Maestro de la Lujuria - Capítulo 16
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16: No me digas…
16: No me digas…
Capítulo – 16
—Emm, ¿Rick?
—Amanda miró a Rick, evitando el contacto visual.
Estaba batallando con su sujetador—.
Parece que no puedo abrocharme el sujetador.
Los ojos de Rick brillaron con picardía cuando escuchó a Amanda.
Fingió reflexionar sobre la situación.
—Mmm, parece que estás atascada.
¿Qué se supone que hagamos?
Amanda lo fulminó con la mirada, pero había un destello de diversión en sus ojos.
—¿Oh, estás disfrutando de esto, verdad?
—Bueno…
Quizá solo un poquito —admitió Rick, y sus labios se curvaron en una sonrisa juguetona.
—De acuerdo, basta de bromas.
Ayúdame con esto —dijo Amanda, dándole la espalda.
Rick alcanzó el broche del sujetador, sus dedos se movieron con destreza para engancharlo de nuevo en su sitio.
—Ya está, todo listo.
Fue muy fácil —dijo, dándole una palmadita en la espalda.
—Gracias —masculló Amanda; todavía había algo de vergüenza persistente en su mirada.
—De nada —respondió Rick, rodeando su cintura con los brazos—.
¿Y sabes qué?
Eres increíble, Amanda.
Así que no tienes por qué avergonzarte conmigo.
Ese tipo fue un idiota por dejarte por esa zorra.
Ella lo miró, y sus ojos se suavizaron.
—¿De verdad lo crees?
—Por supuesto.
Si es capaz de ir a por el hombre de su amiga, ¿qué le impide dejarlo por otro tipo?
—dijo Rick, con una sinceridad evidente en su voz—.
Te garantizo que en menos de una semana se estará tirando a algún tipo rico.
Simplemente sé tú misma y disfruta del viaje.
No tienes que preocuparte.
Y con estos melones…
Ooh…
jo…
jo…
Definitivamente no tienes por qué —dijo Rick y le pellizcó suavemente los pechos.
—¡¡¡Rick, para!!!
—Abochornada, Amanda intentó detener a Rick.
—Está bien…
No te tomaré más el pelo —Rick retiró la mano y se puso de pie.
—Mejor —resopló Amanda y también se levantó.
Pronto ambos estuvieron completamente vestidos.
—Vámonos —le dijo Amanda a Rick.
Pero Rick no la siguió.
En cambio, parecía que quería decir algo.
Rick miró a Amanda con una expresión esperanzada.
—¿Entonces, crees que ya podría irme del hospital?
—preguntó Rick.
—¿Qué?
—Amanda enarcó una ceja y pareció enfadada—.
Así que…
¿todos esos arrumacos que acabamos de tener fueron solo porque querías que te dieran el alta?
Rick fingió inocencia, con un brillo pícaro en los ojos.
—¿Quién, yo?
¡Por supuesto que no!
Quiero decir, claro, salir de aquí sería un extra, pero esa no fue la razón por la que lo hicimos —Rick agitó los brazos y se defendió—.
Mira esos melones…
¿Crees que necesito alguna otra razón?
Amanda se sonrojó al escuchar a Rick.
«¿Cómo puede decir eso sin inmutarse?».
Luego se miró los pechos y reflexionó: «¿De verdad son tan grandes?».
Pero rápidamente sacudió la cabeza y desechó esos pensamientos.
Intentó ocultar la vergüenza de su rostro y parecer seria.
—¿Ah, de verdad?
¿Así que dices que no hay otra razón?
Rick fingió reflexionar un momento antes de responder con una sonrisa socarrona.
—¿Podríamos no hablar de por qué mi serpiente entró en tu cueva?
Mira, nunca me han gustado los hospitales.
No disfruto estando en uno.
Y como ya me has hecho un chequeo completo, ¿no crees que estoy listo para irme?
—¿Qué serpiente?
¿Qué cueva?
Tienes que ser tan pervertido…
—Amanda puso los ojos en blanco, pero no pudo ocultar el sonrojo en su cara—.
Tsk…
Menuda labia tienes, ¿eh?
—Sabes que tengo razón —respondió Rick, guiñándole un ojo.
—Lo que tú digas —el comportamiento juguetón de Amanda se suavizó, y lo miró con genuino afecto—.
Pero hablando en serio, Rick, personalmente, me gustaría mantenerte en observación un par de días más.
Pero como insistes tanto, hablaré con Rachel, la doctora que te trata, y veré qué tiene que decir al respecto.
¿Te parece bien?
Los ojos de Rick se iluminaron de emoción.
—¿De verdad?
¿Harías eso por mí?
Amanda se rio entre dientes.
—Claro, tonto.
Pero no te prometo nada, ¿eh?…
Lo que ella diga, va a misa.
—Lo sé…
lo sé…
Eres la mejor —dijo Rick, atrayéndola hacia él en un rápido abrazo.
Amanda lo apartó juguetonamente.
—Vale, vale, no te pongas tan empalagoso conmigo.
Alguien podría vernos y me metería en problemas.
—¿Empalagoso?
—Rick miró a Amanda, divertido—.
¿Después de dos rondas de hacer todo lo que hicimos, te asusta que alguien nos vea abrazándonos?
—No sé de qué estás hablando.
~ ~ ~ ~ ~
Rick llamó a la puerta, pero al no obtener respuesta, la abrió y entró en el despacho de Rachel.
Dentro, Rachel estaba perdida en sus pensamientos, con la mirada perdida en el vacío.
—Ejem…
—Al ver a Rachel distraída, Rick se aclaró la garganta para llamar su atención.
Y Rachel lo miró por encima de las gafas, con una expresión severa en el rostro.
Al ver que ya no estaba sola en la habitación, Rachel miró a Rick, midiéndolo de arriba abajo.
—¿He oído que quiere que le den el alta, Sr.
Rick?
—preguntó Rachel, con un tono teñido de molestia.
Rick rio nerviosamente, frotándose la nuca.
—Sí, bueno, me siento mucho mejor y pensé que ya era hora de salir de este lugar.
Rachel enarcó una ceja, estudiándolo con atención.
—¿Se siente mejor, eh?
¿Está seguro de que está listo para irse?
Necesitamos asegurarnos de que está completamente recuperado.
Rick asintió, intentando sonar seguro.
—Totalmente.
Me siento genial y le prometo que me lo tomaré con calma una vez que salga.
—¿Tomárselo con calma, eh?
—Rachel se subió las gafas por el puente de la nariz y entrecerró los ojos.
Parecía estar pensando en algo.
«¿Así es como te lo tomas con calma?».
A Rick le pareció extraño cuando Rachel lo miró con esos ojos.
Parecía querer decir algo, pero se estaba conteniendo.
—Sabe, Rick, no es el primer paciente que cree que está listo para irse antes de estar completamente curado.
Lo he visto innumerables veces y nunca acaba bien.
De verdad, tiene que tomárselo con calma.
[
1.
Lo pillo.
Me lo tomaré con calma.
No me trates como a un niño (Tentación -15)
2.
¿Por qué no vienes conmigo y eres mi enfermera personal?
(Tentación +10)
]
Rick estaba a punto de decir que lo entendía, pero el sistema lo salvó justo a tiempo.
Miró la notificación y se sintió aliviado de no haber dicho lo que tenía en mente.
Los hombros de Rick se hundieron un poco mientras se encogía de hombros mirando a Rachel.
—Bueno…
si no confía en mí, ¿por qué no me sigue a casa y es mi enfermera personal?
¿No sería una situación en la que ambos ganamos?
—Rick le guiñó un ojo a Rachel y preguntó.
—Qué…
—Rachel se quedó sin palabras al escuchar a Rick.
Y mientras procesaba sus palabras en su mente, su cara se puso roja lentamente.
Miró a Rick con ojos furiosos.
«Este chico…
Parece tan inocente.
Pero qué razón tiene el dicho.
No juzgues un libro por su portada.
Las apariencias engañan.
Justo ahora él…
Y ahora quiere…
Es un verdadero donjuán».
—Ejem…
¿Qué situación en la que ambos ganamos?
Por favor, cuide sus palabras, Sr.
Rick —Rachel se aclaró la garganta y desvió la mirada hacia el informe que tenía en las manos.
Pero Rick no prestó atención a sus palabras.
Ya había abierto el sistema y estaba mirando la información de Rachel frente a él.
[
Nombre: Rachel Williams
Edad: 34 años
Calibrador Carnal: 50/100
Radar de Romance: 00/10
]
«¿Cuándo ha pasado esto?».
Rick pareció intrigado.
Por lo que recordaba, Rachel en realidad no estaba interesada en él.
Todos los valores estaban a cero cuando la conoció.
Así que, ¿cómo es que el Calibrador Carnal estaba en cincuenta ahora mismo?
«Bueno, debo haber conseguido los diez puntos de tentación justo ahora.
¿Pero y el resto?».
Rick intentó pensar en una razón, pero no pudo llegar a ninguna conclusión.
«Interesante».
Mientras Rachel revisaba sus informes médicos, Rick estaba ocupado pensando en los puntos de tentación extra que había conseguido de la nada.
Durante unos minutos, nadie habló en la habitación.
—Bueno, sus informes son prometedores —dijo finalmente Rachel, levantando la vista hacia él—.
Su recuperación va bien, pero aun así quiero mantenerlo aquí unos días más, solo para estar seguros.
Rick gimió, reclinándose en su silla.
—¿Unos días más?
¿En serio?
—Sí, en serio —respondió Rachel con firmeza—.
Quiero asegurarme de que no haya complicaciones antes de darle el alta.
Tendrá que ser paciente un poco más.
Él asintió, dándose cuenta de que ella tenía razón.
—Tiene razón, lo sé.
Es que soy impaciente.
Suspiró, pero había un matiz de resignación en su voz.
—Pero verá…
tal como ha dicho, estoy bien.
Así que, ¿por qué no me deja ir por ahora y le prometo que vendré a revisiones regulares?
Estaría bien, ¿verdad?
«No es como si le hubiera caído un rayo directamente.
No hay trauma y los informes se ven bien.
Creo que no debería haber ningún problema».
Rachel consideró su petición por un momento antes de asentir.
—Bueno, eso es posible.
—¿De verdad?
—Rick estaba eufórico.
—Sí…
Pero nada de actividades extenuantes, ¿entendido?
—le advirtió Rachel a Rick.
Rick asintió con entusiasmo.
—Entendido.
Ninguna actividad extenuante.
Ya soy bastante vago, así que no será un problema.
Gracias…
Muchas gracias, Doctora Fría —Rick se levantó de la silla y le dio las gracias a Rachel—.
Bueno…
entonces debería irme ya.
Cuando Rick estaba a punto de salir de su despacho, Rachel lo llamó.
—Rick, ¿qué piensas de Amanda, la enfermera?
Se quedó helado por un momento, tratando de calibrar su tono.
—¿Amanda?
Bueno, nos hemos hecho amigos.
Es una buena chica.
Pero, ¿por qué lo preguntas?
Rachel lo miró fijamente, esperando ver algún cambio en sus expresiones.
—Solo ten cuidado, ¿vale?
No quiero que te metas en ningún lío.
Él enarcó una ceja, con un atisbo de confusión en su expresión.
—¿Lío?
¿A qué te refieres?
Ella suspiró como si dudara en decir algo.
—Solo…
ten cuidado con tus actos, especialmente con la gente con la que trabajas.
Rick se sorprendió, sin saber qué intentaba insinuar.
—No estoy seguro de entender.
Rachel le restó importancia con un gesto, evitando el contacto visual.
—No es nada, olvídalo.
Solo céntrate en mejorar, ¿vale?
Rick se quedó perplejo por las enigmáticas palabras de Rachel, pero no insistió.
En lugar de eso, le agradeció sus cuidados y le aseguró que seguiría sus instrucciones.
Al salir de su despacho, no pudo evitar la sensación de que había algo más en la advertencia de Rachel.
—¿A qué venía todo eso?
—se preguntó Rick, pero entonces sus ojos se abrieron de par en par.
—No me digas que…
—Rick miró hacia el despacho de Rachel y pensó en lo impensable.
* * * * *
[N/A: Espero que estéis disfrutando de la historia.
Votad y comentad.
Mientras tanto, leed mi otra historia, «El Harén del Diablo».]
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