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Magic Demon - Capítulo 82

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Capítulo 82: Capitulo 82: la patada

Volvemos al lugar de la batalla donde están Korid y Zorking.

Ambos se ven. El agua aún gotea de las manos de Korid. Las nueve colas de Zorking ondean lentamente detrás de él, como serpientes expectantes. El silencio se tensa. Un segundo. Dos.

Y ambos se lanzan a pelear.

Zorking ataca primero. Una de sus colas se extiende como un látigo, buscando el rostro de Korid. El joven se agacha, siente el viento cortar sobre su cabeza. Otra cola viene desde la izquierda. Korid gira, la esquiva por centímetros. Una tercera, desde abajo. Salta.

En el aire, lanza un puñetazo directo al pecho de Zorking. El demonio lo bloquea con el antebrazo, el impacto retumba. Korid aterriza y ya está moviéndose otra vez.

Zorking contraataca con un golpe de mano abierta. Korid lo desvía con la palma, gira sobre su eje y conecta una patada en el costado del demonio. Zorking gruñe, pero no retrocede. Sus colas se mueven al mismo tiempo, atacando desde ángulos imposibles.

Korid bloquea una con el brazo, esquiva otra agachándose, salta por encima de la tercera. Pero la cuarta le alcanza el hombro. El impacto lo hace girar. Aterriza de espaldas, rueda, se levanta.

Zorking ya está sobre él. Un golpe directo al estómago. Korid lo recibe con el antebrazo, el dolor recorriéndole el brazo. Responde con un rodillazo que Zorking desvía con la cadera. Se separan un instante. Se miran. La respiración de Korid es más agitada. Zorking, en cambio, parece apenas calentado.

Zorking: no está mal… para un niño.

Korid no responde. Aprieta los dientes. El agua comienza a formarse otra vez en sus manos. Sabe que los golpes solos no bastan. Pero no piensa rendirse.

Korid extendió las manos, el agua girando a su alrededor en remolinos rápidos.

Korid: ¡magia de agua, ráfagas de agua!

Varias ráfagas de agua comprimida van hacia Zorking. Los proyectiles líquidos silban en el aire, rápidos como balas.

El demonio se defiende con sus colas. Las nueve extremidades se mueven como un escudo vivo, golpeando las ráfagas, desviándolas, destruyéndolas antes de que toquen su cuerpo.

Zorking: ¿eso es todo?

Sonrió, y una de sus colas se elevó más alta que las demás.

Zorking: técnica demoníaca… ¡cañón demoníaco!

Vemos que una de sus colas se abre. No literalmente, sino como si fuera un cañón. La punta se ensancha, la energía se concentra en su interior, brillando con un amarillo intenso.

Y sale una bola amarilla demoníaca hacia Korid.

El proyectil era enorme, rápido, imparable. Korid no podía bloquearlo. No podía enfrentarlo directamente.

Korid, con su magia de agua, corre. El agua impulsa sus pies, lo hace más rápido. Y se impulsa para saltar y salir de donde está. Gira en el aire, la bola pasando rozando su costado, el calor quemándole la ropa.

El gran cañón impacta. Contra la pared de la cueva, detrás de él.

¡BOOM!

Una gran explosión sacudió el pasadizo. La luz amarilla lo inundó todo. Levantando varios fragmentos de rocas en la cueva, que volaron por el aire como esquirlas. El humo cubrió el lugar.

Korid aterrizó de rodillas, tosiendo, la vista nublada. El agua en sus manos se había disipado. Sus oídos zumbaban. Pero estaba vivo. Apenas.

A través del humo, los ojos rojos de Zorking brillaron.

Zorking: esquivaste… por suerte.

Korid se levantó, tambaleándose. El agua volvió a formarse en sus manos.

Korid: no fue suerte.

Pero en el fondo, sabía que la siguiente no la esquivaría. Tenía que terminar esto rápido. O no terminaría en absoluto.

Zorking extendió sus brazos, y una por una, sus ocho colas restantes se abrieron como cañones. Las puntas se ensancharon, la energía amarilla concentrándose en cada una, iluminando la cueva con un resplandor mortífero.

Zorking: ¿crees que una fue suficiente?

Las ocho colas apuntaron a Korid. El demonio sonrió, sus ojos rojos brillando con crueldad.

Zorking: ahora verás.

Disparó. Una tras otra, las bolas amarillas volaron hacia Korid, cruzando el aire como meteoros.

Korid corrió. Sus pies apenas tocaban el suelo, el agua impulsándolo, dándole velocidad. Esquivó la primera, que explotó detrás de él. La segunda pasó rozando su hombro, quemándole la ropa. La tercera la saltó, girando en el aire. La cuarta la desvió con un muro de agua que apenas contuvo el impacto.

Se defendía y atacaba al mismo tiempo. Mientras corría, sus manos no dejaban de moverse, el agua formándose y lanzándose en cada respiro.

Korid: ¡magia de agua, gran pistola de agua!

Varias ráfagas en forma de bala de agua fueron hacia Zorking. Eran muchas, tantas que el aire parecía lleno de proyectiles líquidos.

Vemos que van y impactan en varios cañones. Justo cuando las bolas amarillas estaban a punto de salir, las balas de agua golpearon las puntas abiertas de las colas.

¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM!

Varias explosiones sacudieron la cueva. Las bolas amarillas detonaron antes de tiempo, dentro de los propios cañones de Zorking. El demonio rugió, retrocediendo, sus colas humeando, algunas colgando inútiles.

Zorking: ¡maldición!

Korid cayó de rodillas, jadeando. El agua se disipó de sus manos. Sus brazos temblaban. Pero había logrado detener el ataque. Al menos por ahora.

Zorking apretó los dientes, sus colas aún humeando por las explosiones.

Zorking: ¡mierda!

Y vemos que de su mano hace varias bolas amarillas. Las esferas de energía crecieron entre sus dedos, brillando con una luz intensa. Sin esperar, las lanzó.

Las bolas amarillas volaron hacia Korid, rápidas, erráticas, buscando atraparlo.

Korid esquivó como pudo. Se agachó, una bola pasó sobre su cabeza. Giró a la izquierda, otra impactó la pared detrás de él. Saltó hacia atrás, una tercera explotó a sus pies, lanzándolo unos metros.

Con su magia de agua se defendió como pudo. Un muro líquido apareció frente a él, absorbiendo parte de una explosión. Ráfagas de agua desviaron otras bolas, haciéndolas estallar antes de tiempo. Pero algunas llegaban demasiado cerca. El calor quemaba su rostro. Los fragmentos de roca le rozaban los brazos.

Mientras, explosiones. Una tras otra. ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! El pasadizo se llenó de humo y polvo. Las paredes se agrietaron. El techo tembló.

Korid cayó de rodillas, tosiendo. El agua en sus manos se disipó. Su ropa estaba rasgada, su cuerpo magullado. Pero seguía de pie. Apenas.

Zorking, a través del humo, sonrió.

Zorking: ¿ya no puedes más, niño?

Korid levantó la cabeza, el sudor mezclado con sangre cayendo por su frente.

Korid: todavía… puedo.

Pero sus brazos temblaban. Su respiración era un jadeo constante. Sabía que no podría seguir mucho más.

Korid cayó de rodillas, luego de lado. Su cuerpo no daba más.

Zorking caminaba hacia él, paso a paso, sus colas arrastrándose.

Pero de la nada, una sombra apareció. Una patada directa en el cachete de Zorking. El demonio voló por los aires, impactando contra unos escombros.

Korid no vio quién era. Solo una silueta.

Korid: quien, ¿quien eres?

Continuará!

Korid parpadeó varias veces, intentando despejar la visión borrosa. El humo comenzaba a disiparse, y entre las sombras del pasadizo, una figura se recortaba con claridad.

Vio que esa persona tenía cabellos largos. No era el negro azabache de Keds ni el castano oscuro de Yamito. Era un tono entre café y amarillento, como hojas de otoño bajo el sol. Largos, cayendo más allá de los hombros, algunos mechones cubriendo parte de su rostro.

La ropa también la reconoció. Un traje de soldado mágico. No el uniforme estándar de los reclutas, sino uno más ajustado, con detalles plateados en los bordes. Las mangas estaban remangadas hasta los codos, dejando ver antebrazos delgados pero firmes.

La figura no se movía. Solo estaba allí, de pie entre Korid y Zorking. El demonio de nueve colas aún no se levantaba entre los escombros.

Korid: ¿quién… quién eres?

Preguntó de nuevo, la voz ronca, entrecortada por el cansancio y la sangre que aún goteaba de su labio.

La persona giró la cabeza apenas, apenas un gesto. Un ojo castaño claro lo miró por un segundo. Luego volvió a enfocar su atención en el demonio, que comenzaba a moverse entre las rocas.

No dijo nada. Solo esperó, con las manos ligeramente abiertas a los costados, lista para lo que viniera.

Zorking se levantó entre los escombros, sacudiéndose el polvo de su pelaje amarillo. Sus colas se tensaron, algunas aún humeando, pero su mirada seguía siendo feroz. Caminó hacia adelante, sus pasos pesados resonando en la cueva, hasta detenerse frente a la figura que lo había derribado.

Zorking: ¿quién eres?

La chica no respondió de inmediato. Solo lo miró, sus ojos castaños claros brillando en la penumbra.

Zorking la observó de arriba abajo. Sus cabellos largos, su traje de soldado, su postura firme. Y entonces, una sonrisa torcida cruzó su rostro.

Zorking: vaya… eres una chica muy bonita.

La voz del demonio era burlona, casi divertida.

Zorking: pero tendré que matarte.

Vemos el cuerpo femenino de la chica. Delgada pero atlética, con una presencia que no necesitaba palabras. Su postura era relajada, pero no descuidada. Sus manos colgaban a los costados, abiertas, listas.

La chica esbozó una mini sonrisa. Nada amplia. Nada forzada. Solo una pequeña curva en sus labios, como si la amenaza del demonio le resultara… irónica. No dijo nada. Solo esperó.

La chica observó a Zorking, sus ojos castaños brillando con una calma que contrastaba con la tensión del momento. Una sonrisa lenta se dibujó en sus labios.

Chica: ¿me debo presentar?

Preguntó, la voz suave pero firme.

Zorking entrecerró los ojos, sus colas moviéndose lentamente detrás de él.

Zorking: no es obligatorio, hermosa.

Vemos que la chica dice, sonriendo:

Chica: soy Karen Akuman. La que te matará en este momento.

*Korid en su mente: *

Korid: ¿Karen? ¿Karen Akuman?

El nombre golpeó su mente como un relámpago. Korid recordó algo que leyó del libro, la última página. Aquella imagen regresó a él con claridad:

“`

─────────────────────────────

Autor:

Karen Akuman

Investigadores:

Kay Akuman

Kashin Akuman

─────────────────────────────

“`

*Korid sigue en su mente: *

Korid: Es el mismo nombre que el del libro. ¿Acaso será ella? ¿Y por qué antes no la conocía?

Korid está confundido en su mente. Las piezas no encajaban. Su padre nunca les habló de una Karen. Zekku tampoco. Y sin embargo, ahí estaba ella, frente a él, reclamando el mismo apellido. La misma sangre.

Observó su cabello largo, su postura, su seguridad. Algo en ella le resultaba extrañamente familiar. Pero no sabía qué. Y eso lo inquietaba más que el demonio.

Karen miró a su alrededor, evaluando la cueva con una mezcla de indiferencia y decepción.

Karen: vaya, nunca pensé entrar a esta cueva. Se supone que tendría que llegar allá, pero veo que llegaré tarde.

Ve al demonio. Sus ojos se posaron en Zorking, y entonces, vemos que de su mano le salen chispas amarillas. Pequeñas descargas que bailaban entre sus dedos como luciérnagas eléctricas.

*Korid en su mente: *

Korid: ¿rayo? Eso es magia de rayo… y es amarilla, como la del sensei Yamito.

La confusión creció en él. Karen también tenía rayo

Karen enseñó su mano y dijo:

Karen: mi magia de electricidad me moverá tan rápido que te aseguro que no me tocarás.

Zorking entrecerró los ojos, sus colas tensándose instintivamente.

Zorking: ¿qué quieres decir?

Preguntó sorprendido por lo que escuchó. Una humana. Una mujer. Hablando con esa seguridad. Algo en ella le decía que no estaba bromeando.

*Korid en su mente: *

Korid: Electricidad… ¿cuál será la diferencia con la del rayo?

No alcanzaba a comprenderlo. Ambas brillaban, ambas herían. Pero algo en las palabras de Karen le decía que no eran lo mismo.

Karen: bueno, la de rayo mayormente es de color azul, muy pocas veces amarilla. Mientras que la electricidad… es viceversa.

Ve al demonio. Su sonrisa se desvaneció, reemplazada por una expresión más seria.

Karen: bueno, vine a pelear, no a hablar.

Zorking la ve. Sus colas se movieron lentamente detrás de él, pero su mirada había cambiado. Ya no era burla. Era cautela.

Zorking: vaya… se nota que eres fuerte con solo verte.

*Korid en su mente: *

Korid: Ahora que lo pienso… si ella es Karen Akuman, ¿quiénes serán Kay Akuman o Kashin Akuman? Primera vez que escucho esos nombres…

Korid vio hacia arriba, como si el techo de la cueva pudiera darle respuestas. Como si las estalactitas colgantes escondieran secretos que nadie le había contado.

*Korid en su mente: *

Korid: Bueno… primera vez que escucho esos tres nombres. ¿Acaso hay más de nuestra familia Akuman? Aparte de mi hermano Keds, del señor Zekku… y bueno, está esta que se llama Karen.

La confusión lo envolvía como una niebla. Su padre nunca les habló de una familia extensa. Nunca mencionó primos, tíos, nada. Solo ellos. Solo los Akuman de la capital.

*Korid en su mente: *

Korid: ¿Cuántos más hay? ¿Dónde están? ¿Por qué nadie nos dijo nada?

Quería saber, necesitaba saber. Pero estaba agotado, herido, y frente a él un demonio de nueve colas estaba a punto de pelear con una mujer que decía ser de su familia.

Korid estaba confundido. No sabía qué hacer. Solo podía observar, esperar, y rezar para que las respuestas llegaran antes de que fuera demasiado tarde.

Continuará!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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