Magic Demon - Capítulo 76
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Capítulo 76: Capitulo 76: el propio estilo
Mientras vemos a Keds entrenar, pero a su estilo.
Zekku se sienta en una piedra, observando sin intervenir. Keds necesita encontrar su propio camino.
Comienza con lagartijas. Las manos en el suelo, espalda recta. Baja, sube. Baja, sube. El ritmo es constante, su respiración marcada. A los 50, sus brazos tiemblan. A los 80, el sudor empapa su camisa. Llega a 100 y se levanta, sacudiéndose las manos.
Luego pasa a abdominales. Se tumba boca arriba, las rodillas flexionadas. Uno, dos, tres. Sus músculos queman, pero no se detiene. El Glos rojo comienza a brillar en su pecho, alimentando su resistencia. Llega a 150 y hace una pausa, el pecho subiendo y bajando con fuerza.
Después, saltos de tijera. Brazos arriba, piernas abiertas. Un ritmo rápido, explosivo. El polvo se levanta bajo sus pies. Cada salto es un latido, cada aterrizaje una promesa de seguir. 200 saltos después, sus piernas tiemblan, pero su mirada sigue fija.
Keds: Más.
Pasa a dominadas. Cuelga de una rama baja, sus brazos trabajando para subir su propio peso. La primera, la segunda, la tercera. A la décima, sus brazos tiemblan. A la vigésima, sus nudillos están blancos. Llega a 30 y suelta la rama, cayendo al suelo con una sonrisa agotada.
Zekku asiente, sin decir nada. El chico tiene disciplina. Eso es más importante que la fuerza bruta.
Keds: ¿Qué sigue, tío?
Zekku: Sprints. Hasta que no puedas más.
Keds asiente. Y corre. Una vez, dos, tres. El recinto se convierte en un circuito de tierra y piedras. Sus pies apenas tocan el suelo. El viento silba en sus oídos. Corre hasta que sus piernas ya no responden, hasta que cae de rodillas, jadeando como un animal.
Keds: No… puedo… más.
Zekku: Por hoy, suficiente. Descansa. Mañana más.
Keds se deja caer de espaldas sobre la tierra, mirando el cielo que empieza a oscurecerse. El dolor en sus músculos es profundo, pero también lo es la satisfacción. Está un paso más cerca. Un paso más fuerte.
Mientras, en la cueva, vemos a Mader y Frank.
El pasadizo se estrecha. Las paredes de piedra, húmedas por la filtración del agua, brillan tenuemente bajo la luz de la antorcha que Mader lleva. El silencio es absoluto, solo roto por el crujido de sus pasos sobre los fragmentos de roca que cubren el suelo.
Frank camina detrás, sus ojos fijos en la espalda de su compañero. La sombra de la antorcha baila en las paredes, creando figuras que parecen moverse por sí solas. Adelante, la cueva se abre ligeramente. Un espacio más amplio. Más oscuro.
El olor es diferente aquí. Más denso. Un rastro de sangre seca, de energía gastada, de algo que peleó y ganó. Frank traga saliva. Mader aprieta la antorcha con más fuerza.
Al fondo, una forma se recorta contra la penumbra. Inmóvil. Silenciosa. El cuerpo de Tévez yace donde cayó, su brazo amputado a un lado, la sangre seca formando un charco oscuro bajo él. Más allá, apoyado contra la pared, Ganh respira pausadamente. Sus heridas han cerrado casi por completo, solo algunas marcas recuerdan la batalla. Su cola descansa a su lado, sus garras inactivas. Duerme. O eso parece.
Mader y Frank se detienen a unos metros. La antorcha parpadea. El demonio no se mueve. El soldado caído tampoco. Solo el eco lejano de una gota de agua, cayendo una y otra vez en algún lugar profundo de la cueva.
Mientras regresamos al entrenamiento…
Keds: Debí seguir.
Zekku: Descansa, Keds. Bueno, descansa.
Vemos que Keds descansa. Pasan varios minutos. Su respiración se calma, el sudor se seca en su frente. Pero algo no lo deja quieto.
Se levanta y pega a una roca cercana. El impacto es sordo, sus nudillos crujen.
Keds: ¡Maldición!
Vemos que sigue dando. Golpe tras golpe. La roca no se mueve, pero sus manos comienzan a sangrar. No le importa.
Keds: ¡Debo ser fuerte si quiero proteger a mi hermano y al mundo entero!
Otro golpe. La piedra tiembla.
Keds: ¡Debo exterminar a todos los demonios!
Otro golpe. Sangre en la roca.
Vemos que Zekku, en su mente, dice:
*Zekku: Se parece mucho a su papá… *
Y después vemos que Zekku llega donde está Keds. Su mano se posa sobre el hombro del niño, deteniendo su puño en el aire.
Zekku: Suficiente.
Keds respira agitado, sus nudillos ensangrentados, sus ojos ardiendo con una furia que no es contra la roca. Es contra sí mismo.
Zekku: La fuerza no se construye golpeando piedras hasta romperte los huesos. Se construye con paciencia. Con control. Conociendo tus límites para después superarlos.
Keds: Pero…
Zekku: Tu padre también era así. Quería todo para ayer. Y sabes qué…
Keds lo mira.
Zekku: Por eso casi se destruye a sí mismo antes de ser fuerte. No cometas su error.
Keds baja el puño, mirando sus manos sangrantes. La rabia comienza a disiparse, dejando lugar al cansancio. Y a algo más. Comprensión.
Keds frustrado dice:
Keds: Bueno, tío.
*Zekku en su mente: *
*Zekku: Parece que algo se acerca… ¿acaso será un demonio? *
Mira alrededor, sus ojos viejos pero agudos recorriendo los bordes del recinto. No dice nada. Solo observa. Espera.
Zekku: Keds, entrenarás algo rápido antes de descansar.
Keds: ¿Qué es?
Zekku: Pues levantar esta madera.
Vemos una gran madera. No un tronco cualquiera. Es del tamaño de un árbol completo, una mole de madera oscura que descansa en el suelo como un gigante dormido.
Zekku: Pesa como 20 árboles juntos.
Keds, asustado y sorprendido, dice:
Keds: ¿¿20?!
Zekku: Así es. ¿Vas a rendirte antes de intentarlo?
Keds mira la madera. Mira sus manos ensangrentadas. Mira a su tío, que lo observa con una calma que no revela nada.
Keds: No. No me rindo.
Se acerca al tronco. Lo abraza con ambos brazos, sus dedos buscando un agarre en la corteza áspera. El Glos rojo comienza a brillar en su pecho, extendiéndose por sus brazos, sus piernas, toda su espalda.
Keds: ¡Vamos!
Tira. La madera no se mueve. Ni un centímetro.
Zekku: Concéntrate. No es solo fuerza física. Tu Glos te hace más fuerte. Úsalo.
Keds aprieta los dientes. El aura roja se intensifica, sus músculos se tensan. Tira otra vez. La madera cruje, se levanta apenas un dedo del suelo. Pero no más.
Suda. Tiembla. Pero no suelta.
Zekku observa, sus ojos fijos en su sobrino. Pero también atentos a los bordes del recinto. A algo que aún no se ve, pero que él sabe que se acerca.
Continuará!
Mientras Keds intenta levantar el tronco…
Zekku observa y dice:
Zekku: Espero que lo haga.
Los cocineros observan y dicen entre ellos mismos:
Cocinera 1: Vaya, esa prueba es difícil.
Cocinero 2: Es una de las más difíciles.
Todos se ven.
Cocinero 3: Pues casi nadie lo ha levantado. Bueno, de los que ha entrenado.
Cocinero 4: Creo que solo 10 han hecho 10 repeticiones con eso.
Cocinera 5: Muy pocos entonces.
Cocinero 2: ¡Es una de las más difíciles!
Keds escucha y dice en su mente:
*Keds: ¿Difíciles? Espero, espero lograrlo… y no quedarme estancado como un idiota. *
Aprieta el tronco con más fuerza. Sus brazos tiemblan, el Glos rojo palpita en su pecho, pero la madera apenas se levanta unos centímetros. No es suficiente. No puede ser suficiente.
Zekku: No te apresures. Siente el peso. Déjalo que te enseñe dónde está tu límite. Y luego… supéralo.
Keds cierra los ojos. Respira hondo. El Glos rojo comienza a extenderse de nuevo, pero más lento. Más controlado. Busca en su interior ese otro poder, esa chispa que aún no domina. El tronco tiembla. Se levanta un poco más. Un poco más. Sus músculos gritan, pero él no suelta. Porque rendirse no es una opción.
Keds intenta y parece levantarlo. La madera cruje, sube, sube… sus brazos tiemblan, su Glos rojo arde en su pecho. Por un momento, el tronco está a la altura de sus rodillas. Pero luego sus piernas ceden.
Lo deja caer al suelo. El impacto levanta una nube de polvo.
Keds: Estoy… estoy cansado. ¡Maldición!
Y cae rendido. Boca arriba sobre la tierra, jadeando, el pecho subiendo y bajando como un fuelle. El sudor empapa su camisa, sus manos ensangrentadas descansan a sus costados.
*Zekku en su mente: *
*Zekku: Para estar cansado, lo hizo bien. Casi lo levanta estando así. Cuando no lo esté, será otra persona. Keds, me sorprendes. *
Y vemos que los cocineros le llevan agua a Keds. Uno de ellos sostiene un jarro de barro, otro una toalla húmeda.
Cocinera 1: Toma, pequeño. Te hizo falta.
Keds se incorpora apenas, toma el jarro con manos temblorosas. Bebe. El agua fresca baja por su garganta reseca, devolviéndole algo de vida.
Keds: Gracias.
Cocinero 2: ¿Ves? Casi lo logras. La próxima será.
Keds asiente, pero sus ojos siguen fijos en el tronco. En lo que no pudo hacer. En lo que hará la próxima vez. Bebe otro trago. Descansa. Y ya está pensando en el siguiente intento.
Vemos que Zekku sigue viendo alrededor y dice:
Zekku: Aquí viene…
Y vemos una figura rara en el cielo. Una silueta oscura que se recorta contra las nubes, moviéndose con una lentitud que no debería ser posible.
Escuchamos su risa burlona. Un sonido agudo, cortante, que parece venir de todas partes a la vez.
Keds, sorprendido, dice:
Keds: ¿Dónde fue eso?
*Zekku en su mente: *
*Zekku: Parece que es un demonio. *
El demonio observa. Solo vemos su sombra, no su cuerpo ni su cara. Una mancha negra que flota en el aire, suspendida sobre el recinto sin techo. La risa cesa. El silencio se instala. Pero la presencia sigue ahí, acechando. Keds aprieta los puños, su cansancio olvidado por un momento. Zekku no aparta la vista del cielo. Los cocineros se acercan, algunos con cuchillos en mano, otros con ollas que podrían servir de escudo. Todos miran hacia arriba. Todos esperan.
Zekku en su mente:
*Zekku: Ya sé qué haré. *
Zekku grita a los cocineros:
Zekku: ¡Bajen las ollas y cuchillos!
Los cocineros, la mayoría, gritan:
Cocineros: ¿Está seguro, señor?
Zekku: Más que seguro.
Algunos cocineros se preguntan:
Cocinero 1: ¿Qué hará Zekku?
Cocinero 2: ¿Qué plan tendrá?
Confundidos, no saben.
Keds queda viendo y dice:
Keds: ¿Tío?
Confundido, no sabe.
La figura sigue allí, suspendida en el cielo, su sombra oscura recortada contra las nubes. No se mueve. Solo observa. Espera.
Zekku se adelanta, sus pasos firmes sobre la tierra del recinto. No lleva armas. No prepara técnicas. Solo camina hacia el centro del espacio abierto, hacia la luz que aún se filtra entre las nubes.
Zekku: Baja, demonio. No viniste a observar.
La figura ríe de nuevo. Esa risa aguda, burlona. Pero no se mueve. Zekku sonríe, una sonrisa que no llega a sus ojos.
Zekku: ¿Miedo? Después de venir hasta aquí.
Silencio. Luego, la sombra comienza a descender. Lentamente.
*Zekku en su mente: *
*Zekku: No sé si saldrá bien. Haré como que yo voy a pelear, pero el que peleará será Keds. Será una prueba. *
Mira a Keds sin decir nada. Sus ojos, viejos pero agudos, se posan en su sobrino con una intensidad que Keds no comprende.
Keds está confundido por cómo mira Zekku. Algo en esa mirada le dice que no es solo preocupación. Es algo más. Algo que no entiende.
Keds: ¿Tío?
Zekku no responde. Solo sigue mirando. La figura en el cielo sigue descendiendo, su sombra alargándose sobre el recinto. Los cocineros han bajado sus ollas y cuchillos, pero siguen alerta, confundidos por la orden.
Zekku: Keds.
Keds: ¿Sí?
Zekku: Prepárate.
El niño no entiende, pero algo en la voz de su tío lo hace erguirse. Sus músculos aún duelen, sus manos aún sangran, pero su cuerpo responde. Está listo. O al menos, eso cree.
Zekku en su mente: *
*Zekku: Si Keds no sale vivo de aquí, no logrará su sueño de proteger a su hermano y al mundo entero. Esto es más que una prueba para él. *
Vemos que Zekku se acerca al demonio. El anciano camina con paso firme, su espalda recta, sus manos a los costados. No muestra miedo. No muestra debilidad.
Y vemos su forma. Un demonio de 1,90 metros, piel blanca como la nieve con líneas rojas recorriendo su cuerpo como ríos de sangre. Su mano derecha es completamente roja, brillante, como si estuviera cubierta de fuego petrificado. Y de su espalda, dos apéndices sobresalen a los costados. Largos, curvos, blancos como hueso, se extienden hacia los lados como cintas rígidas, moviéndose con una fluidez antinatural.
Zekku: ¿Cómo te llamas?
El demonio responde: Vid. Ese es mi nombre
Continuará!
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