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Lux de Luna - Capítulo 81

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Capítulo 81: La ceremonia de apareamiento (Segunda parte)

En la casa de la manada, el aire vibraba con una mezcla de anticipación y nerviosismo. Leo llevó a Sabine hacia su habitación, un espacio que había transformado con delicadeza para este momento tan significativo. Las luces tenues y los detalles sutiles creaban un ambiente cálido y acogedor, perfecto para el enlace que estaban a punto de formalizar.

Con sumo cuidado, Leo depositó a Sabine en la cama, sus ojos se encontraron en un instante que parecía detener el tiempo. Con ternura, acomodó algunos mechones de pelo que caían sobre su rostro. La expresión de Sabine lo llenó de sentimientos encontrados; su mirada reflejaba tanto amor como inseguridad.

— No puedo creer que estemos a punto de concluir la ceremonia —, murmuró Leo, con la voz temblorosa por la mezcla de emoción y temor.

— ¿Me dolerá? —, preguntó ella, desnudando su vulnerabilidad.

Leo sintió una punzada en el corazón ante su fragilidad.

Una sonrisa suave se dibujó en los labios de él, mientras sus dedos se deslizaban delicadamente por la mejilla de Sabine.

— La verdad es que es tan nuevo para ti como para mí. Pero por favor, confía en que intentaré hacerlo todo lo menos doloroso posible.

— Vale —, respondió ella, su voz apenas un susurro.

Leo se inclinó, su cuerpo medio apoyado sobre el de ella, y la proximidad intensificó la electricidad que ambos sentían. Sus labios estaban a centímetros de distancia, y las respiraciones comenzaron a entrelazarse, creando una melodía íntima que solo pertenecía a ellos.

— Eres muy hermosa, Sabine… me siento halagado de tenerte como mi compañera. Desde la primera vez que te vi, sentí algo especial por ti.

Un rubor profundo se apoderó de las mejillas de Sabine, y Leo no pudo evitar emocionarse al captar el aroma de su excitación en el aire. Ella le respondió sin palabras, sus ojos brillando con una mezcla de devoción y deseo. A pesar de que este compromiso había sido forzado por las circunstancias, el deseo mutuo comenzaba a florecer, inquebrantable.

Sin más preámbulos, Leo posó sus labios sobre los de Sabine. El beso comenzó suave, pero rápidamente se transformó en una danza pasional, donde todo el mundo exterior desapareció.

— Me gusta el sabor de tus labios —, confesó Leo, sintiendo el calor de su aliento.

—Y a mí, me gusta como besas, Leo…

— Me alegra saberlo, porque a partir de ahora mis besos son solo para ti —, dijo con una sonrisa picarona que iluminó su rostro.

— ¿Entonces estás lista para que te haga mía? —, preguntó Leo, su voz un murmullo cargado de anhelo.

Sabine asintió, y su respuesta fue un beso ardiente que dejaba claro que no había vuelta atrás. Leo, sintiendo su decisión, la atrajo más cerca, sus manos firmes en la cintura de ella, dejando que sus cuerpos se fusionaran en un abrazo que prometía más de lo que las palabras podían expresar.

Mientras se separaban, las ropas comenzaron a desaparecer, cada prenda un símbolo de las barreras que caían entre ellos.

— Eres perfecto por donde te mire —, comentó Sabine, desprendiendo admiración en cada palabra.

— ¿Te gusta lo que ves? —, preguntó Leo, su voz entrecortada.

— Estás bien formado —, respondió ella, su mirada llena de deseo.

Sus cuerpos se encontraron nuevamente en un torbellino de pasión, explorándose, sintiendo la calidez del otro.

— Sabine, si no estás segura de esto, debes pedirme que pare. Podemos solo marcarnos y ya nos apareamos otro día —, sugirió Leo, consciente de la fragilidad del momento.

—¿Acaso no te gusto? —preguntó Sabine, mordiéndose el labio inferior.

— Claro que me gustas. No creo que pueda mantener el control por mucho tiempo—, exclamó Leo, el deseo palpable en su voz.

— No quiero que lo mantengas, Leo. Quiero que me poseas por completo—, le dijo ella, desvinculándose de toda duda y permitiendo que su deseo hablara por sí mismo.

Con un movimiento delicado, Leo se posicionó sobre Sabine y comenzó a adornar su piel con besos, enviando oleadas de electricidad a cada rincón de su ser.

— Eres tan suave y deliciosa. No puedo creer que vayamos a estar juntos —, murmuró Leo, perdido en la conexión que compartían.

— Te deseo mucho —, respondió Sabine, su voz temblando con el peso de su anhelo.

Leo gruñó en respuesta y, sin restricción, descendió hacia su zona más vulnerable.

Su boca se abrió paso desde la parte superior del clítoris de Sabine hasta su coño ya humedecido por el placer.

— ¡Ah! Sí, continúa —. Gimió Sabine, arqueando la espalda, derritiéndose ante el movimiento majestuoso de la lengua de Leo.

Él la movía en círculos perfectos y cada vez más cerrados provocando que Sabine gimiera aún más fuerte.

— ¡Leo, que bien se siente!

— Y más que te gustará. —sonrió él.

Mientras Leo asaltaba el sexo de Sabine con su lengua, preparó dos de sus dedos para deslizarlos dentro de ella, tocando todos esos puntos deliciosos.

— ¡Ah, ahhhh! No te detengas… —suplicó Sabine.

Leo sonrió mientras se comía con gusto todo el coño de Sabine.

—Leo, creo que me voy a hacer pis…

— No, cariño. Te vas a correr y eso ocurre cuando sientes placer y tienes la necesidad de liberarte.

Con un último movimiento de su peligrosa lengua, Sabine cayó al vacío estallando en un orgasmo salvaje que dejó un buen sabor de boca a Leo.

— Eres deliciosa, cariño.

El gruñido de su voz excitó a Sabine nuevamente.

—¡Quiero más!

Leo se dejó caer presionando su abdomen sobre ella.

— ¿Quieres más? —la miró con provocación.

— Estoy lista para tenerte dentro mío, gamma.

Él la abrazó fuerte susurrándole al oído.

— Una vez dentro, no voy a parar…

Sabine bajó su mano hasta el miembro erecto de Leo y lo acarició un par de veces.

— Más te vale que no lo hagas. —lo desafió ella.

— Eres mía, Sabine, solo mía.

Cuando su mano subió por el muslo de ella, noto como temblaba por la urgencia de sentirlo al completo.

Leo se apoyó en un brazo y la miró con anhelo.

— Desde que te vi, he soñado con hacerte el amor una y otra vez. —susurró recorriendo con sus manos, los pechos de Sabine acariciando sus pezones turgentes.

— Y ahora estás aquí y sé que es lo correcto. Siempre supe que serías tú la dueña de mi corazón. Te amo, Sabine y siempre has sido tú.

Sabine se inclinó para besarlo hambrientamente y su miembro presionó contra ella. Estaba duro y listo.

Al separarse, ella lo miró profundamente.

— Estoy lista para entregarme a ti, Leo. Total, y completamente. También te amo.

La mano de Leo se desplazó hasta la vagina dolorida de Sabine, introduciendo tres dedos en ella.

— Estas tan mojada para mí. Prometo tratarte como a una princesa y, si te hiciera daño, pararé de inmediato.

— Estoy lista. Por favor, Leo. —suplicó Sabine.

— Cuando estemos al punto de alcanzar nuestra liberación, voy a marcarte y a reclamarte como mía y solo mía.

Leo gruñó apoyando su miembro sobre la entrada de Sabine.

Ella sintió una presión repentina que le provocó algo de tensión, provocando que Leo parara para besar su clavícula hasta que Sabine se relajó

Conforme ella se dejó llevar, él fue empujando su miembro dentro hasta que se acomodó por completo.

—¡Ah! —Sabine jadeo.

Sin dejar de besarla y estimularla, Leo fue introduciéndose poco a poco en la estrecha y virgen vagina de Sabine.

—¡Joder, cariño! No sabía que esto se sentiría tan bien… —susurró Leo.

Cuando pasó un tiempo y Leo notó que Sabine se acostumbró a su grosor, fue cuando comienzó a moverse dentro de ella.

—¡Joder! ¡Joder!

—¡Ah! Duele… —jadeó Sabine con esa mezcla de dolor y placer que la tenía en otra dimensión.

— ¿Quieres que pare? —preguntó Leo preocupado.

— No, sigue. Arde un poco, pero quiero sentir más de esa liberación…

Leo salía y entraba, lentamente, dándole tiempo a ella a que se ajustara a él.

Mientras se iban aclimatando, Leo encontró su clítoris y lo estimuló.

—¡Ah… ahí! —Sabine se aferraba a las sábanas como si pensara que necesitaba estar sujeta a algo.

— ¿Te gusta?

— No puedo pensar en otra cosa que en lo bien que me estás haciendo sentir.

Fue entonces cuando Leo comprobó la lubricación del coño de Sabine para soportar todo el grosor de su pene.

— Voy a llegar hasta el fondo, cariño. Quiero llenarte con mi pene y liberarme dentro tuyo para hacerte cachorros.

Leo comenzó a embestirla más rápido y más profundo.

Todo parecía tan mágico y especial.

Ella se sentía cuidada en todos los sentidos posibles.

—¡Leo creo que siento esa electricidad otra vez!

— Maldición, Sabine, también creo que voy a…

Y en ese momento, Leo alcanzó la zona sensible del cuello de Sabine para marcarla.

—¡Ayyy!

El grito de Sabine fue desgarrador, pero de inmediato, Leo comenzó a lamer su herida haciendo que ella sanara y, sin pensarlo demasiado, el clímax los invadió a los dos.

Sabine se quedó sin aliento y, con un último empujón, Leo derramó su semen muy dentro de ella.

—¡Ohhh, mierda! —exclamó Leo.

— Eso estuvo increíble. —sonreía Sabine.

Cuando recuperaron las fuerzas, ambos se ducharon y cambiaron las sábanas con las muestras de la virginidad de Sabine.

— ¿Estás bien? —preguntó Leo.

— Me tiemblan un poco las piernas.

Leo abrazó a Sabine cogiéndole la cabeza para que la apoyara en su pecho y pudiera descansar.

— Deja que te cuide. El proceso de marcado ha comenzado y necesitas recuperarte.

— Gracias, Leo.

Leo sonrió notando como su vínculo comenzaba a fluir.

— Encontrarte es lo mejor que me ha pasado en la vida, Sabine.

————————-

¿Os gusta la pareja de Sabine y Leo? Os leo en comentarios… gracias por leerme. ❤️🐺

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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