Magic Demon - Capítulo 58
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Capítulo 58: capitulo 58: el día siguiente
Vemos que Korid se duerme de tanto sueño. Después de que el grupo sigue adelante, él se queda en la entrada, sus párpados pesando como piedras. El cansancio de la misión, la pelea, la persecución… todo se acumula.
Se sienta contra la pared de la cueva, apoyando la cabeza. Sus ojos parpadean una, dos, tres veces.
Y se cierran.
Korid se duerme sin ver nada. Ninguna grieta, ningún destello. Solo el agotamiento de un niño de 15 años que ha dado todo lo que tenía.
Su respiración se vuelve profunda, regular. Por primera vez en horas, descansa.
—
Y pasa un día. Bueno, no es de día, si no de madrugada.
Vemos cómo Keds y Zekku se levantan. El cielo aún está oscuro, con apenas un tenue brillo en el horizonte anunciando el amanecer. Las estrellas comienzan a desvanecerse.
Keds abre los ojos lentamente, sintiendo cada músculo de su cuerpo protestar. El frío de la madrugada lo envuelve, pero también una extraña energía. Como si supiera que hoy empieza algo importante.
Zekku ya está despierto, sentado en una piedra, observando a su sobrino con una mirada que mezcla paciencia y expectativa.
Zekku: ¿Dormiste bien?
Keds: Creo que sí… ¿qué hora es?
Zekku: Las 4 de la madrugada. Hora de empezar.
Keds se incorpora, frotándose los ojos. Los cocineros aún duermen, algunos roncando suavemente.
Keds: ¿Ya? ¿Tan temprano?
Zekku: El sol no espera, Keds. Y tú tampoco deberías.
Keds asiente, poniéndose de pie. Su cuerpo duele, pero su mente está clara. Hoy empieza su entrenamiento. Hoy empieza su camino para ser más fuerte.
Zekku: Primero, desayuno. Los cocineros se encargarán cuando despierten. Luego… el infierno.
Keds sonríe a pesar del miedo.
Keds: Estoy listo
El entrenamiento inicia.
El cielo aún oscuro comienza a aclararse lentamente. El recinto sin techo se convierte en un ring de batalla.
Keds pega golpes a Zekku. Directos, ganchos, combinaciones. Todo lo que sabe. Todo lo que ha practicado.
Zekku se defiende con movimientos mínimos, casi imperceptibles. Un giro de cabeza aquí, un desplazamiento de hombro allá. Los golpes de Keds pasan rozándolo, sin tocar nunca.
Zekku: Más rápido. Más fuerte. No te detengas.
Keds aprieta los dientes y acelera. Sus puños silban en el aire, pero Zekku sigue esquivando como si bailara.
Zekku: Los golpes no son solo fuerza. Son técnica. Son precisión. Mira.
Zekku les enseña unos golpes de técnicas. Muestra la posición de los pies, el giro de la cadera, la respiración. Cada movimiento explicado con la paciencia de quien ha enseñado por décadas.
Keds intenta imitarlo. Una vez. Dos veces. Tres veces. Falla, falla, falla.
Zekku: No te frustres. El cuerpo necesita aprender lo que la mente ya sabe.
Y se defiende de otro ataque de Keds, esta vez bloqueando con el antebrazo. El impacto resuena.
Zekku: Duele, ¿verdad? Así debe doler. Así aprendes.
Keds asiente, masajeándose los nudillos. Pero vuelve a la carga. Una y otra vez. Golpe tras golpe.
El sol comienza a asomarse en el horizonte, pintando el cielo de tonos dorados. Y en el recinto, un anciano de 94 años y un niño de 14 continúan su danza de golpes y enseñanzas.
El entrenamiento ha comenzado. El infierno, también
Y vemos que Keds sigue y sigue intentando.
Sus golpes son más rápidos ahora. Más precisos. El sudor comienza a brotar de su frente, deslizándose por su rostro y cayendo al suelo de tierra.
¡Pah! ¡Pah! ¡Pah!
Cada impacto contra los antebrazos de Zekku resuena en el recinto. Los cocineros ya han despertado y observan desde sus lugares, algunos con tazas de té en las manos, otros simplemente mirando en silencio.
Zekku: Buena combinación. Pero tu pie izquierdo se arrastra. Corrige eso.
Keds asiente, ajusta su postura, y vuelve a atacar.
¡Pum! ¡Pum! ¡Dah!
Diez golpes. Veinte. Treinta. Sus brazos arden, sus nudillos duelen, pero no se detiene.
Zekku: Más rápido.
Keds acelera.
Zekku: Más fuerte.
Keds golpea con más potencia.
Zekku: Otra vez.
Keds repite la combinación.
El sol ya está más alto. Han pasado dos horas. Quizás tres. Keds ha perdido la noción del tiempo.
Zekku: Descansa.
Keds se detiene, jadeando. Sus manos apoyadas en las rodillas, el pecho subiendo y bajando violentamente.
Zekku: Bebe agua. Cinco minutos. Luego continuamos.
Mujer 1 se acerca con un jarro de agua fresca.
Mujer 1: Toma, pequeño. Lo necesitas.
Keds bebe como si no hubiera un mañana, el agua fresca bajando por su garganta reseca.
Keds: Gracias.
Hombre 1: Estás aguantando bien. El viejo no suele ser tan duro el primer día.
Keds: ¿Esto no es duro?
Los cocineros ríen suavemente.
Hombre 2: Esto es un calentamiento, niño.
Keds abre los ojos con sorpresa. ¿Esto es solo calentamiento?
Zekku, desde su lugar, lo observa con una sonrisa.
Zekku: ¿Listo para seguir?
Keds deja el jarro, se endereza y asiente.
Keds: Listo.
Y vuelve a la carga. Golpe tras golpe. Error tras error. Corrección tras corrección.
Porque así se forja un soldado. Así se forja un Akuman
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