marfil con bordados plateados que formaban símbolos antiguos de la mandada.

Lux lo tomó para verlo mejor.

—¡Me encanta!

Lo extiende frente a ellas.

—Sabine… esto es precioso.

Anaisha se acercó con entusiasmo.

—Parece que nuestro gamma resultó ser todo un caballero después de todo.

Sabine estaba roja como una amapola.

En el fondo de la caja había una pequeña nota. Cuando la cogió, miró a las demás con incertidumbre.

—Es… de Leo…

Lux juntó las manos emocionada.

—¡Léela!

Sabine cogió la nota que le había dejado Leo al lado del vestido y la leyó en voz alta. Sus ojos, atrapados entre la tinta y el sentimiento, brillaban con una mezcla de asombro y dulzura.

—“No puedo prometerte la felicidad eterna porque no tengo poderes para saber lo que ocurrirá mañana…”

Lux sonrió suavemente mientras el eco de la fragilidad de esas palabras resonaba en el aire. Era cierto, el futuro era un misterio, un laberinto en el que uno podía perderse fácilmente. Pero saber que Leo se esforzaría por hacerla feliz, aunque solo fuera un día a la vez, sentía como un abrazo cálido en su corazón.

Sabine continuó, sus labios temblando ligeramente al pronunciar las palabras.

—“Pero puedo prometerte que intentaré hacerte feliz día tras día.”

Anaisha, espectadora silenciosa de este momento íntimo, se llevó una mano al pecho, sintiendo cómo el amor trazaba caminos invisibles entre ellos.

—Oh…

La atmósfera se cargó de emoción, y Sabine siguió leyendo, cada palabra un paso más profundo en ese sendero de vulnerabilidad y promesas.

—“Espero ser merecedor de tu cariño y lucharé contra cualquier obstáculo que se interponga en este nuevo camino a tu lado.”

Con un suspiro entrecortado, Lux murmuró:

—Ese lobo sí sabe lo que dice…

Las palabras de Leo eran más que simples promesas; eran declaraciones de intenciones que desafiaban la adversidad. No había dioses ni destinos impuestos en su relación, solo la pura voluntad de elegirse uno al otro, con todas las imperfecciones y heridas que traían consigo.

Sabine terminó la carta, su voz vibrante en el aire.

—“Seremos compañeros elegidos, pero con la esperanza de que nuestro vínculo crezca y podamos amarnos para toda la vida.”

Una pausa envolvió la habitación como un abrazo. Treinta segundos que parecieron eternos.

—“Siempre tuyo… Leo.”

En un mundo donde los designios de la Diosa de la Luna podían jugarle cruelmente a los corazones, Sabine sintió la fuerza de su elección. No importaba que algunos vínculos no estuvieran destinados; lo que realmente contaba era el deseo ferviente de construir algo hermoso juntos. Con cada lágrima de alegría, cada risa compartida, estaban forjando su propio camino en la penumbra, iluminados solo por el amor que decidían cultivar. Y esa, pensó Sabine, era una verdadera promesa.

Anaisha soltó un gemido dramático.

—Muero de envidia.

Lux soltó una risa.

—¿En serio?

Anaisha se cruzó de brazos.

—Raunak jamás me ha escrito algo así.

Lux se encogió de hombros.

—Porque Raunak cree que decir “come más” ya es romántico.

—Si eso crees de Raunak, ¿qué puedo decir yo sobre Conall? —manifestó Lux en tono divertido.

Las dos rieron.

Pero Sabine no.

Sabine comenzó a llorar.

—¡Ay! —exclamó Anaisha— ¡Cuidado con el maquillaje!

Sabine se secó las lágrimas.

—Lo siento… me emocioné.

Lux la abrazó.

—Es normal.

Anaisha se unió al abrazo.

Las tres se quedaron así un momento.

Después, comenzaron a moverse de nuevo.

Había una ceremonia que preparar.

Y una nueva pareja que celebrar.

Mientras tanto, en el jardín ceremonial…

Leo caminaba de un lado a otro como un lobo atrapado.

Raunak lo observaba con diversión.

—¿Estás nervioso?

Leo suspiró.

—Un poco.

Raunak cruzó los brazos.

—Tranquilo.

Sonrió.

—Seguro que le ha gustado el detalle.

Leo rascó su nuca.

—Gracias, Raunak…

Lo miró con sinceridad.

—Si no fuera porque me ayudaste a escribir la nota… no habría sabido qué poner.

Raunak soltó una risa.

—En el fondo, soy un romántico.

—Ya, como no.

—Sabine parece una buena loba.

Leo asintió inmediatamente.

—Lo es.

Raunak le dio una palmada en el hombro.

—Mejor para ti. — luego añadió con tono burlón… —Estarás unido a ella por mucho tiempo.

Leo suspiró.

—Lo sé.

Leo, algo inquieto, miró alrededor.

—¿Dónde está Conall?

Raunak señaló hacia la casa de la manada.

—Estaba terminando de cambiarse.

Y susto en ese momento, apareció Conall.

Caminaba con pasos lentos. Su expresión era… extraña.

Leo y Raunak lo miraron fijamente.

Conall se detuvo.

—¿Qué me miráis? —contestó friamente.

Raunak frunció el ceño.

Algo no estaba bien.

—¿Pasa algo, Alfa?

Conall negó con frialdad.

—No.

Leo dio un paso adelante.

—Te hemos estado llamando por el enlace mental…

Raunak añadió…

—Pero no nos contestaste.

Conall se encogió de hombros.

—Tenía cosas importantes que hacer.

Raunak lo observó con atención.

Y entonces lo vio.

—Alfa…

Se acercó un poco más.

—Tienes los ojos rojos.

Leo también lo notó.

—Es verdad.

Conall respondió sin emoción.

—Me ha entrado jabón mientras me duchaba.

Raunak levantó una ceja.

—Ya… debe ser por eso.

Leo frunció el ceño.

—Raunak…

Habló por enlace mental.

— Conall huele raro. Y no es por la ducha…

Raunak respondió mentalmente.

— Lo sé.

Leo añadió…

— Esto no me gusta nada.

Raunak asintió mentalmente.

— A mí tampoco.

En ese momento… las chicas llegaron al jardín y el ambiente se suavizó.

Leo y Raunak, se sorprendieron al ver a sus parejas tan hermosamente arregladas.

—Si no cerraís esas bocas, os entrarán moscas…—bromeó el extraño Conall.

Lux caminaba al frente.

Anaisha a su lado.

Y Sabine detrás… con su majestuoso vestido ceremonial.

La manada guardó silencio al verla.

Sabine estaba radiante.

Pero Conall no miraba a Sabine.

Miraba a Lux.

Su cuerpo se puso rígido.

Una voz oscura resonó dentro de su mente.

— Aquí está… El vivo retrato de Lilian. Después de tanto tiempo esperando… Al fin podré vengarme.

Lux avanzó entre la gente.

Las lobas murmuraban.

Algunas sonreían.

Otras miraban a Sabine con celos.

Después de todo…

El gamma era uno de los lobos más codiciados de la manada. Muchas lobas habían intentado “cazarlo” pero ninguna había tenido éxito.

Entre la multitud, Zeta observaba la escena. Su semblante era tranquilo. Él ya había conseguido quedarse en la manada para estar cerca de Lux.

Cuando ella pasó cerca de él… le guiñó un ojo y Lux no pudo evitar sonreírle.

Conall lo vio.

Un gruñido profundo escapó de su pecho.

—Grrrr…

Dentro de su mente, la voz volvió a hablar.

— Ese imbécil… No tardaré en encargarme de él.

Lux llegó a la tarima ceremonial.

Conall estaba allí.

De pie.

Esperando.

Sus ojos se clavaron en los de ella.

Su expresión era imposible de leer.

Raunak murmuró:

—Alfa… coge a tu Luna. Así podremos comenzar.

Conall extendió la mano.

Tomó a Lux… con cierta rigidez.

Y la sentó a su lado.

Lux frunció el ceño.

—¿Qué ocurre, Conall?

En el instante en que sus manos se tocaron…

Algo cambió.

Los ojos de Conall volvieron a su color normal.

La presencia oscura retrocedió ligeramente.

Como si el contacto de Lux la hubiera contenido.

Conall respiró profundo.

—Nada. ¿Estás bien?

—Yo sí, pero tú no pareces estarlo.

Conall se llevó una mano a la sien.

—Solo un poco de dolor de cabeza.

Lux asintió.

Pero algo en su interior no se tranquilizó.

— Conall está raro… Muy raro. —profundizó Anaisha mentalmente con Raunak.

—Lo sé. Lo he notado.

Raunak tomó la mano de Anaisha y la sentó a su lado.

Como betas de la manada… sus lugares estaban justo después del Alfa y la Luna.

—Estás muy guapa.—las palabras salieron de la boca de Raunak, antes de que pudiera pensarlo.

—Gracias, tú también lo estas.

Anaisha estaba perdidamente enamorada de Raunak y ellos sí que eran compañeros destinados, pero la infancia de Raunak no había sido buena y él no se permitía ser sensible con nadie.

Eso incluía a Anaisha…

Finalmente, Leo tomó la mano de Sabine.

La miró de arriba abajo y sonrió.

—Estás increíble.

Sabine se sonrojó.

—Gracias.

Luego lo observó.

—Tú también te has arreglado. Estamos a juego.

Leo se inclinó un poco hacia ella.

—Te lo mereces.

Y le dio un beso cálido en la mejilla.

Entonces Conall se levantó.

La ceremonia comenzó.

Su voz resonó firme ante la manada.

Habló del vínculo entre lobos.

De la importancia de elegir a un compañero.

De caminar juntos incluso cuando el destino no lo dictaba.

Después sacó una daga ceremonial.

Y un pequeño cuenco de piedra.

—Leo.

El gamma se acercó. Conall le entregó la daga. Leo cortó suavemente su palma y unas gotas de sangre cayeron en el cuenco.

Luego Sabine hizo lo mismo.

Sus gotas se mezclaron.

Leo levantó el cuenco y comenzó el voto.

—Compañera…

Su voz era firme.

—Por intermedio de esta unión…

Sabine lo miraba con emoción.

Leo continuó.

—Pretendo purificar y doblegar el cuerpo para adquirir la lucidez del espíritu.

La manada guardaba silencio.

—Para favorecer el trance que permite la comunicación con lo sagrado.

Sabine apretó su mano.

—Así como la percepción del destino de nuestra manada.

Leo alzó el cuenco.

—Sangre de mi sangre.

Bebió.

—Que este vínculo que hoy unimos…

Se lo entregó a Sabine.

—Nada ni nadie lo pueda separar.

Sabine repitió las palabras.

Y bebió.

La manada estalló en vítores.

—¡Otra pareja que dará vida a esta manada!

—¡Viva la nueva pareja!

Conall se acercó a Sabine.

Le entregó una daga de plata.

—Ahora eres la gamma de la Manada de la Escarcha Feroz…

Sabine inclinó la cabeza.

—Pero también te nombro…

Levantó la daga.

—Guerrera personal de la Luna del Norte.

Sabine abrió los ojos.

—Gracias, Alfa.

La manada comenzó a corear su nombre.

—¡Gamma Sabine!

—¡Gamma Sabine!

Ella levantó la daga.

—Prometo defender a nuestra Luna con mi propia vida.

Conall asintió.

—¡Qué así sea!

Leo entonces levantó a Sabine en brazos.

—¡Oh! —exclamó ella.

Leo sonrió descaradamente.

—Con vuestro permiso…

Miró a la manada.

—Pero, esta guerrera y yo, tenemos una ceremonia privada que concluir.

— ¡A por los cachorros! —gritó alguien entre risas.

Todos comenzaron a reír mientras la pareja se retiraba hacia la casa de la manada.

La música comenzó.

La celebración continuó.

Pero Lux apenas escuchaba nada.

Conall se acercó a ella. Tomó su mano. La observó con intensidad.

—Estás deslumbrante…

Lux respondió con voz baja.

—Gracias.

Pero su tono era distante.

Conall lo notó.

—¿Te ocurre algo?

Lux lo miró directamente a los ojos.

Su expresión cambió.

Seria.

Fría.

Dolida.

—Conall…

Él frunció el ceño.

—¿Si?

Lux no dudó.

— ¿Es verdad que te has acostado con mi hermana?

El silencio entre ellos fue inmediato.

Y pesado.

Muy pesado.

Conall no respondió de inmediato.

Porque en su mente…

La voz oscura se volvió susurrar.

— Interesante… Esto se pondrá divertido.

————————–

Las imágenes de, Sabine y Leo en sus trajes ceremoniales, estarán disponibles en los comentarios.

En la casa de la manada, el aire vibraba con una mezcla de anticipación y nerviosismo. Leo llevó a Sabine hacia su habitación, un espacio que había transformado con delicadeza para este momento tan significativo. Las luces tenues y los detalles sutiles creaban un ambiente cálido y acogedor, perfecto para el enlace que estaban a punto de formalizar.

Con sumo cuidado, Leo depositó a Sabine en la cama, sus ojos se encontraron en un instante que parecía detener el tiempo. Con ternura, acomodó algunos mechones de pelo que caían sobre su rostro. La expresión de Sabine lo llenó de sentimientos encontrados; su mirada reflejaba tanto amor como inseguridad.

— No puedo creer que estemos a punto de concluir la ceremonia —, murmuró Leo, con la voz temblorosa por la mezcla de emoción y temor.

— ¿Me dolerá? —, preguntó ella, desnudando su vulnerabilidad.

Leo sintió una punzada en el corazón ante su fragilidad.

Una sonrisa suave se dibujó en los labios de él, mientras sus dedos se deslizaban delicadamente por la mejilla de Sabine.

— La verdad es que es tan nuevo para ti como para mí. Pero por favor, confía en que intentaré hacerlo todo lo menos doloroso posible.

— Vale —, respondió ella, su voz apenas un susurro.

Leo se inclinó, su cuerpo medio apoyado sobre el de ella, y la proximidad intensificó la electricidad que ambos sentían. Sus labios estaban a centímetros de distancia, y las respiraciones comenzaron a entrelazarse, creando una melodía íntima que solo pertenecía a ellos.

— Eres muy hermosa, Sabine… me siento halagado de tenerte como mi compañera. Desde la primera vez que te vi, sentí algo especial por ti.

Un rubor profundo se apoderó de las mejillas de Sabine, y Leo no pudo evitar emocionarse al captar el aroma de su excitación en el aire. Ella le respondió sin palabras, sus ojos brillando con una mezcla de devoción y deseo. A pesar de que este compromiso había sido forzado por las circunstancias, el deseo mutuo comenzaba a florecer, inquebrantable.

Sin más preámbulos, Leo posó sus labios sobre los de Sabine. El beso comenzó suave, pero rápidamente se transformó en una danza pasional, donde todo el mundo exterior desapareció.

— Me gusta el sabor de tus labios —, confesó Leo, sintiendo el calor de su aliento.

—Y a mí, me gusta como besas, Leo…

— Me alegra saberlo, porque a partir de ahora mis besos son solo para ti —, dijo con una sonrisa picarona que iluminó su rostro.

— ¿Entonces estás lista para que te haga mía? —, preguntó Leo, su voz un murmullo cargado de anhelo.

Sabine asintió, y su respuesta fue un beso ardiente que dejaba claro que no había vuelta atrás. Leo, sintiendo su decisión, la atrajo más cerca, sus manos firmes en la cintura de ella, dejando que sus cuerpos se fusionaran en un abrazo que prometía más de lo que las palabras podían expresar.

Mientras se separaban, las ropas comenzaron a desaparecer, cada prenda un símbolo de las barreras que caían entre ellos.

— Eres perfecto por donde te mire —, comentó Sabine, desprendiendo admiración en cada palabra.

— ¿Te gusta lo que ves? —, preguntó Leo, su voz entrecortada.

— Estás bien formado —, respondió ella, su mirada llena de deseo.

Sus cuerpos se encontraron nuevamente en un torbellino de pasión, explorándose, sintiendo la calidez del otro.

— Sabine, si no estás segura de esto, debes pedirme que pare. Podemos solo marcarnos y ya nos apareamos otro día —, sugirió Leo, consciente de la fragilidad del momento.

—¿Acaso no te gusto? —preguntó Sabine, mordiéndose el labio inferior.

— Claro que me gustas. No creo que pueda mantener el control por mucho tiempo—, exclamó Leo, el deseo palpable en su voz.

— No quiero que lo mantengas, Leo. Quiero que me poseas por completo—, le dijo ella, desvinculándose de toda duda y permitiendo que su deseo hablara por sí mismo.

Con un movimiento delicado, Leo se posicionó sobre Sabine y comenzó a adornar su piel con besos, enviando oleadas de electricidad a cada rincón de su ser.

— Eres tan suave y deliciosa. No puedo creer que vayamos a estar juntos —, murmuró Leo, perdido en la conexión que compartían.

— Te deseo mucho —, respondió Sabine, su voz temblando con el peso de su anhelo.

Leo gruñó en respuesta y, sin restricción, descendió hacia su zona más vulnerable.

Su boca se abrió paso desde la parte superior del clítoris de Sabine hasta su coño ya humedecido por el placer.

— ¡Ah! Sí, continúa —. Gimió Sabine, arqueando la espalda, derritiéndose ante el movimiento majestuoso de la lengua de Leo.

Él la movía en círculos perfectos y cada vez más cerrados provocando que Sabine gimiera aún más fuerte.

— ¡Leo, que bien se siente!

— Y más que te gustará. —sonrió él.

Mientras Leo asaltaba el sexo de Sabine con su lengua, preparó dos de sus dedos para deslizarlos dentro de ella, tocando todos esos puntos deliciosos.

— ¡Ah, ahhhh! No te detengas… —suplicó Sabine.

Leo sonrió mientras se comía con gusto todo el coño de Sabine.

—Leo, creo que me voy a hacer pis…

— No, cariño. Te vas a correr y eso ocurre cuando sientes placer y tienes la necesidad de liberarte.

Con un último movimiento de su peligrosa lengua, Sabine cayó al vacío estallando en un orgasmo salvaje que dejó un buen sabor de boca a Leo.

— Eres deliciosa, cariño.

El gruñido de su voz excitó a Sabine nuevamente.

—¡Quiero más!

Leo se dejó caer presionando su abdomen sobre ella.

— ¿Quieres más? —la miró con provocación.

— Estoy lista para tenerte dentro mío, gamma.

Él la abrazó fuerte susurrándole al oído.

— Una vez dentro, no voy a parar…

Sabine bajó su mano hasta el miembro erecto de Leo y lo acarició un par de veces.

— Más te vale que no lo hagas. —lo desafió ella.

— Eres mía, Sabine, solo mía.

Cuando su mano subió por el muslo de ella, noto como temblaba por la urgencia de sentirlo al completo.

Leo se apoyó en un brazo y la miró con anhelo.

— Desde que te vi, he soñado con hacerte el amor una y otra vez. —susurró recorriendo con sus manos, los pechos de Sabine acariciando sus pezones turgentes.

— Y ahora estás aquí y sé que es lo correcto. Siempre supe que serías tú la dueña de mi corazón. Te amo, Sabine y siempre has sido tú.

Sabine se inclinó para besarlo hambrientamente y su miembro presionó contra ella. Estaba duro y listo.

Al separarse, ella lo miró profundamente.

— Estoy lista para entregarme a ti, Leo. Total, y completamente. También te amo.

La mano de Leo se desplazó hasta la vagina dolorida de Sabine, introduciendo tres dedos en ella.

— Estas tan mojada para mí. Prometo tratarte como a una princesa y, si te hiciera daño, pararé de inmediato.

— Estoy lista. Por favor, Leo. —suplicó Sabine.

— Cuando estemos al punto de alcanzar nuestra liberación, voy a marcarte y a reclamarte como mía y solo mía.

Leo gruñó apoyando su miembro sobre la entrada de Sabine.

Ella sintió una presión repentina que le provocó algo de tensión, provocando que Leo parara para besar su clavícula hasta que Sabine se relajó

Conforme ella se dejó llevar, él fue empujando su miembro dentro hasta que se acomodó por completo.

—¡Ah! —Sabine jadeo.

Sin dejar de besarla y estimularla, Leo fue introduciéndose poco a poco en la estrecha y virgen vagina de Sabine.

—¡Joder, cariño! No sabía que esto se sentiría tan bien… —susurró Leo.

Cuando pasó un tiempo y Leo notó que Sabine se acostumbró a su grosor, fue cuando comienzó a moverse dentro de ella.

—¡Joder! ¡Joder!

—¡Ah! Duele… —jadeó Sabine con esa mezcla de dolor y placer que la tenía en otra dimensión.

— ¿Quieres que pare? —preguntó Leo preocupado.

— No, sigue. Arde un poco, pero quiero sentir más de esa liberación…

Leo salía y entraba, lentamente, dándole tiempo a ella a que se ajustara a él.

Mientras se iban aclimatando, Leo encontró su clítoris y lo estimuló.

—¡Ah… ahí! —Sabine se aferraba a las sábanas como si pensara que necesitaba estar sujeta a algo.

— ¿Te gusta?

— No puedo pensar en otra cosa que en lo bien que me estás haciendo sentir.

Fue entonces cuando Leo comprobó la lubricación del coño de Sabine para soportar todo el grosor de su pene.

— Voy a llegar hasta el fondo, cariño. Quiero llenarte con mi pene y liberarme dentro tuyo para hacerte cachorros.

Leo comenzó a embestirla más rápido y más profundo.

Todo parecía tan mágico y especial.

Ella se sentía cuidada en todos los sentidos posibles.

—¡Leo creo que siento esa electricidad otra vez!

— Maldición, Sabine, también creo que voy a…

Y en ese momento, Leo alcanzó la zona sensible del cuello de Sabine para marcarla.

—¡Ayyy!

El grito de Sabine fue desgarrador, pero de inmediato, Leo comenzó a lamer su herida haciendo que ella sanara y, sin pensarlo demasiado, el clímax los invadió a los dos.

Sabine se quedó sin aliento y, con un último empujón, Leo derramó su semen muy dentro de ella.

—¡Ohhh, mierda! —exclamó Leo.

— Eso estuvo increíble. —sonreía Sabine.

Cuando recuperaron las fuerzas, ambos se ducharon y cambiaron las sábanas con las muestras de la virginidad de Sabine.

— ¿Estás bien? —preguntó Leo.

— Me tiemblan un poco las piernas.

Leo abrazó a Sabine cogiéndole la cabeza para que la apoyara en su pecho y pudiera descansar.

— Deja que te cuide. El proceso de marcado ha comenzado y necesitas recuperarte.

— Gracias, Leo.

Leo sonrió notando como su vínculo comenzaba a fluir.

— Encontrarte es lo mejor que me ha pasado en la vida, Sabine.

————————-

¿Os gusta la pareja de Sabine y Leo? Os leo en comentarios… gracias por leerme. ❤️🐺

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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