Magic Demon - Capítulo 62
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Capítulo 62: capitulo 62: el origen parte 2
Claymores: Espero que sean ellos. Hay muchas coincidencias.
Su voz resuena en la sala, llena de una convicción que no necesita pruebas. Solo necesita creer.
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Narrador: La familia Akuman estaba en esta situación. En esos años, fueron acusados —en general, la familia Akuman— de los asesinatos.
No importaba que no hubiera evidencia sólida. No importaba que algunos cuerpos tuvieran marcas extrañas, distintas a las de un cuchillo común. Los Akuman eran el blanco perfecto. Los restauranteros exitosos, la familia que prosperaba mientras otros… morían.
Murió Claymores Segundo. El padre del actual gobernador. Encontrado en su mansión, con heridas que algunos dijeron eran de cuchillo, otros de algo más.
Murió el hermano de Claymores Tercero. Ese fue el detonante. La gota que derramó el vaso.
Y varios más. Personas cercanas al poder. Personas que quizás sabían algo que no debían. O quizás solo víctimas de una mala racha que alguien decidió usar para sus propios fines.
El misterio crecía. Las acusaciones también. Y los Akuman, sin saberlo, estaban en el centro de una tormenta que cambiaría su historia para siempre
Mientras, en la casa…
Ceaser: ¿Y si hay algo más que no conocemos…?
Pero de la nada, queda desmayado. Su cuerpo cae al suelo con un golpe sordo.
Climare: ¡¡Papáaaaaaaa!!
Climare: ¿Qué eres tú…?
No vemos lo que vio Climare. Solo su rostro, congelado en una expresión de terror puro. Sus ojos miran hacia algo frente a él, algo que nosotros no podemos ver. Algo que paraliza a un niño de 10 años.
La escena se corta.
Rápidamente, vemos que Ceaser está en la calle como un vagabundo. Sucio, despeinado, con la ropa rota y la mirada perdida. Vaga sin rumbo, murmurando cosas que nadie entiende.
Persona 1: ¿Ese no es Ceaser Akuman?
Persona 2: Sí… qué le pasó. Dicen que amaneció así. Su hijo también desapareció.
Persona 1: Qué tragedia. Primero las acusaciones, ahora esto.
Persona 3: Quizás los Akuman están malditos.
Los rumores crecen. Nadie sabe la verdad. Solo que Ceaser, antes un hombre sano y fuerte, ahora es una sombra de lo que fue. Y su hijo… su hijo simplemente ya no está
Vemos que Ceaser se levanta lentamente, su cuerpo adolorido, su mente nublada. Mira a su alrededor, confundido.
Ceaser: ¿Dónde… dónde estoy? ¿Qué pasó?
Su voz es un susurro ronco. Trata de recordar, pero solo hay vacío. La última imagen que tiene es su casa, su hijo… ¿su hijo?
Ceaser: ¡Climare! ¿¡Dónde estás!?
Se incorpora como puede, pero alguien lo sujeta. Brazos fuertes lo inmovilizan.
Voz 1: Tranquilo, Akuman. El gobernador quiere verte.
Ceaser: ¿Gobernador? ¿Qué pasó? ¿Dónde está mi hijo?
Voz 2: ¿Hijo? No sabemos de ningún hijo. Solo te encontramos en la calle, desvariando.
Ceaser forcejea, pero está débil. Demasiado débil. Lo arrastran.
No sabe qué pasó. Solo escucha fragmentos. Gritos. Su hijo llamándolo. Pero no sabe si es real o solo un eco en su mente dañada.
Pasaron varias cosas. Interrogatorios, acusaciones, días encerrado. Y finalmente, Ceaser fue llevado donde el gobernador del pueblo Santana.
Ahora está aquí, de rodillas frente al hombre que ha jurado destruir a su familia. Y no tiene respuestas. No tiene a su hijo. No tiene nada
Claymores: Morirás. Serás ejecutado.
Ceaser: ¿Pero por qué?
Claymores: Ustedes, la familia Akuman, mataron a varias personas sin razón alguna…
Ceaser: Pero no tienes pruebas.
Claymores: ¡Cállate!
Le da 10 latigazos en su espalda. El látigo silba en el aire y cae con un sonido seco y húmedo. Una vez. Dos veces. Tres.
Ceaser grita de dolor, su espalda abriéndose en líneas rojas.
Claymores: Ustedes son los únicos con unos cuchillos que tienen buen filo. ¡Nadie tiene el filo de ustedes!
Ceaser, con un poco de lágrimas rodando por su rostro, habla con voz entrecortada:
Ceaser: Tienes razón… entiendo tu punto de vista… pero estás equivocado.
Claymores: ¡Cállate!
Y le da otros latigazos. Diez más. La espalda de Ceaser es una sola herida.
Después, lo lleva a un lugar donde solo ellos lo pueden ver. Un lugar como un espacio cuadrado, sin techo, donde el sol alumbra sin piedad. Quizás una plaza, quizás un patio de ejecuciones.
Y más latigazos. Siguen cayendo. Uno tras otro. La justicia del gobernador no conoce piedad, solo odio.
Ceaser ya no grita. No tiene fuerzas. Solo llora en silencio, preguntándose dónde está su hijo, qué pasó esa noche, y por qué el destino eligió a su familia para este infierno
Claymores: ¿Estás listo para morir?
Y más latigazos le dan. El látigo silba y cae, una y otra vez. La espalda de Ceaser ya no es piel, es solo una masa roja y sangrante. Carne abierta, costillas asomando entre tanta herida.
Su espalda está roja de tanto latigazos. La sangre empapa el suelo a su alrededor.
Ceaser: Vete al infierno, Claymores.
Claymores: ¿Cómo dijiste?
Levanta el látigo para otro golpe. Pero algo cambia.
De la nada, de la desesperación, salió electricidad en las manos de Ceaser. Chispas azules, descargas violentas que rompen el aire. Las cadenas que sujetan sus muñecas se rompen con un chasquido metálico.
Ceaser: ¿Qué es esto?
Mira sus manos, confundido. La electricidad baila entre sus dedos, ajena a su voluntad, nacida del dolor y la desesperación.
Claymores: ¡¿Eres un brujo?!
Sirvienta: ¡Ahhhhh! ¡La familia Akuman son brujos! ¡Son una familia del infierno!
Ceaser: Están confundidos… no sé qué pasó.
Pero ya es tarde. El miedo y el odio han encontrado una nueva razón para crecer.
Rápido, Ceaser escapó con su electricidad. No pelea. No ataca. Solo huye, usando ese poder recién descubierto para impulsarse, para alejarse de sus captores.
La gente grita a su paso. “¡Brujo! ¡Demonio!” Las palabras lo persiguen mientras corre, desesperado, solo, sin saber qué le pasó a su hijo, sin entender qué es ese poder que lleva dentro.
Y así, Ceaser Akuman se convierte en el primer mago conocido. O al menos, el primero en ser descubierto
Año 714
Keds: osea la magia nació de la desesperación humana o bueno de nuestra familia
Zekku: haci es, Ceaser no sabía que el era el primer humano con magia, despertó por la desesperación
Korid, leyendo todo el libro, pasa las páginas con atención, sus ojos recorriendo cada palabra, cada detalle. Llega al final y encuentra algo que lo deja pensativo.
Korid: O sea que así nació la magia… ¿Qué sería Ceaser de mí? Espera… ¿y eso al final qué dice?
La última página del libro muestra:
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Autor:
Karen Akuman
Investigadores:
Kay Akuman
Kashin Akuman
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Korid: ¿Y estos quiénes son?
Continuará!
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