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Magic Demon - Capítulo 61

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Capítulo 61: Capitulo 61: el origen parte 1

Narrador: Hace mucho tiempo, cuando los humanos vivían en paz, el mundo era tranquilo. Un mundo sin demonios y sin magia. Todo normal, como debería ser.

Claro, en ese tiempo había gobernantes, reyes y reinas que administraban sus tierras con mano firme pero justa. Pero era más tranquilo que el año actual. Mucho más tranquilo.

Porque entonces no existía el miedo constante. No había aldeas quemadas, ni familias separadas por ataques demoníacos. Solo humanos, viviendo sus vidas simples en un mundo simple.

Narrador: Estamos en el año 714 del calendario actual. Han pasado más de 500 años desde que todo cambió. Más de 500 años desde que la magia apareció. Más de 500 años desde que los demonios llegaron.

El mundo ya no es tranquilo. Ya no es simple. Pero alguna vez lo fue. Y esa historia, la historia de cómo todo empezó, es la que Zekku está a punto de contar y claro lo que korid leyera

Un año donde todo era alegría.

Gente gritando de alegría en las calles. Niños correteando entre puestos de mercado. Viejos sentados en bancas, viendo pasar el día sin prisa. El sol brilla cálido sobre la capital.

Donde debería estar la muralla de 50 metros, no hay nada. Solo el horizonte abierto, la ciudad extendiéndose sin miedos, sin necesidad de protección.

No había lo que hay en el año 714. No había soldados mágicos patrullando. No había alertas constantes. No había demonios acechando en las sombras.

Pero en ese año, había asesinatos raros. No muchos. No constantes. Pero suficientes para sembrar dudas.

Persona 1: ¿En serio murió el hermano del gobernador del pueblo Santana?

Persona 2: Es cierto. ¿Crees que fue la familia Akuman?

Persona 1: Puede ser. Ya que han sido acusados de asesinatos, según el gobernador.

Persona 2: Tienes razón.

Persona 1: Además, fue a cuchillazos que lo mataron.

Persona 2: Pobre persona…

Las voces se pierden entre la multitud. Rumores. Sospechas. Nada confirmado.

Narrador: ¿Pero de verdad es real esto? ¿Los Akuman asesinos? ¿O solo mentiras del gobernador?

La historia guarda secretos que aún no han sido revelados

En unas casas del pueblo se ven unas personas. Una vivienda modesta pero digna, con ropa secándose al sol y un pequeño huerto en la parte trasera.

“Otra vez nos acusan, papá.”

Ceaser Akuman, un chico de 34 años, de espaldas anchas y mirada cansada. Su rostro, aunque joven, muestra las marcas de la preocupación constante. Junto a él, Climare Akuman, su hijo de 10 años, con ojos grandes e inquietos que miran hacia la calle como esperando problemas.

Ceaser: Sí, lo sé. Escuché que murió el hermano del gobernador. ¿Pero por qué nos acusan si no hicimos nada? Además, mi papá y mi familia tampoco tienen que ver.

Climare: Es demasiado raro, papá. No lo sé… pero creo que debemos irnos del pueblo.

El niño aprieta las manos, sus pequeños puños temblando. Apenas tiene 10 años, pero ya entiende cómo funciona el mundo. Cuando acusan a los Akuman, algo malo siempre sigue.

Ceaser lo mira, una mezcla de dolor y orgullo en sus ojos.

Ceaser: ¿Irnos? ¿Y dejar todo esto? Nuestra casa, nuestras cosas…

Climare: Pero papá…

Un golpe en la puerta los interrumpe. Fuerte. Exigente.

Voz afuera: ¡Abran! ¡Orden del gobernador!

Ceaser sale a la puerta, enfrentando al mensajero del gobernador.

Ceaser: ¿El gobernador quiere verme?

Así es, dice el chico, con tono seco y mirada desafiante.

Ceaser: Bueno… llegaré.

Cierra la puerta y entra en la casa, su expresión cambiando por completo. La calma forzada desaparece, reemplazada por una urgencia apenas contenida.

Ceaser: Creo que sí tienes razón. Deberíamos irnos, hijo.

Climare: ¿Verdad, papá?

El niño asiente, sus ojos grandes reflejando una mezcla de miedo y determinación. A sus 10 años, ya sabe que a veces huir es la única opción.

—

En las casas de la capital, en el despacho del gobernador…

Gobernador: ¡Maldición! ¡Los Akuman morirán!

Golpea la mesa con el puño, los papeles saltando por el impacto.

Persona 1: ¿Por qué culpan a los Akuman sin pruebas?

Gobernador: Me llamo Claymores Tercero. Soy alguien importante. Y sé que son ellos porque… ¿qué casualidad? Los asesinatos casi siempre son cerca de sus casas. Qué casualidad. Son a cuchillazos. ¿Y qué crees? Los Akuman son famosos por tener los mejores restaurantes.

Personas 2 y 3: Pero todos tenemos cuchillos.

Claymores: ¡El de ellos es filudo! ¡Allí está la prueba!

Su sonrisa es torcida, sus ojos brillan con un odio irracional. No necesita pruebas reales. Solo necesita una razón. Un chivo expiatorio. Alguien a quien culpar.

Y los Akuman son el blanco perfecto

Claymores: Bueno, tendré que hacer algo. Y si no son ellos, algún día lo descubriremos. Es demasiado raro… varias personas están muriendo. Demasiado raro.

Y se ven 20 cuerpos muertos. No reales, sino una representación. Imágenes, quizás, o tal vez la mente del gobernador proyectando su obsesión.

Cuerpos tendidos en el suelo, algunos con heridas de cuchillo, otros con marcas extrañas, casi como si algo más los hubiera atacado. Pero Claymores solo ve cuchillos. Solo ve lo que quiere ver.

Claymores: Miren esto. Veinte personas. Veinte familias destruidas. Y todos los ataques fueron cerca de donde los Akuman tienen sus restaurantes.

Consejero 1: Pero gobernador, algunos de estos cuerpos tienen marcas… diferentes. Como si no fueran cuchillos.

Claymores: ¡Silencio! Un cuchillo puede hacer muchas marcas. No me vengan con excusas.

Consejero 2: Y si no son ellos… ¿entonces qué está pasando?

Silencio incómodo. Claymores los mira con furia.

Claymores: Si no son ellos, ya descubriremos la verdad. Pero mientras tanto… necesitamos un culpable. Y los Akuman son perfectos.

Los consejeros bajan la mirada. Saben que esto está mal, pero nadie se atreve a contradecir al gobernador.

Los cuerpos imaginarios yacen en el suelo, testigos silenciosos de una injusticia que está por cometerse

Continuará!

Claymores: Espero que sean ellos. Hay muchas coincidencias.

Su voz resuena en la sala, llena de una convicción que no necesita pruebas. Solo necesita creer.

—

Narrador: La familia Akuman estaba en esta situación. En esos años, fueron acusados —en general, la familia Akuman— de los asesinatos.

No importaba que no hubiera evidencia sólida. No importaba que algunos cuerpos tuvieran marcas extrañas, distintas a las de un cuchillo común. Los Akuman eran el blanco perfecto. Los restauranteros exitosos, la familia que prosperaba mientras otros… morían.

Murió Claymores Segundo. El padre del actual gobernador. Encontrado en su mansión, con heridas que algunos dijeron eran de cuchillo, otros de algo más.

Murió el hermano de Claymores Tercero. Ese fue el detonante. La gota que derramó el vaso.

Y varios más. Personas cercanas al poder. Personas que quizás sabían algo que no debían. O quizás solo víctimas de una mala racha que alguien decidió usar para sus propios fines.

El misterio crecía. Las acusaciones también. Y los Akuman, sin saberlo, estaban en el centro de una tormenta que cambiaría su historia para siempre

Mientras, en la casa…

Ceaser: ¿Y si hay algo más que no conocemos…?

Pero de la nada, queda desmayado. Su cuerpo cae al suelo con un golpe sordo.

Climare: ¡¡Papáaaaaaaa!!

Climare: ¿Qué eres tú…?

No vemos lo que vio Climare. Solo su rostro, congelado en una expresión de terror puro. Sus ojos miran hacia algo frente a él, algo que nosotros no podemos ver. Algo que paraliza a un niño de 10 años.

La escena se corta.

Rápidamente, vemos que Ceaser está en la calle como un vagabundo. Sucio, despeinado, con la ropa rota y la mirada perdida. Vaga sin rumbo, murmurando cosas que nadie entiende.

Persona 1: ¿Ese no es Ceaser Akuman?

Persona 2: Sí… qué le pasó. Dicen que amaneció así. Su hijo también desapareció.

Persona 1: Qué tragedia. Primero las acusaciones, ahora esto.

Persona 3: Quizás los Akuman están malditos.

Los rumores crecen. Nadie sabe la verdad. Solo que Ceaser, antes un hombre sano y fuerte, ahora es una sombra de lo que fue. Y su hijo… su hijo simplemente ya no está

Vemos que Ceaser se levanta lentamente, su cuerpo adolorido, su mente nublada. Mira a su alrededor, confundido.

Ceaser: ¿Dónde… dónde estoy? ¿Qué pasó?

Su voz es un susurro ronco. Trata de recordar, pero solo hay vacío. La última imagen que tiene es su casa, su hijo… ¿su hijo?

Ceaser: ¡Climare! ¿¡Dónde estás!?

Se incorpora como puede, pero alguien lo sujeta. Brazos fuertes lo inmovilizan.

Voz 1: Tranquilo, Akuman. El gobernador quiere verte.

Ceaser: ¿Gobernador? ¿Qué pasó? ¿Dónde está mi hijo?

Voz 2: ¿Hijo? No sabemos de ningún hijo. Solo te encontramos en la calle, desvariando.

Ceaser forcejea, pero está débil. Demasiado débil. Lo arrastran.

No sabe qué pasó. Solo escucha fragmentos. Gritos. Su hijo llamándolo. Pero no sabe si es real o solo un eco en su mente dañada.

Pasaron varias cosas. Interrogatorios, acusaciones, días encerrado. Y finalmente, Ceaser fue llevado donde el gobernador del pueblo Santana.

Ahora está aquí, de rodillas frente al hombre que ha jurado destruir a su familia. Y no tiene respuestas. No tiene a su hijo. No tiene nada

Claymores: Morirás. Serás ejecutado.

Ceaser: ¿Pero por qué?

Claymores: Ustedes, la familia Akuman, mataron a varias personas sin razón alguna…

Ceaser: Pero no tienes pruebas.

Claymores: ¡Cállate!

Le da 10 latigazos en su espalda. El látigo silba en el aire y cae con un sonido seco y húmedo. Una vez. Dos veces. Tres.

Ceaser grita de dolor, su espalda abriéndose en líneas rojas.

Claymores: Ustedes son los únicos con unos cuchillos que tienen buen filo. ¡Nadie tiene el filo de ustedes!

Ceaser, con un poco de lágrimas rodando por su rostro, habla con voz entrecortada:

Ceaser: Tienes razón… entiendo tu punto de vista… pero estás equivocado.

Claymores: ¡Cállate!

Y le da otros latigazos. Diez más. La espalda de Ceaser es una sola herida.

Después, lo lleva a un lugar donde solo ellos lo pueden ver. Un lugar como un espacio cuadrado, sin techo, donde el sol alumbra sin piedad. Quizás una plaza, quizás un patio de ejecuciones.

Y más latigazos. Siguen cayendo. Uno tras otro. La justicia del gobernador no conoce piedad, solo odio.

Ceaser ya no grita. No tiene fuerzas. Solo llora en silencio, preguntándose dónde está su hijo, qué pasó esa noche, y por qué el destino eligió a su familia para este infierno

Claymores: ¿Estás listo para morir?

Y más latigazos le dan. El látigo silba y cae, una y otra vez. La espalda de Ceaser ya no es piel, es solo una masa roja y sangrante. Carne abierta, costillas asomando entre tanta herida.

Su espalda está roja de tanto latigazos. La sangre empapa el suelo a su alrededor.

Ceaser: Vete al infierno, Claymores.

Claymores: ¿Cómo dijiste?

Levanta el látigo para otro golpe. Pero algo cambia.

De la nada, de la desesperación, salió electricidad en las manos de Ceaser. Chispas azules, descargas violentas que rompen el aire. Las cadenas que sujetan sus muñecas se rompen con un chasquido metálico.

Ceaser: ¿Qué es esto?

Mira sus manos, confundido. La electricidad baila entre sus dedos, ajena a su voluntad, nacida del dolor y la desesperación.

Claymores: ¡¿Eres un brujo?!

Sirvienta: ¡Ahhhhh! ¡La familia Akuman son brujos! ¡Son una familia del infierno!

Ceaser: Están confundidos… no sé qué pasó.

Pero ya es tarde. El miedo y el odio han encontrado una nueva razón para crecer.

Rápido, Ceaser escapó con su electricidad. No pelea. No ataca. Solo huye, usando ese poder recién descubierto para impulsarse, para alejarse de sus captores.

La gente grita a su paso. “¡Brujo! ¡Demonio!” Las palabras lo persiguen mientras corre, desesperado, solo, sin saber qué le pasó a su hijo, sin entender qué es ese poder que lleva dentro.

Y así, Ceaser Akuman se convierte en el primer mago conocido. O al menos, el primero en ser descubierto

Año 714

Keds: osea la magia nació de la desesperación humana o bueno de nuestra familia

Zekku: haci es, Ceaser no sabía que el era el primer humano con magia, despertó por la desesperación

Korid, leyendo todo el libro, pasa las páginas con atención, sus ojos recorriendo cada palabra, cada detalle. Llega al final y encuentra algo que lo deja pensativo.

Korid: O sea que así nació la magia… ¿Qué sería Ceaser de mí? Espera… ¿y eso al final qué dice?

La última página del libro muestra:

“`

─────────────────────────────

Autor:

Karen Akuman

Investigadores:

Kay Akuman

Kashin Akuman

─────────────────────────────

“`

Korid: ¿Y estos quiénes son?

Continuará!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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