Maestro de la Lujuria - Capítulo 37
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37: Lisa, Zack y Marnus 37: Lisa, Zack y Marnus Capítulo – 37
—Tú…
Esto suena increíble —murmuró Rick, mirando al Conejo.
No entendía bien la mayoría de las cosas que el sistema le mostraba sobre el conejo.
Pero tenía el presentimiento de que no era una criatura cualquiera.
«¿Qué es este nivel de cultivación?
¿Qué son estas habilidades?».
Rick no tenía ni la más remota idea.
Lo único que podía tener algo de sentido y darle una pista sobre el conejo era su raza: Liebre Curativa.
—¿Y qué es este nivel de cultivación?
—Rick intentó hacer clic en el nivel de cultivación del conejo.
Pero, al igual que el suyo, no mostraba nada.
«Un callejón sin salida, ¿eh?», pensó Rick, y luego se centró en las habilidades del conejo.
Primero comprobó Abrazo Tranquilo.
[ Abrazo Tranquilo: Cuando la Liebre Curativa se encuentra cerca de una persona, una sensación relajante se extiende por todo el cuerpo de esta.
Esta habilidad también ayuda a la persona a recuperarse y a curar heridas leves.
Cuanto más cerca esté la Liebre Curativa, mayor será el efecto.]
[ Sensibilidad a Hierbas: Al estar cerca de una hierba, la liebre puede sentirla con facilidad.
El radio efectivo es de unos 2 kilómetros.]
[ Creación de Perlas Dan: Con las hierbas necesarias, la liebre puede combinarlas y crear perlas dan con efectos poderosos.
Las perlas dan se pueden usar para curar enfermedades, recuperar salud, aumentar el poder y mucho más.]
—Santo cielo…
Me cago en mi…
Bueno…
Mejor no…
—Rick casi se volvió loco al leer la información.
Apenas se estaba acostumbrando al dinero que recibía del sistema y ahora, de alguna manera, había invocado a una jodida bestia superpoderosa.
«Si pudiera hacer un montón de estas perlas dan y venderlas en el mercado…».
Justo cuando Rick pensó en ello, su mente no pudo evitar divagar por todas las posibilidades de amasar una fortuna que tenía ante sí.
Por no mencionar que también había habilidades bloqueadas.
¿Cómo de increíbles serían?
«Nadaré en dinero».
Los labios de Rick se curvaron en una sonrisa avariciosa.
«Pero ¿de dónde voy a sacar las hierbas?».
Junto con los sueños de ganar dinero, también cayó en la cuenta de la realidad.
No podría encontrar esas hierbas en la ciudad.
«Oh, bueno…
Ya pensaré en eso más tarde».
Rick cogió al conejo y lo acunó en sus brazos, acariciando suavemente su pelaje.
—¿Por qué no te traigo otra cosa?
—dijo Rick mientras caminaba hacia el minifrigorífico—.
Ni siquiera sé qué te gusta.
Probemos de todo.
Entonces, Rick le ofreció al conejo más golosinas: bombones, galletas, manzanas y un poquito de todo lo que pudo encontrar.
El conejo los mordisqueó con delicadeza, sin hacerle ascos a nada de lo que Rick le daba.
«También tengo que pensar en un nombre para ti —pensó Rick—.
No puedo darte un nombre cualquiera.
Tendré que pensarlo bien.
¿Qué nombre será?».
«Solo han pasado dos días y ya han sucedido muchísimas cosas.
No necesito precipitarme».
Y sin más, Rick decidió no pensar en el nombre del conejo por el momento.
Y así, sus pensamientos volvieron a Lisa, la Enfermera Lisa del hospital.
Era el momento de llevar a cabo lo que había planeado para Lisa.
No pudo hacerlo ayer, así que era hora de ponerse en marcha.
Después de todo, la guapa Lisa tenía las respuestas a las preguntas que él tenía sobre el sistema.
Rick estaba seguro de que Lisa sería muy cooperativa.
Mientras pensaba en ello, Rick cogió su teléfono y marcó el número de ella, sintiendo una mezcla de expectación y curiosidad.
El teléfono sonó un par de veces antes de que la voz de la Enfermera Lisa resonara a través del receptor:—¿Hola?
—Hola, soy Rick —saludó con naturalidad.
—¿Rick?
—Lisa sonaba un poco confundida.
—¿No nos conocimos en el hospital?
Soy ese chico tan guapo de ayer, al que ayudaste con el reconocimiento médico —le recordó Rick a Lisa.
—¡Oh, hola!
La verdad es que no pensaba que fueras a llamar —respondió la Enfermera Lisa con un toque de picardía en su tono.
Llevaba un albornoz rojo y estaba tumbada en la cama.
[
1.
Darle la razón (Tentación -10)
2.
Preguntarle por qué dice eso (Tentación +5)
]
—Mmm…
¿Por qué dices eso?
Haces que me duela el corazón —fingió Rick, dolido.
—¿Por qué si no?
—Lisa enarcó una ceja mientras se incorporaba en la cama—.
¿No se enfadaría Amanda si supiera que me estás llamando?
—¿Amanda?
¿Quién es?
—Rick sonó perdido.
—Oh…
¿Ni siquiera la conoces?
—preguntó Lisa en tono de burla—.
Je, je, je…
A Amanda le daría pena oír eso.
—Rick rio por lo bajo.
—Créeme…
Solo era la enfermera que me atendía —admitió Rick, reconociendo así que conocía a Amanda—.
No hay nada entre nosotros.
En cambio, tú…
—¿Yo?
¿Qué pasa conmigo?
—preguntó Lisa.
—Creo que apuesto más por lo nuestro —dijo Rick con picardía.
—Me preguntaba si podríamos quedar para hablar de una cosa.
¿Quizás con unas copas?
—sugirió Rick.
—¿Unas copas?
¡Por supuesto!
Nada mejor que un poco de alcohol para conocernos.
Conozco un buen sitio.
Oye, ¿qué tal si quedamos por la tarde-noche o algo así?
—sugirió la Enfermera Lisa.
—Claro.
Mándame la dirección.
~ ~ ~ ~ ~
—Uf…
—mientras se aflojaba la corbata, un hombre de mediana edad entró por la puerta principal.
Cuando Marnus Warner por fin cruzó la puerta de su casa por la mañana, se encontró con una escena inesperada.
Todas las cortinas estaban echadas y la luz del sol no podía atravesar las ventanas.
Allí, en el salón a oscuras, estaba sentado Zack, su hijo.
El rostro de Zack mostraba una mezcla de frustración e ira.
Marnus supo que algo había salido terriblemente mal, pero no tenía ni idea de lo que había ocurrido.
Marnus suspiró, abatido.
Sabía que aquello iba a ser otro dolor de cabeza para él.
Zack era su tercer hijo.
A pesar de tener veintiocho años, era el más estúpido de todos.
No pasaba un solo día sin que le creara algún problema.
Al principio, era divertido ver a su hijo intimidar a los demás.
Al fin y al cabo, era joven y no había nada de malo en dejar que campara a sus anchas.
Pero a medida que crecía, traía más problemas que diversión.
Hubo ocasiones en las que, si no hubiera sido su hijo, Marnus lo habría enviado al otro barrio.
Pero como no podía, tenía que solucionarlo con dinero muchas veces, o en otras ocasiones enviar a sus otros dos hijos para que se encargaran del asunto.
¿Pero a Zack le importaba algo de esto?
En absoluto.
Cada vez se volvía más osado.
Y esta vez, Rick había conseguido sacarlo de quicio, y Zack ardía con una ira que amenazaba con quemarlo todo.
Así que, en cuanto vio entrar a su padre, se abalanzó sobre él como un león que divisa a una gacela herida.
Marnus ni siquiera pudo servirse un vaso de agua antes de que Zack comenzara su perorata.
—Papá —empezó, con la voz cargada de ira y frustración—, ¿dónde has estado toda la noche?
Miró a su padre, frunciendo el ceño.
Era evidente que no estaba contento.
—¿Qué te tiene tan alterado?
—Marnus lo miró, impasible.
Estaba pensando en cuál de sus otros hijos estaría libre para encargarse del asunto.
Al ver la expresión de asco en el rostro de su padre, Zack apretó los dientes y respiró hondo.
—Esta vez no quiero que corras un tupido velo —dijo, con el cuerpo temblando de ira—.
Quiero que ese niñato muera.
Pero antes, quiero humillarlo delante de Amanda.
Marnus entrecerró los ojos y frunció los labios.
Esto no era como de costumbre.
No eran muchas las ocasiones en las que Zack hablaba de alguien con tanto odio.
—¿Un niñato?
¿Amanda?
¿Es uno de esos líos de faldas?
—preguntó Marnus.
—No es una chica cualquiera.
Es mi mujer.
Y ni siquiera me he acostado con ella —gritó Zack, furioso—.
Pero ese cabrón…
¿se ha atrevido a ponerme los cuernos?
—¿Ponerte los cuernos a ti?
¿A un hijo de la familia Warner?
¿No se lo advertiste?
—preguntó Marnus.
Ya no era ninguna broma.
—Pues…
—Zack se quedó sin palabras ante la pregunta de su padre—.
No me acordé de eso.
—¿Es que eres un inútil?
¿Ni siquiera te acuerdas del apellido de tu familia?
—Marnus casi le arroja a su propio hijo el vaso que tenía en la mano.
—Cuéntame qué ha pasado —le preguntó Marnus, tratando de contenerse.
Así que se lanzó a contar su sarta de lamentaciones.
Zack relató cómo Rick lo había menospreciado, humillado delante de Amanda y puesto en ridículo delante de todo el mundo en la tienda.
Marnus lo escuchó con atención, y su expresión se ensombrecía por momentos.
Cuando Zack terminó su perorata, su padre soltó un profundo suspiro y preguntó: —¿Y bien, quién es ese niñato?
¿Qué sabes de él?
Pero Zack negó con la cabeza, sintiéndose un poco derrotado.
—No mucho, Papá.
Lo he conocido hoy.
Estaba buscando a Amanda cuando los encontré a los dos juntos.
Marnus se reclinó en su silla, sumido en sus pensamientos.
—¿Así que no sabes nada de su familia, de su entorno?
Zack negó con la cabeza.
—No, Papá.
Solo sé que actúa como si fuera el rey del mundo y que no le importó lo más mínimo provocarme.
—Tú no sabes quién es él, pero él tampoco sabía quién eras tú —Marnus guardó silencio un momento, con el ceño fruncido mientras contemplaba la situación.
Los engranajes de su mente giraban mientras sopesaba los pros y los contras de tomar medidas.
Tras una larga pausa, por fin habló, con voz mesurada y reflexiva: —Eres un inútil, hijo mío.
En realidad, no me importa lo que te pase.
Pero, por desgracia, llevas el apellido Warner.
—No me importa que alguien te dé una paliza de muerte.
Pero nadie puede verlo —Marnus negó solemnemente con la cabeza—.
Tú no eres nada, pero el apellido Warner no puede ser profanado bajo ningún concepto.
—Entonces…
—preguntó Zack, mirando a su padre con vacilación.
Marnus se inclinó hacia delante, con la mirada fija.
—Te prestaré al viejo Ma.
Rastrea a ese niñato y acaba con él.
Pero recuerda, nadie puede saberlo.
Tiene que ser discreto y, recuerda, sin testigos…
—Sí, papá —a Zack le emocionó oír a su padre.
El viejo Ma era uno de los hombres de confianza de su padre.
No se había cruzado con él muchas veces, pero siempre que sus miradas se encontraban, a Zack le entraban sudores fríos.
Ni siquiera sus hermanos podían darle órdenes.
Pero esta vez, su padre se lo prestaba para acabar con ese cabrón.
Iba a ser pan comido.
—Papá, ¿y Amanda?
—Haz con ella lo que quieras —dijo Marnus agitando la mano, indicándole que no lo molestara más.
—Sí…
sí…
—Zack asintió apresuradamente y salió de allí a toda prisa, fuera de la casa.
«Ja, ja, ja…
Ahora verás, cabrón.
Me follaré a esa zorra delante de tus ojos y luego te despellejaré vivo…
Ya verás, cabrón».
Fuera de su casa, Zack se rio como un loco.
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