Magic Demon - Capítulo 50
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Capítulo 50: Capitulo 50: el Rey Fah
Mientras los chicos caminan, vemos la capital. La silueta imponente se recorta contra el cielo gris, un gigante de piedra que ha resistido innumerables amenazas.
La gran muralla de 50 metros se ve imponente, sus paredes lisas y frías, imposibles de escalar. Los guardias patrullan arriba, pequeñas figuras que vigilan el horizonte.
Y vemos el palacio central. Sus torres se elevan por encima de todo, los estandartes ondeando con el viento. Desde aquí, parece un lugar de paz, de orden, de seguridad.
Y vemos al Rey Fah salir. Su figura aparece en uno de los balcones superiores, observando su reino. No sabe lo que está por venir.
Mientras, a las afueras de la capital, se ve un demonio.
Una silueta oscura, agazapada entre las rocas. Sus ojos brillan con un rojo siniestro, fijos en la muralla. En las personas. En su próximo objetivo.
El demonio sonríe. Una sonrisa hambrienta.
Y espera
Demonio: Todo sea por el Rey Demonio.
Vemos que el demonio, con esos ojos rojos brillantes y cuerpo blanco con rayas blancas, se impulsa con una fuerza sobrehumana. Sus piernas, poderosas y deformes, lo lanzan hacia arriba como un proyectil.
Salta y está arriba de la gran muralla en un instante, aterrizando en silencio sobre la piedra helada. Los guardias no lo ven. Nadie lo ve.
El demonio observa todo alrededor, sus ojos rojos escaneando la ciudad que se extiende ante él. Las casas, las calles, el palacio central a lo lejos. Todo está a sus pies.
Demonio: ¿Dónde estará el Rey de la capital?
Su voz es un susurro raspante, apenas audible sobre el viento. Pero en sus ojos hay hambre. Hay propósito. Hay una misión que cumplir.
En la muralla, a 50 metros de altura, el demonio espera. Observa. Calcula.
Y abajo, en la ciudad, la gente sigue con su vida, sin saber que la muerte los observa desde las alturas
El demonio ve el palacio central a lo lejos, sus torres elevándose hacia el cielo gris. Una sonrisa cruel se dibuja en su rostro pálido.
Y corre, saltando rápido de tejado en tejado, de calle en calle. Su agilidad es sobrenatural, sus movimientos una mezcla de felino y pesadilla.
Varios se dan cuenta al ver esa figura blanca moviéndose entre las sombras. Gritos. Alertas. El caos comienza a gestarse.
Algunos soldados mágicos lo siguen, cuatro de ellos, valientes o tal vez solo cumpliendo su deber. Corren tras la criatura, preparando sus técnicas.
Pero el demonio es rápido. Demasiado rápido.
Con sus uñas largas como un gato, garras afiladas que brillan con un destello mortal, los mata a los soldados mágicos. 4 para ser exactos.
Un corte. Un grito. Silencio.
Los cuerpos caen en la calle, la nieve tiñéndose de rojo. El demonio ni siquiera disminuye su velocidad.
Para después llegar y estar enfrente del palacio central.
Se detiene. Levanta la cabeza. Observa las puertas, las ventanas, los balcones. Allí dentro está su objetivo. El Rey Fah.
El demonio sonríe.
Demonio: Rey de la capital… aquí estoy
El demonio entra y el Rey Fah se da cuenta. No hay sorpresa en sus ojos, solo una calma que habla de años de experiencia.
Rey Fah: Bueno… parece que los 100 soldados mágicos que quedaron aquí en la capital, muy pocos se dieron cuenta de tu presencia.
Demonio: ¿Ah, sí?
Rey Fah: Dime, ¿es por el Rey Demonio? ¿No es suficiente con los fragmentos?
Demonio: Creemos que… por ti es suficiente.
Rey Fah: Ya veo.
Demonio: Me llamo Jung.
Rey Fah: ¿Jung, eh? No me matarás. Se nota que eres débil.
Jung sonríe, una expresión que no llega a sus ojos rojos.
Jung: Tienes razón, lo soy. Pero hay algo llamado inteligencia.
Rey Fah: ¿A qué te refieres?
Rápido, vemos que Jung saca una inyección que él tenía. En su interior, un líquido morado brillante, casi fosforescente.
Rey Fah: ¿Qué es eso?
Jung se mueve con una velocidad inesperada. Le inyecta eso en su brazo rápido, sin que Fah se diera cuenta. La aguja penetra la piel, el líquido morado desapareciendo en las venas del Rey.
Fah grita. Un sonido de dolor puro que retumba en las paredes del palacio. Su cuerpo se convulsiona, sus ojos se abren desmesuradamente.
Y después cae. Inerte. Inconsciente. Derrotado sin un solo golpe de poder.
Jung observa el cuerpo del Rey, una sonrisa triunfante en su rostro pálido.
Jung: Suficiente. ¡El secuestro es un éxito!
Vemos que Jung agarra el cuerpo del Rey Fah, alzándolo como si no pesara nada. Sin dudarlo, salta por la ventana, los vidrios estallando en mil pedazos a su alrededor.
Y va rápido para salir de la capital, sus piernas moviéndose a una velocidad imposible.
Pero una chica soldado mágico lo ve. Sus ojos se abren con horror al reconocer el cuerpo inerte del Rey.
Chica: ¡¡Rey Fahhhhhhh!!
Grita la chica, su voz desgarrando el aire.
Chica: ¡No dejaré que te lo lleves!
Vemos que saca dos espadas que ella tenía, un destello metálico brillando bajo el cielo gris. Y corre rápido hacia Jung, decidida a detenerlo.
Chica: ¡Secuestran al Rey Fah! ¡Repito, secuestran al Rey Fah!
Los soldados mágicos que están en la capital se ponen en alerta. Las puertas se cierran. Las alarmas suenan. El caos se organiza.
Soldados mágicos: ¡Ya vamos! ¡Esperaremos en la entrada!
Una voz retumba entre ellos:
Soldado mágico: ¡No escaparás!
Jung, con el Rey Fah sobre su hombro, sigue corriendo. Pero ahora todos lo persiguen. Ahora es una carrera contra cientos.
Y la chica de las dos espadas está cada vez más cerca
Continuará!
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